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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

El poder de la cultura: El sistema operativo de la sociedad y su impacto en la conducta humana

Sala de Togas n.º 93, , página 11–12

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OPINIÓN

Abel Berbel García Col. 2.008

EL PODER DE LA CULTURA:

EL SISTEMA OPERATIVO DE LA SOCIEDAD Y SU IMPACTO EN LA CONDUCTA HUMANA La escritora Anaïs Nin afirmaba certeramente que no vemos las cosas como son, sino que las vemos como somos. En una línea de pensamiento similar se sitúa Marcus Collins, uno de los publicistas más reputados a nivel global y artífice de campañas para marcas de la talla de Nike, Apple o McDonald's. Collins sostiene una tesis fundamental: existe un hilo conductor invisible que une fenómenos aparentemente dispares, desde el movimiento MAGA (Make America Great Again) o el ISIS, hasta el fervor que despiertan figuras como Beyoncé. Ese nexo no es otro que la cultura, a la que define formalmente como «el sistema operativo que gobierna todo lo que hacemos».

En un entorno social y político cada vez más polarizado, la neutralidad o la inacción representan el mayor peligro. Como advierte el propio Collins: «El centro es el lugar más arriesgado para quedarse; es donde está quien no hace nada». Por ello, las grandes marcas y los líderes políticos más influyentes no buscan convencer de forma aislada, sino conectar con el poder de la cultura para movilizar a las masas. Para comprender este fenómeno, resulta ilustrativo analizar cómo las dinámicas culturales pueden moldear la conducta de una sociedad entera. El triunfo de la célebre campaña publicitaria del Hombre Marlboro en 1954 es un claro ejemplo de ello. Aquel vaquero aguerrido, extraído del imaginario del Lejano Oeste, personificó de golpe todas las aspiraciones de la masculinidad de la época. Paradójicamente, cuando se lanzó la campaña, la realidad cotidiana del ciudadano estadounidense era la antítesis de ese universo salvaje. El hombre de la posguerra se había refugiado en una vida doméstica y dócil en la periferia de las ciudades, resguardado tras idílicas verjas blancas. En ese contexto, encender un cigarrillo ofreció una válvula de escape: una sensación de rebelión y libertad dentro de una existencia profundamente regulada.

El impacto cultural fue tan profundo que la sociedad legitimó y avaló un producto que ya empezaba a ser percibido como nocivo para la salud. El tabaco no dejó de ser dañino, pero la visión social y el significado asociado a su consumo cambiaron de forma irreversible. Esto demuestra que las cosas no siempre cambian por sí solas; somos nosotros, a través de la cultura, quienes transformamos nuestra forma de interpretar el mundo. La cultura ejerce esta influencia porque está arraigada directamente en nuestra identidad. Dependiendo de quiénes seamos, interpretaremos la realidad jurídica, social y material de una manera u otra. Por citar algunos ejemplos cotidianos:

• La concepción de un mismo objeto: Para una comunidad, una vaca puede representar una deidad sagrada; para otra, una fuente de cuero o, simplemente, la cena. Si en tu universo cultural un animal es sagrado, tu comportamiento se adaptará a esa norma y no consumirás su carne. • El significado del entorno: Una alfombra puede ser un mero artículo decorativo para un ciudadano occidental o, por el contrario, un espacio sagrado de culto para un creyente musulmán.

Bajo esta premisa, el lenguaje, las expresiones artísticas (como la música, el cine, la poesía o el folclore) y nuestros propios comportamientos no son más que subproductos de nuestra identidad y cosmovisión.

Consumimos determinados bienes y nos rodeamos de ciertos artefactos como una vía legítima de manifestar nuestra adhesión cultural. A modo de conclusión para el ámbito jurídico: No existe fuerza externa más influyente en el comportamiento humano que la cultura. Para el mundo del Derecho, entender este "sistema operativo" es crucial. Las leyes no nacen en el vacío; son el reflejo formalizado de la identidad de una sociedad. Modificar la conducta de los ciudadanos o implementar nuevas corrientes doctrinales requiere comprender, en primer lugar, los códigos culturales vigentes, pues la cultura siempre avanza formulando la pregunta fundamental sobre quiénes somos y cómo decidimos convivir.

OPINIÓN

Antonio Hermosa Periodista

RETRASOS QUE PERJUDICAN AL CIUDADANO

La lentitud de la Administración de Justicia constituye uno de los problemas más relevantes para la ciudadanía almeriense, debido a las consecuencias que genera tanto en el ámbito personal como en el económico y social. La acumulación de procedimientos y la insuficiencia de recursos humanos y materiales provoca que numerosos asuntos permanezcan pendientes de resolución durante largos periodos de tiempo, prologando situaciones de conflicto e incertidumbre. Para muchos ciudadanos, los retrasos judiciales suponen una dilación en la defensa efectiva de sus derechos. Procedimientos relacionados con conflictos familiares, reclamaciones laborales, herencias, desahucios o indemnizaciones se ven afectados por tiempos de espera que, en ocasiones, superan ampliamente los plazos considerados razonables. Esta circunstancia n solo retrasa la obtención de una respuesta judicial, sino que también puede agravar los problemas económicos y emocionales de las personas implicadas. En el ámbito laboral, las demoras afectan especialmente a trabajadores que esperan una resolución sobre despidos, incapacidades o reclamaciones salariales, mientas que en el terreno empresarial la tardanza en la resolución de litigios puede dificultar la actividad económica y generar inseguridad en las relaciones comerciales. A ello se suma el coste psicológico derivado de mantener durante años conflictos sin resolver, una situación que incremente la sensación de incertidumbre y desgaste entre quienes dependen de una decisión judicial.

Suena redundante, pero los déficits de la Justicia en la provincia de Almería sigue generando graves problemas en la administración de este servicio público entre la ciudadanía. Desde una perspectiva institucional, la congestión de los órganos judiciales repercute negativamente en la percepción ciudadana sobre el funcionamiento de la Justicia. La demora en la resolución de los procedimientos puede erosionar la confianza en las instituciones públicas y alimentar la idea de una administración incapaz de responder con la rapidez que demandan los problemas de la sociedad contemporánea. En consecuencia, el retraso judicial transciende el ámbito estrictamente jurídica para convertirse en una cuestión con implicaciones sociales, económicas y democráticas que afectan al conjunto de la provincia. El anuncio del presidente de la Audiencia Provincial de Almería, Luis Miguel Columna, de la llegada de diez nuevos jueces a los partidos judiciales de Almería capital, Berja, El Ejido, Huércal-Overa, Purchena, Roquetas de Mar, Vélez-Rubio y Vera, supondrá un salto cualitativo en la aceleración de los veredictos. En la actualidad, en la provincia hay 88 jueves, 64 en la capital, de los que 40 son titulares de los juzgados situados en la Ciudad de la Justicia y 24 trabajan en el Palacio de Justicia, y otros 24 están repartidos en los siete pueblos donde existen instalaciones dependientes de la Consejería de Justicia.

El presidente de la Audiencia mantiene que “dentro de los problemas que tenemos, siempre digo que todas las mañanas en todos los juzgados hacemos el milagro de los panes y los pece, porque con los pocos medios con los que contamos sacamos muchas cosas adelante”. Y remarca que se sigue impartiendo justicia en unos plazos que se prolongan mucho en el tiempo. “La falta de medios sigue siendo más lenta de lo que debiera ser -remarca-. Cuando me preguntan por ello, pongo un ejemplo: si nos vamos a una boda, tenemos 300 invitados y dos camareros, van a tardar en servirnos. Ahora, si para esos invitados hay 300 camareros, nos van a servir enseguida. Y eso es lo mismo”. Coincide en los planteamientos la presidenta de la Confederación del Sindicato Independiente de Funcionarios, CSIF, María Angustias Serrano, que antes de llegar a la cúpula del mayor sindicato de funcionarios de Almería estuvo 12 años representando a los trabajadores públicos de la Administración de Justicia. Mantiene que en nuestra provincia hacen falta casi un millar de funcionarios más para poder descongestionar los juzgados y las salas de la Audiencia Provincial. “Yo lo he estado viviendo durante muchísimos años en la Administración de Justicia, donde hay una carga de trabajo terrible y, sin embargo, los compañeros intentan atender a todo el mundo y hacerlo lo mejor posible”. Es tajante en la evaluación de la situación. “No se pone to12

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Cómo citar

«El poder de la cultura: El sistema operativo de la sociedad y su impacto en la conducta humana», Sala de Togas, n.º 93, julio 2026, pp. 11-12.

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