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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

La verdad se filtra: De “los dientes” de Almería al silencio ante el Supremo

Sala de Togas n.º 92, , página 12–13

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OPINIÓN

Miguel Martín Alonso Periodista. Tribunales

LA VERDAD SE FILTRA:

DE “LOS DIENTES” DE ALMERÍA AL SILENCIO ANTE EL SUPREMO En el ecosistema judicial, la filtración es a menudo denostada, perseguida y tildada despectivamente de "pena de telediario". Los juristas suelen ver en ella una quiebra de las garantías procesales, una grieta por la que se escapa la presunción de inocencia. Sin embargo, para el periodismo —y por ende, para la salud democrática—, la filtración no es una fuga en la tubería del sistema, sino una ventana necesaria. En estas últimas semanas, Almería y Madrid nos han regalado dos caras de una misma moneda que demuestran por qué el flujo de información, incluso el que discurre por los márgenes del secreto sumarial, es vital para la ciudadanía. momentos tan dramáticos como una pandemia, el tiempo de la justicia y el tiempo de la información no están sincronizados. La justicia requiere pausa y garantías; la ciudadanía requiere saber quién gestiona su dinero y su confianza. La filtración del atestado de la UCO no dicta sentencia —eso es tarea de sus señorías—, pero sí ofrece los elementos de juicio necesarios para que el votante y el contribuyente no vivan en la inopia hasta que haya una sentencia firme dentro de una década.

Pero esta defensa de la información veraz tiene un coste y requiere una armadura, y ahí es donde entra lo ocurrido recientemente en el Tribunal Supremo con el ya ex fiscal general del Estado. Más allá de la condena a Álvaro García Ortiz —cuya valoración jurídica dejo a los expertos en Penal que leen esta revista—, lo que subyace en ese procedimiento es una lección magistral de ética periodística. Durante la instrucción, dos periodistas fueron llamados a declarar. Se les presionó para que revelaran quién les había facilitado la información que desmentía un bulo y exponía la verdad sobre un fraude fiscal confeso.

Miremos primero a nuestra casa, al epicentro del terremoto político en la Diputación de Almería. El estallido de la segunda fase del 'Caso Mascarillas' y la detención de su expresidente, Javier A. García, no se entenderían en su total magnitud sin el acceso de la prensa al auto de entrada y registro y a los atestados de la UCO. Gracias a esas "filtraciones", la sociedad almeriense no solo ha sabido que hubo detenciones; ha sabido el porqué y el cómo. Sin ese acceso al material "reservado", la opinión pública estaría ciega, dependiente únicamente de notas de prensa institucionales, asépticas y medidas al milímetro, o de los silencios estratégicos de las defensas.

La situación era crítica: el poder judicial exigiendo nombres. Y allí, ante el Alto Tribunal, los compañeros hicieron lo único que un periodista decente debe hacer: callar. Se acogieron a su derecho constitucional a no revelar sus fuentes. Ese silencio ante el estrado es el pilar que sostiene todo el edificio. Porque sin la certeza absoluta de que el periodista protegerá su identidad hasta las últimas consecuencias, la fuente —sea un funcionario indignado, un investigador de la UCO o un fiscal— nunca daría el paso de "filtrar". Si los periodistas hubieran hablado en el Supremo, hoy quizás no sabríamos nada de los "dentistas" de la Diputación. El miedo al señalamiento habría sellado todas las bocas.

Ha sido la letra pequeña de esos informes de la Guardia Civil la que nos ha descubierto la presunta existencia de una trama corrupta mucho más sofisticada de lo que imaginábamos. Hemos leído sobre un lenguaje encriptado, de "dentistas", "muelas picadas" y "cambios de piñata" que escondían el reparto de comisiones, y de un emoticono enviado por el presidente tres minutos después de una firma millonaria. La filtración, en este caso, ha funcionado como el notario de la realidad, permitiendo fiscalizar el poder cuando el poder, presuntamente, utilizaba los mecanismos de la administración para su propio beneficio. ¿Es incómodo para la instrucción? Quizás. ¿Es necesario para la higiene democrática? Indudablemente.

Para los lectores de Sala de Togas, este dilema no les es ajeno. Ustedes custodian el secreto profesional como la base de la confianza con su cliente; nosotros custodiamos el secreto de la fuente como la base de nuestro contrato con la verdad. Los abogados defienden a una parte; los periodistas defendemos el derecho de todos a saber. A veces, esos caminos chocan

A menudo se nos acusa a los periodistas de fomentar juicios paralelos. Pero olvidamos que, en casos de corrupción vinculada a la gestión de fondos públicos en 12 estrepitosamente en los pasillos de los juzgados o en las portadas de los diarios. Y aunque la "revelación de secretos" sea un tipo penal, para la prensa es, a menudo, la única forma de revelar la verdad. El caso

OPINIÓN

'Mascarillas' nos ha recordado la utilidad de la luz; los periodistas en el caso del fiscal general nos han recordado la importancia vital de proteger a quien, en la sombra, se atreve a encender el interruptor.

Félix Solís Sánchez Col. 1.115

AFINO, CONCLUYO Y DOY FE DE ERRATAS

ESO SI, LA FE LO PRIMERO.- No es que no me haya advertido el amigo (y director y compañero) Cantalejo que es un error tratar temas densos (no se si en general o que yo los trate) y aún más erróneo aumentar la densidad por carecer de espacio (de suerte que la extensión, para mi escasa, sea, excesiva para los demás). No obstante, reincido, principalmente por dos razones: una que me críe en Navarra, la otra que estimo que he dejado de decir cosas de cierto interés e importancia y, si como insinúa el director, aún no ha nacido quien sea capaz de leerme, aquí estaré esperando a que nazca;

¿veis que tengo fe?: y aún me queda para el final.

Al día siguiente de redactar el anterior párrafo, me encontré en el Colegio al director de la Revista, que tras confirmarme que él también me consideraba su amigo no obstante ser compañero me participo sus preocupaciones de editor: ¿Qué es lo que estaba escribiendo?, porque de ser como la penúltima colaboración filosofía del Derecho no había problema: podía ir al fondo jurídico y ser bastante más extenso; pero en el caso de ir derivando de la filosofía del Derecho a ¿la opinión?, como mi última colaboración tendría que limitarme a las cinco páginas. Tal conversación me dejó con sentimientos encontrados: el amigo Cantalejo no solo era amigo a pesar de ser compañero, también lo era aunque yo siguiera empeñado en escribir; esta era la parte positiva; la negativa merece tratamiento aparte. ber muy bien lo que son, metemos en un cajón rotulado “asuntos jurídicos”; es decir, la predicción sobre lo que dirá un señor sobre una materia cuya naturaleza es un arcano para los presuntos expertos que preguntan y el autorizado experto que responde (un poco a ojo, no obstante lo cual lo tenemos por verdad, porque no vamos a estar dándole vueltas a esto toda la vida; no: si dejamos esto así más nos vale creer que existe otra vida y que nos encontraremos en ella con otro Señor que dicen que es Juez y que, al final, nos aclarará de que va todo ésto… y todo lo demás).

Pero yo me he propuesto dejar la fe para las erratas y, no obstante, enterarme de lo que estoy haciendo: me ha llevado toda mi vida profesional hacerme una opinión que estimo certera sobre esto y la respuesta me la ha dado no la práctica del Derecho sino mis incursiones en la Filosofía. Lo que la práctica del Derecho me ha dado es la convicción de que, fuera lo que fuera el Derecho, se iba deteriorando a ojos vista (quiero decir de forma detectable en una vida profesional no muy dilatada o últimamente, incluso a ojos de los profanos: el Derecho positivo que nace de la polis está siendo atacado descaradamente precisamente desde la política; si concretándome a “este país” me refiero al “fenómeno Sánchez”). Pero este ataque que amenaza ser la puntilla ha sido precedido por otros religiosos, filosóficos, culturales, económicos y esos ataques previos explican la perplejidad filosófica sobre la naturaleza del Derecho. El Derecho uno de los principales frutos de la cultura occidental decae con ella; atacado con y por la decadente cultura occidental en una suerte de enfermedad autoinmune; de ahí la debilidad del Derecho y su dificultad para defenderse y defendernos de los ataques “políticos”*.

¿QUÉ ES LO QUE ESTOY ESCRIBIENDO?.- Ya he contado que la asignatura de filosofía del Derecho supuso una conmoción para mí: no es apropiado que al final de la carrera nos cuestionemos que es el Derecho y aun es peor, si lo hacemos, que dejemos la solución abierta: puede ser esto, lo otro y lo de más allá o, lo más abracadabrante: también puede ser una predicción que se pretende certera acerca de lo que dirán los jueces sobre los diversos asuntos que, por no sa-

Mis anteriores colaboraciones han sido un intento de restituir al Derecho en su naturaleza primero y des13

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Cómo citar

«La verdad se filtra: De “los dientes” de Almería al silencio ante el Supremo», Sala de Togas, n.º 92, diciembre 2025, pp. 12-13.

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