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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

RETAZOS DE HISTORIA

Los primeros pasos del abogado, escritor y político republicano Plácido Langle Moya (1858-1934)

Sala de Togas n.º 91, , página 83–96

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LOS PRIMEROS PASOS DEL ABOGADO, ESCRITOR Y POLÍTICO REPUBLICANO PLÁCIDO LANGLE MOYA (1858-1934)1 Procedentes del Midi francés, pasan por Almería camino de Orán los hermanos Jean Pierre y Jean Placide Langle Laborde -hijos de Jacques Langle y de Anne-Marie Laborde-, pero finalmente decidirán quedarse a vivir en la ciudad.2 Jean Placide (Oloron, 1824 - Almería, 1872) será padre de Plácido Langle, que nace en Almería el 22 de octubre de 1858.3 Tendrá una hermana, María, y dos hermanos: Guillermo, que muere siendo niño, y Ricardo. por la poesía lírica, sobre todo por la romántica. Unos versos suyos se reparten en el teatro con motivo de la representación de Los amantes de Teruel de Hartzenbusch:

A la señora doña Concepción Marín en su beneficio. (LCM, 7.06.1876) Otro poema aparece en La Crónica Meridional (En adelante LCM) el 18 de junio. En el Ateneo almeriense recita las quintillas Daoíz y Velarde, en honor de los héroes del dos de mayo.

(LCM, 18.08.1876). Durante el curso 18761877 recita en sendas veladas lírico-musicales celebradas en el teatro Principal sus poemas “El más allá” y “Al siglo XIX”.

El Bachillerato

Entre 1873, año de la Primera República, y 1878 Plácido realiza su Bachillerato en el Instituto de Almería. El 30 de junio, con catorce años, hace el examen de ingreso (Aprobado). El curso 1873-1874 estudia Historia de España (Notable) e Historia Universal (Suspenso). El curso 1874-1875, Geografía (Sobresaliente), Aritmética y Álgebra (Notable), Historia Universal (Notable). El curso 1875-1876 aprueba Latín y castellano primer curso y Geometría y Trigonometría. El curso 18761877, Latín y castellano segundo curso, Física y Química, Historia Natural, Fisiología e Higiene y Agricultura elemental: en todas obtiene un Aprobado. El curso 1877-1878, Retórica y Poética (Notable) y Psicología, Lógica y Ética (Aprobado). El 26 de junio de 1878 y el 4 de febrero de 1879 realiza los ejercicios del Grado de Bachiller, que supera con sendos Aprobados.

Vocación poética. En el Ateneo almeriense

Pronto siente una fuerte atracción

En enero de 1878, recita en otra velada del Ateneo su romance “Lágrimas” (LCM, Plácido Langle. El Organillo, 23.01.1878), que, junto al poema “AlmeAlmería, 15 de noviembre de 1889. ría”, aparecerá en el tomo XIII de la madrileña Revista Europea. En una Junta general del Ateneo, propone la celebración de una sesión de Literatura y Música para evitar que la institución entre en un periodo de inacción una vez acabado el ciclo de conferencias de jurisconsultos, médicos y economistas. Su propuesta es rechazada. Propone a continuación que se celebre un certamen público nacional que prestigie, sin mucho coste, el nombre de Almería, que sonará por toda España y no por el mal estado de sus carreteras, los abusos electorales o los escándalos políticos. Cuando parece que la propuesta va a ser marginada, alguien sugiere que se nombre una Comisión para estudiarla. Presenta por fin una tercera proposición: que se celebre una sesión extraordinaria de Ciencias, lo que no supondría Grado de Bachiller. Archivo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada. gasto alguno, pues el Ateneo cuenta 83

En una sesión del Ateneo recita sus poemas “La patria” y “Tus ojos” y lee la prosa “En una rápida ojeada de sesión del Ateneo” (LCM, 16.01.1879), que aparece sin firma en el número 3 de Revista de Almería (LCM, 10.08.1879); en febrero y marzo publica sus poemas en Revista Europea y en La Academia de Madrid, que dirige el almeriense Juan de Dios Rada y Delgado, aparecen “A Babilonia”, “Serenata” y “A la juventud”; en otra sesión del Ateneo recita “Fragmentos”, recientemente aparecido en Revista de Andalucía y que aparecerá también La Crónica Meridional (LCM, 1.05.1879) Langle figura entre los colaboradores de Revista de Almería, proyecto de Agustín Arredondo, profesor de Psicología, Lógica y Ética del Instituto almeriense. (LCM, 19.05.1879) con sobrados ingenieros, médicos y catedráticos. La mayoría rechaza la idea. (LCM, 21.05.1878) Días después, el secretario del Ateneo, el abogado José Fornovi Vivas, informa de que la Comisión que debatió la creación de un certamen nacional aceptó finalmente la ide de Langle y las Bases del mismo han sido publicadas el 22 de mayo.

Ya se dice que el evento supondrá “una página de oro en la historia del Ateneo”. (LCM, 29.05.1878)

El certamen se celebra en enero de 1879. Forman el Jurado de poesía Gaspar Núñez de Arce, Leopoldo Augusto de Cueto/ marqués de Valmar, y José de Castro y Serrano. Langle se hace con la flor natural por la mejor poesía amatoria, “A ella”, con un accésit por “Serenata”, y también le son premiadas “El estío” y “Lágrimas”; además, los jueces consideran dignas de los honores de la publicidad sus poemas “A la luna” y “A Babilonia”.5

En agosto de 1879, y coincidiendo con la Feria de Almería, el Ateneo celebra unos Juegos Florales y, al igual que en el certamen de enero, con un Jurado de peso: Juan Valera, Francisco de Paula Canalejas y Manuel de la Revilla. Langle consigue un accésit con su poema “Al amor”.6

Estudios de Derecho

Tras aprobar el primer ejercicio para el Grado de Bachiller, y sin haber realizado aún el segundo, que superará con un Aprobado en febrero de 1879, decide cursar Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad Central. Así podrá disfrutar de las ricas posibilidades de la vida de la Corte, que le ofrecerá amigos con los que compartir sus aficiones literarias. Por su expediente, que se conserva en la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada, sabemos que el curso 1878-1879 aprueba en los exámenes extraordinarios Derecho Romano primer curso e Historia Universal y suspende Derecho Político y Administrativo españoles y Literatura general y española.

Poco después aparece en Madrid, editado por English y

Grass, el folleto de 60 páginas Poesías premiadas en público certamen celebrado por el Ateneo de Almería a juicio del tribunal calificador compuesto por los sres. D. Juan Valera, D. F. de P. Canalejas y D. Manuel de la Revilla, que incluye: “A ella”, “Serenata”, “Lágrimas”, “Idea”, “El estío”, “Almería”, “A Babilonia” y “A la luna”. En Almería se vende al precio de cuatro reales en la consejería del Ateneo y en la librería La Publicidad. La Crónica Meridional lo publicita en sus gacetillas entre junio y agosto de ese año.

En vista de que los resultados académicos no han sido los que esperaba, solicita el traslado de expediente a la Universidad de Granada, que le concede el rector de la Central, Manuel Ríoz y Pedraja, el 22 de febrero de 1879 para que pueda examinarse en los exámenes extraordinarios. En estos aprueba el 24 de febrero Derecho Romano primer curso, pero el 27 suspende de nuevo Derecho Político y Administrativo españoles.

En Revista de Almería anticipa algunas páginas de sus futuros libros Escritores almerienses y La poesía lírica contemporánea. Durante 1881 publica dos poemas en La Ilustración Española y Americana de Madrid: “La dicha” y “En la Alhambra”.

Es elegido secretario de la nueva Junta directiva del Ateneo, que presidirá el ingeniero José de Trías; será también secretario —junto a Francisco Jover y Tovar, Antonio Martínez Duimovich y José Alcázar— de la Sección de Literatura y Bellas Artes, que presidirá el catedrático Santiago Capella, que fundó el Ateneo en 1876. (LCM, 17.09.1880) El 27 de octubre fallece en Adra su amigo el abogado y doctor en Derecho Enrique Sierra Valenzuela (1845-1880),7 con el que compartió muchas horas, junto a Antonio Ledesma Hernández,8 en la Cacharrería del Ateneo madrileño.

Matrícula de dos asignaturas en la Facultad de Filosofía de la Universidad Central.12 de enero de 1882. Archivo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada.

En enero de 1881, en la madrileña imprenta de Manuel Minuesa de los Ríos, publica el folleto de 59 páginas Más versos, con poemas escritos entre 1878 y 1880 sobre el amor, la naturaleza, la patria o la fe en el progreso.(LCM, 5.02.1881)9 Recuerda que cuando fue premiado enun certamen del Ateneo, los miembros del Jurado emitieron juicios poco fiables y hasta contradictorios: “aquello mismo considerado por unos como estudio artificioso y adorno recargado, parecía a otros, y en primer lugar a los Jueces del Certamen, gallarda soltura y oriental fantasía.” 84

En un nuevo certamen le fueron premiadas dos poesías sentimentales: “Y entonces el Tribunal calificador censuró en su fallo la propensión a discurrir por el terreno social y filosófico, y condenó a la vez ciertos giros de lenguaje y ciertos arrebatos de pensamiento, por juzgarlos abusivos o pecaminosos en las composiciones eróticas. En cambio, otros escritores insignes llaman a esa severidad gazmoñería; y a esos sutiles reparos, escrúpulos de la mojigatocracia.” (pág. 7) mantendrá durante toda su vida- y que al dedicarle sus versos le ha rogado que sea benévolo con él. Elogia su poesía descriptiva, en la que halla bastantes semejanzas con la del poeta cordobés Antonio Fernández Grilo. Del volumen, que lleva al frente un “Preludio” de Relosillas, recoge un soneto y augura al amigo un espléndido porvenir literario, aunque lamenta que no siga la senda del Gaspar Núñez de Arce de Gritos del combate, a su juicio el primer lírico español. Espera ir a Málaga pronto para estrechar su mano cariñosa. Rueda necesita protección y apoyo, por lo que los jóvenes deben adquirir su poemario. (LCM, “Bibliografía”, 25.04.1880)

El 8 de julio aparece su poema “Nostalgia” en la revista madrileña La América. Crónica hispano-americana, que dirige Eduardo Asquerino y donde colaboran también los almerienses Antonio Ledesma Hernández y Antonio Martínez Duimovich. Alguna vez las noticias de La Crónica Meridional sobre la vida del Ateneo aparecen con la firma L. de Langle. Será él quien presente la velada ateneística en memoria de su malogrado amigo Enrique Sierra Valenzuela. (LCM, 12.02.1880)

El 5 de septiembre de 1881, Bartolomé Carpente Rabanillo le expide, como párroco de la iglesia del Sagrario, una copia de su partida de bautismo para que la use con fines académicos. El 28 de ese mes publica en La Crónica Meridional “A bordo”, donde cuenta uno de sus habituales viajes a Granada y una visita a la Alhambra. En los exámenes extraordinarios de este año supera Derecho Civil español primer curso (Aprobado), Instituciones de Derecho Canónico (Bueno) y Literatura Latina (Sobresaliente).

En artículo fechado el 19 de abril, elogia la vida cultural de Málaga: sus periódicos y sus revistas, su Academia y su Liceo, sus escritores y su teatro -su amigo Narciso Díaz de Escovar le ha escrito recientemente sobre el éxito de su revista burlesca en dos actos La voladura del cerro de San Telmo- y se refiere al estado de la cultura en Granada y Almería. Granada presenta una cultura languideciente, aunque contribuyen a darle algún brillo profesores almerienses como Antonio González Garbín, Manuel de Góngora y Martínez. Almería no yace en una postración absoluta, como intentará demostrar en un libro en el que viene trabajando, pero “la incuria y el marasmo han echado en su suelo hondas raíces”, y hasta el Ateneo está a punto de morir por culpa del abandono de su Junta de Gobierno: “sólo privan el chiste chocarrero, el macarronismo literario y el dolce far niente por todo ideal: bonito y delicioso porvenir.” Dicho lo cual, pasa a analizar Renglones cortos (Ensayos literarios), poemario de un joven poeta malagueño, Salvador Rueda y Santos (1857-1933), con el que hizo amistad durante su estancia en la Corte -la

Portada de la reedición de Escritores almerienses, editorial Arráez, Almería, 2002.

Escritores almerienses. Bocetos biográficos A fines de septiembre de 1881 y editados por la Imprenta de la Provincia, sita en la calle Real 18, comienzan a salir los cuadernos del libro Escritores almerienses. Esbozos biográficos,10 que se hacen llegar de manera quincenal a las casas de los suscriptores. Acabada la edición de los cuadernos, llevada a cabo entre octubre y diciembre, la

El poeta malagueño Salvador Rueda. Fondo de fotografía histórica, FEDAC. obra puede adquirirse en forma de libro al precio de 3 pesetas en la librería La Publicidad. (LCM, 30.09.1881) En la “Introducción” Langle lamenta que en las provincias se viva en la atonía y la postración, sin estímulos, sin conocer la propia historia, sin deseos, ni esperanzas ni proyectos de vida. Su libro pretende reanimar el decaído espíritu de la juventud almeriense mostrándole a los hijos olvidados o desconocidos que honran a Almería. Pide indulgencia para su libro, por ser obra nunca antes intentada. ticos, sociales y religiosos. Pasa a revisar Langle la trayectoria del Salmerón político: sus inicios en el partido democrático, sus cargos durante la Gloriosa, su discurso de octubre de 1871 sobre la Internacional y su comportamiento durante la Primera República, cuando sucedió al frente de la misma a Estanislao Figueras y a Francisco Pi y Margall. Aun sabiendo que los partidarios de Salmerón hablarán de la escasa talla de su censor, osa reprocharle sus ataques a Pi, sus contactos con elementos militares y reaccionarios, su declaración como piratas de los insurrectos cantonales de Cartagena, haber permitido que otros aplicasen la pena de muerte y su abandono del poder: “Cómodo, muy cómodo es, sin duda, dejar en los momentos de prueba los puestos difíciles.” (pág. 24) El joven Langle, que simpatiza con Castelar, ve más mérito en la conducta seguida por este, que por deber no rehuyó el poder, sacrificando su popularidad para frenar el desmoronamiento de una nación que se debatía entre la reacción y la demagogia. Le reprocha también que combatiese a Castelar sin pensar en los daños que su actitud podía acarrear a la República. Tras el acto de fuerza del general Pavía del 3 de enero de 1874, que disolvió las Cortes republicanas y trajo la restauración de la Monarquía, permaneció Salmerón desterrado en París por el gobierno conservador; y ya de vuelta a la Península, procedió a afiliarse al nuevo partido progresista-democrático. Discípulo predilecto de Sanz del Río, orador eminente, creador de un Colegio en la Corte donde estudió la juventud más brillante, ha adquirido fama merecidísima en el ejercicio de su profesión de abogado. En 1874 habló en el Instituto provincial de Almería durante un banquete en su honor, en el que demostró su sencillez y su llaneza. La mayoría de sus discípulos le han sido ingratos.

La Primera parte del libro presenta a cinco almerienses ilustres, todos relacionados más o menos intensamente con el mundo del Derecho: Nicolás Salmerón y Alonso (1838-1908), Federico de Castro y Fernández 1834-1903), Juan de Dios de la Rada y Delgado (1827-1901), Antonio González Garbín (1836-1912) y Arcadio Roda Rivas (1844-1921).

Sitúa Langle al frente de su libro a Nicolás Salmerón. Comenzó en la Universidad de Granada sus estudios de Filosofía y Letras y Derecho civil, que terminó en Madrid, aunque aún no ejerció como abogado. Profesor auxiliar de Filosofía y Letras, opositó en 1864 a la cátedra de Historia, vacante en la Universidad de Oviedo, siendo el primero en la terna; luego, también por oposición, obtuvo la cátedra de Filosofía en la Universidad Central, en la que alcanzaría en 1869 la cátedra de Metafísica, desde la que expuso las doctrinas de Kant, Fichte, Hegel y Krause. Con la Restauración fue arrojado de su puesto universitario, como Castelar, Giner o Azcárate, pero un gobierno liberal lo ha reintegrado recientemente a su cátedra. Aunque Langle reconoce cierta razón en la usual acusación de oscuridad en los tecnicismos filosóficos que se le hace, cree que no hay que exagerarla. Recuerda sus artículos en Revista de la Universidad de Madrid, Revista Hispano-Americana, Revista de Andalucía, Revista de Sevilla y La Enciclopedia republicana, destacando entre ellos “Necesidad de fijar la idea de justicia”. Entre sus discursos menciona el que pronunció al recibir la investidura de Doctor en la Facultad de Filosofía y Letras y el pronunciado ante el Tribunal de imprenta en defensa de la revista madrileña El Solfeo. Su Antropología, inédita, fue citada elogiosamente por Giner de los Ríos en sus Lecciones sumarias de Psicología. En París, junto a Ángel Fernández de los Ríos, redactó La Correspondencia Europea. Prologó Filosofía y arte de Hermenegildo Giner, donde parece aceptar las conclusiones de Spencer, Haeckel y Hartmann. Con Federico de Castro escribió un Brevísimo Compendio de Historia Universal; puso una introducción a Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de Juan Guillermo Draper y a Ensayo teórico e histórico sobre la generación de los conocimientos humanos de Guillaume Tibergien; y tradujo con otros Historia de la humanidad de Ferdinand Laurent. Salmerón anda preparando una obra para la Biblioteca Jurídica de Autores Españoles y acaba de iniciarse en Madrid la edición en cuatro tomos de las Obras completas de D. Nicolás Salmerón con prólogo de Gumersindo Azcárate: Discursos parlamentarios, Estudios históricos, Estudios filosóficos y Estudios polí-

Federico de Castro y Fernández, tras cursar la carrera de Derecho, dio clases de Historia de España desde 1861 en la Universidad de Sevilla, de la que será catedrático de Metafísica. Distinguido krausista, fundó junto a Antonio Machado Núñez Revista Sello de 1931 de Nicolás mensual [de Filosofía, Literatura y Salmerón presidente de la

Ciencia] y publicó en Revista de la Primera República.

Universidad de Madrid. Con Salmerón escribió un Brevísimo compendio de Historia Universal y es autor también de Propedéutica histórica y de Resumen de las principales cuestiones de Metafísica analítica, obra recomendada por Giner en sus Lecciones sumarias de Psicología. Creador de la Biblioteca científico-literaria de Sevilla, tradujo al castellano para la misma la admirable Historia de los musulmanes españoles del orientalis-ta neerlandés Reinhart Dozy y para ella prepara un Estu-dio jurídico y filosófico sobre el arrendamiento. Repasa Langle su producción de poemas, cuentos y leyendas al modo becqueriano y recuerda que el autor se atreve también con la más intrincada filosofía en su Ensayo de un Programa razonado de Metafísica. De conversación llena de do86 naires, diserta en el Ateneo hispalense sobre Ciencias de la Historia “o marcha diligente a poner un pedimento que le exige su profesión de abogado -pues el Sr. Castro no se limitó tan sólo a la carrera de las letras, y es también jurisconsulto muy notable.” (pág. 35)

Juan de Dios de la Rada y Delgado es “Doctor en Jurisprudencia; Director y Catedrático de la Escuela superior de Diplomática; Jefe de segundo grado del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios y de la Sección primera del Museo Arqueológico Nacional; Caballero de la real y distinguida orden española de Carlos III; miembro de la Academia de la Historia; individuo de otras muchas Sociedades y Corporaciones; sagaz numismático, distinguido escritor y laureado poeta”. (pág. 36) Abogado consultor del Real Patrimonio, fundó Museo español de Antigüedades y participó en Crónica general de España. En 1858 reseñó el viaje de Isabel II por León, Asturias y Galicia. Con Amador de los Ríos y Cayetano Rosell escribió Historia de la Villa y Corte de Madrid. Es autor asimismo de Mujeres célebres de España y Portugal, Elementos de Derecho Romano, Estudios de Geografía astronómica y, para la infancia, de El Abecedario de la virtud. Presidió la comisión científica que acompañó en 1871 el viaje de la fragata de guerra Arapiles y contó la expedición en los dos volúmenes de su Viaje a Oriente (1876). A pesar de las muchas escaseces económicas, logró traer al Museo de Antigüedades de Madrid trescientos objetos de cerámica griega y vaciados de esculturas del tiempo de Fidias. Su discurso de recepción en la Academia de la Historia fue respondido por Aureliano Fernández-Guerra. Junto a José María Turbino dirigió la revista ilustrada La Academia, donde publicó artículos y poesías. Habló sobre imprentas y tipógrafos en las cátedras abiertas en Madrid para impresores, cajistas, encuadernadores y libreros, y dio alguna conferencia sobre la educación de la mujer. Pasa luego Langle revista a sus producciones poéticas y teatrales. En 1878 organizó una Corona fúnebre con motivo de la muerte de la Reina María de las Mercedes y a su iniciativa se debió también el Libro de la Caridad, que buscaba socorrer con su venta a las víctimas de las inundaciones de octubre de 1879 en Almería, Murcia y Alicante. Rada, que pasa su vida inmerso en archivos y bibliotecas, ha vivido mucho tiempo alejado de Almería. Cuando ha vuelto a ella, le ha dedicado su poema “A Almería”.

Antonio González Garbín, “nuestro compatriota y maestro querido” (pág. 45), es humanista profundo y divulgador literario. Se doctoró en Madrid en Filosofía y Letras y se licenció en Derecho, siendo compañero de Salmerón, Uña, Romero Girón, Moret, Castro Labiano y Azcárate. En la Corte explica lenguas clásicas y orientales. Estanislao Figueras estudió con él hebreo y Francisco Salmerón y Alonso se inició con él en griego “para aplicar este conocimiento a sus importantes estudios jurídicos.” (pág. 46) Logró plaza en el Instituto almeriense y años después regentó en Granada la cátedra de Retórica y Poética, que impartió en el Real Colegio de Santiago. En esta Universidad explica desde 1873 Literatura clásica griega y latina. Repasa Langle sus trabajos de divulgación sobre griegos y romanos o sobre la Almería árabe, sus estudios de crítica literaria y sus traducciones. Es miembro de la Academia nacional de

San Fernando y de las

Comisiones de monumentos históricos de

Almería y Granada. Militante de las filas de la democracia, aceptó en agosto de 1873, y por incitación de Salmerón, ser gobernador de AlAntonio González Garbín. Gente conocida, mería, cargo que dejó Madrid, 16 de noviembre de 1900. tras la caída del Ministerio de Castelar y la entrada del general Pavía en el Parlamento. Langle elogia que en unas elecciones generales, en contra de lo usual, dejase en libertad a los votantes. Arcadio Roda Rivas -primo del político granadino Natalio Rivas- se licenció en Derecho en Madrid y luego gustó de frecuentar bibliotecas como la de Cánovas. Del partido conservador, fue elegido en Almería diputado a Cortes por Gérgal en la legislatura de 1878. Langle juzga que en su Ensayo sobre la opinión pública (1870) mostró “las tendencias demasiado estrechas de la escuela política a la que pertenece” (pág. 58). Es autor de Oraciones escogidas de Demóstenes (1872), que dedicó a Cánovas; de Los oradores griegos (1874), que, con elogioso prólogo de Cánovas, recoge las ocho lecciones que dio en el Ateneo madrileño durante el curso 1872-1873; y de Breves noticias sobre la vida de Cánovas (1875). Con introducciones suyas, tradujo al castellano Ensayos de moral y política de Bacon y ha publicado numerosos artículos en Revista de España. Elegido varias veces diputado a Cortes, es consejero de la empresa del ferrocarril del Noroeste de España. Se relacionan también con el Derecho algunos de los autores abordados en la Segunda parte: Enrique Sierra Valenzuela (1845-1880), los hermanos Manuel (1850-1918) y Rafael Torres Campos (1853-1904) y Antonio Ledesma Hernández (1856-1937), y algunos de los mencionados en el Apéndice: Alfonso Manuel Cano -“abogado de nombre” y poeta (pág.146)- y Francisco Leal de Ibarra (1849-1909).

Nuevas publicaciones

En calidad de secretario primero del Ateneo, Langle lee la preceptiva Memoria de las actividades realizadas en el curso anterior en el solemne acto de inauguración del curso académico 1881-1882. (LCM, 5.10.1881) La Crónica Meridional la ofrece en su folletín entre el 4 y el 7 de noviembre. En ella y lleno de orgullo por la gestión administrativa y científica llevada a cabo por la Junta de Gobierno a la que pertenece, destaca los esfuerzos de esta para revitalizar un Ateneo que atravesaba un periodo de decadencia: “Yo reclamo, pues, para este momento la in87 dulgencia de que me disteis sobradas pruebas al confiarme el puesto que ahora desempeño; y os ruego al mismo tiempo que tengáis en cuenta los límites estrechos en que debo moverme, si veis que no describo con los detalles minuciosos que en realidad merecen los brillantes trabajos del Ateneo durante el año académico de 1880 a 1881”. Colabora con poemas en varios números de la revista almeriense El Torneo, editada en la imprenta de La Provincia. Su poema “Luz y sombra” aparece en el Álbum Almería-Orán, junto a las firmas de Antonio Martínez Duimovich, Juan de Dios Rada y Delgado, José Ortega Munilla o Narciso Díaz de Escovar. (LCM, 22.10.1881)

El 22 de febrero de 1882, La Crónica Meridional reproduce el artículo “Nuestros escritores. Plácido Langle”, aparecido en La bandera liberal de Málaga, donde alguien que firma D. (?) anuncia que Langle trabaja en un tomo de Nuevas poesías, en la novela La carne de cañón y en el drama El fanático.

Junto a A. de Andana, Antonio Martínez Duimovich, Francisco Rueda López, José Alcázar Hernández y Antonio Ledesma Hernández, colabora, con su poema “El centenario de Calderón” en el número con que La Crónica Meridional ofrece su homenaje de admiración y de respeto al insigne poeta dramático en el segundo aniversario de su muerte. (LCM, 26.05.1882) El mismo periódico reproduce el 3 de agosto el artículo de Langle “El movimiento intelectual de las provincias. Almería” aparecido en un periódico de Madrid, donde se recuerda a los escritores almerienses que giran en torno al Ateneo y también a los que residen en Granada y en la Corte. Durante este año aparecen varios poemas suyos en la revista La América de Madrid. En el número del 28 de octubre, tras una elogiosa presentación del autor, se publica el capítulo “Nicolás Salmerón y Alonso” de Escritores Almerienses. En los exámenes extraordinarios supera con Aprobado las asignaturas Derecho Civil español común y foral segundo curso, Disciplina general de la Iglesia y particular de España y Procedimientos judiciales y práctica forense, y -por la Real Orden de 6 de junio- Derecho Mercantil y Penal.

Licenciado en Derecho

A fines de septiembre y tras una carrera nada brillante, Langle, de 23 años, es aceptado a los ejercicios del Grado de Licenciado en Derecho. El Acta conservada en el Archivo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada lleva la fecha 13 de octubre de 1882: el día del examen el aspirante eligió el tema 27: Compraventa: su diferencia de la permuta; efectos del contrato una vez perfecto, y a continuación “se le puso incomunicado”. Luego verificó el ejercicio oral ante los Jueces y obtuvo un Aprobado. Formaron el Tribunal los doctores José Hinojosa Menjoulet (1837-1888), catedrático de Derecho Civil (presidente), Jiménez y el almeriense Francisco Leal de Ibarra (1849-1909), catedrático de Derecho Penal (secretario).

Documento autógrafo de Langle. 26 de noviembre de 1881. Archivo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada.

En la imprenta almeriense de Cordero Hermanos publica en mayo El Arte. (Canto), que dedica al granadino Antonio Rubio (1836-1902), Jefe de Fomento de la provincia entre 1868 y 1875, poeta, activo colaborador en el Liceo y el Ateneo almerienses,11 catedrático de castellano de la Escuela Normal, autor de Del mar al cielo. Crónica de un viaje a Sierra Nevada (1881), cronista oficial de Almería y padre de Concepción Rubio Rull, con la que contraerá Langle matrimonio en 1882. El folleto, que se vende al precio de dos reales, conocerá una segunda edición. A. de Andana reseña la obra de su amigo, gran poeta y escritor fecundo, y lamenta que por modestia no haya querido poner su trabajo a la venta entre los almerienses, ni siquiera para resarcirse de los gastos de impresión. Algún malintencionado diría que es porque conoce bien al personal de su tierra. (LCM, “Un nuevo folleto”, 15.05.1882)

Grado de Licenciado en Derecho. Archivo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada.

El nuevo abogado lee la preceptiva Memoria en la solemne apertura del curso académico 1882-1883 del Ateneo almeriense: “Lo haré con tanta brevedad como me sea posible; y ya que no os presente un trabajo digno de vosotros, procuraré al menos no molestaros en demasía.” (LCM, 31.10.1882)

También inaugurará el curso 1883-1884 del Ateneo con su discurso La moral en el arte literario, que se publicará en el número 6, de noviembre de 1883, de Revista de Almería, que Langle dirigirá junto a Antonio Martínez Duimovich durante 1884. Defiende el naturalismo en la novela (Zola) y en el teatro (Echegaray y Sellés), ya que el arte ha de ser un trasunto fiel de la vida: “Entendemos que las costumbres sociales deben retratarse tal como son en verdad, con todas sus bondades, pero también con todas sus miserias; y creemos además que debe ya pasar para siempre la costumbre de convertir en una cátedra las obras artísticas, para predicarnos las excelencias de una moral enclenque y hacer gala de un sentimentalismo cursi; hoy se ha comprendido que toda enseñanza debe deducirse de los hechos.” (pág. 324) “Nosotros creemos que no cabe mayor enseñanza moral que la misma repugnancia que inspira la contemplación de las llagas sociales”. (pág. 326) Aunque la escuela naturalista no ha echado aún hondas raíces en España, la novela se encamina por nuevos derroteros, como mostró Pérez Galdós en Doña Perfecta, cuya pintura de las consecuencias desastrosas de la superstición, la intolerancia y la hipocresía tan viva impresión le produjo cuando la leyó. ma antiguo”, “A la razón” y “Mi musa”, una escena de su drama inédito El fanático, sobre el cruento enfrentamiento entre carlistas y liberales, su prosa “Luque”, que comenta las dificultades de su amigo el dibujante almeriense Manuel Luque (1853-1912), heredero de Ortego que ha triunfado en París, para abrirse paso en Madrid, y la prosa lacrimógena “La vagabunda”. Además, se destaca la aparición de sus libros La lírica moderna en España y Escritores almerienses, que se venden en las principales librerías de la Corte. Hacia mayo publica en la imprenta almeriense de Jaime Casasayas La lírica moderna en España. Núñez de Arce, Campoamor, Bécquer. P. Ruiz Albistur reseña la obra en el número 10 de La América, del 28 de agosto y lamenta que el escritor sienta cercanos a él sólo a tres poetas, a los que cree, de manera discutible, “jefes de nuestra renovación literaria”. En noviembre aparece en la Imprenta de “El Diario Español” de Madrid su colección Cuentos de todos los colores, que incluye sus narraciones “En el tren”, “El sueño del empleado”, “Elvira”, “La vagabunda”, “Un drama antiguo”, “Un nombre”, “Amores trágicos”, “La loca de la casa”, “De viaje” y “La caída”. En La Crónica Meridional del 25 de noviembre su amigo A. de Andana, al reseñar la obra, prefiere hablar de “artículos recreativos” más que de cuentos.

Manuscrito de Langle, 9 de diciembre de 1882.

En diciembre recoge en Almería, de manos de jefe de la Sección de Fomento su título de Licenciado en Derecho civil y canónico, enviado por orden del rector de la Universidad de Granada. El 25 de este mes nace su hija Pura.11 Vacante el puesto de secretario del Ateneo, este será ocupado por Miguel Martínez Arellano, que obtiene 21 votos, habiendo logrado Langle sólo 5. (LCM, 9.01.1884)

En enero de 1884 publica, en Revista de Almería y en La Diana de Madrid, su soneto “El ejemplo”, un alegato contra la inútil pena de muerte: “La inmensa multitud bulle y se afana/ En redor del patíbulo afrentoso.../ Las gradas sube el criminal odioso/ Que espera el fin de sus existencia insana.// Se sienta. Expira. La justicia humana/ ha cumplido su fallo rigoroso;/ El verdugo desciende silencioso,/ Y dobla

Portada del número 4 de la revista madrileña La Diana, 16 de mayo de 1883.

Durante 1883 siguen apareciendo sus escritos en La América (el poema “La caravana”, los artículos “Núñez de Arce” y “Campoamor” y su prosa “La mujer delgada”) y en la revista La Diana. Revista quincenal de Política, Literatura, Ciencias y Artes de Madrid, nacida en febrero y dirigida por el poeta cordobés Manuel Reina Montilla. Aparecen en ella sus poemas “Ayala”, “Garibaldi”, “Un dra89 tristemente la campana.// Corre la muchedumbre, antes serena,/ comentando su trágico destino…./ De pronto, un grito aterrador resuena;// ¡¡Y otra vez a las lindes del camino/ De sangre tiñe la fatal escena/ El aleve puñal de otro asesino!!” ninguna agravante. No hubo premeditación. Tampoco acepta la agravante de vagancia, pues cuando el reo trabajó fue un obrero honrado y activo, y aunque en el momento del crimen se hallaba sin ocupación, el defensor juzga inverosímil y apasionado el informe del alcalde de Adra: “Si son vagos los jornaleros que en ciertas épocas de su vida no hallan trabajo, habría que lanzar tal mote infamante sobre la mayor parte de esos pobres y honrados hijos de esta provincia que se ven obligados todos los días a emigrar a la Argelia francesa, en busca de un pedazo de pan con que alimentarse ellos y sus familias.” Alega la embriaguez como atenuante, invoca “los sentimientos generosos y nobles del tribunal para alejar de la cabeza de su defendido la mano del verdugo, que ya parecía cernerse sobre ella como para arrastrarla al cadalso” y acaba afirmando que sería inmensa su satisfacción si un día se dijese que había defendido a un reo de muerte cuando todos demandaban su vida, salvándolo de “perecer ignominiosamente en el tablado de un patíbulo afrentoso” porque él, “el más modesto de los jurisconsultos españoles”, interpuso “su honrada toga entre el ejecutor de sentencias y aquel pobre ser, cuya impasibilidad e indiferencia en aquellos momentos, en que se trataba acaso de arrancarlo de la faz de la tierra, demostraba palpablemente que en aquella alma, llena de tinieblas, y en aquella razón dormida no había penetrado jamás el menor afecto ni el menor rayo de inteligencia, ¡víctima señalada por la fatalidad de su destino a ser carne para el verdugo y ejemplo de nuestro miserable estado social!” (LCM, 31.10.1884) La Crónica Meridional recoge en su número del 7 de noviembre la sentencia del Tribunal: cadena perpetua, tal como solicitó el fiscal Langle. (LCM, 4.11.1884)

Dada la expectación levantada por el asesinato ocurrido en Adra, el periódico comienza a ofrecer en su folletín los escritos de conclusiones de las partes, un extracto de las declaraciones de los testigos, otros informes de la acusación y la defensa, y la copia exacta de la sentencia dictada, que produjo muy buen efecto por ser “altamente justa y arreglada a derecho”. (LCM, 5.11.1884) Si el fiscal pidió en nombre de la Ley la pena de muerte, Langle, en nombre de la Ley y más en nombre de la justicia, no puede permitir que se imponga al reo “esa pena terrible, esa espantosa pena de muerte, a cuyo solo nombre se estremecen de horror todos los corazones generosos y gimen de angustia todas las almas rectas”. El reo y los testigos han dejado patente el crimen y él no lo va a negar, pero tampoco está dispuesto a reconocerlo más abominable-de lo que en realidad es, por lo que volverá a analizar detenidamente los hechos. El reo nunca intentó tomar venganza por su mano de la paliza que le dio en su día su vecino. El día de autos bebió en una taberna con unos amigos. Embriagado, fue en busca de otros amigos a la fábrica de fundición La Luisa para charlar un rato, algo que hacía con frecuencia. (LCM, 6.11.1884) Para regresar a su casa, hubo de dar un rodeo por el interior del edificio a fin de evitar pasar por delante de la escoria que despedía el horno llamado El Pavo y cuando iba a salir vio durmiendo en el suelo a quien un día lo apaleó. Debió de

La activa vida del abogado

Vive Langle en el número 5 de la Glorieta de San Pedro y es uno de los 37 colegiados del Colegio de Abogados de Almería. Por La Crónica Meridional tenemos constancia de su incansable actividad en la Audiencia de lo criminal, unas veces como fiscal, otras como defensor. Actúa en causas por homicidio, asesinato, infanticidio, tentativa de parricidio, robo en domicilio, hurto de esparto, falsificación de documentos de pago, estafa, usurpación, atentado a la autoridad, detención arbitraria, falso testimonio y disparos de armas de fuego con lesiones de diversa gravedad. Como fiscal, se enfrenta a abogados defensores como Antonio Ledesma Hernández, José Bañón Amérigo, Guillermo Cassinello y García, Santiago Barroeta Scheinagel, Ricardo Romero y Lleida, José Trujillo y Torres, Manuel Toro García, Joaquín Bereguer y Cazorla, José Rumí Abad, José María Muñoz y Calderón, Manuel González Tamarit, Juan Ramírez Pérez, Teobaldo Fernández López, Miguel García López, José Granados Ferre y José Ramón Oña. Como abogado defensor se enfrenta a los fiscales Emilio Riancho Sánchez, José Heredia y Moya y Antonio Téllez y Camacho. En el número 13 de junio de la Revista de Almería aparece su poema “Junto a la cuna” y en el número del 8 de agosto su poema “Ayer y hoy”, que dedica “Al distinguido poeta D. Carlos Cano en la muerte de su hijo”. En la renovación de la Junta directiva del Ateneo, Langle es elegido secretario primero. (LCM, 18.10.1885)

Contra la pena de muerte

El 29 de octubre se inicia en la Audiencia de Almería la causa del Juzgado de Berja contra A. F. L./ Raspas, joven de 26 años que mató en Adra el 6 de septiembre con arma de fuego a J.C.R./ Cleto, que lo había apaleado unos ocho meses atrás. El fiscal, Heredia y Mora, solicita la pena de muerte por asesinato con agravantes, y Langle defiende al acusado, intentando evitarle la última pena. (LCM, “Causa de Adra”, 29.10.1884) El proceso despierta en la ciudad una importante expectación y cuando se -abre el salón de la Audiencia, este se llena rápidamente, igual que los gabinetes contiguos y el portal del edificio. El reo, esposado, de naturaleza tosca e inculta, afirma no -recordar nada del día de autos. Tras intervenir los testi-gos, el fiscal solicita la pena de muerte por asesinato con alevosía, y tras dejar de lado la premeditación, añade como agravante la vagancia, basándose en el informe del alcalde de Adra. Apoyándose en sentencias del Supremo, rebate las circunstancias atenuantes alegadas por el abogado defensor.

Langle, que comienza a ganarse en las lides del foro el renombre de que ya goza por sus lides literarias, acepta el asesinato con alevosía, pero niega que concurriera 90 recordar entonces la paliza sufrida, que lo dejó ensangrentado y dolorido, y, “con ofuscación y trastorno extraordinarios”, usó su pistola contra el durmiente. Tras ello, huyó de la fábrica, aunque poco después se presentó a confesar su delito en el cuartel de la Guardia Civil, donde entregó su pistola. Aceptando el asesinato con alevosía, pasa a demostrar la inexistencia de cualquier agravante, a fin de evitar que pese sobre la Sala toda idea de premeditación, aunque el fiscal ya la retiró. El reo fue a la fábrica como tenía por costumbre y nunca había ocurrido ningún suceso lamentable en sus frecuentes idas a la misma. Ignoraba que su vecino estaba en el edificio. Sólo la casualidad le hizo dar con él. De haber querido vengarse por la paliza recibida, bien sabía que podía hallarlo en la fábrica, pero nunca fue allí a provocarlo. Prueba la falta de premeditación el hecho de que se entregara a la Guardia Civil una vez cometido el delito. La idea del crimen surgió repentinamente en su mente al hallar a Cleto de manera tan inesperada. Aborda luego Langle la agravante de la vagancia, que sí fue apreciada por el Ministerio público. Comenta el informe del alcalde de Adra, que afirma que al reo no se le conoce oficio alguno “y que vive generalmente de lo que adquiere de un modo ilegítimo”, afirmación desmentida por los testigos, según los cuales el verano último anduvo trabajando sin causar problemas con el patrón de una barca. Consta también que estuvo ocupado algún tiempo en el transporte de carbón con un tal Gabriel/ El Licenciado. Además, no careció de domicilio ni pasó las noches al raso, ya que, huérfano, vivía con su tío, y recientemente con un matrimonio. Aun deplorándolo, debe desmentir el informe del alcalde de Adra por inverosímil. El reo carece de antecedentes penales, según consta en su hoja histórico-procesal, luego los delitos que se le achacan sólo existen en “una imaginación acalorada”. Puesto que ha estado trabajando en ocupaciones lícitas, no es importante que al ocurrir el hecho de autos se hallara sin trabajo: “Si vamos a considerar vagos a todos los jornaleros que en una o varias épocas determinadas de su vida se encuentren sin trabajo, sería preciso que lanzáramos este mote infamante sobre millares de infelices compatriotas nuestros que se hallan en ese estado lamentable; sería preciso que consideráramos vagos a todos esos pobres y honrados hijos de esta misma provincia que, por carecer en ella de ocupación productiva, se ven obligados todos los días a emigrar a la Argelia francesa, en busca de un pedazo de pan con que alimentarse; ¡y si en estas épocas de miserias y privaciones algunos de esos infelices tenía la nueva desgracia de cometer un delito de este género, la Ley caería implacable sobre sus cabezas, y en su porvenir, luctuoso y sombrío, aparecería dibujada, con negros colores, la figura siniestra y repugnante del verdugo!” No cree Langle que tal aberración quepa en “un Tribunal tan ilustrado como lo es el que me escucha”. Y pasa a defender la conveniencia de aplicar al caso las atenuantes 6ª del artículo 9º del Código: el haber ejecutado el hecho en estado de embriaguez no habitual, y 8ª del mismo artículo, sobre el arrebato y la obcecación. Por tanto, se le debe imponer al reo la pena de cadena temporal o, si el Tribunal no creyese estimable ninguna circunstancia modificativa, la de cadena perpetua. (LCM, 7.11.1884)

Langle aprovecha sus últimas palabras ante el Tribunal para dirigirse al presidente reiterándole su visceral rechazo a la inhumana pena de muerte: “Mas lo que no admito (...) en ningún caso, a lo que me opongo con toda la energía de mi alma, lo que rechazo con todas las fuerzas de mi razón y de mi conciencia, es la imposición de la pena de muerte que el Ministerio público interesa./ ¡Ah, Señor! (...) cuando yo pienso en la gravedad de esa pena, que el representante de la Ley solicita, y recuerdo las enseñanzas mismas que he recibido en las aulas, en las cuales he aprendido que entre las cualidades que debe reunir toda clase de penas se cuentan la de ser remisibles y reparables, condiciones ambas de que carece esta pena terrible que para mi defendido se demanda; cuando pienso en la doctrina misma del Evangelio, doctrina de perdón, de bondad y de misericordia, y la comparo con esa organización científica del antiguo Talión, basada en el falso supuesto de que todo mal causado debe castigarse necesariamente con otro mal semejante; cuando veo al procesado, delincuente sin duda, porque yo no he tratado ni por un momento de disculpar su crimen, pero cuando lo veo, joven aún, casi en la primavera de su vida, y capaz sin duda de redimirse todavía, lavando su culpa en el Jordán milagroso del trabajo, y esclavo hasta ahora solamente de la ignorancia; esclavo tal vez de la miseria, de los malos ejemplos y del ardimiento de las pasiones, que hacen de un hombre digno y libre un ser esclavo e irresponsable de sus errores; cuando yo pienso que el que delinque lo hace porque está ciego de los ojos del alma, así como el hombre privado de la vista material mata acaso, sin quererlo, a un niño con quien tropieza; cuando yo imagino que para curar esta ceguera del espíritu no es razonable ni lógico arrancarle la vida, y cuando pienso también en que esta vida humana es un misterio de Dios, y que si un malvado pone su mano sacrílega sobre este misterio, la sociedad no debe imitar el sacrilegio; cuando pienso que la ejecución de la pena de muerte presupone la infalibilidad del hombre, cuando tantos ejemplos horribles nos demuestran que el hombre es falibilísimo; cuando yo pienso y recuerdo todo esto, me pregunto, Señor, si será posible que sea expuesto el procesado a esa pena cruenta; y mi mente rechaza esta idea, y una voz que sale del fondo de mi alma implora al Tribunal por la vida de ese desdichado. En sus manos está concedérsela; grave responsabilidad moral la suya negándole ese beneficio./ Demostrada jurídicamente la improcedencia de esa pena en el caso de autos, yo apelo ahora a todas estas razones de humanidad; yo apelo ahora a los sentimientos nobles y levantados del Tribunal, y espero, Señor, que el fallo del mismo salve la vida de ese desgraciado, que tiene la suya pendiente de la resolución de la Sala./ Si así fuera, (…) ¡qué grato recuerdo, Señores Magistrados, el de este día para todos vosotros! ¡Y qué satisfacción también para mí, si en tiempos venideros, cuando yo evoque la memoria de este acto solemne, y me diga que yo defendí a un reo de muerte cuando todos le atacaban en satisfacción de una vindicta insaciable, pueda, Señor, decirme 91 al mismo tiempo, que efectivamente esa vida no fue cortada en flor por la mano sangrienta del verdugo; que esa vida no pereció ignominiosamente en el tablado de un patíbulo afrentoso!” El público aplaude ruidosamente las palabras del abogado defensor, hasta que los ujieres imponen silencio. (LCM, 8.11.1884) Se recoge a continuación la sentencia que firma el ponente, el Magistrado José Muñoz y

Gaviria. El reo es condenado a cadena perpetua, al pago de las costas procesales y a satisfacer 1.500 pesetas a la viuda e hijos de la víctima.

Firman el fallo Carlos Halcón, Manuel Yaquero y José El garrote vil.

Muñoz. (LCM, 9.11.1884)

José María de Montañón y Domingo Martínez. El fiscal es Telmo Giráldez, el defensor, nombrado de oficio, es Langle y el procurador, Manuel Orland. Intervienen los peritos médicos y los testigos, y el día 3 el fiscal considera el caso parricidio con la agravante de alevosía, y solicita la pena de muerte, en garrote. Luego, en un discurso de hora y media, Langle rechaza la alevosía y ve como atenuantes la embriaguez no habitual y el arrebato y la obcecación, por lo que solicita al Tribunal la cadena perpetua. El defensor es muy felicitado al acabar su peroración y “si la majestad del acto solemne que se celebraba no lo hubiese impedido, el público le hubiese aplaudido.” (LCM, “Causa célebre”, 6.03.1887). Pocos días después, La Crónica Meridional recoge la sentencia del Tribunal: cadena perpetua, tal como pidió el abogado defensor, de quien el periódico recuerda que es la segunda vez que arranca al verdugo una posible víctima. Y anuncia que publicará íntegros en su folletín los informes del Ministerio fiscal y de la defensa, que fueron tomados en notas taquigráficas. (LCM, “Causa célebre”, 9.03.1887)

Con el republicanismo posibilista de Castelar En La Crónica Meridional del 11 de septiembre aparece su poema “El duelo”. Tras la infidelidad de ella, sobreviene el desafío: “Allá en la arena/ luchan amante y esposo,/ cada rival codicioso/ de la odiada vida ajena./ De pronto, el campo resuena/ con un grito de dolor;/ a los pies del ofensor/ se desploma el ofendido,/ y queda el esposo herido.../ ¡y satisfecho el honor!”

Langle, que siempre ha sentido vivamente la pasión política, y que se muestra en desacuerdo con la marcha de la España de la Restauración, se decide a pasar en 1886 a la política activa dentro de la esfera del republicanismo conservador de Castelar. Más de trescientos individuos se reúnen para elegir a los cargos del partido republicano histórico de Almería: su Comité local será presidido por Juan Cassinello Cassinello, y Langle será su vice-presidente. El Comité provincial interino del partido tendrá como presidente al industrial Fernando Cumella y como vicepresidente a Antonio Rubio, su suegro. (LCM, “Elección”, 10.02.1886)

En la sesión inaugural del curso 1886-1887 del Ateneo, Langle lee la Memoria preceptiva, en su calidad de secretario de la institución. En ella recuerda que para salvar al Ateneo de su extinción hubo que recurrir a un empréstito y a buscar un nuevo local, por lo cual durante un año las actividades acadéSello de de 1931 de Emilio micas brillaron por su ausenCastelar, presidente de la Primera República. cia.

El 2 de marzo de 1887 comienza a juzgarse en la Audiencia de Almería la causa del Juzgado de Gérgal contra el joven de Alhabia N. R. H., de 24 años, que el 26 de diciembre de 1887, en estado de embriaguez, asestó con su faca un golpe mortal a su padre. La causa congrega a un inmenso gentío. Componen el Tribunal Manuel Mendo de Figueroa y los magistrados

La sesión del 2 de marzo comienza a recogerse en el folletín del periódico el 12 de ese mes y el 15 se da noticia de la sesión del día siguiente, en la que interviene el fiscal de modo “enérgico, severo y conciso”: un hijo desnaturalizado ha sorprendido a su padre cuando este charlaba con su familia, le ha clavado su faca en la espalda, atravesándole el pulmón, lo que le causa la muerte en el acto. La defensa no tiene ningún testigo que atestigüe que hubo riña alguna entre padre e hijo: pena de muerte en garrote por parricidio con la agravante de alevosía. A continuación interviene Langle con energía: ”Es ya hora de que se oiga la voz de la defensa, de que la verdad resplandezca, se borren los prejuicios y se disipen los errores del sr. Fiscal y se desvanezcan los odios que palpitan en las declaraciones de los testigos. (…) ¡Basta ya, Señor, de venganzas y de horrores! ¡Basta de saña, de exterminio y de sangre! ¡Tregua un instante a las pasiones y a los rencores, y hable ya al fin, no ya la piedad cristiana, no la misericordia generosa, sino la voz severa de la verdad y de la justicia!” Confiesa que al conocer su elección por el turno de oficio para la defensa de un reo de tan gravísimo delito, soñó en principio con eximirse de tan pesada carga por cualquier medio, pero al fin aceptó ese “puesto de honor”, que nunca rehúsan “las almas bien templadas”. Desde que leyó el sumario y más tras la prueba practicada en el juicio oral, halló improcedente la petición de pena de muerte. El crimen no se perpetró con los negros colores que pintan los testigos, “apasionados y parciales”, ni en el modo en que lo describió el fiscal. Por el contrario, existen a favor del acusado “motivos poderosísimos de atenuación”. Intentará convencer de ello a los magistrados y “al Tribunal de la opinión del público que me escucha desde la parte de afuera de esa barra, que también pronuncia su veredicto en estas contiendas solemnes.” No disculpará ni oscurecerá el atroz crimen cometido por el acusado, pero este no debe recibir un castigo superior al merecido: “¡me opongo con toda la energía de mi alma a que se le tenga por un monstruo, y se pida su exterminio como el de una 92 dan a urdir toda clase de invenciones fantásticas, para tener sin duda la satisfacción altísima de ver subir al procesado las gradas del patíbulo, que ellos tratan de levantar con sus esfuerzos!” Siguiendo sus declaraciones, pide el fiscal la pena más grave del Código, el garrote vil, “a cuyo solo nombre gimen de angustia todas las almas rectas y se estremecen de horror todos los corazones generosos”. Langle demostrará la falsedad de los testigos, aunque estos planearon parecer conformes en sus declaraciones. Porque hay un hecho incontrovertible que anula sus declaraciones: ¿El procesado subió por la calle de las Torres, llegó hasta su padre y sin decir palabra lo mató? ¿Nadie lo vio llegar? ¿Todos estaban de espaldas al sitio por donde llegó, “tendidos en ala y puestos en correcta formación”? No es lo natural cuando se charla en grupo. Dos testigos desmienten que el reo actuase con alevosía. Langle refiere al Tribunal lo que muy probablemente sucedió: estando embriagado, el reo se encontró con su padre, que le recriminó “severa y destempladamente” por su estado lamentable, lo envió para su casa y lo golpeó con su chuzo hiriéndolo en la región frontal, por encima de la ceja derecha, con una herida de dos milímetros de diámetro. Viéndose de pronto acometido, el reo sacó su faca y en actitud amenazante fue contra su padre, que volvió la espalda para huir, y sin ser ya dueño de sí, lo hirió en la región torácica posterior, causándole la muerte en el acto. Sabe Langle que carece de pruebas y que los testigos han contado el hecho de manera diametralmente opuesta. fiera sin entrañas!” Será sincero y huirá del fácil recurso de alegar locura buscando eximir al reo de toda responsabilidad. El acusado padece desde temprana edad desarreglos y perturbaciones frecuentes, exacerbados cuando bebe y se dan fenómenos atmosféricos como la entrada y la salida de la luna. Además, sufrió malos tratos en el seno de su familia. Con diez años tuvo un accidente laboral que le provocó un tumor cerebral. Iban a atestiguarlo dos personas que se han ausentado del juicio, cuyo testimonio no creyó indispensable la Sala, por lo que expresó la correspondiente protesta. Ambos fueron testigos de sus arrebatos de locura cuando trabajaba en una mina de Cabo de Gata. Y otros testigos han hablado de su violentísimo comportamiento tras embriagarse un día de la Virgen de agosto: no conocía ni obedecía a nadie y hubo que encerrarlo en una habitación, en la que causó tremendos destrozos. Un carácter apacible suele tornarse demente y furioso por causa del alcohol. Luego Langle se centra en su educación “deficiente y torcida”. El padre siempre lo trató con dureza, sin causa que lo justificara, frente al buen trato que daba a sus otros hijos. Prueba del estado desequilibrado del reo es que este niega los malos tratos de su padre: “ni sabe lo que dice, ni se da cuenta de lo que ha hecho”. Para sustraerse a “tutela tan avasalladora, y tan tiránica”, se casó muy pronto, aunque carecía de medios para sostener su hogar. Cuando se casó, su madre dio a su esposa consejos sobre cómo actuar ante sus perturbaciones mentales y sobre los medicamentos que debía suministrarle. Su hermana y su madre política han atestiguado las tiranteces existentes entre padre e hijo, que el padre nunca visitaba a su hijo ni acariciaba a sus nietos y que el reo tenía celos de la hermana, la preferida del padre. Pide Langle a los magistrados que se pongan por un momento en el lugar del reo, sometido a diario por su familia a “desdenes, agravios y malos tratamientos”, a “desprecios injustos y vejaciones humillantes” en “martirio lento, constante e insufrible”. El reo no es un ángel ni un santo, sino un ser de carne y huesos, músculos y nervios, “un espíritu tosco e inculto”, y no pudo sufrir sin alterarse tan “cruento martirio” ni dominar sus pasiones. Y pasa Langle a dar su versión de los hechos, que cree perfectamente verosímil: sus hijos pasan hambre, el reo pide a su padre, por centésima vez, la parte que le corresponde de su herencia materna, el padre se la niega, lo llena de improperios al verlo borracho y le descarga un golpe con su chuzo hiriéndolo en la frente.... Esto atenúa, a juicio del abogado defensor, la culpa del reo, y más teniendo en cuenta su enfermedad crónica e incurable y su estado de embriaguez. El crimen no fue como ha contado el Ministerio fiscal apoyándose en las declaraciones de los testigos, que disfrazaron a sabiendas la realidad en declaraciones “apasionadas y parciales”, además de nada caritativas.

El periódico continúa el día 22 con la transcripción de la intervención del abogado defensor. Según el informe del alcalde de Alhabia, el procesado siempre mostró una conducta irreprensible y carece de antecedentes penales. Langle recuerda que un crimen tan abominable haría pensar que fue ejecutado por un hombre “de torva faz y de siniestro aspecto” -idea popularizada por la escuela criminalista italiana- como los que abundan en los presidios. Pero el supuesto monstruoso parricida posee en realidad una naturaleza débil y enteca: “Tenéis delante a un jovenzuelo imberbe, de complexión enteca y de apocados ánimos”, que, sin embargo, ha cometido un crimen atroz. “¿No es verdad que parece imposible?” El crimen se debió a un movimiento pasional irresistible, solo posible por la obcecación y el arrebato. Pasa Langle a defender la segunda atenuante: la embriaguez no habitual. Cita la sentencia del Tribunal Supremo aparecida en la Gaceta del 19 de marzo que niega la atenuación para quien mata a su padre sólo porque lo reprendió. ”Pero yo pregunto: ¿y si además de una reprensión severa y destemplada, el hijo recibe de su padre una agresión inesperada e injusta?” Entonces sería procedente aplicar dicha atenuación. Y no se le alegue que son incompatibles embriaguez y arrebato, pues el Tribunal Supremo defiende su compatibilidad. No cabe cometer un delito con alevosía y a la vez con obcecación y arrebato.

Continúa el periódico transcribiendo el 19 de marzo el discurso del abogado defensor. Langle se muestra sarcástico con los testigos: “¡Almas nobles y generosas, se

En La Crónica Meridional del 23 de marzo se recoge el resumen que Langle hace de su intervención. Se opone enérgicamente a que se aplique la espantosa y cruenta 93 pena de muerte solicitada por el fiscal, pena que las naciones cultas tienden a abolir definitivamente y que quizás pronto desaparecerá de los Códigos: “¡Día hermoso ha de ser aquel en que la Humanidad realice tan preciada conquista de la ciencia del Derecho!” Mientras tanto, los legisladores tienden a restringir su aplicación, exigiendo severas restricciones y garantías: la Ley de Enjuiciamiento vigente exige tres votos conformes para su imposición y se admite en beneficio del reo el recurso de casación. No sigan los magistrados las voces de su conciencia que los invitan a aplicar esa pena a fin de contener el desbordamiento de las pasiones e impedir que se repitan delitos análogos: “No creáis que la imposición reiterada de estos castigos severos produce efectos saludables, y apartaos de ese antiguo sistema penal que se funda en la supuesta ejemplaridad de las penas, asignando a estas un carácter expiatorio que ya debía haber desaparecido ha largo tiempo de entre nosotros, arrancándoles ese odioso estigma de crueldad y de venganza; no creáis que las pasiones populares se contienen, ni las costumbres se dulcifican y mejoran, ofreciendo a diario, ante los ojos atónitos de las muchedumbres, el espectáculo edificante del patíbulo; que no es por cierto, Sres Magistrados, con cuadros de horror y con lagos de sangre como los sentimientos populares se enaltecen y como las pasiones se refrenan y se ahogan; que el hombre no es una bestia indómita, sólo regulada por la ley de la fuerza”. Para mejorar las costumbres es mejor una escuela que cien cadalsos con sus sangrientas ejecuciones: “¡Hora es ya de que se proclame para siempre la superioridad del maestro sobre el verdugo!” El reo está en la primavera de su vida y aún puede redimir su culpa con honradez y trabajo. Langle ha reclamado al

Tribunal la vida del reo en nombre del Derecho, “y ahora os la imploro en nombre de la humanidad, por las ardientes lágrimas de una mujer infeliz, que en estos momentos se deshace en ellas, y por la desdicha que amarga a unos seres inocentes a quienes os pido que evitéis la afrenta ignominiosa de que en el porvenir se les designe con el mote infamante de los hijos del ahorcado.” De hacerlo así, los magistrados contarán con sus bendiciones y con las de todo el pueblo, “que ve con horror la perspectiva del cadalso, y os pide, por mi conducto, ¡misericordia para el reo!” Las ruidosas muestras de aprobación del público se suceden hasta que la campanilla presidencial impone silencio. A continuación el periódico recoge el fallo del Tribunal, fechado el 7 de marzo, que condena al reo a cadena perpetua, a falta de tres votos conformes. Familia, Derecho, Literatura y Política

En adelante, Langle dividirá sus esfuerzos entre su familia, el Derecho, la Literatura y la Política. Tras haber perdido tempranamente a dos hijas, Pura y Consuelo, se sentirá orgulloso de sus cuatro hijos: Emilio (1886-1967), jurista y profesor de Universidad;13 Guillermo (1895-1981), arquitecto;14 Plácido, abogado; Antonio (1898-1982),15 médico. Se asentará su fama como criminalista, será presidente del Círculo Literario y sus poemas le serán premiados en varios Juegos Florales. Siempre en defensa de su ideal republicano, pasará de apoyar el posibilismo de Castelar a la Unión Republicana de Salmerón, creada en 1903, encabezará a los republicanos de la capital almeriense junto al abogado y escritor José Jesús García (1865-1916), del que se distanciará, creará en 1910 el periódico El Popular, que dirigirá su amigo el profesor y periodista Manuel Pérez García (1867-1927), y en 1931 tendrá la satisfacción de ver llegar la Segunda República, siendo reconocido como uno de los políticos que más hizo por su triunfo. Ya viudo, fallece el 24 de junio de 1934.

Detalle de la foto del Langle de los años 90 cedida por Alfredo Langle a la editorial Arráez para Escritores almerienses, 2002, pág. IX

Antigua lápida de la calle dedicada a Plácido Langle.

Notas

1. Cf. la biografía de Plácido Langle de Ginés Bonillo Martínez en Diccionario Biográfico de Almería, Instituto de Estudios Almerienses/ Fundación Cajamar, Almeria, 2006, págs. 208-209. Agradezco a Juan Manuel Bosque Sendra (Universidad de Granada) su ayuda en la elaboración del presente artículo.

2. Cf. José Ramón Cantalejo, Sala de togas, núm. 43, diciembre de 2002, págs. 12-13.

5. Cf. Josefa Martínez Romero: Instituciones culturales en el siglo XIX almeriense, Universidad de Almería/ Instituto de Estudios Almerienses, Almería, 2001, págs. 24-28.

6. Cf. Josefa Martínez Romero, Ibid, págs. 31-33.

7. Cf. A. J. López Cruces: Enrique Sierra Valenzuela (1845-1880). Vida y obra de un escritor andaluz. Servicio de Publicaciones de la Excma. Diputación de Almería, 1987, y “Un abogado almeriense del siglo XIX: Enrique Sierra Valenzuela”, Sala de Togas, núm. 84, diciembre de 2021, págs. 78-84.

12. La Crónica Meridional del 8 de enero de 1884 informa del bautizo de la hija del poeta y fiscal sustituto de la Audiencia: “Y Plácido el trovador/ Que supo gloria alcanzar,/ Verá cada año brotar/ Un vástago y una flor.” Pura morirá tempranamente y los amigos de su padre le dedicarán una Corona poética a la memoria de la niña Pura Langle Rubio. Nació en Almería el 25 de diciembre de 1883. Murió en la misma ciudad el 1º de marzo de 1890. Almería, Establecimiento tipográfico La Provincia, 1991. El volumen, que contó con la firma de poetas almerienses, granadinos y malagueños y de vates con prestigio nacional como Núñez de Arce, Campoamor o Manuel del Palacio, se abre con un afectuoso prólogo del profesor Antonio González Garbín: “Purita Langle y Rubio”, págs. 8-11.

3. Libro 22 de Bautismos (fº 250 vtº), parroquia de Santiago de Almería. En el expediente de estudios universitarios de Langle conservado en el Archivo de la Facul8. Cf. A. J. López Cruces: Antonio tad de Derecho de la Universidad Ledesma Hernández (1856-1937). de Granada figura una copia liteUn escritor almeriense ante la criral de la partida de bautismo orisis de la Restauración, Fundación ginal (24 de octubre de 1858) feUnicaja/ Editorial Universidad de chada el 5 de septiembre de 1879 Almería, Biblioteca de Autores y firmada por el licenciado BartoAlmerienses, núm 5, Almería, 13. Cf. Carlos Vargas Vasserot: lomé Carpente Rabanillo, Cama2020. “Emilio Langle Rubio”, Diccionarero de Honor de Su Santidad y rio Biográfico de Almería, Instituto 9. El periódico reitera la noticia de cura regente de la Iglesia parrode Estudios Almerienses /Fundala aparición del folleto entre el 13 quial de Santiago de Almería. Por ción Cajamar, Almería, 2006, y el 20 de ese mes. Se vende al la misma sabemos que Plácido págs. 209-210, y Emilio Langle y precio de una peseta en toda Esnació el 22 de octubre de 1858 a Joaquín Rodríguez: dos mercantipaña. Incluye: Al Amor, La Alboralas cuatro de la tarde y fue bautilistas almerienses, Universidad de da, A la patria, La inundación, Ella, zado como Plácido Juan José AsAlmería, Almería, 1997. AsimisLa Redención, El Lago, Nostalgia, larión por don José Núñez Rubio, mo, A. J. López Cruces: “Los priA la Juventud y ¿Quién eres? La Bicura teniente de la iglesia parromeros pasos del penalista y merblioteca Digital de Andalucía quial de Santiago de Almería. Hijo Emilio Langle Rubio

José

Murcia ofrece el ejemplar de esta obra de lacantilista legítimo de Jean Placide Langle, Fachada sede de UGT en la calle Martínez Campos, 22. (1886-1967),

Sala de togas, núm.

Ocaña.

Abogado que poseyó en su biblioteca el esde Arrás, comerciante en Alme(Gentileza de Lola Bautista). laboralista, asesor

89, agosto de 2024, págs. 76-84. critor Juan Antonio Martínez de ría, y de la almeriense María del de CC.OO.

Castro.

Mar Moya, fueron sus abuelos (Gentileza 14. Cf. Alfonso Ruiz García, “Guide José paternos Jacques Langle y An- Murcia llermo Langle Rubio”, Diccionario 10.Ocaña).

Existe edición facsímil con esne-Marie Laborde, ambos de Biográfico de Almería, Instituto de tudio preliminar de Ginés Bonillo, Arrás, y los maternos, José Moya Estudios Almerienses/ Fundación Juan Grima y José Luis Muñoz y María Antonia López. Fueron Cajamar, Almería, 2006, págs. Colomer, Arráez Editores, Almesus padrinos Jean Pierre Langle, 210-213. ría, 2002. natural de Arrás y comerciante 15. Cf. José Antonio García Ra11. Lorenzo Cara Barrionuevo, en Almería, y su esposa, la almemos, “Médicos almerienses. AnDiccionario Biográfico de

Almería, riense Juana Abiranet, y testigos tonio Langle Rubio”, http://garInstituto de Estudios Almerienlos comerciantes Bartolomé Giciaramosmedicosalmerienses.ses, Almería, 2006, págs. ménez y Antonio Martínez y el blogspot.com médico Francisco Cordero.

LUIS MIGUEL COLUMNA HERRERA Magistrado. Presidente de la Audiencia Provincial de Almería que utilizaba en algunas

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Cómo citar

«Los primeros pasos del abogado, escritor y político republicano Plácido Langle Moya (1858-1934)», Sala de Togas, n.º 91, julio 2025, pp. 83-96.

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