Los primeros pasos del abogado y filólogo Miguel Romera Navarro (1885-1954)
Sala de Togas n.º 90, , página 101–111
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LOS PRIMEROS PASOS DEL ABOGADO Y FILÓLOGO MIGUEL ROMERA NAVARRO (1885–1954)
Según su partida de Bautismo, Miguel nació en la población almeriense de Canjáyar el 30 de septiembre de 1885 (y no de 1888, como se afirma en casi todas sus biografías), aunque en el Libro de Nacimientos del Registro civil de Alhabia consta como nacido el 2 de octubre. Es hijo de Federico Romera Martínez, natural de Alhabia, de 39 años, de profesión procurador, y de María del Carmen Navarro Esteban, natural de Canjáyar, de 34 años, que viven en la calle
Limones de dicha localidad. Es bautizado con el Retrato de Federico Romera Navarro. nombre de Miguel Jeróni(Remitida por el autor). mo de la Santa Cruz.2 Antes que él nacieron Carmen, Federico, Juan, Presentación y Dolores; después de él nacerá Julia. Del padre de Miguel, Federico Romera Martínez, sabemos por La Crónica Meridional que en enero de 1889 era vicepresidente del Círculo Liberal Reformista de Almería; que pertenecía a la Casa frutera Romera Hermanos, consignataria de los buques que cargaban en el puerto miles de barriles de uva de mesa con destino a los mercados de Londres, Glasgow, Liverpool o Nueva York,3 que se interesaba por el negocio minero y que poseía en el campo de Roquetas de Mar el cortijo La Buena Vista.4
Para realizar los estudios de Bachiller, Miguel deja Canjáyar y pasa a vivir en Almería. El 30 de mayo de 1897 realiza en su Instituto General y Técnico el examen de ingreso, que supera con un Aprobado, calificación que será la más repetida durante los años de su Bachillerato. En las asignaturas de Ciencias cosechará varios suspensos.5
Los días 24 y 26 de septiembre de 1902 realiza en el Instituto los ejercicios del grado de Bachiller, que supera con sendos aprobados. El 28 de febrero de 1903 efectúa el depósito de 25 ptas para la expedición del título de Bachiller. El rector granadino, Eduardo García Solá, dará la orden para su expedición en documento el 5 de marzo y ese mismo día el secretario Manuel Lacalle remitirá al director del Instituto de Almería su título de Bachiller en Artes. El Regional del 6 de agosto (“Para la feria. Ciclistas”) y La
Crónica Meridional del día siguiente (“La fiesta de la Montaña”) recogen la participación de Miguel en las carreras de bicicletas que organiza la sociedad recreativa La Montaña, a la que pertenece. La Crónica Meridional del 7 de octubre da esta noticia: ”Estudiantes. Ayer salieron en el tren–correo con dirección a Granada, donde piensan seguir sus estudios los jóvenes D. Antonio Gustavo y D. Miguel Romera”. A sus 17 años Miguel se dispone a comenzar la carrera de Derecho. La carrera universitaria
Partida de Bautismo de Romera Navarro.
(Remitida por el autor). Documento del Colegio del Sacromonte de Granada (AFDUG)
Miguel se matricula en la Facultad de Derecho y el primer año de carrera es alumno interno del Insigne Colegio Seminario de teólogos y juristas del Sacro–Monte de Granada. El curso 1902–1903 supera en dicho Colegio con Aprobado las tres asignaturas de los estudios preparatorios de la carrera: Lógica fundamental, Literatura General Española e Historia crítica de España. El curso 1903–1904 vive en la calle Colegio Santiago y parece decidido a dejar atrás las notas mediocres. Supera con Notable las asignaturas Elementos de Derecho natural, Instituciones de Derecho romano y Economía política. El curso siguiente supera con buenas notas seis asignaturas: Historia general del Derecho español (Sobresaliente), Instituciones de Derecho canónico (Notable), Derecho político (Sobresaliente), Elementos de Hacienda pública (Sobresaliente). Y se examina en mayo, con arreglo a la Real Orden de 8 de abril de 1905, de dos asignaturas: Derecho penal (Notable) y primer curso de Derecho civil común y foral (Aprobado). Pero suspende el Derecho administrativo. siendo ambos menores de edad. Miguel maneja con soltura la “anacrónica” Ley de Enjuiciamiento Civil, los artículos del Código Civil y las resoluciones de la Dirección General de Registros. Y el 3 de octubre de ese año aparece “De la voluntad”, donde aboga por su desarrollo, junto al de la musculatura y la cultura intelectual, para evitar que la gente sea movida por el viento de las pasiones propias y extrañas. El 24 de marzo de 1907 aborda en “Llagas sociales” la prostitución, “expresión gráfica, real y exacta de la inmoralidad”. No la cree “llaga social incurable y necesaria”, y no cabe sentirse orgullosos sólo por haber abolido la infame trata de blancas. Las clases directoras deben actuar para disminuir sus tristes efectos: imbecilidad, locura, enfermedad o muerte. El artículo verá también la luz en El Pueblo de Alicante el 5 de mayo de 1908. Al igual que su paisano y amigo Emilio Langle Rubio, al que dedicamos un artículo en Sala de Togas,6 Miguel se muestra vivamente interesado en el movimiento feminista. El 1 de abril publica en La Crónica Meridional su artículo “Feminismo”. El movimiento feminista hace vislumbrar una pronta emancipación de la mujer y la abolición de los privilegios concedidos al hombre contra toda equidad y en perjuicio del progreso. Aunque desde la frenología Hammon concede ventaja al cerebro masculino respecto al femenino, algo discutible, tales diferencias desaparecerán cuando el ambiente en el que se desarrollen ambos sexos sea el mismo. Hay que restablecer la pureza objetiva de la justicia, impulsar la civilización, saldar una deuda acumulada a lo largo de la Historia de la humanidad y mejorar con la nivelación de los sexos la economía de tantas infortunadas mujeres que por carecer de atractivos físicos o “metálicos” se ven forzadas al celibato, la orfandad, la penuria o la prostitución. El movimiento feminista, que enraíza en los sentimientos de libertad y de “legítima defensa”, lo impulsan revistas, periódicos —como La Fronde— y Congresos como los de 1878, 1891, 1896 y 1900, defensores como Stuart Mill, Richard Cobden y Alejandro Dumas (hijo) y defensoras como Bertha von Suttner, Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán, y conoce desde la segunda mitad del XIX una aceleración paralela a la de los medios de comunicación. La mujer llevará la paz del hogar a la vida social, permitiendo superar la atrofia moral y la brutalidad reinantes y ayudará a proscribir la guerra, impulsará la beneficencia, refrenará los vicios y será el ángel titular que devuelva la dicha arrebatada por el exclusivo gobierno de los hombres. No se juzgue todo esto fantástico o risible, pues ellas impulsarán el progreso moral, el científico, el industrial y el artístico, y brillarán como abogados, artistas o médicos (sobre todo de mujeres y de niños). Los hombres, que temen la competencia femenina, arguyen que si se les concediera la igualdad de derechos, las mujeres abandonarían sus deberes domésticos y la educación de los hijos; no servirían para las funciones sociales dada su excesiva sensibilidad moral; vendrían graves perturbaciones en las relaciones conyugales; se amenguarían sus atractivos, y el exceso de trabajo intelectual podría tornarlas es-
El curso 1905–1906 vive primero en la calle Buen Suceso 1 y luego en la calle Ortiz y Codina 10. Obtiene Sobresalientes en el segundo curso de Derecho civil y en Procedimientos judiciales, y un Notable en Derecho internacional público. En los exámenes de junio consigue superar con Sobresaliente Derecho administrativo, asignatura de la que no se habia examinado ni en junio ni en septiembre de 1905.
Recibo de pago. Secretaría de la Facultad de Derecho. (AFDUG)
El abogado y escritor José Jesús García (1865–1916), director del periódico republicano El Radical, hace amistad con Miguel y lo invita a colaborar en su periódico. Así, el
18 de junio de 1906 el estudiante ve publicado su primer artículo en torno al mundo del Derecho: “Cuestión jurídica”, que aborda la discusión que se produce por primera vez en el Tribunal Supremo sobre si el marido puede conceder a su esposa licencia para comparecer en juicio 102
Preside el Tribunal Juan de Dios Vico y Bravo (1845–1908), catedrático de Elementos de Derecho Político y Administrativo español; es su secretario Ramón Giner Guixé y Mexía (1850–1916), catedrático numerario de Economía Política y Elementos de Hacienda Pública; como vocal actúa un almeriense, Francisco Leal de Ibarra (1849–1909), catedrático de Derecho Penal. Miguel se enfrenta a tres ejercicios: “¿En qué consisten los derechos políticos? Regla para distinguirlos de los civiles. ¿Caben limitaciones en el derecho electoral?”; un ejercicio práctico consistente en “Redactar un escrito de demanda de interdicto de recobrar [posesión] entablado por el arrendatario fundado en que, sin estar autorizado por el contrato, el dueño de la finca ha abierto hoyos en la misma, plantándola de olivos”; y “Estado por que atraviesa el Derecho Civil en España. Historia del Código de 1 de mayo de 1889”. Los tres los supera con Sobresaliente.7 Dos días después, una gacetilla de El Radical celebra la brillante licenciatura del “querido amigo y paisano”. tériles. Argumentos que Romera desmonta con eficacia. Las mujeres no son más débiles que los hombres, como se puede comprobar en su protesta enérgica en Congresos, revistas y mítines, donde abogan por su liberación con la misma entereza que los esclavos en la antigüedad. La propaganda feminista y la defensa de la liberación de la mujer crece en los Estados Unidos, no así en España. Pero el siglo está llamado a tremolar la bandera del feminismo, pues lo exige el progreso. Realiza el curso 1906–1907 como alumno no oficial. En los exámenes ordinarios de junio de 1907 se examina de las asignaturas Derecho mercantil de España y de las principales naciones de Europa y América (Notable), Práctica forense y redacción de instrumentos públicos (Aprobado) y Derecho Internacional Privado (Sobresaliente y Premio).
Los diarios madrileños El Imparcial y El Liberal anuncian el 24 de abril de 1908 que el abogado Romera Navarro dará pronto una conferencia en el Ateneo madrileño. El Radical del 29 de ese mes (“Un almeriense”) recoge las palabras del diario El País de Madrid sobre su charla “El problema feminista”. Romera defendió los derechos de la mujer con “brillantez, entusiasmo y erudición (…) exponiendo en periodos de soberanía lógica cuán arbitrario e inhumano es el actual estado social, y qué beneficios reportará la dignificación de la que hoy es objeto material más que ser pensante”.
A raíz del éxito de su conferencia, el joven licenciado es nombrado el 15 de junio, por unanimidad, secretario segundo de la sección de Ciencias Morales y Políticas del Ateneo madrileño, que preside Augusto González Besada, a pesar de no haber cumplido con el año preceptivo como socio de “la docta casa”. Seguirá en el cargo hasta 1910. Tres días después, El Radical (“Un paisano distinguido”) comunica a sus lectores el honroso nombramiento. En agosto, Miguel es premiado en los Juegos Florales de Málaga por su trabajo jurídico “El Feminismo moderno desde el punto de vista económico”, y en los de Almería por “Feminismo jurídico”. Lo comunican a sus lectores El Radical del 28 de agosto y La Crónica Meridional del 29.
Certificación académica oficial. (AFDUG).
El 16 de junio pide ser admitido a la realización del ejercicio para aspirar al grado de licenciado, en documento que firman el secretario general Manuel de Lacalle y el Jefe de Negociado Miguel Gadea. Es admitido por el rector el 18 de ese mes. En documento del 22, que firma el decano Pablo Peña y Entrala, se le fija para sorteo y toma de puntos el día 24 de ese mes.
En la Corte
A sus 22 años, decide proseguir sus estudios en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Central, con vistas a realizar el doctorado. Por el expediente custodiado en el Archivo Universitario de la Universidad Complutense, sabemos que vive en la calle del Barco 9 y que el 20 de septiembre de 1908 solicita matricularse en las asignaturas Filosofía del Derecho e Historia de la Literatura jurídica española. Queda matriculado en ambas en documento que firma el secretario general
Leopoldo de Solís. En las dos obtendrá un Sobresaliente.
Miguel participa intesamente en la vida cultural de la Corte y pronto colabora en publicaciones como El Imparcial, El Heraldo de Madrid, Mundo Gráfico, Estudio y La Esfera.
Expediente del Grado de Licenciado. Curso 1906-1907. (AFDUG). como Inferioridad mental de la mujer (1900), que traducirá Carmen de Burgos y que verá la luz en 1905 en la imprenta de El Pueblo de Blasco Ibáñez. Combate Romera las tesis de la frenología y la craneología que creen a la mujer incapaz de concentración intelectual y que si se entregara al estudio se masculinizaría, lo que originaría la degeneración y la extinción de la raza. La inferioridad intelectual de la mujer, de detectarse, no sería explicable por razones de carácter orgánico, sino ambientales. El cerebro de la mujer posee las mismas cualidades de extensión y profundidad que el del varón. Pretender fundamentar la desigualdad entre los sexos en el discurso filosófico es negar los principios fundamentales del Derecho natural y de la Metafísica, y la unicidad del espíritu humano. Querer basar la desigualdad entre un hombre y una mujer fundándose en la Historia sería pretender defender la esclavitud. El autor recuerda la importancia del ejercicio físico en la mujer, que tradicionalmente les viene siendo vedado, y combate la visión masculina sobre la histeria, enfermedad atribuida solamente a la mujer.
Continuador de la lucha a favor de la mujer planteada por las feministas y por hombres como Stuart Mill, Naquet, Tolstoi, Ahrens, Alejandro Dumas (hijo), Ziegler, Bridel, Richer, los krauso–institucionistas españoles y el ovetense Adolfo Posada (1860–1944) jurista, sociólogo y político regeneracionista autor de Feminismo (Madrid, 1899),8 el abogado ve con satisfacción que El Radical de José Jesús García reproduce los días 16 y 17 de de octubre un extenso fragmento de Feminismo jurídico–penal, la Memoria que le fue premiada en los recientes Juegos Florales de Almería. El progreso de las ciencias antropológicas y del positivismo dejó ya claro que no cabe igualar a los sexos en la esfera de la responsabilidad, pues cada uno está sometido a distintas organizaciones sociales. Por fortuna, decayó la doctrina espiritualista que pretendía que el criminal va libremente al delito y sólo por el imperio de las pasiones, lo que trajo un renacimiento penal, aunque las nuevas doctrinas no hayan penetrado en la masa. Frente al cultivo metafisico del Derecho Penal, ve beneficioso defender las doctrinas evolutivas de Darwin y Spencer. La mujer no suele delinquir. Maravilla a Romera Navarro la moralidad de la mujer proletaria, que si cae en el delito es forzada por el amante o porque ha de alimentar a sus padres viejos o enfermos y a sus hijos. Comparte con las escuelas socialistas y grupos de la positivista que la mayoría de los delitos tienen su principal causa en las condiciones sociales, sobre todo en la desdichada organización de la propiedad en el régimen industrial y capitalista. El egoímo del hombre condena a la mujer a la miseria y no le facilita medios de susbsistencia que la separarían del crimen, la desesperación y la prostitución. Los tribunales penan el infanticidio menos que antes, porque se sabe que pesan en las mujeres, generalmente solteras, el temor a la pérdida del honor, su único patrimonio, y la influencia del seductor, que las empuja a abortar. La mujer merece la tolerancia y la piedad si obró por temor a la pérdida del honor y quizás de la vida. Por haber creído en las promesas de su seductor, se ve condenada a vivir en perpetua soledad, porque nadie querrá ser su esposo ante la ley, y acaso se suicide para que no se sepa su deshonra. Si la sociedad no quiere fomentar el infanticidio, honre la maternidad y no la llene de oprobio cuando se verifica fuera del matrimonio. La culpa es de los convencionalismos y los absurdos prejuicios sobre la moral femenina. La mujer vive en la indefensión jurídica y social, pues las leyes son demasiado benignas con quienes las explotan o las matan, y la impunidad que se concede a éstos fomenta tales delitos.
Paul Julius Moebius. (Remitida por el autor)
El republicano almeriense Miguel de Bustos reseña la obra en el diario republicano “La Región extremeña” del 9 de abril (“Lápiz de corte. Una nueva política”). El autor habla de la mujer con entusiasmo de idealista convencido, serenidad y ecuanimidad, y se opone a “la cruel, irracional, ilegítima esclavitud” a que el hombre la condenó, y se enfrenta con decisión a Moebius, enemigo de la igualdad política y social femenina, lo que dice mucho de sus energías y fuerza mental. La carta–prólogo de Moret no está a la altura de los merecimientos del libro; pusilánime, como en política, para decir que la mujer es un ser humano y no una bestia “habrá necesitado rebuscar folletos, libros y tratados de filosofía, de historia, de religión y hasta pasear su tozuda mirada por los pueblos y razas todas de la humanidad”. Le falta a Moret lo que el autor derrocha: “energías, sinceridad y ecuanimidad del espíritu”.
“Ensayo de una filosofía feminista”
A sus 23 años, Miguel publica en la madrileña Imprenta de la Revista Técnica de Infantería y Caballería su extenso libro Ensayo de una filosofía feminista. Refutación a Moebius, con carta–prólogo de Segismundo Moret, jefe del partido liberal. En el prefacio anuncia que trabaja en dos obras: El amor libre y unos Apuntes para una Historia del movimiento feminista, aunque ninguna verá la luz. Pretende refutar el pensamiento radicalmente antifeminista de Paul Julius Moebius (1853–1907), expresado en obras 104 espíritu ferviente, pero bien equilibrado” que persigue un ideal de justicia “con el ardor del enamorado y del convencido, sin caer en exageraciones peligrosas de un sectarismo apasionado”. No aspira a colocar a la mujer en condiciones de absoluta igualdad con el sexo masculino, como busca la izquierda de la escuela feminista: si igualdad de derechos supone y exige igualdad de deberes, ¿habrá que someter a la mujer al servicio militar? Hay que redimirla de su odiosa servidumbre sin conducirla a una esfera incompatible con la “dulzura y los peculiares caracteres de su sexo”. Ayuden a realizar este gran ideal los espíritus nobles y abnegados para los que la justicia no es un nombre vano.
En abril Miguel envía a Marcelino Menéndez Pelayo (1856–1912) su obra —el «primer libro de filosofía feminista que, malo o bueno, aparece en la historia de la ciencia»—con una dedicatoria, rogándole que emita en cuatro líneas un juicio sobre el mismo.9
En La Crónica Meridional del 6 de mayo, Enrique Sandino reseña el libro, que pretende expandir la emancipación de la mujer, ideal de los pueblos cultos de Europa y América al que España viene resistiéndose. Ante la desigualdad jurídica y social femenina, han surgido en el siglo XX idealistas que buscan implantar definitivamente una sabia justicia que las ampare, liberándolas del yugo de la miseria y de la violencia tiránica del hombre. El feminismo plantea inaplazables soluciones a gobernantes y sociólogos, aunque los partidarios del viejo régimen, insensibles a las angustias de la mujer obrera, extreman sus sátiras y sus sarcasmos por creer amenazados sus privilegios. En El Liberal, el jurista y periodista Antonio Zozaya halla el libro “generoso y admirable”. El volumen ayudará a salir de su desvalimiento a las mujeres oprimidas que ven restringida la esfera de su acción profesional y económica. El Radical del 11 de mayo (“Diputación provincial. Última sesión”) comunica que Romera Navarro solicitó a la institución la adquisición de varios ejemplares de su libro. La Diputación ha acordado la compra de 50 volúmenes. También reseña el libro de su amigo el abogado republicano Plácido Langle Moya (1859–1934)10 en La Crónica Meridional del 14 de mayo (“Impresiones de un lector. En defensa de la mujer”). Aplaude al joven que “en vez de distraer sus ocios en fútiles devaneos, dedica largas vigilias a la reflexión y al estudio” y ofrece un libro saturado de sólida doctrina y pensamientos altruistas sobre la situación social de la mujer, defiende sus derechos, “fustiga a los espíritus más rutinarios y egoístas que tratan de perpetuar su penosa servidumbre” y propaga “la santa cruzada de la vida nueva que ha de redimir a la mujer de la injusta tutela a que se la somete”. Estudia Romera Navarro si hay diferencias esenciales, o al menos cuantitativas, entre los cerebros del hombre y la mujer, o si la culpa es del género de educación que ellas reciben y del género de vida a que se las relega. La ciencia psicofísica actual no puede negar la unicidad del espíritu humano. Aunque existiera esa supuesta inferioridad, no cabría negar a las mujeres su derecho a la vida y a la libertad, privarlas de los medios para su existencia, reducirlas a ser elemento secundario y pasivo en el régimen social y prohibirles una instrucción que pueda liberarlas del yugo varonil. Elogia Langle las páginas dedicadas a la enseñanza femenina, a la educación de su voluntad y de su desarrollo físico. Moebius quiere a la mujer sana y tonta, pero es mejor que sea sana y discreta. La mujer ha sido como el hombre quiso hacerla y él es el culpable de las negativas consecuencias de haberla acostumbrado a ser “frívola, superficial y gazmoña”. Cuando adquiera mayor nivel intelectual y de instrucción y se fomenten sus actividades, sentimientos e inteligencia, se verá dignificada y no será ya un obstáculo a la evolución social. El libro revela “un
Miguel de Bustos, vuelve a reseñar el libro, ahora en El Radical del 15 de mayo (“Crónica. Un libro y un hombre”). Trató a su amigo en Madrid y cree conocerlo bien. El volumen, una recopilación de sentimientos nobles y generosos contra la esclavitud de la mujer, ha sido escrito “al embate de discusiones ateneas y controversias periodísticas” y “su martillo cae sobre la herrumbre social, con el juvenil empeño de los que aman el bien y la justicia”. El autor posee un espíritu hondamente liberal y su sano concepto de la moral pública es el propio de un republicano, pues, aunque niega esta adscripción política, “lucha por lo que nosotros venimos luchando, contra la reacción, por la libertad, la igualdad y la fraternidad”. La mujer no debe ser esclava de nadie. Si el hombre culpa a la mujer de todo es para no admitir su responsabilidad por la educación y la vida que le viene dando. José Jesús García invita a Miguel a ser una de sus “Cabezas parlantes”, serie de autobiografías que vienen apareciendo en El Radical.11 El 6 de junio de 1909 aparece su autosemblanza “Al través de mi alma (Confidencias)”. Confiesa que ama al sexo femenino y que idolatra el tiempo de luchas que le ha tocado vivir: “Vibran en mi alma todos los entusiasmos, todas las violencias, todas las ilusiones, todos los desalientos. Mi vehemencia, mi entusiasmo ardiente por todo, la revela mi pluma con infatigable fogosidad. Creo sinceramente que en mis escritos podrá encontrarse una monotonía: la del entusiasmo.” Es pesimista por reflexión y optimista por temperamento. Y pasa a hablar de sus preferencias artísticas: en música, Beethoven, Mozart y Rossini; en pintura, Rafael, Velázquez y Goya; en literatura, Cervantes, Shakespeare, Quevedo, Molière, Fernán Caballero y Rosalía de Castro. Como filósofos, Spencer y los positivistas modernos. Admira a Italia, forjadora del alma latina. Lamenta la labor que lleva a cabo el clericalismo, “hijo bastardo de la religión”. Sin explosiones trágicas, los diversos credos van siendo olvidados hasta que se extingan dando paso al credo social y filosófico. Lamenta vivir en una cloaca social de egoísmo, intolerancia e injusticia. Cree que el trabajo universal es el único remedio al problema insoluble de la felicidad humana y que llegará a ser el único cimiento del principio moral. Tiene fe en la fuerza de las ideas: “Quiero vivir con el pensamiento lo más alto posible, ya que por una eternidad habitaré entre los gusanos y las podredumbres de la tierra; quiero caer a la tumba 105 teatral Zeda [Francisco Fernández Villegas (1856–1916)]. Juzga el feminismo más complicado de lo que Moret supone en su carta–prólogo. En lo que hombres y mujeres no deben diferenciarse es en tener iguales derechos y obligaciones. Si la mujer puede ser reina, tambien puede ser diputada. No hay diferencias esenciales entre los sexos, salvo las físicas. Romera parece inclinarse por la superioridad espiritual de la mujer. Hombres y mujeres se complementan y juntos constituyen el verdadero ser humano. Si el hombre cultivó el arte, ella formó el alma de sus hijos y mucho más mérito tiene hacer un hombre bueno que una buena estatua. Hay que darles a ellas medios para el perfeccionamiento de sus cualidades privadas y para que se igualen socialmente a los hombres. No hay peligro de competencia con el hombre en las profesiones en que ella es y se considera inferior: por muy exaltadas que sean sus aspiraciones, no habrá mujer que quiera ser “marinera, minera o soldada”. desde lo más alto a que pueda elevarse mi idealidad, y cuando caiga, quedará abierta todavía mi tumba a nuevos ideales”, aunque admite que el hambre y las necesidades fueron siempre los propulsores del mundo social y que hasta los más sagrados ideales viven sujetos al cambio. Enemigo de toda afectación, disfruta conversando con una mujer delicada. Amigo de pocos, se muestra simpático con todos. A nadie envidia, “porque pienso que lo que a otro puede ser útil podría ser perjudicial para mí”. Admira a los científicos y desprecia a los hombres rudos, groseros y superficiales y a los espíritus ligeros, vagos y dispersos. Reconoce que el tratar las cuestiones desde un punto de vista elevado lo lleva a veces “al tono autoritario y a la afirmación de lo absoluto” y pide al lector amigo que no le cuente a su amada su peor defecto: la ambición.
El 13 de junio, en La Correspondencia de España, es el novelista, poeta y crítico literario Andrés González–Blanco (1886–1924) quien reseña Ensayo de una filosofía feminista. Su amigo se muestra como “un ortodoxo del feminismo, un dogmático tan intolerante como el sectario del integrismo; un verdadero teólogo al revés, que habría dicho el inmortal Clarín. No se olvide que hay un sectarismo de la izquierda más funesto que el fanatismo de las derechas”, que abundan los Torquemadas del pensamiento, y que ya Newton reprochó a los librepensadores su “ortodoxia de la heterodoxia”. Hay en la obra “cierto dogmatismo propio de una juventud briosa, si no lo atempera un escepticismo interrogativo”. En cuanto al feminismo, González–Blanco se coloca en un término medio prudencial. Si defendió un feminismo sano en la revista Labor nueva, luego optó por un antifeminismo atenuado en Revista crítica al abordar las figuras de Carmen de Burgos y Sofía Casanova. Ante el libro de su amigo se halla confuso. Aunque agota el tema, sus afirmaciones dogmáticas limitan su triunfo. El gran misógino Nietzsche aconsejaba no olvidar el látigo cuando se trataba con mujeres. Sin ser tan pesimista sobre la mentalidad femenina, no comparte el optimismo de su amigo, que no halla diferencias mentales entre ellos y ellas, por confundir inteligencia con intuición. Es libro digno de consulta y estudio para feministas y antifeministas. Por combatir al intransigente antifeminista Moebius, Romera adopta a menudo cierto molesto tono académico. El libro se popularizará, por su prefacio y por su sentimiento de justicia y verdad. “Quizá cuando Romera Navarro y yo, en estos fragantes atardeceres de junio, cruzamos las ruidosas calles madrileñas, entre la alegría de las burguesitas gentiles, de las modistas pizpiretas y de las chulas fachendosas, declarándolas adorables a todas, sólo porque son mujeres, no sospecha ninguna de ellas que, bajo nuestras miradas intensas, nuestras risas juveniles y nuestros piropos finos (que seguimos lanzando al aire, a pesar del misógino [Ramón] Méndez Alanís), late una tortura interior, un noble anhelo de que se rediman las pobres esclavas hasta hoy irredentas.”
El Radical del 6 de julio comunica la presencia de Romera Navarro en Almería: “Permanecerá entre nosotros una temporada, para después marchar de nuevo a Bilbao y Madrid, donde proseguirá su fructífera labor literaria. Damos la más cordial bienvenida al querido amigo nuestro.” Tres días después de su llegada, Miguel publica en El Radical una crítica del poemario de su amigo el joven uruguayo Julio Raúl Mendilaharsu (1887–1923) “Como las nubes”, en el que palpitan “las ansiedades y las rebeldías de un alma encadenada”. El Radical del 15 de agosto informa de que Miguel sale en el tren correo hacia Bilbao, “donde pasará una breve temporada, para regresar después a Madrid, donde proseguirá su fructuosa labor literaria”. “Feminismo jurídico”
En 1909 aparece en Madrid, en la Librería de Fernando Fe, el segundo libro de Miguel, Feminismo jurídico: Derechos civiles de la mujer, delincuencia femenina, sus derechos políticos. Apoyándose en la Historia y en la Sociología, el joven abogado aborda las condiciones jurídicas de la mujer en los derechos romano, germano y de otras culturas de la Antigüedad y denuncia el trato que recibe en los códigos civil, penal y constitucional. En lo penal propone lo que hoy llamaríamos “una discriminación positiva” para ellas, aunque una vez alcanzada la igualdad jurídica entre los sexos, la sanción penal volvería a ser la misma para ambos. En la familia, no puede seguir siendo tutelada y esclavizada por el marido. Desde una concepción democrática, no cabe seguir negando a la madre la patria potestad, su derecho a disponer de sus bienes, ni cabe mantener su indefensión jurídica. Contra el vínculo conyugal indisoluble de la Iglesia, defiende las ventajas del divorcio. Romera cita a Krause y a Anhrens, denotando la huella del krausismo en su pensamiento. Para que la mujer pueda colaborar en el progreso de la civilización y la regeneración social es preciso que se la eduque. El autor está a favor del sufragio femenino sin restricciones. También afirma la mayor capacidad ética, afectiva y sentimental de ellas, que delinquen menos que los hombres
Y en Las Provincias de Valencia del 28 de ese mes (“Novedades literarias”), reseña el libro el periodista y crítico 106 por su mayor sentido de la justicia y capacidad moral. Los seductores (normalmente maridos jugadores y bebedores o donjuanes al uso) son culpables de muchos de sus delitos. Defiende la investigación de la paternidad y su inclusión en el código penal. Piensa que el papel de la mujer es el de educar a sus hijos en el hogar y que el hombre no debe desempeñar oficios “femeninos” (pasar el tiempo “plegando y desplegando telas delicadas” o “peinar y formar tirabuzones” es “abuso contra natura”). La mujer no es conservadora por naturaleza: lo dice su activa intervención en la abolición de la esclavitud, en la Revolución francesa o en el movimiento feminista. Los atributos que se les suelen asignar —frivolidad, beatería, coquetería— derivan de la educación recibida. El código penal debe rebajar las penas a las mujeres por ciertos actos que no realiza con su total voluntad: aborto, infanticidio o prostitución.
El Radical del 21 de noviembre (“Un nuevo libro”) anuncia la salida de la obra y da la enhorabuena al infatigable escritor. Y el 25 de ese mes (“Libros nuevos. Feminismo jurídico, por Miguel Romera Navarro”), seguramente de la mano de José Jesús García, se señala que, aunque el tema no es original, su autor, “un feminista decidido”, muestra “su temperamento batallador, el entusiasmo para la pelea científica, y cierto noble equilibrio mental que lo convierte en un publicista serio y estimable”. Los primeros capítulos abordan el matrimonio, el divorcio y la investigación de la paternidad; luego trata de la delincuencia femenina, y, por fin, de los derechos políticos de la mujer. La clave del libro es la unicidad de la persona humana, la igualdad social y política de los sexos. Romera repasa leyes, hace disquisiciones críticas sobre la posición subalterna de la mujer, sobre la tremenda injusticia del sexo fuerte y la tristísima situación en que se ve la mujer en todos los momentos de su vida, aun en el siglo XX. El libro es “un hermoso grito de rebeldía contra el adocenado criterio de nuestras leyes en relación con la mujer”. Pero habría sido interesante que hubiera tratado de dar con la causa de la pasividad del alma femenina ante la injusticia: “Parece que aman la esclavitud en la que la viven. (…) Ellas, las víctimas, al menos en estas bajas latitudes de la España clerical, consideran toda rebeldía contra el medio, en este punto, como un pecado innecesario y de mal gusto”. Investigar las causas de este decaimiento espiritual de la mujer quizás abriría camino a la rebeldía del sexo débil. Sin eso los legisladores no darán un paso en la senda de la redención femenina. Si leen el libro quienes militan en la extrema derecha filosófica, verán que el problema que envuelve el feminismo es “la felicidad del sexo fuerte”: “Emancipar y dignificar a la mujer ante los códigos sería ennoblecer y alegrar toda la vida; sería laborar por la felicidad de los dos sexos.” Mantener el estado actual es “amén de una canallada mental, una supina imbecilidad malsana”. La obra es de las que hacen pensar y de las que dejan un grato optimismo después de la lectura.
Escena de las primeras feministas (Remitida por el autor).
El Radical informa el 10 de febrero de 1910 (“De sociedad”) que sale para Madrid “nuestro particular amigo el joven y distinguido escritor almeriense Don Miguel Romera Navarro”. En el diario republicano El Popular de Plácido Langle Moya y Manuel Pérez García aparece el 26 de marzo una reseña de José Esteban sobre Feminismo jurídico. Algunos espíritus apocados creerán peligrosas las teorías del libro. Siempre han sido discutidos los derechos de las mujeres, pero, a pesar de su resignación y su silencio, se les va haciendo justicia. Romera avasalla y obliga en nombre de la dignidad humana a marchar por el camino del progreso. La mujer española cuenta con un nuevo y esforzado defensor.
Durante el curso 1909–1910 Miguel supera las asignaturas Historia del Derecho Internacional (Notable), Legislación comparada (Sobresaliente) y Estudios superiores de Derecho Penal y Antropología criminal (Sobresaliente). En La Crónica Meridional del 15 de marzo de 1910, D. Blasco firma “La escopetilla (Pregunta que hago al distinguido publicista M. Romera Navarro)”, donde un anciano pobremente vestido lleva un regalo a su hambriento nieto moribundo, una escopetilla que alegrará sus útimos momentos. El viejo confiesa: “En mi barrio les tenemos mucha envidia y mucho rencor a los ricos, porque no hacen caso de los pobres que tienen hijos”, y luego parte hacia las míseras Cuevas del Quemadero. El autor se pregunta “por qué existe este abismo social entre la misma carne y entre la misma luz que baña a todos los humanos.” Miguel contesta al “amable señor Blasco” en El Radical del 2 de septiembre con “El proletario y la iniquidad social”, un fragmento de su libro en prensa La tristeza con107 temporánea. Lamenta la abismal diferencia de clases —“unos comen y no trabajan, otros trabajan y no comen y perecen de hambre, frío y soledad”— en un mundo de hombres espectros, de hombres caricaturas, (...) de miserables, de bribones, de locos…” El planeta es un “inmenso cadáver insepulto, gran presidio, gran manicomio, gran hospital” donde las gentes “rugen, gesticulan, danzan y se devoran”. La sociedad entera es una gran paradoja llena de absurdos como el misterio de la gracia divina (“por la que Pascal o una curilla de aldea gozan de facultades sobrenaturales”) o el poder ilimitado del rey. Miguel no comprende cómo en los pueblos modernos de inspiración democrática priman “tiranías y contubernios políticos que benefician a un grupo de privilegiados egoístas y desdeñosos del bien público.” No entiende al proletariado que se muestra adormilado “al lado de la opulencia y el lujo de los enriquecidos a costa del sudor de su frente, junto al holgazán que derrocha en espléndida abundancia toda la energía del explotado”. Estaría poseído por el diablo un dios que hubiera querido revelarse en un mundo tal, compuesto por hombres barrigas junto a una legión de hombres brazos mal vestidos, hambrientos y hacinados en míseros y oscuros habitáculos. “Yo, como hombre honrado, quiero dejar estampada aquí, con ira, con cólera del filántropo que es cólera de amor, mi protesta candente contra la conciencia social que permite esta tragedia sangrienta y diabólica. Hay que prender a la justicia.” Y dirigiéndose a los privilegiados ajenos a los dolores de los más débiles, dice: “Va siendo hora de que los orgullosos potentados, los ricos herederos, los rentistas, que nos miran con desdeñosa ironía, que tanto desprecian la labor cultura y redentora del libro, vayan haciéndose cargo de que el papel–idea que ellos no cotizan vale más por su influjo incontenible, aunque lento, que el papel de Bolsa.” En la actualidad luchan la ideocracia y la ideofobia. Para probar la tesis de que el trabajador actual vive peor que la medieval cita a Vidal, Blanqui, Buchner, Koprotkine o Thorold Rogers. No se explica que el proletariado no se rebele. Si un día resonara en campos y fábricas “el alarido salvaje de la rebelión del instinto de justicia, y valiéndose de la fuerza impusiera la legitimidad de su derecho”, la conmoción social daría nuevas bases a la sociedad, con más justicia y solidez. El Estado despoja más que gobierna. No vale la igualdad de derechos si no va acompañada por la igualdad de medios. “Vuestro grito de combate, proletarios, conquistadores de la tierra y también el vuestro, aristócratas del trabajo, conquistadores del ideal, debe ser: “¡Abajo la propiedad del privilegio! ¡Viva la propiedad!” El proletariado evoluciona y funde ya en triple comunión “su amor de clase, su odio al privilegio y sus aspiraciones de reivindicación.” La justicia sólo vendrá luego que sea restablecida la igualdad entre los hombres, y el reinado de la fraternidad universal comenzará “cuando desaparezcan dominadores y oprimidos, señores y siervos, soberbios y humillados y se extinga el odio y la envidia del abatido y la rapacidad, altivez y desprecio del opresor”, lo que traerá “la armonía del trabajo universal” y el sol de la justicia. Las clases privilegiadas se sorprenderán cuando el pueblo entienda su propia importan108 cia social y su decisiva influencia en los destinos de la sociedad y sepa que puede cambiarla sin derramar sangre gracias al sufragio popular, de trascendencia redentora. Sobre el cristianismo se alza la vida socialista, “vida en toda su plenitud de amor a la justicia, de respeto a la razón, de reconciliación con la naturaleza”. El 4 de agosto, El Radical y El Popular informan de que Miguel, tras pasar una larga temporada en Madrid, ha llegado a Almería para estar con su familia. En El Radical el abogado publica el 7 de septiembre su artículo “La Iglesia y la civilización”, en respuesta al diario católico La Independencia, que en su editorial del 4 de ese mes (“Notas dominicales. Para obreros. La libertad”) se preguntaba: “¿Cuándo puso la Iglesia rémora alguna ni traba la más pequeña a los derechos del hombre de cualquier clase y condición que fuera?” Repasa Romera la historia de la Iglesia para mostrar cómo, apartándose de las doctrinas de Jesucristo, ésta ha sido enemiga de la ciencia, del liberalismo, del socialismo y de los progresos sociales. Cree a Pío IX, que proclamó “el dogma de su propia infalibilidad”, el papa más dañino para la Iglesia romana. A Romera Navarro, lector ferviente de Unamuno, le interesó siempre el problema religioso. La Correspondencia de España del 20 de septiembre informa de que el 23 dará en el Ateneo de Madrid la conferencia “La crisis religiosa en Europa”. El día 25 El Radical informa de que la misma estuvo repleta de datos, estadísticas y textos de prestigiosos escritores cristianos: Étienne Vacherot, Patrice Larroque, Christian Karl Josias von Bunsen… El conferenciante abordó la orientación moral y el sentido ético de la vida contemporánea, juzgó la crisis religiosa como una crisis universal, definitiva y mortal y trazó un paralelo entre la religión del porvenir y la católica, a la que cree muerta o próxima a morir.
Investigando por Europa
Miguel aplaza la realización de su tesis doctoral cuando consigue una beca de la Junta de Pensiones —institución de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas creada en 1907 en el marco de la Institución Libre de Enseñanza y presidida por Ramón y Cajal— para ampliar estudios durante dos años sobre los autores más famosos de la literatura universal en Bélgica, Francia y Suiza. Como se ve, el abogado parece decantarse por el estudio de los temas literarios más que por los jurídicos. El 10 de marzo de 1911 escribe una carta desde Lyon al abogado Juan Manuel Lloreda la Rubia, que se conserva en su expediente de la Universidad Complutense: “Mi querido y mejor amigo: Te ruego, y naturalmente autorizo, que recojas en la secretaría de la Universidad una certificación de mis estudios del Doctorado de Derecho, a fin de unirla a la solicitud presentada a la Junta de pensiones para ampliación de estudios./ Mañana partiré para // Suiza con objeto de visitar Ginebra y conocer sus famosos lagos. Al día siguiente de mi regreso, sin dilación, te escribiré extensamente./ Recuerdos a Pujol y Calamita y te abraza fraternalmente/ Miguel Romera Navarro/ c. 26, rue de l´Annonciade.”
El 17 de marzo El Radical (“De sociedad. Escritor almeriense”) informa de que Miguel se encuentra en Ginebra. Y el 11 de abril (“Miguel Romera Navarro en Francia”) José Jesús García da cuenta del contenido de su conferencia del 5 de ese mes en la Berlitz–Assemblée de Lyon: “Este culto luchador, paisano nuestro que, desde el mes de enero, anda por tierras de allende el Pirineo, continúa su fecunda labor literaria, de modo infatigable. Las últimas noticias que de él he recibido nos traen la buena nueva de otro éxito suyo, que por ser suyo es nuestro, y con esto sentimos una honda satisfacción”. Se aportan diversos fragmentos en los que Romera describe ante su público francés las características del idioma español, al que cree la única gloria legítima heredada del Imperio con la que contar para la redención nacional. rá pronto a enviar desde Nueva York sus colaboraciones al periódico. La primera aparece el 18 de marzo y en ella Miguel celebra que se haya decidido elevar en Madrid una estatua a Campoamor, caído en un injusto olvido.
La Información de Almería del 7 de septiembre (“De sociedad”) informa de que “el culto escritor” se encuentra en Almería. Ese mismo día, en El Radical (“Romera Navarro”) se lee que Miguel ha tenido que suspender su viaje de estudios por París, Ginebra, Bruselas y otras ciudades europeas para venir a Almería por haber sufrido su padre un ataque cerebral. El 18 y el 19 de ese mes los periódicos almerienses hablan de la mejoría de don Federico. La Información del día 28 (“Sociedad”) comunica que esa noche Romera Navarro saldrá en el vapor Alice rumbo a Buenos Aires.
En América
Tras su estancia en Argentina, Miguel viaja hasta Nueva York. Ha debido de estudiar inglés con intensidad los últimos años, pues siempre soñó con visitar los Estados Unidos, a donde su padre y sus socios exportaban la exquisita uva de Almería.12
A poco de llegar a Nueva York, se une a la plantilla de The Delineator, revista de moda, cultura y bellas artes. En 1927, logrará la nacionalidad norteamericana. En El Popular del 2 de febrero de 1913 (“Miguel Romera”), quizás de la mano de Plácido Langle, se lee: “Tenemos gratas noticias de este distinguido amigo y paisano que reside hace ya tanto tiempo en New York. Dirige allí una importante revista ilustrada, que se publica mensualmente en español y en sus números todos aparecen interesantes crónicas y artículos debidos a la elegante pluma del señor Romera Navarro. Éste va a contraer ahora matrimonio con una lindísima señorita norteamericana; y por todo ello, pero muy singularmente por el fausto acontecimiento de su próxima boda, le enviamos mil efusivos parabienes. Los triunfos y la dicha de Romera Navarro son para nosotros motivo de intenso regocijo, porque de siempre hemos profesado a aquel joven y querido amigo y compatriota muy sincero y acendrado afecto.” El 28 de marzo, en la iglesia católica de San José de Waverly Place, Miguel, de 27 años, contrae matrimonio con Tinona Eola Harned (1893–1976), de 19. El 10 de enero de 1914 nacerá su hijo Frederic, bautizado con el nombre, anglicanizado, de su abuelo paterno. El Popular da la noticia el 5 de febrero y comunica que el feliz padre comenza109
Portada de la obra “El Hispanismo en Norte-América. Editada por Renacimiento. (Remitida por el autor)
El 3 de abril de 1914 fallece su padre a los 67 años. Al día siguiente, El Popular publica la esquela, y al citar a los hijos de doña Carmen Navarro Esteban, señala que Miguel no estuvo presente en el sepelio. Don Federico es enterrado en el cementerio de San José. El Popular del 22 de abril (“De sociedad”) da la noticia de la boda de Miguel. Al día siguiente, José Jesús García (“Romera Navarro”) escribe: “Nuestro querido y entrañable amigo y paisano Miguel Romera Navarro, según nuestras últimas noticias, que él mismo nos envía, ha pasado a mejor vida. Fue a América del Norte a luchar por la felicidad y la fortuna y su buena y graciosa estrella, de que noblemente nos alegramos, parece que le ha llevado como de la mano, a la conquista de lo uno y de lo otro. Al frente de una revista española muy importante de Nueva–York, se enfrascó en sus estudios literarios y filosóficos obteniendo el éxito más lisonjero, porque fue aparejado a una espléndida y para nosotros casi fabulosa remuneración. A poco, Romera cayó en las tentaciones del amor, que no son como las del pecado ni mucho menos, pero que, por lo visto, le fueron a él muy fascinadoras. Una linda neoyorkina, que ha hermanado la distinción y la peculiar belleza sajona con una nobleza de costumbres a la antigua española, se le tropezó en su camino y los dos se enamoraron y los dos se propusieron la felicidad conyugal y los dos la aceptaron en principio. La gentil americana, que ya será a estas horas compañera inseparable de nuestro querido y simpático paisano, se llama Filomena (sic) Eola Harned, de una familia distinguida del estado de Misisipí. El nuevo y feliz matrimonio proyecta trasladarse a la capital de España en el año próximo. Nuestra más calurosa enhorabuena y nuestros votos más sinceros por la felicidad y prosperidad de la dichosa pareja.” También da la noticia de la boda La Publicidad de Granada (“Ecos de sociedad”) el 24 de abril.
Durante 1914 irán apareciendo en El Popular las “crónicas” que Miguel envía desde Nueva York: “El sentimiento y no las ideas”, “Se prohíbe la civilización”, “Los cantares del pueblo”, “Las dos perspectivas”, “El centenario de Cervantes”, “Divagaciones sentimentales”… Continúa enviándolas en 1915: “Juventa”, “La vida que pasa. Divagaciones sentimentales”, “El Tenorio”, “Ingenios rivales. Entre Lope y Cervantes”, “Gitanerías”, “Medina Azahara, la ciudad del amor”, “Toledo, ciudad legendaria”, “La leyenda de don Juan”… Como se ve, los temas jurídicos brillan por su ausencia. El mundo del Derecho parece haber sido dejado por Romera Navarro en un segundo plano. El 27 de abril de 1915 nace en Nueva York su hija Helen, que recibe el nombre de su abuela materna, Helen Harned Pellowe.
A los cuatro años de residir en Nueva York, desiste de instalarse en Madrid, pues, de la mano del hispanista norteamericano Hugo Albert Rennert (1858–1927), profesor de lenguas románicas y especialista en Lope de Vega, pasa en 1916 a impartir clases de español en la Universidad de Pensilvania, en la que se doctorará en 1927, con su tesis “Miguel de Unamuno, novelista–poeta–ensayista”, y en la que logrará la cátedra ese mismo año. El almeriense pasa a figurar en la nómina de ilustres profesores que enseñan español en Norteamérica junto al P. David Rubio Calzada (Pensilvania), Federico de Onís (Universidad de Columbia, Nueva York), César Barja (Universidad del Sur de California), Ángel del Río (Miami) y Antonio García Solalinde (Wisconsin). Permanecerá en Pensilvania hasta 1947, año en que obtendrá la cátedra de español en la universidad de Texas, en tierras soleadas como las que lo vieron nacer.
Su firma aparecerá en las revistas Nuestro tiempo de Madrid, Mercurio de Nueva Orleáns, y The Romanic Review,
The Modern Philology, The Modern Language Notes, Hispania, Bulletin Hispanique e Hispanic Review (en ésta será sucesivamente, entre 1933 y 1954, editor, coeditor y editor asociado). Publicará, entre otros muchos libros: El hispanismo en Norte América: exposición y crítica de su aspecto literario (1917), América Española (1918), Manual de Comercio (1920), Historia de España (1923), Historia de la literatura española (1928), Miguel de Unamuno: novelista, poeta, ensayista (1928), Registro de Lexicografía Hispánica (1951). Desde los años treinta se especializa en la vida y la obra del jesuita Baltasar Gracián. Editará el Criticón y el Oráculo manual y arte de prudencia, realizará un estudio exhaustivo de El héroe y publicará unos Estudios sobre Gracián. En 1921, el abogado y escritor Pascual Santacruz (1871–1953), del que nos ocupamos en Sala de Togas,13 al reseñar en la madrileña revista Nuestro Tiempo la obra de Romera Navarro La vida que pasa (Cuentos y ensayos),14 recuerda que trató a Miguel cuando los dos vivían en Almería: “Era un mozo discreto y estudioso, un trabajador infatigable, que no contento con seguir lucidamente sus estudios jurídicos, leía con avidez cuantos libros podía procurarse, hacía pinitos literarios y estaba reputado justamente entre sus paisanos como un joven ejemplar. Pasaron algunos años y el señor Romera dio a luz un libro de Psicología feminista, prolongado por el ilustre Moret, en que refutando a Moebius, Proudhon y demás enemigos de lo que ha dado en llamarse emancipación de la mujer, acreditaba su cultura libresca y sus sentimientos por la obra de redención jurídica, social y cultural de la bella mitad del género humano. No conozco bien el libro, aunque me figuro no será vulgar por escribirlo quien lo escribió y porque ha sido discutido, lo cual demuestra su valor, pues nadie discute lo despreciable. (…) Es profesor en un centro docente de los EE.UU. y creo haber leído que vino a España como embajador intelectual o cosa así de la gran república.”15 Santacruz lo felicita por sus triunfos y asegura que de haber vivido en España sería “funcionario, abogado o concejal, lo cual es casi todo español listo y aun muchos que no lo son”. Y acaba: “¡Adelante, señor Romera! Usted y otros como usted pueden desquitarnos en el orden espiritual de las derrotas de Cavite y de Santiago, llevando a la tierra de la mecánica, de los rascacielos y de los multimillonarios un poco de ese espíritu singular y gracioso al par que constituye el quid divinum de nuestro arte y nuestro genio.”
Bibliografía - Diccionario filosófico. Manual de materialismo filosófico, El Basilisco. Fundamento de Filosofía: Miguel Romera Navarro. (https://www.filosofia.org > ave)
Feminista en España”, Labrys, Revista de las Universidades de Brasil, Montreal y París, nº 10, 2006, págs. 1-34, en https://www.labrys.net.br/labrys10/espanha/rosalia.htm.
- Espinosa Gutiérrez, Jesús: Discursos masculinos de la igualdad. Progresistas, igualitarios y profeministas en España (1868–1936). Trabajo de Fin de Máster. Universidad de Cantabria, 2012 (Ucrea, https://repositorio.unican.es bitstream handle).
- Vázquez Guzmán, Juan Pedro: “Esbozo biográfico de un alpujarreño ilustre: Miguel Romera Navarro (Canjáyar,1885 - Austin,1954)”, en Sánchez Real, J. y Campos Reyes, A. (eds.), Farua, nº 20, 2017, págs. 301-308, CVEH, Berja (Almería), Y la entrada “Miguel Romera Navarro” del Diccionario biografico de Almería, Instituto de Estudios Almerienses (https:// www.dipalmes,org edba.nsf xlecturabiografías).
- Romero Pérez, Rosalía: “Hacia una Historia del Pensamiento
Notas
1. Agradezco al profesor Juan Manuel Bosque Sendra (Universidad de Granada) su ayuda para este artículo. También deseo consignar el buen trato y la eficiencia de los encargados de los Archivos de las Universidades de Granada y de la Complutense de Madrid. 2. Miguel es nieto por línea paterna de Diego Romera y de María Martínez, y por línea materna de Juan Navarro y de María del Carmen Esteban, ambos de Canjáyar. Dicha partida se recoge en el expediente de estudios de Romera Navarro que se custodia en el Archivo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada. Está certificada el 31 de enero de 1903 por Antonio Sánchez Esteban, juez municipal encargado del Registro Civil de Canjáyar. 3. La Crónica Meridional, 24 y 28 de agosto y 9 de septiembre de 1890: “Vapores para uva”.
4. En La Crónica Meridional del 26 de enero de 1892, el poeta de Adra Ramón Blasco Segado publica una pequeña crónica (“El pueblo romano”) sobre la visita de varios almerienses a las ruinas romanas de Roquetas en compañía de don Federico y de Manuel Berjón, su yerno, también consignatario de buques. El mismo periódico informa el 17 de febrero de ese año (“Conato de robo”) que el colono de la finca de don Federico hubo de espantar a unos rateros disparando algunos tiros. Y el 16 de septiembre de 1898 (“Bendición de una capilla”) se habla de la fiesta celebrada con ocasión de bendecirse una capilla bajo la advocación de la Santa Cruz en el cortijo La Buena Vista.
5. El curso 1897–1898 estudia Religión (Aprobado), Geografía (Bueno) y el primer curso de Latín y Castellano, que supera en los exámenes extraordinarios (Aprobado). El curso 1898–1899 estudia el segundo curso de Latín y Castellano (Aprobado), Historia de España (Notable) y Aritmética y Álgebra, que suspende en los exámenes ordinarios y vuelve a suspender en los extraordinarios. El curso 1899–1900 estudia Historia Universal (Bueno), el primer curso de Francés (Aprobado) y repite Aritmética y Álgebra (Aprobado). El curso 1900–1901 estudia Retórica y Poética (Aprobado), el segundo curso de Francés (Aprobado), Gimnástica (“por certificación”) y Geometría y Trigonometría (Suspenso en los exámenes ordinarios y Aprobado en los extraordinarios). El curso 1901–1902 estudia Psicología, Lógica y Ética (Aprobado), Física y Química (Aprobado),
Agricultura (Aprobado) y el segundo curso de Gimnástica (“por certificación”).
6. A. J. López Cruces, “Los primeros pasos del penalista y mercantilista Emilio Langle Rubio (1886–1967)”, Sala de togas, núm. 89, agosto de 2024, págs. 76–84.
7. Expediente del Grado de Licenciado. Registrado al número 424, fol. 20 vtº, núm. 77.
8. Jesús Espinosa Gutiérrez: Discursos masculinos de la igualdad. En el apartado “Adolfo González Posada y Miguel Romera Navarro: Krausismo y feminismo juridico”, leemos: “Hombres ilustres de la notoriedad de Nicolás Condorcet, Poulain de la Barre, o John Stuart Mill, y en España intelectuales de la talla de Adolfo González Posada, Miguel Romera-Navarro o Santiago Valentí Camp, fueron capaces de superar gran parte de los prejuicios patriarcales de su época, llegando a manifestar discursos en pro de la igualdad entre hombres y mujeres” (pág. 74).
9. Epistolario, Edición de la Fundación Universitaria Española, Madrid, 1982–1991, vol. 20: diciembre 1908 – abril 1910, carta 235. (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Universidad de Alicante).
10. En el número 89 de Sala de Togas, en mi artículo sobre Emilio Langle Rubio ya citado se deslizó una errata: Plácido Langle habría nacido en 1856 y muerto en 1959; por lo tanto, habría vivido 103 años, cuando en realidad vivió 75. 11. ”Las “Cabezas parlantes” de El Radical (1909)” de Alberto Guillamón Díaz y Antonio José López Cruces, Real. Revista de Estudios Almerienses, núm. 6, Almería, 2024, págs. 19–33. 12. Vázquez Guzmán, en el Diccionario biográfico de Almería, señala que la lectura de la obra de Tocqueville De la Democracia en América (1835-1840) debió de acrecentar su ya enorme atracción por la cultura americana.
13. “Los primeros pasos del abogado Pascual Santacruz Revuelta (1871–1953)”, Sala de togas, núm. 88, enero de 2024, págs. 76–83.
14. Nuestro Tiempo, Madrid, núm. 274, 10 de enero de 1921, págs. 116–118.
15. Durante 1918 y 1919, Romera Navarro fue representante en España del United States Committee on Public Information.
LUIS MIGUEL COLUMNA HERRERA Magistrado Presidente de la Audiencia Provincial de Almería
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Cómo citar
«Los primeros pasos del abogado y filólogo Miguel Romera Navarro (1885-1954)», Sala de Togas, n.º 90, diciembre 2024, pp. 101-111.
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