Los primeros pasos del penalista y mercantilista Emilio Langle Rubio (1886-1967)
Sala de Togas n.º 89, , página 76–85
Leer el texto
Texto extraído automáticamente del PDF. Puede traer cortes de palabra de la maquetación y erratas de lectura; el PDF es el original y es lo que se cita.
RETAZOS DE LA HISTORIA LOS PRIMEROS PASOS DEL PENALISTA Y MERCANTILISTA EMILIO LANGLE RUBIO (1886-1967)1
ANTONIO JOSÉ LÓPEZ CRUCES Investigador
El Bachillerato
Emilio ingresa en el Instituto almeriense tras superar el 30 de mayo de 1895 el examen de ingreso con un Aprobado. El curso 1895–1896 logra un Sobresaliente en Latín y castellano y un Bueno en Geografía general y particular de España, y en los exámenes extraordinarios un Sobresaliente en Religión. El curso siguiente debió de padecer alguna enfermedad seria que lo apartó de los estudios, y por eso en los cursos siguientes aprobará la asignatura de Gimasia aportando una certificación médica. El curso 1897–1898 estudia Latín y castellano de segundo curso (Notable), Historia de España (Bueno) y Aritmética y Álgebra (Notable), y el curso siguiente Historia Universal (Bueno), Geometría y Trigonometría (Notable), Francés primer curso (Sobresaliente) y Gimnasia. El curso 1899–1900 supera Retórica y Poética (Sobresaliente), Física y Química (Notable), y en los exámenes extraordinarios Francés segundo curso (Sobresaliente) y Gimnasia. El curso 1900–1901 estudia Psicología, Lógica y Ética (Notable), Historia Natural (Aprobado) y Agricultura (Aprobado).
Realiza los ejercicios del Grado de Bachiller el 21 y el 23 de septiembre de 1901, y obtiene en ambos un Aprobado. El 8 de abril de 1902, Rafael Vázquez, secretario del Instituto almeriense, que dirige Enrique Martín Sánchez, da fe de que Emilio ha efectuado el depósito para que se le expida el título de Bachiller.
Hijo del abogado almeriense Plácido Langle Moya (1856–1959), de 27 años, y de Concepción Rubio Rull, de 25, hija del profesor y escritor granadino Antonio Rubio Gómez (1836–1902), nace Emilio en la calle Torres (hoy calle Plácido Langle) número 5 el 18 de abril de 1886, el año siguiente a la muerte de Alfonso XII. Antes que él el matrimonio ha tenido una niña, Pura (†1890); luego vendrán Plácido (1893–?), futuro abogado, Antonio (†1982), futuro médico, y Guillermo (1895–1981), futuro arquitecto. En su artículo “Juristas almerienses. Emilio Langle y Rubio”,2 José Ramón Cantalejo Testa nos recordaba que el abuelo de Emilio, Jean Pierre Langle Laborde, llegó a Almería, con su hermano Jean Placide (1824–1872), desde el Midi francés en dirección al Protectora galo del Oranesado, aunque finalmente ambos decidieron quedarse a vivir en Almería. Jean Pierre casó con María Moya López y la pareja tuvo cuatro hijos, siendo el segundo Plácido Langle.
FOTO 1
La carrera universitaria
Emilio decide seguir los pasos de su padre y estudiar la carrera de Derecho, junto a la de Filosofía y Letras, en la
Universidad de Granada. Su expediente académico, conservado en el Archivo General de dicha Universidad, nos permite seguir paso a paso sus estudios universitarios. El curso 1901–1902 supera las asignaturas de Lengua y literatura española, Lógica fundamental e Historia de España, todas con Aprobado. Durante los dos cursos siguientes será alumno no oficial. En la convocatoria de junio del curso 1902–1903 supera Derecho Natural (Notable) y Economía Política (Sobresaliente), y en los exámenes extraordinarios Derecho Romano (Aprobado).
Emilio Langle en 1920 (BALJRC)
Años después, en su artículo “Un recuerdo”, Emilio contará que tuvo ocasión de escuchar en el Círculo Literario almeriense la conferencia de Nicolás Salmerón La filosofía en la vida: “Contemplé por primera vez la figura del maestro y oí de sus labios un discurso prodigioso, que conmovió mi alma joven con una fuerte impresión de asombro. (…) En actitud de apóstol, alargaba el brazo para contener la exaltación de la sala, inclinando la cabeza con aire de rubor y gratitud, fijos los ojos claros y grandes, que parecían abarcarlo todo con su luz”. Confiesa Emilio: que la Filosofía y el Derecho, los dos grandes amores de Salmerón, “fueron los míos desde aquel instante; y como la semilla arraigó en el alma, en ella permanece y tiene, más que cultivo provechoso, un culto de amor”.3
En los exámenes extraordinarios de la convocatoria de septiembre del curso 1903–1904 se examina de Historia General del Derecho (Notable), Derecho Canónico (Aprobado) y Derecho Político (Aprobado). El curso 1904–1905, en los exámenes extraordinarios supera Hacienda Pública (Aprobado), Derecho Penal (Sobresaliente) y Derecho Civil primer curso (Aprobado).
Desde el curso 1905–1906 asiste a las aulas como alumno oficial y reside en el Colegio Mayor San Bartolomé y Santiago, cercano a la facultad de Derecho. Supera las asignaturas Derecho Administrativo (Sobresaliente), Derecho Civil segundo curso (Sobresaliente y Premio extraordinario), Procedimientos Judiciales (Notable) y Derecho Internacional Público (Sobresaliente). El curso 1906–1907 pasa con Sobresalientes las asignaturas Derecho Mercantil, Práctica Forense y Derecho Mercantil Privado. En las dos últimas consigue Premio extraordinario.
En documento del 10 de junio de 1907, que firman el secretario general Manuel de La Calle Vaquero y el Jefe del Negociado Miguel Gadea, Emilio, de 21 años, solicita ser admitido a los ejercicios del Grado de Licenciado en Derecho. Tras abonar el pago de los derechos de inscripción, el decano, Pablo Peña y Entrala, le señala el 12 de junio para el sorteo y la toma de puntos. Su Acta del Grado de Licenciado en Derecho recoge que el aspirante actuó el 15 de junio ante un tribunal compuesto por Manuel Torres Campos, catedrático de Derecho Internacional Público y Privado (presidente), Guillermo García Valdecasas Páez, catedrático de Derecho Civil (secretario) y José Manuel Segura Fernández, catedrático de Historia del Derecho (vocal). Los temas que le tocaron en suerte tras el examen oral fueron: “¿Es válido el testamento ológrafo en papel común en las Provincias Vascongadas?”, “Examen y juicio crítico de la naturaleza de las actuales fuentes del Derecho de Castilla” y “Fueros municipales. Motivos que determinaron su aparición. Noticia de los más importantes”. En los tres obtuvo la calificación de Sobresaliente.
FOTO 3 FOTO 2
Tapa del Expediente Universitario. (Archivo de la Universidad de Granada)
En agosto de 1907, el licenciado ve premiado su trabajo
“El usufructo viudal ante la ley española” en los Juegos
Florales almerienses. Una gacetilla del periódico El Radical, que dirige el abogado José Jesús García Gómez (1865–1916), nos informa el 27 de septiembre de que
Emilio, en compañía de su padre, sale en tren hacia Madrid, donde hará su doctorado en Derecho. Hasta junio de 1910 preparará su tesis doctoral, conocerá a ilustres juristas como Gumersindo Azcárate (1840–1917) y disfrutará de las posibilidades culturales que la Corte le ofrece.
Grado de Licenciado (Archivo de la Universidad de Granada).
Colaborador de “El
Radical” de Almería
La madrileña editorial
Reus publica en 1908 sus trabajos Conflictos interprovinciales. La Jurisprudencia del Tribunal Supremo y El usufructo viudal ante la ley española. Quedará inédito
La condición de la mujer. Estudio histórico, sociológico y jurídico, escrito por entonces.
Los días 18 y 19 de abril aparece en el diario republicano El Radical su reseEl abogado Plácido Langle Moya. ña “Nuevos derroteros pe(Gentileza de Alfredo Langle) nales (Alrededor de un libro)”, donde se atreve a criticar algunas ideas defendidas por el ilustre penalista de la Universidad de Salamanca Pedro Dorado Montero (1861–1919) en su obra Nuevos derroteros penales (Biblioteca Sociológica Internacional, Barcelona, 1905). El 16 de mayo en “Lirismos” se dice partidario de una literatura idealista y contrario a las obras que destacan lo feo y lo deforme, remueven podredumbres y miserias y maldicen la vida. El 27 de junio, en “Vida intelectual”, recoge su recorrido por las estancias del Ateneo madrileño -Cacharrería, Salón de Sesiones, Biblioteca- de la mano del “bondadoso” Manuel Torres Campos, que fue profesor suyo en Granada. El Ateneo debería servir como modelo a Almería, que carece de una institución semejante tras la desaparición de su Círculo Literario. Don Manuel lo hace socio del Ateneo y en adelante Emilio frecuentará la magnífica biblioteca del mismo. El 12 de junio, en “Con motivo de una sentencia. La paternidad”, se rebela contra la prohibición que hace la ley civil española de investigar la paternidad natural, lo que favorece injustamente a los hombres. Lo juzga ejemplo de “una Moral discorde con la Naturaleza y un Derecho divorciado de la Razón.” El feminismo acabará por vencer, “pese a quien pese”. El 23 de agosto, en “Por humanidad y por justicia”, denuncia las posturas de los antifeministas rabiosos que pretenden ignorar la amarga situación en que viven las mujeres españolas de todas las clases sociales y subraya la importancia de la educación para mejorar su posición social.
El 10 y el 11 de septiembre, el periódico ofrece fragmentos de su erudito trabajo “La mujer en el derecho penal”, premiado en los Juegos Florales de agosto organizados por el Ayuntamiento. Tras repasar las discutibles tesis de la Antropología criminal, desemboca en la de Cesare Lombroso sobre el “criminal nato”, figura que algunos relacionan con las mujeres, a pesar de que J.–G. Tarde la demontó en Il tipo criminale. Una crítica al delinquente nato di Cesare Lombroso (1885) al probar que la criminalidad femenina era cuatro veces inferior a la masculina, y de que en Genesi e funzione delle leggi penali (1908) M. A. Vaccaro recordó a Lombroso el trato bestial recibido por las mujeres a lo largo de la historia, que las llevó a la “degeneración”, algo que comparten con los delincuentes: la mujer fue más sierva que compañera del hombre y la constante mutilación de su naturaleza dio los resultados que “todos padecemos como justa expiación de nuestra obra ruin y mezquina.” No hay una raza criminal, ni de hombres ni de mujeres. La mujer es, por su constitución moral, refractaria al delito y al crimen: “Bendigamos el descanso que a los tribunales brinda su conducta.” Estudia luego la actitud que muestran hacia la mujer el Derecho civil y el menos rígido Derecho penal: el primero apenas reconoce su personalidad jurídica y el segundo le exige igual responsabilidad que al varón (Emilia Pardo Bazán: “Su debilidad no la escuda contra el palo, y el corba-
FOTO 5
La tragedia de Bélgica. Impresiones de un testigo presencial. (BALJRC)
“La donna delinquente”. Cesare Lombroso terrible lucha por la existencia de que hablara Darwin y nos elevamos sobre la selección nietzscheana del exterminio de los débiles, en un grado superior de justicia y dentro de la felicidad común”.
En abril, el naciente Ateneo de Almería lo nombra presidente de su sección de Ciencias Morales y Políticas. tín de hierro aprieta su garganta con la misma bárbara fuerza que estruja el gaznate del hombre”). El adulterio no puede seguir siendo considerado un delito contra la honestidad, dada la escasa o nula trascendencia pública de los actos de los adúlteros. Como señala Alejandro Groizard, todo nace de confundir el delito con el pecado. Cuando se acepte el divorcio, los tribunales dejarán de perseguir el adulterio, que ya no castigan muchos códigos europeos y americanos. El Código español de 1870 castiga el adulterio de la mujer, no el del marido, pensando en los hijos ilegítimos, y olvida que suele ser el marido el que la empuja al adulterio con su conducta escandalosa. Los padres que matan a sus hijas al sorprenderlas en adulterio sólo son castigados con el destierro, con lo que la ley se hace cómplice del instinto. Las leyes se hacen a capricho del partido político triunfante y siguen las añejas preocupaciones y los tradicionalismos de un Derecho que se fosiliza. La mujer debe ser para la vida y para el Derecho compañera y no sierva del hombre.
FOTO 7
El 18 de septiembre, aborda en “Burla burlando. Filosofía parralera” el negocio uvero almeriense. “Si no te absorben otras preocupaciones más serias, como despellejar al prójimo o jugar al ajedrez, te invito a que filosofes delante de una parra y montado sobre un caballo.” Aludiendo a la guerra de 1898 contra los norteamericanos, afirma de los racimos exportados a América: “Corre el zumo de sus entrañas, su sangre, por las cuencas de la boca del monstruo anglosajón, que con una boca de usurero ahíto celebra su festín, revuelta el alma en espumarajos de cerveza”.
“Cabezas parlantes”. De El Radical de 1909. (Hemeroteca Municipal Sofía Moreno Garrido de Almería)
Su artículo autobiográfico “Ego sum” aparece el 7 de ese mes en El Radical, pues su director lo ha invitado a colaborar en la sección “Cabezas parlantes” del periódico.4 En el introito reconoce que por su corta edad no puede ofrecer aún una biografía interesante. Si su aspecto exterior muestra cierta “seriedad hostil a las intimidades amistosas” es porque no le place “servir de sonajero, ni menos de bufón, para el desocupado o el imbécil que quiera tomarme a título de miscelánea”; prefiere “entrar con paso lento en el corazón ajeno”. Lamenta que entre la juventud almeriense abunden los zánganos y los burlones necesitados de educación y persuasión. A los mayores les pide que no se duerman en pasados laureles y apoyen con su autoridad y su experiencia a los jóvenes. A éstos los invita a “los esfuerzos de la voluntad al servicio de la inteligencia y del corazón”. De sí mismo dice: “Yo soy un buen chico (…) Mis doradas ilusiones, mis utopías, forman, con mi reposado sentido de la realidad, una amalgama que, a veces, no logro descifrar yo mismo.” Junto a “arranques de juventud, ilusiones de amor y sentimentalismos de artista”, asoman, en confusión incoherente, “maduras aficiones científicas y desapasionados juicios de las cosas”. Ama el Derecho, la Filosofía y la Sociología: “No he emprendido aún el ejercicio profesional del primero y tal vez por lo mismo no sufrió quebranto mi simpatía hacia él; pero bien sé que media un abismo entre el estudio de los altos principios de la ciencia jurídica y la lucha en las revueltas de un juzgado, con el papel timbrado como arma y las encrucijadas del procedimiento por sistema. Mas como del presente hablo, hago constar en autos mi afecto por la señora de la espada y la balanza y mi devoción por el estudio de sus códigos”; en sus
El 14 de octubre, en “Estudios de Derecho civil. Los bienes matrimoniales”, señala el papel secundario que las legislaciones reservan a la mujer en los asuntos materiales del hogar, al conceder al marido toda la autoridad. El Código civil permite a éste manejar los bienes gananciales sin la intervención de la mujer, pero prohíbe a ésta su manejo sin permiso de su marido, que puede despojarla y arruinarla impunemente. Emilio lamenta que tantos jóvenes tengan como única meta hallar una buena dote y no cree que el marido será siempre mejor administrador que la esposa. El sistema de separación de bienes vigente en Inglaterra, Italia, Rusia y casi todo Estados Unidos es el que más favorece los derechos de la mujer. El 9 de noviembre, en “Ciencia y Arte” defiende que la tolerancia, indispensable en la ciencia, no lo es en el arte. No se debe permitir que una “literatura saturada de vileza y erotismo, y de forma descarnada, tosca” predique lo feo, lo vil y lo repulsivo. El artista debe cultivar una literatura idealista, que cante la belleza y huya del “realismo bajo”. El 5 de diciembre, en “La Aristocracia del Bien”, divaga sobre la aristocracia, no la de pergaminos, “patente risible de fatuidad e ignorancia”, ni las de la sabiduría, la inteligencia o el carácter, sino la de la bondad. Si el bien rigiera el mundo, quedarían unidos los dos términos que distanciaba Kant: “Duerme y sueña que la vida es belleza: cuando despiertes, verás que es deber”, frase en la que encuentra “la fórmula del más alto ideal de la raza, una metamorfosis aristocrática”: “A su influjo se cristianiza la 79 ratos de ocio estudia Filosofía y Sociología, su debilidad. No le satisface igual la literatura, y menos la modernista. Prefiere el teatro, y sobre todo la comedia fina y delicada, sin las pasiones y las violencias del drama. De la música confiesa: “No sé si por suerte o por desgracia, soy más sensible de lo que quizás conviene; y la música sabe jugar conmigo a su capricho. Más triste que un sauce es capaz de ponerme una sentida melodía; más ardores bélicos que los de un Cid despierta en mi pecho una triunfante marcha militar.” No hablará de política: “¿Ideas políticas? ¡Tapa, tapa! No conozco partido sin sectarismos y sin traiciones. Por eso ninguno me atrae con sus señuelos. En la esfera doctrinal paréceme aceptable cualquier organización de los poderes públicos sobre la base de una amplia libertad y de una escrupulosa honradez. (…) Vincular todo predominio en una aristocracia del bien consciente es mi república de Platón. Se objetará que de seguirse por todos mis camino —el del alejamiento de la lucha práctica— se extinguiría la política militante por consunción; pero si esa abstención general era debida a la propia repugnancia que a mí me inspiran los ardides rastreros y la desvergüenza como estado de derecho, surgiría enseguida el efecto contrario: la preponderancia de los mejores. Mientras tanto, no veo fácil ni cercano mi ingreso en filas creo que nada perderemos el Estado ni yo.” Respecto a los deportes, halla saludable y útil todo sport profesional, salvo el boxeo, tan bárbaro como las corridas de toros: “Un hombre dedicado exclusivamente a dar tiros a los pájaros, patadas a un balón y tirones de una polea es un grotesco saltimbanquis, que merece la estricnina de un guardia municipal.” Se confiesa romántico impenitente y pasa a tratar por extenso del amor para finalizar su crónica, pues “tras escribir sobre el amor, no hay ya nada que anime a una pluma de veintidós años.”
José Jesús García. (BALJRC)
En un rincón de Levante…” habla a sus lectores de “un rinconcito delicioso” que ha descubierto en Madrid: el Café Nuevo de Levante, café concierto donde se congregan artistas, que, melómanos de corazón, interrumpen sus discusiones para escuchar en silencio las interpretaciones de Wagner, Beethoven, Schubert, Chopin y Weber a cargo del pianista Juan Enguita y del violinista Abelardo Corvino.5 El 24 de abril, divaga sobre “La originalidad”: caen en la extravagancia y la afectación los escritores que, por querer decir cosas desusadas, crean “estupendas paradojas, piruetas mentales, risibles si juzgadas con espíritu sereno”. El 29 de mayo, en “Alma remota. Impresiones de un lector”, comenta el drama de su buen amigo Antonio González de Linares (1875–1945), que trata del desengaño amoroso de Felicia, joven ciega. No es una ópera, en la que “agonizan los tenores dando el do de pecho y las tiples enloquecen, matan o sucumben también entre arpegiados gorgoritos”. Los poemas musicales del madrileño Jesús Aroca y Ortega (1877–1935), de hechura bethoveniana, potencian la poesía del texto de su amigo. Está seguro del éxito de la obra cuando llegue a los escenarios.
Colaborador de “El Popular”
El padre de Emilio, a raíz de sus desavenencias con el otro prohombre del republicanismo local, el director de El Radical, José Jesús García, que recorta su libertad de expresión en dicho periódico, funda en enero de 1910, como órgano oficial de la Unión Republicana, El Popular, que dirigirá el periodista, político y profesor del Instituto almeriense Manuel Pérez García (1867–1927). Emilio deja de publicar en El Radical y pasa a hacerlo en El Popular de su padre. Pérez García le pide que se ocupe de la crítica teatral, a lo que el joven abogado accede con gusto.
El 24 de junio presenta en la Universad Central la memoria para el Grado de doctor titulada “La mujer en el Derecho penal”,6 donde aborda los delitos de la mujer (infanticidio, aborto, adulterio, escándalo público, corrupción de menores, suposición de partos y usurpación de estado civil, matrimonio ilegal, abandono de niños) y las ofensas cometidas contra ella (violación, estupro, rapto). El Tribunal, compuesto por Rafael de Ureña y Smenjaud, Ismael Calvo y Madroño, Rufino de Amusátegui, Gutiérrez Martínez y Felipe Clemente de Diego y Gutiérrez, otorga a su trabajo un Sobresaliente.
El 6 de febrero, una gacetilla de El Popular anuncia que Emilio Langle, Luis Salmerón y Francisco Guillén Felices salen en el tren correo hacia Madrid para allí una temporada. Langle pretende terminar su Memoria doctoral en la Facultad de Derecho y mientras tanto seguirá colaborando con el periódico. El 6 de marzo aparece su artículo “Eva en la biblioteca”, donde celebra el progreso cultural que observa en la mujer, y habla de las muchachas a las que ve estudiar en la Biblioteca del Ateneo madrileño: al alzar la vista del libro es feliz por poder observarlas a ellas y no al “miope bibliómano que araña pergaminos amarillentos y empolvados”. El 23 ese mes, en “Crónica.
En adelante, Emilio aprenderá los rudimentos del oficio de abogado en el bufete de su padre, situado en la planta 80 mandobles a la ley de Enjuiciamiento civil, al menos en los casos más complejos, pero sí al fárrago de leyes empeñadas “en ornar lo que es clarísimo, en embarazar lo que debiera ser expedito y en hacer costoso lo que no merece grandes dispendios de fortuna”. Los procedimientos son prolijos y costosos, más para las clases menesterosas. Es un progreso el establecimiento de una única instancia y del juicio oral y público en material civil. Pero el Derecho civil precisa de reformas valientes. Ruiz Valarino acierta con la abolición de la pena de muerte, “ese crimen monstruoso que viene perpetrándose en nombre de la ley desde las edades más remotas y que aún no hemos proscrito”. Aplaude también Emilio la mayor extensión que se piensa dar al arbitrio del juez. Dorado Montero, que es al Código Penal lo que Cajal a la Frenología, no cesa de renegar del sistema de esclavitud legal en que viven los jueces. La fama universal lograda por el magistrado Paul Magnaud, el “buen juez” de Château–Thierry, se debió a que sentenciaba según su conciencia y no según codificaciones inflexibles. Lamenta que el ministro haya dicho en su discurso: “El proyecto de Código penal tendrá las mismas orientaciones que el antiguo”, como si no hubieran pasado 40 años desde su promulgación. Se mantienen las penas aflictivas, en lugar de intentar corregir a los presos para que no vuelvan a dañar a la sociedad, como pide el Anuario de The Pennsylvania Prison society. Es un principio semibárbaro concebir la pena como “expiación y retribución del mal causado”. Estados Unidos e Inglaterra, los dos países más avanzados en las ciencias penal y penitenciaria, creen que es mejor extirpar la criminalidad que a los criminales, como se ve en las publicaciones de la Howard Association. Contra la tendencia del ministro a dar una mayor trascendencia al concepto espiritualista del delito, visto como acto voluntario, Emilio rechaza ensanchar la esfera del Derecho en un sentido espiritualista o subjetivo, pues ello supondría invadir el campo de las infracciones puramente morales. baja de la calle Torres, entre la plaza de San Pedro y la calle Flores, sirviéndose de su rica biblioteca. El 24 de julio, aparece en El Popular “De crítica penal. La mujer y el positivismo”, donde pasa revista a las aportaciones de la Antropología y la Criminología asumidas por Lombroso, Ferri y Garofalo y por las nuevas escuelas de Antropología criminal (atávica, degenerativa y patológica) y la Sociología criminal italiana y francesa. La teoría de Lombroso sobre el “tipo criminal” distinguible del ”hombre normal” en lo anatómico y lo biológico quedó pronto desacreditada. Si el delito es voluntario, de haber una “raza criminal” destinada a delinquir, no cabría exigirle ninguna reponsabilidad. Respecto a la delincuencia femenina, no cree que las prostitutas sean criminales “natas”, como defienden Lombroso y G. Ferrero en La Donna Delinquente: La prostituta e la donna normale (1893) y La femme criminelle et la prostituée (1896), ni cree en las exageraciones de los Padres de la Iglesia, los filósofos regañones y maldicientes como Schopenhauer, los amantes desafortunados y los hipócritas pudibundos. Concepción Arenal no cree que la mujer cuando llega a ser mala sea peor que cualquier hombre.
FOTO 9
Concepción Arenal. (Wikipedia)
En los Juegos Florales almerienses de agosto se le premia, en el Tema quinto, “El doctrinarismo jurídico: la ficción y el formulismo en nuestro derecho vigente”, una Memoria que lleva por lema “Rinnovarsi o morire”. Y en el número del 25 de septiembre Emilio aparece entre los firmantes que se quejan en un Mensaje a la Reina de nuestros Juegos Florales de que el jurado no haya premiado la poesía Vendimia de amor de Miguel de San Román, que el periódico publica.7
Los días 24, 27 y 30 de septiembre publica “Reformas legislativas”, donde estudia las ventajas y los inconvenientes de las reformas propuestas en su discurso del 19 de ese mes por el ministro de Gracia y Justicia Trinitario Ruiz Valarino. No es partidario de dar alegremente tajos y
Paul Magnaud. (Wikidata) do el poder “armónico o regulador” del Jefe del Estado la expresión de la voluntad ministerial. Se cumple así, dice Emilio, aludiendo a la Trinidad, “el misterio de tener tres poderes distintos y un solo poder verdadero: el Ejecutivo”. En el artículo 2º del Derecho civil existe la estupenda presunción de que “La ignorancia de las leyes no excusa de su cuplimiento”, cuando en realidad pocos las conocen y ninguno las abarca en su totalidad. Censura la espesa red de disposiciones del Código de 1889. En el Derecho positivo se ve como reconocimiento forzoso la patria potestad y, sin embargo, se prohíbe la investigación de la progenie. Critica luego algunos planteamientos del Derecho penal. La corrección del delincuente en los establecimientos penitenciarios suele acabar con que el mismo sale “hecho un sobresaliente doctor en el robo y en el crimen”. En cuanto a los procedimientos, “todo es detalle y formulismo: la comparecencia, los recursos, los escritos, todo minucioso, taxativo y expuesto a fracasar por la más leve causa”. Cuando sucumban los códigos arcaicos y fósiles, “los hombres tendrán menos absurdos a que prestar acatamiento, la sociedad menos parásitos de la argucia y la triquiñuela jurídica y la educación social más discípulos obedientes.”
El 18 de noviembre, en “De Jurisprudencia”, el periodista, novelista, dramaturgo y ensayista almeriense Juan López Núñez (c.1885–1967), que también publica en El Popular, realiza una cariñosa reseña de la obra de su amigo “El doctrinarismo jurídico”. La ficción y el formulismo en el derecho vigente, “un canto juvenil y ardiente, en aras de la renovación judicial que tanta falta hace en nuestra patria”. El autor suele aparecer por la tertulia Cénáculo de los vencidos,8 donde destaca siempre por su personalidad y por saber callar “allí donde tantas cosas se dicen continuamente”. Tras alabar su labor periodística, destaca su dominio de la ciencia penal, no en lo que tiene de “articulados y leguleyismos estériles”, sino en la noción filosófica en que se basa toda ciencia social: “Por eso nos es tan grato verlo marchar del brazo de auxiliares y compañeros tan apreciables, para el que caminar bien se propone: Costa, Dorado Montero, Giner, Calderón, Ihering, etc.”
El llamado “rey de la creación” no tiene el dominio total sobre sí mismo; por eso yerra el sistema penal basado en el libre albedrío más radical. Además, no cabe igualar al delincuente con el burgués que tiene sus necesidades y deseos satisfechos, una inteligencia cultivada y una voluntad bien educada y que obra con reflexiva conciencia y autodominio. Como recomienda la Unión Internacional de Derecho Penal, la ciencia y las legislaciones penales deben contar con los estudios antropológicos y sociológicos, lamentablemente olvidados en España.
El 8 de noviembre, en “De crítica penal. Un precepto execrable”, recuerda que la unión de los esposos, en cuerpo y espíritu, se mantiene por el cariño recíproco. Con la sombra del adulterio, el hogar se vuelve un infierno de discordias y se rompe el lazo que unía a la pareja. El Derecho no debe obstinarse en mantener unido lo destrozado “valiéndose de abstracciones que no remedian el mal, sino que lo acentúan y empeoran”. Siendo fácil la solución, no deberían acabar los adulterios en derramamiento de sangre. El Derecho, en vez de desunir dos vidas ya separadas, por creerlo escandaloso, reprobable e inmoral, prefiere que el crimen rompa ese lazo: por eso el execrable artículo 438 del Código Penal castiga sólo con el destierro al hombre que mata a su mujer sorprendida en adulterio y le exime de responsabilidad si sólo le causó lesiones no graves. Cuando se acepte el divorcio, el adulterio ya no será delito perseguible y todo el peso de la ley caerá sobre el cónyuge parricida. Aceptan ya el divorcio Inglaterra, el estado de New–York y el Cantón de Ginebra. Las costumbres sociales licenciosas no se corrigen con años de prisión, que no reparan la situación en que queda el cónyuge inocente ni la perturbación del orden familiar. También castiga el artículo 438 sólo con pena de destierro a los padres que maten o lesionen gravemente a sus hijas menores de 23 años que vivan en su casa o a sus corruptores. Emilio cree escandalosa tal tolerancia de la ley con el crimen. ¿Juzgaría la opinión pública tan levemente como al marido a la mujer que matase a éste tras sorprenderlo en adulterio? La ley que conculca así los principios de razón y de humanidad es “inmoral, anticristiana y cómplice de un delito de lesa naturaleza.”
El 12 de noviembre publica “Pizzicatos jurídicos”. El Derecho parece olvidar que el hombre se rige más por hábitos que por ideas. En las alturas se legisla sin cesar, sin que ello reduzca los males, y los de abajo “sufren el chaparrón en actitud estoica, dormitan en su apacible Nirvana y sienten el diabólico placer de fingirse sordos al escuchar el madato”. Para los conformes con el estado del Derecho vigente Emilio pasa a mencionar algunos ejemplos que muestran que el edificio de la ciencia jurídica está minado por raíces que es preciso extirpar. En el Derecho político se habla de tres poderes pretendidamente independientes. Pero el poder legislativo está formado en su mayoría por la gente que el Gobierno quiere; el ejecutivo nombra a los que han de formar el legislativo; el judicial está también sujeto al ejecutivo, porque, promovida una cuestión de competencia, se resuelve por el Rey a propuesta del Presidente del Consejo de Ministros, sien-
El 16 de diciembre, con su artículo “¿Qué me cuenta usted?”, se enfrenta al redactor del diario católico La Independencia que ha asegurado que el republicano Plácido Langle piensa introducir a su hijo en política: “Don Plácido sueña con hacer diputado al mozalbete”, falsedad que le ha acarreado las bromas de los amigos. “No 82
Rudolf Von Ihering. (Wikidata) tengo la mala costumbre de leer La Independencia. Mis gustos son muy raros y la buena prensa [la prensa católica] me estomaga”. Ruega el periodista: “No me haga objeto, por Dios, de sus sátiras mordaces, que se van a reír mucho de mí las beatas, siendo, como soy, un pobre muchacho que sólo piensa en estudiar, haciendo vida casi cenobítica en su biblioteca casi silenciosa! ¡Oh noble sacristán de mis pecados, yo te suplico que me dejes dormir el sueño del justo entre mis libros de derecho y filosofía! He escrito mil veces que me repugna la política al uso: dispénsame de las rencillas que engendra. Quiero vivir libre de los chinchorreos de campanario. ¿Me negarás tan sencillo favor?” pués una enfática peroración y acaba tomando las lecciones del texto (que escribió, como buen mercantilista, no bien se posesiona del cargo), es tanto o más perjudicial a la enseñanza de la juventud que la misma despreocupación y holgazanería de los discípulos”. Así, los centros de enseñanza son “centros custodios de tradiciones inalterables; los claustros son archivos polvorientos de rancios pergaminos; y de ellos sale ya contrahecha la generación del porvenir.” Según Giuseppe Salvioli, los hombres de toga, profesores o legistas, tienden al inmovilismo y su pereza intelectual y su voluntad aletargada cristalizan en instituciones y normas de conducta que creen sagradas e intangibles. En las aulas de Derecho se dan dos extremos viciosos: el rutinarismo, con la memorización de la letra de los cuerpos legales “con su indigesta trama de clasificaciones y artículos”, y el examen de doctrinas abstrusas y quiméricas, el “sport” de la charla descontentadiza de todas las razones, el pugilato imaginativo que lleva a convertirse en “Quijotes vestidos de muceta, que son zánganos inútiles o perjudiciales, porque todo lo embrollan a fuerza de conocer muchos criterios y no tener ninguno propio.” Así surgen dos tipos de hombres de leyes: el opositor que sabe muchas cosas, pero de mala calidad; futuro juez, abogado del Estado o catedrático, aplicará la letra de la ley sin reparar en su espíritu, usará maquinalmente los aforismos jurídicos, vivirá apegado al texto de la legislación, no dudará del derecho escrito, aunque éste no vaya acorde a la equidad, y el Dura lex, sed lex le evitará toda zozobra. El segundo tipo es el del reñido con el Derecho vigente, cuyo afán se reduce a recorrer las diversas escuelas, sin servirse nunca de la piedra de toque de los hechos. Durante la carrera, los profesores, que no pueden darlo todo, forman abogados diestros en el arte del litigio o juristas investigadores, críticos de escuelas y teorías. Emilio piensa que la virtud está en un prudente término medio, en el despreciado eclecticismo. La ciencia social del Derecho debe basarse en los hechos y en las costumbres de las distintas regiones de la nación. A los jurisconsultos incumbe remediar la crisis de la ciencia jurídica siguiendo el sentido común que es patrimonio del pueblo; aunque sin medios coercitivos para imponer las leyes, tienen la autoridad de su ciencia. Tras recordar la fuerte influencia ejercida por los juristas romanos a lo largo de la historia, acaba Emilio mencionando un pasaje de Esbozo de una moral sin obligación ni sanción, del filósofo y lírico J. M. Guyau, el del niño y la mariposa azul que, aterida por el frío, vuela tras recibir los rayos del sol: “Todos nosotros, investigadores y trabajadores, somos como la mariposa: nuestra fuerza sólo está hecha de un rayo de luz; menos aun: de la esperanza de un rayo.”
Entre el 18 y el 22 del mismo mes aparece “La ficción en el Derecho vigente”. Pues “los enamorados del ayer son los enemigos del mañana”, mantienen ciertas instituciones jurídicas artificiosas y absurdas. Junto a éstas existen otras ficciones útiles y necesarias y con un sentido ético innegable. Procede Langle a clasificar detenidamente las distintas ficciones legales: las absurdas y disparatadas, como la que reza “La ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento”; las derivadas de principios falsos, científi-
El 21 de diciembre, en “Al pasar. El último domingo”, Emilio describe cómo entre los almerienses que pasean por el boulevard tomando el sol mientras suenan los acordes de la banda municipal, cruza de pronto un cortejo fúnebre. Los paseantes continúan su paseo “mientras retoza en los oídos el eco de una danza”: la danza de la Muerte.
El 8 de enero de 1911 colabora junto a Antonio González Linares, José de Burgos Tamarit, Juan López Núñez, José Quesada Martínez y Luis Gonzaga Huertos Rull en la nueva sección de El Popular “Página literaria” con “Ideas sueltas” (“La reputación suele ser como el ruido de las campanas. Si quieres que sea grande, y llegar a muchos, búscate un buen sacristán”; ”Cuanto más se eleva el corazón para acercarse a Dios menos espacio queda para los intermediarios”. El 15 publica un “Diálogo” de dos amigos sobre la exaltación que en uno de ellos provocan las bellezas de la Naturaleza. y el 29 da nuevas “Ideas sueltas (”Soy ambicioso porque odio a los grandes y quisiera ser más que ellos para tratarles con toda la ferocidad que con su ejemplo me inspiraron”). Publica en Tipográficas Non Plus Ultra y en la Revista de la Sociedad de Estudios Almerienses9 su trabajo El doctrinarismo jurídico. La ficción y el formulismo en el Derecho vigente, que le fue premiado en los Juegos Florales de agosto. “El doctrinarismo jurídico” aparece también en El Popular los días 25 y 26 de noviembre y 3 y 9 de diciembre. Arrastrados por sus quimeras y su imaginación y olvidando su responsabilidad por sus teorías, los intelectuales idealistas han venido imponiendo a lo largo de la historia, sin mala fe, su pseudosabiduría a la humanidad. Los tratadistas del Derecho lo creyeron por encima de la vida real y crearon un orden ideal de verdad y justicia absolutas. Para ser útiles y necesarias, las leyes han de ir ligadas a los hechos, no a “un derecho natural que no se descubre ni con telescopio”. La filosofía del Derecho ve como única solución atenerse a la costumbre, al espíritu del siglo, y que los parlamentarios elegidos por el pueblo dicten las leyes. Lamentablemente, en las Cámaras “todo se bastardea y se corrompe por la política, vuelta juego de fulleros”. Emilio pasa a ajustar cuentas con algunos malos pedagogos, dogmáticos y desconsiderados con su alumnado, a los que ha tenido que sufrir durante su carrera universitaria. “El dómine de ceño fruncido y grave continente, que pasa lista con toda puntualidad al entrar en clase, lanza des83 villa. Ese año la editorial madrileña Hijos de Reus, que en
1911 le ha publicado La mujer en el Derecho penal, le edita
Derecho Penal. Respuestas al programa de oposiciones a ingreso en el Cuerpo de Abogados del Estado. Con el tiempo, Langle se convertirá en un relevante especialista en Derecho Penal y luego en Derecho Mercantil. Quien desee conocer la trayectoria del ilustre jurista puede consultar los trabajos del profesor de Derecho Mercantil de la Universidad de Almería Carlos Vargas Vasserot.10 camente obsoletos, como los que predominan en el arcaico Código de 1870 y en el vulgo ineducado, por ejemplo: concebir la pena como “venganza colectiva y oficial” para “compensar” el delito; las injustas, como la que reza: “El heredero sucede al difunto en todos sus derechos y obligaciones”; las negativas o prohibitorias, como la ley que prohíbe investigar la paternidad natural y la filiación incestuosa y adulterina; las ociosas e innecesarias, como la prescripción como medio de adquirir o de extinguirse derechos y acciones, o la prescripción del delito y de la pena; las necesarias y útiles, como las personas jurídicas; las reparadoras y tutelares, como las que preservan los derechos del que pronto va a nacer; las filantrópicas y humanitarias, como la adopción: “¡Aplaudamos sin reserva las ficciones del Derecho cuando amortiguan los rigores de la adversidad y las crueldades de la Naturaleza!” El 29 de enero, aparece su narración “En busca del amor”. El rústico Mariano, que sueña con la mujer superior, no presta atención a Trinidad, su alma gemela. Y persiguiendo su ideal, parte a la gran ciudad. Pasado el tiempo, se reconoce “un loco sentimental” perseguidor de una quimera y, olvidando “morbosas complicaciones intelectuales”, regresa a su caserío, donde buscará el amor de Trinidad.
El 24 de marzo Juan López Núñez, en “Idearium. Sobre un libro de Emilio Langle Rubio: La mujer en el Derecho penal”, elogia al amigo por “su labor concienzuda, escrupulosa y perfectamente documentada”. Eduardo Gómez de Baquero ha señalado la profunda crisis en que se hallan el derecho penal y los procedimientos y organizaciones penitenciarios. El Derecho no puede seguir siendo “la estéril llanura salpicada de trecho en trecho por el articulado apriorístico de unos códices arcaicos”. El autor pide que la mujer deje de estar sujeta a una arbitraria tutela y pase a ocupar en el derecho penal un papel bien distinto al que se le viene señalando. No cree Núñez que su amigo sea feminista: si defiende a la mujer es porque desea elevar a la “triste mártir del hogar” hasta la condición de compañera.
El 27 de abril, en “Kant, Pestalozzi y Goethe. Sobre educación”, comenta el volumen de la Biblioteca Científica Española Kant, Pestalozzi y Goethe. Sobre educación del pedagogo Lorenzo Luzuriaga (1889–1959), que reúne las ideas educativas de los tres genios, siendo la primera traducción al español de las obras que se incluyen en el tomo. El 30 de este mes reseña en la Revista Bibliográfica de la “Página literaria” de El Popular diversas obras de la Biblioteca Domènech de Barcelona: Ernestina, novela del periodista y escritor modernista Prudenci Bertrana; el drama El dragón de fuego de Benavente; la novela psicológica Notre Minnie del novelista y sociólogo francés André Lichtenberger y El hurto sabroso, narración árabe de Las mil y una noches. El 10 de agosto reseña la obra enciclopédica Antropo–Sociología del polígrafo, folclorista y político republicano Alejandro Guichot Sierra (1849–1941). En 1912, el doctor Langle se inicia con 25 años en la docencia universitaria como profesor auxiliar de Derecho Penal en la Facultad de Derecho de la Universidad de Se-
“El contrato de compraventa mercantil”. (BALJRC)
Portada del libro de Carlos Vargas Vasserot. (BALJRC)
Notas
(1) Agradezco a los profesores Juan Manuel Bosque Sendra (Universidad de Granada) y Juan Luis López Cruces (Universidad de Almería) su colaboración en el presente trabajo. (2) Sala de Togas, núm. 52, abril de 2005, pp. 70–83. (3) “En memoria de Don Nicolás Salmerón”, El Popular, 20 de septiembre de 1910. La firma de Emilio Langle aparece junto a las de Plácido Langle, Manuel Pérez García, Rosendo Abad, Antonio Rodríguez Espinosa, Sebastián López Muñoz y Juan López Núñez. (4) Cf. “Las “Cabezas parlantes” de El Radical (1909)” de Alberto Guillamón Díaz y Antonio José López Cruces, Real, núm. 6, Almería, 2024. (5) No opina igual que Emilio el periodista y humorista Julio Camba, quien el 27 de mayo de 1910 afirma en “Música para fieras. El alma musical de Francia” en El Mundo de Madrid: “En el café de Levante se hace una música antipática y pedantesca, de todo punto incompatible con las consumiciones. Porque no hay relación ninguna entre un chocolate y una pastoral de Beethoven o una sinfonía de Wagner. La música de los cafés debe ser alegre, ligera, superficial y tarareable.”
(6) Universidad Complutense de Madrid, sig. T 3231. (7) Junto a Emilio, firman la queja José Jesús García, Plácido Langle, Luis Giménez Huertos Rull, José de Burgos Tamarit, Antonio González de Linares, Juan López Núñez, Fermín Salvador Estrella, Francisco Guillén, José Quesada Martínez y Luis Salmerón. (8) La tertulia a la que acuden López Núñez y Emilio Langle debió de ser bautizada así en homenaje a los miembros de Os Vencidos da Vida como Oliveira Martins, Guerra Junqueiro, Ramalho Ortigão o Eça de Queiroz, que animaron la vida intelectual portuguesa en los tres últimos decenios del XIX.
(9) Revista de la Sociedad de Estudios Almerienses, 1910, Cuaderno V–VI, I, pp. 129–187. (10) El libro “Emilio Langle y Joaquín Rodríguez: dos mercantilistas almerienses” (Universidad de Almería, 1997) y el artículo “Obra científica del jurista almeriense Emilio Langle y Rubio”, en Revista de humanidades y ciencias sociales, número 17, Almería, 1999–2000, pp. 239–254.
ÁNGEL CUSTODIO NAVARRO SÁNCHEZ1 Profesor asociado de Derecho Administrativo de la Universitat de les Illes Balears
Leer el número
El visor necesita JavaScript. Sin él, el PDF se puede descargar con el botón de arriba.
Cómo citar
«Los primeros pasos del penalista y mercantilista Emilio Langle Rubio (1886-1967)», Sala de Togas, n.º 89, agosto 2024, pp. 76-85.
Para un gestor bibliográfico (BibTeX, RIS)
BibTeX
@article{sdt89-2024,
title = {{Los primeros pasos del penalista y mercantilista Emilio Langle Rubio (1886-1967)}},
journal = {Sala de Togas},
number = {89},
year = {2024},
month = {aug},
pages = {76--85},
url = {https://nuevosdt.icaalmeria.com/revista/89/los-primeros-pasos-del-penalista-y-mercantilista-emilio-langle-rubio-1886-1967}
}
RIS
TY - JOUR TI - Los primeros pasos del penalista y mercantilista Emilio Langle Rubio (1886-1967) JO - Sala de Togas IS - 89 PY - 2024 DA - 2024/08// SP - 76 EP - 85 UR - https://nuevosdt.icaalmeria.com/revista/89/los-primeros-pasos-del-penalista-y-mercantilista-emilio-langle-rubio-1886-1967 LA - spa ER -