FONDO JURÍDICO Y COLABORACIONES
La formación del abogado: Formas de ejercicio profesional. El despacho individual como ecosistema vital del abogado
Sala de Togas n.º 87, , página 62–64
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LA FORMACIÓN DEL ABOGADO: FORMAS DE EJERCICIO PROFESIONAL El despacho individual como ecosistema vital del abogado
Entre el 60 y el 80 % de los despachos de abogados tienen carácter individual. Como ocurre en otros casos1, la columna vertebral de la abogacía2 descansa sobre ellos, a pesar de que las noticias que nos llegan son las de los grandes despachos -y alguno mediano-3. La fórmula de elección del ejercicio profesional, no ya sólo en cuanto que es donde discurre gran parte de nuestro tiempo sino también por otras circunstancias que luego añadiré, entra en simbiosis con nuestra vida como simple existencia4. Una buena expresión para calificar el despacho individual es aquella que lo describe como un despacho artesanal5. Esta figura se desarrolla con atractivos caracteres tanto para el cliente (personalización, individualidad, trato directo …) como para el propio abogado (independencia, libertad de ejercicio …). Existen muchas fórmulas para llegar a tal elección y cualquier vía puede ser la que nos llevó a ella: circunstancias de tiempo o lugar, personales o sociales, reales o imaginadas, facilidades, indecisiones6… Una que me plantee en su momento está inspirada en un principio asociado al derecho y que usamos habitualmente: la libertad. Y así lo convertimos en principio vital. De modo que no somos tributarios más que de nosotros mismos en nuestro trabajo; no hay que dar explicaciones a nadie de nuestras acciones7.
El despacho8 de esta elección supone el desarrollo del trabajo profesional en la soledad, que lo convierte en lugar de estudio y reflexión9, ambos unidos necesariamente.
Ello necesita de cierto orden, y entonces se decide la libre organización del trabajo bajo los criterios de oportunidad que se entienda que son más favorables10, según el personal leal saber y entender. Se realizas la búsqueda de la fórmula de trabajo, con mayor o menor acierto. Como señalaba, acompañando a esa libertad se encuentra en tal ejercicio profesional la responsabilidad. Todo el peso del despacho recae sobre el abogado de manera individual, no existe una organización que pueda apoyar sus decisiones y necesidades o que las encubra.
La responsabilidad se traduce en trabajo11. Con una característica particular que, a veces, no percibimos: tal hecho debe tener como límite la esfera personal porque el resto se va convirtiendo en hecho ajeno al propio abogado; teniendo todo ello como objetivo y siendo las consecuencias últimas para nuestro cliente, destinatario nato de toda actuación profesional. Aunque en muchas ocasiones la realidad sea que el caso se apodere de nuestro tiempo y nuestra conciencia con demasiada amplitud para nuestra debida sanidad mental y física. Es ahí, en el mecanismo de ese engranaje12, en donde encaja el abogado su trabajo coadyuvador en un resultado lo más ajustado posible a la justi62 cia13. Una prestación de un servicio en el que la única -y no poca- garantía que se le ofrece al cliente es la realización de todo el mejor trabajo que es posible -y debido14- en su asunto, en el caso que nos plantea.
Hasta ahora veíamos ese ejercicio profesional individual de manera genérica, pero hay una especial característica que se da en numerosísimos casos en esta modalidad de trabajo: cuando tal se ejercita en un pueblo. Pongamos por caso que es de una población de 12.807 habitantes. Si bien es cierto que tal despacho profesional tiene más facilidades para iniciarse en un pueblo por el conocimiento personal del abogado del que se nutre la mayor parte de su clientela, y que obtenemos con mayor facilidad que en una gran ciudad, no dejan de acechar otros peligros por ese mismo motivo.
El primero es muy básico y común: la necesidad de ganar el caso. Si iniciamos nuestra andadura profesional y perdemos el primer asunto que nos encomienda el cliente, difícilmente ese cliente volverá a nosotros. Podemos perder el tercer caso (incluso el segundo) pero nunca el primero. Pen-semos qué haríamos nosotros si fuéramos el cliente. Pero como señalaba, todo tiene un cariz distinto y másacentuado en ese círculo más cerra-do: el resultado tiene mayor repercusión entre nuestros vecinos, que nos conocen y conocen a nuestro cliente15. Y además se añade que el mantenimiento del prestigio profesional por el abogado de pueblo siempre está más imbricado al prestigio personal (o viceversa). El contacto es más directo. Sobre todo, cuando concurren con el hecho de ser “autónomo”, y la necesidad de captar clientes16. El examen que se hace se realiza al mismo tiempo de la capacidad profesional y de la personal.
Es ahí donde surge una doble exigencia: intentar hacer compatible el prestigio profesional con el personal. Y, de nuevo, se acentúan características de cualquier buen abogado: el ejercicio intelectual, más allá del jurídico, que describe “también” al abogado de esas pequeñas poblaciones17. Y en ese contexto, donde los pájaros deben oírse por las mañanas, desarrollamos nuestra vida, también la profesional. Aquí es difícil encajar la frase de “vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”18, pues en todos los casos que conozco la tristeza es el principal sentimiento que nos suscita la desaparición del compañe-
1 Como en los supuestos de otras profesiones “liberales”, a pesar de que las noticias que tienen repercusión se refieren siempre a las grandes empresas. 2 Compuesta por más de 150.000 abogados en ejercicio (CGAE.2022). ro. Nadie recuerda a aquel prometedor abogado que ve truncada su vida personal y, por su consecuencia, profesional por una frase como esa. Pero muchos recordaremos al querido compañero, con treinta años de ejercicio, en ese despacho de orfebre de las letras.
Hay muchos más hechos especiales que se concatenan en el abogado con despacho individual y con ejercicio en un pueblo, pero estas son algunas de las notas del mismo a vuelapluma, dejando la sistematización exhaustiva para otro mejor momento.
Nota: “Historia universal de la infamia”19. No puedo concluir este artículo sin mencionar que, frente a las múltiples cualidades que adornan a unos abogados hay otros que, como ejemplo de la baja calidad profesional -que siempre se corresponde con su cualidad de personaje bufo- son capaces de viles acciones. Verbi gratia: hace poco tiempo, mientras se llevaba a cabo el sepelio de un compañe-
8 Que no oficina, aunque “oficinista” es un concepto que a veces se nos aproxima demasiado en la labor que desempeñamos. 9 En palabras de E. Couture “el Derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando”.
3 Resulta curioso que en los medios de comunicación oímos siempre el plural (que a mi oído suena impropiamente mayestático) para el sujeto que tiene el “asunto” en manos de “sus abogados”.
10 “No hay viento favorable para el barco que no sabe dónde se dirige”. Seneca (¿?).
4 Como si viviéramos sólo como un animal, como una lechuza, la lechuza de Minerva.
12 Engranaje compuesto por otros abogados, jueces, fiscales, representantes de la administración …
5 Despacho “boutique” gustan de llamar algunos periodistas del ramo, en expresión un tanto petulante para esta labor más decorosa que se realiza.
13 Justicia que puede convertirse en “La lotería de Babilonia” (Jorge Luis Borges), a la que ya hice alusión en otro artículo en esta Revista.
6 El famoso “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” de Ortega y Gasset (Meditaciones del Quijote, 1914).
14 Este aspecto de trabajo “debido” tiene una dimensión asociada a ese agotamiento de posibilidades, pero tiene otro entendimiento complementario, que determina el criterio de negación de actuaciones superfluas, innecesarias o caprichosas, aún en contra de la voluntad del propio cliente -y para bien del mismo-. Este extremo suele tener como fundamento las falsas expectativas, ya sean las creadas por el cliente, ya sean las que crea el propio abo-
7 Aunque la realidad cotidiana convierta esa libertad en un desiderátum, en entelequia. Y así, en la práctica diaria, por necesidades -incluso exigencias- del propio concepto de trabajo y responsabilidad, la libertad queda bastante limitada.
11 Que, de este modo, ya puede empezar a convertirse en esclavitud, a pesar de nuestros ideales. ro, elaboraba una abogada un escrito solicitando que se requiriera a los herederos del fallecido para que se personen en las actuaciones en las que era parte legitimada; actuaciones, por ende, con más de siete años de recorrido, que acompañó, como no puede ser de otro modo, de escritos y recursos numerosos, reiterativos y de baja calidad narrativa -y aún intelectual- y, obviamente, de poco fundamento jurídico. (Detrás de estos escritos hay otros, aún más oscuros, de los que emanan créditos que reclama el infausto personaje -¿o eran dos de los que se hablaba, puesto que procrean?- generados por su negligencia profesional y el desconocimiento de la lex artis que ha de regir su actuación, en daño para su propio cliente).
Quede puesto de manifiesto también, por tanto, la existencia de personas deleznables en esta amada profesión, de lo que doy fe por verme obligado a tratar con alguno20. gado en algunas ocasiones (que, curiosamente, son harto más frecuentes en el ámbito penal que el civil, por ejemplo). Se llega a hablar incluso de la necesidad de establecer el propio abogado las pautas de la relación, de la necesidad de “educar al cliente”.
15 Según una estadística que leí hace muchos años, el cliente satisfecho se lo comenta a cinco o seis personas, el insatisfecho a catorce o quince. 16 Creo que a lo largo de toda mi carrera profesional han recurrido a mi despacho, por el mero hecho de tener la placa en la puerta, tres o cuatro personas -por poner alguna de más- y ninguna de ellas vino con un asunto de demasiada enjundia. 17 Hablaba Ángel Ossorio de revistas y libros de derecho, pero también de libros de versos, historia, novelas … y de música añadimos.
18 Frase erróneamente atribuida a James Dean -en realidad la pronuncia Humphrey Bogart en Llamad a cualquier puerta.1949-.
19 Jorge Luis Borges.
20 “Amigo Critón: pasemos valerosamente por aquí ya que por aquí nos conducen los dioses y por aquí nos llaman.” Máximas de Epicteto (70).
JOAQUINA MARÍA SEGURA GARCÍA Cda. 1.494 Presidenta del Grupo de Menores ICAALMERIA
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«La formación del abogado: Formas de ejercicio profesional. El despacho individual como ecosistema vital del abogado», Sala de Togas, n.º 87, julio 2023, pp. 62-64.
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