Consejo de guerra sumarísimo contra el poeta Álvarez de Sotomayor
Sala de Togas n.º 86, , página 99–103
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CONSEJO DE GUERRA SUMARÍSIMO CONTRA EL POETA ÁLVAREZ DE SOTOMAYOR «Es mi deseo que se me entierre en horas de la madrugada, a la venida del día, para que no vayan tras de mi cadáver los que me zahirieron y mortificaron sin un halago en la vida, por el solo delito de haber sido el poeta que más ha cantado la tierra de su cuna».
Corría el año 1947 cuando el poeta Sotomayor redactaba el testamento del que forman parte tan inusitadas palabras. ¿A qué puede deberse tan extravagante deseo? ¿Qué cúmulo de circunstancias han tenido que confluir en la génesis y configuración del estado anímico y emocional de una persona para llegar a formular tal petición? Antes de dar –o al menos intentarlo– una respuesta, detengámonos, para mejor entenderla, en una breve semblanza de aquellos aspectos de su vida que puedan ayudarnos y en una aproximación global a los principales rasgos de su obra, responsable en cierto modo, como veremos, de ello. hasta casi desaparecer para dejar paso a la figura del escritor que hoy conocemos. En cualquier caso, esta fascinación por lo islámico, incubada en él por su espíritu romántico, ya en exceso tardío, le granjeó algunas actitudes de rechazo y no reconocimiento a su posterior producción literaria por parte de quienes lo conocieron y frecuentaron, incluidos algunos amigos y familiares que fueron protagonistas y disfrutaron de lo que él mismo había inventado y denominado Mi Califato.
Como he dejado escrito en otros trabajos1, dejando aparte esta faceta que he calificado de “Espejismo islámico”, la obra de Sotomayor hay que valorarla en su justa medida. De ella hay publicados trece libros en verso (ocho de poesía y cinco dramas). Se trata de un escritor intermedio por volumen de producción, pero, si analizamos el contenido de esta, concluiremos que ocupa lugar preferente a la cabeza de aquellos escritores que dedicaron su labor literaria a cantar la vida y costumbres de pueblos y regiones españolas, es decir, de los escritores regionales o dialectales.
Colección de Juan Grima Cervantes.
José María Martínez Álvarez de Sotomayor (Cuevas del Almanzora, 1880-1947) nació y se formó en el seno de una familia social y económicamente bien acomodada. Estudió bachillerato en su pueblo natal y, concluido este, marchó a Madrid y Toledo siguiendo la tradición familiar con el propósito de ingresar en la Academia General de la ciudad del Tajo, propósito que abandonó al comprobar que carecía de dotes para esta profesión. Así pues, recién cumplidos los dieciséis años se encontraba ya en la confortable situación de verse libre de toda responsabilidad y obligación. En consecuencia, pudo dedicarse a disfrutar de una vida por completo disipada, en la que el amor y la literatura fueron sus principales ocupaciones. Así se mantuvo hasta 1905, año en el que contrajo matrimonio y a partir del que dio un giro importante a su modo de vida, dedicándose desde entonces al quehacer literario y a la administración de sus bienes, consistentes en su mayor parte en tierras de cultivo que arrendaba mediante el sistema de aparcería.
En esta parcela Sotomayor es un escritor prolífico, pues cuatro de las ocho colecciones de poesía que publicó (Rudezas, Alma campesina, Los caballeros del campo y Romancero del Almanzora) contienen solo composiciones de índole local y regional. De las otras cuatro, dos (Mi terrera y Campanario) mezclan poemas que desarrollan una más extensa y variada gama temática, de la que no está ausente la de inspiración costumbrista local y regional a la manera de las cuatro anteriores. Las otras dos (Isabel y Místicas) rompen de manera radical la trayectoria poética comentada.
También inspiradas por la misma musa local y regional, dio forma a cinco obras de teatro en verso. Cuatro de ellas fueron publicadas durante la vida del autor, a saber: La seca, La Enlutaíca, Los lobos del lugar y Entre parrales. Las tres primeras lo hicieron en sendos libros, y la cuarta apareció en suplementos con paginación independiente en la revista literaria almeriense Voluntad. La quinta, Pan de sierra, vio la luz por primera vez en 1988, como obra póstuma.
No obstante esta nueva situación, durante los diez o quince primeros años tras su matrimonio nunca abandonó la dimensión lúdica en la que había desarrollado la actividad literaria, traducida en los primeros años en la manifestación pública y privada de una admiración exacerbada por la cultura árabe, si bien, con el paso del tiempo, fue mitigándose 99 hecho, en la década de los años veinte A ello hay que sumar que la modalidad había sido concejal de un equipo de golingüística utilizada en los libros de carácbierno de derechas, después celebró la ter local y regional es el habla propia de proclamación de la Segunda República y, las gentes que retratan. En consecuencia, con el devenir de los acontecimientos duhemos de concluir que el principal mérito rante los años que esta estuvo vigente, de esta producción no reside en su volufue evolucionando hacia las posiciones men ni en el más o menos logrado nivel escoradas más a la derecha, llegando a estético-literario, sino en ser la principal colaborar con la CEDA. «Y no hay que olvifuente y documento de valor lingüístico, dar que [lo hizo] en un momento crucial, histórico, etnográfico, social, etc., de que [...] en su pueblo, que como sabemos fue dispone la región almeriense del Valle del zona republicana durante toda la guerra y Almanzora, región que demuestra más donde era conocido por todos, incluidos afinidad –por razones de tipo histórico y aquellos que después conformarían el cogeográfico– con la provincia de Murcia mité y las milicias populares. Para las nueque con Andalucía, como creo haber dejavas autoridades de este periodo de excesos do demostrado en otro artículo titulado y odios, Sotomayor era uno más de los mu“El habla del Bajo Almanzora ¿andaluz o chos enemigos del pueblo y como tal era murciano?”2. preciso tratarlo»4.
Sotomayor era consciente de que su obra era la única que encerraba esos valores y Y así sucedió durante los años que duró la continuamente lamenta en las Memorias contienda, en la que fue objeto de humique los almanzoreños no sean capaces llaciones y persecuciones que llegaron a de comprenderla ni apreciarla, hasta el hacerle temer por su vida en varias ocaextremo de llegar al pleno convencimiensiones. De hecho, «durante los meses de to de que tanto su persona como su obra octubre y noviembre de 1936 fueron los milino solo no eran apreciadas, sino que eran cianos varias veces a su casa para asesidespreciadas y descalificadas. De ahí que narlo, le dieron el paseo, del que se libró sea aún más trágica la tristeza en la que unas veces por estar escondido en otro lupoco a poco va sumiéndose con el paso de gar y otras por hacerse el enfermo y debido los años, hasta el extremo de manifestara las súplicas de su señora»5. Pero el caso se en las Memorias como un hombre obde mayor transcendencia por el que fue sesionado con esa idea. Es más, murió sometido a Consejo de Guerra se produjo convencido de que no solo se le trató con con motivo del acantonamiento en Cueindiferencia, sino también de que fue con vas del Batallón Floreal, formado por jóvedemasiada frecuencia maltratado y desnes anarquistas, uno de cuyos oficiales, preciado, tanto desde el punto de vista acompañado por varios dirigentes locales Octavilla que recoge el poema carente de personal como por su obra. de la F.A.I., lo requirió para que les escricalidad literaria que Sotomayor escribió en febrero de 1937 «forzado y para salir biera un poema dándoles la bienvenida, Y en parte tenía razón, pues dejando al indemne de una situación comprometida» requerimiento al que accedió por miedo a margen la actividad literaria, en su vida ante un oficial del célebre Batallón ser ejecutado. cotidiana Sotomayor fue una persona Floreal. Posteriormente fue utilizado este muy controvertida en Cuevas del Almanpoema como prueba de cargo por los Él mismo cuenta en sus Memorias que franquistas vencedores para someterlo a zora. Por una parte, nunca se caracterizó escribió una composición de muy poca consejo de guerra. por poseer una ideología política extrecalidad a la que puso por título “Bienveni[Archivo de Pedro Perales Larios]. mada ni de fácil adscripción –él mismo se dos”, y en el citado Consejo de Guerra dedefine en las Memorias como hombre claró que lo hizo para no poner en peligro apolítico–, pero lo cierto es que no se apartó de la tónica sesu vida. Por ello, rengloneó unos versos por imposición y «en guida por la mayoría de las personas pertenecientes a su armonía a la incultura de los solicitantes, pues a ningún crítico clase social, cuyas simpatías se inclinaron casi siempre hacabría la idea de que fuese del dicente tal composición». De cia las posiciones de derechas. De hecho, él mismo alegó esta forma pudo el poeta salir airoso de tan comprometida ser un hombre de derechas, aunque lo hizo en circunstansituación sin sospechar que esos versos servirían después cias de extrema presión, que no fueron otras que la necesipara que un falangista paisano suyo los presentara, junto a dad de defenderse ante el Tribunal del Consejo de Guerra3 otra poesía falsificada, el 30 de abril de 1940 como prueba que se le incoó sobre auxilio a la rebelión. Haciendo honor a de cargo ante la Delegación de Almería de la Auditoría de la verdad, hay que decir que en su comportamiento cotidiaGuerra de Granada «para que haga el uso de ellas que en jusno siempre hizo gala de ideas y actitudes moderadas. Por ticia proceda». otra parte, su obra de carácter regional lo muestra como un Pero dejemos que sea el propio sumario 10.079 ya citado en convencido defensor de una de las clases sociales más la nota 3 el que nos deje ver en qué términos se produjo la oprimidas en aquel tiempo, la de los labriegos. Por ambas denuncia que provocó que el día 4 de mayo de 1940 se le inrazones, en apariencia contradictorias, fue considerado coara un Consejo de Guerra Sumarísimo por AUXILIO A LA como hombre de derechas o de izquierdas en función de la REBELIÓN. perspectiva, vital o literaria, desde la que se le analizara. De 100
A continuación, alegó todo aquello que estimó conveniente para ser considerado hombre de derechas y perseguido de forma furibunda durante los tres años que duró la guerra civil. Además de lo expuesto, a lo largo del proceso se le hicieron otros cargos como: pertenecer al Partido Republicano Radical y a la CNT, contribuir con cantidades de dinero para alimentos con destino al socorro rojo internacional, haber escrito libros político-sociales y de exaltación marxista, ser autor de una poesía homenajeando la restauración de la República, otra dedicada al anarquista Durruti y otra al hermano del «conocido marxista Martín Márquez con motivo de su muerte en el frente del Jarama». Asimismo, fue también denunciado por el ya citado Pepe “Nocenas” por haber ocupado una escuela «durante la época roja que le había sido dada por las autoridades marxistas».
De todas estas acusaciones Sotomayor reconoció ser el autor de la comentada poesía dedicada al Batallón Floreal. También admitió haber hecho varias derramas económicas sin saber a qué fin irían destinadas, y solo con la finalidad de que dejaran salir de la cárcel tanto a él como a su hijo en las varias ocasiones en las que fueron objeto de detenciones. Reconoció asimismo haber escrito una poesía como homenaje a la República en el tercer aniversario de su proclamación a petición del claustro de profesores del Instituto de Segunda Enseñanza de Cuevas del Almanzora, y otra con motivo de la muerte en el frente del Jarama de Ginés Márquez, a petición de su hermano Martín, a la sazón alcalde del municipio. Pero negó con rotundidad ser el autor de la poesía manuscrita entregada por Eugenio Vicente, quien a lo largo del proceso reconoció haber sido él quien falsificó la letra de Sotomayor por venganza al haber sido objeto de su mofa y menosprecio. Negó pertenecer a partido político alguno ni a la CNT, así como haber escrito una poesía a Durruti ni libros de carácter político ni de exaltación marxista, alegando que, con sus obras de carácter regional, tan solo había pretendido salvaguardar la vida y costumbres de los labriegos del Valle del Almanzora evitando que fueran devorados por las fauces del olvido los valores de esta casta de hombres, a los que quiso elevar al rango de caballeros por la deuda de agradecimiento que la sociedad en general tenía adquirida con ellos. De hecho, pocos años después, en 1944, publicó un libro que recogía la vida y costumbres de estos sufridos y abnegados trabajadores, dándole el sugerente título de Los caballeros del campo. Con respecto al desempeño de la función de maestro, reconoció también haberla realizado en Rambla Aljibe, pedanía de Lubrín, pero solo con la finalidad de huir del peligro que corrían su vida y la de su hijo si permanecían en Cuevas.
Portada del expediente que contiene el sumario 10.079. [Archivo del Juzgado Togado Militar (JUTOTER) nº 23 de Almería].
Tal y como consta en el atestado instruido en contra de Sotomayor el 30 de abril de 1940, en la Delegación de Almería de la Auditoria de Guerra de Granada, el detonante que provocó la formación del Consejo de Guerra Sumarísimo Permanente fue una denuncia interpuesta por los guardias civiles Francisco Lázaro Torrecillas y Manuel Romacho Machado, que quedó formulada en los siguientes términos: «A las 18 horas del día anterior se les presentó José López Martínez, conocido por Pepe “Nocenas”, natural de Cuevas, chófer en la Diputación provincial, y les hace entrega de dos poesías (una con letra de imprenta y otra manuscrita), según él, del poeta Sotomayor como puede verse en las firmas. Una dedicada al Batallón Floreal (“que mandada el célebre criminal Juan del Águila Aguilera”), que en 1937 estuvo destacado en Cuevas.
«Dijo que la escrita en letra de imprenta se la había entregado un amigo y la otra, su otro amigo Eugenio Vicente, vecino de Cuevas, quien le había dicho que era de Álvarez de Sotomayor. Preguntado si él considera delictivos los citados impresos, contesta que considera a Sotomayor como “incluido” en responsabilidades políticas y que entrega las poesías a la Guardia Civil para que haga el uso de ellas que en justicia proceda».
Con las denuncias y acusaciones enumeradas y oídos el acusado y otros testigos a su favor –entre los que hay que mencionar al alcalde y al comandante de puesto de la Guardia Civil del municipio –, el Juez Instructor Militar consideró que debía procesarlo, y así lo hizo el 9 de mayo de 1940, como «supuesto autor de AUXILIO A LA REBELIÓN, definido en el artículo 240 del Código de Justicia Militar».
Tenía entonces Sotomayor cincuenta y nueve años de edad, y en su declaración testifical del 7 de mayo de 1940 en Cuevas del Almanzora ante el Consejo, aportó una serie de documentos acreditativos de su conducta con respecto al objeto por el que se le había denunciado, y solicita al Tribunal la realización de algunas gestiones con la misma finalidad.
Por fortuna el Consejo concluyó el 4 de marzo de 1941 con el siguiente fallo: «Que debemos absolver y absolvemos al procesado José Martínez Álvarez de Sotomayor, por no ser consti101 tutivos de delito los hechos a él imputados, al que se pondrá en libertad por esta causa».
Por desgracia, no corrió la misma suerte el único hermano varón del poeta y once años menor que él, el médico Alberto Martínez Álvarez de Sotomayor, que estuvo afiliado al Partido Socialista Obrero Español, fue alcalde de Garrucha entre 1931 y 1932 y fue también objeto de un Consejo de Guerra Sumarísimo de Urgencia –expediente 18.972, JUTOTER, iniciado el 15 de junio de 1939– que lo condenó a la pena de muerte. Pero esto forma parte de otra historia.
1 Sirva como referente mi artículo titulado “Sobre la verdad de nadie es profeta en su tierra o la ingratitud de Almería con su poeta”, en Homenaje a Luis Rubio, Estudios Románicos nº 5, Universidad de Murcia, 1987-1989, págs. 1096-1107. 2 En Murgetana, Academia Alfonso X el Sabio, LXVI, Murcia, 1984, págs. 59-73.
3 Consejo de Guerra Sumarísimo Permanente contra José Martínez Álvarez de Sotomayor, Sumario número 10.079, Archivo del Juzgado Togado Militar (JUTOTER) nº 23 de Almería. 4 FERNÁNDEZ BOLEA, Enrique: “Perfil ideológico de Álvarez de Sotomayor”, en Estudios sobre Sotomayor y su obra. Edición de Pedro Perales Larios. Arráez Editores, S. A., Mojácar, 1998, pp. 49-115. 5 Transcripción de la declaración testifical del propio Sotomayor realizada el día 7 de mayo de 1940. Expediente R 3271, correspondiente al sumario 10.079. O. c. Hoja nº 6.
Portada de la obra “Álvarez de Sotomayor, poeta del campo y la opresión”, publicada por Pedro Perales Larios en 1987. (BALJRC)
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MARÍA DEL MAR GÁZQUEZ ALCOBA Decana del Ilustre Colegio de Procuradores de Almería
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Cómo citar
«Consejo de guerra sumarísimo contra el poeta Álvarez de Sotomayor», Sala de Togas, n.º 86, enero 2023, pp. 99-103.
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