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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

La circulación, la muerte yun precepto

Sala de Togas n.º 16, , página 15–16

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SALA DE TOGAS

LA CIRCULACION,

LA MUERTE YUN PRECEPTO FUNDAMENTAL

La estadística de los accidentes de circulación cobra día a día proporciones gigantescas. Los fines de semana y las fechas clásicas de iniciación y terminación de temporadas vacacionales, Navidad, Semana Mayor y periodo estival, nos sorprenden y abruman con el número de víctimas yo diría más bien que nos afligen pero no nos sorprenden. Anticipadamente podemos vaticinar el número aproximado de personas que van a morir en uno de esos dias en las carreteras españolas, con un error relativamente pequeño. Es lamentable esta sangría uniformemente periódica de vidas humanas, tan globalmente «previsible» como difícilmente «evitable». Y estoy utilizando términos jurídicos escasamente conciliables y aun contrapuestos. El estress, el desenfreno y la irresponsabilidad se acercan a cotas intolerables cuando afectan al campo de la circulación vial. Quizás no pensamos que podemos ser nosotros mismos los que mañana nos quedemos para siempre en la carretera. Es cierto que los múltiples quehaceres y proyectos asumidos nos van obligando a prodigar continuos desplazamientos, y que el elevado número de vehículos con que abastece el Mercado a toda la ciudadanía, hacen que aparezcan inundadas y colapsadas las vias ur- banas e interurbanas de todas las categorías, redundando en aumento de riesgo circulatorio. Pero tambien es verdad que no siempre es imprescindible el desplazamiento a motor, que el alcohol es enemigo irreconciliable en estos trances de viaje, y que es posible una mínima reflexión antes de ponerse al volante. El Código de Circulación está informado por multitud de artículos, y las vias de circulación se salpican de señales verticales, horizontales y semafóricas (aun con deficiencias) con las que se pretende alumbrar y ayudar al conductor en su comprometida misión. Sin embargo al margen de ello y de las estadísticas oficiales, que pueden ser más técnicas o reveladoras, expreso personalmente mi convicción: «La velocidd excesiva es la madre y casi única causa de los accidentes mortales».

Rianse Vds. cuando les hablen de los problemas circulatorios creados por el conductor novato; búrlense de los que aluden en los accidentes a las malas condiciones del vehículo; no presten atención a la importancia en la siniestralidad, de la vetustez de los coches, ni al rigor de la Inspección Técnica, valoren infimamente las deficiencias ópticas y acústicas del piloto, ironicen la motivación aducida de la estrechez de una vía (otro problema distinto es la necesidad de viales óptimos para el desarrollo de los pueblos, especialmente en Almería, discriminada en grados intolerables); deleznen, en fin, la insuficiencia de señales y la densidad del tráfico, como agentes importantes de este azote social.

Insisto en que son influyentes, pero a la hora de una valoración estadística especialmente de accidentes mortales, son una minucia aliado del influjo del exceso de velocidad (al que pueden ir o no unidos como causas concomitantes y absorvidas) con el subsiguiente descontrol para el imprevisto surgido. Varios lustros patrocinando una decena de Compañías Aseguradoras y a sus asegurados me han permitido conocer y analizar los estragos circulatorios, desarrollo, concausss, nexos y desenlaces.

Si esa maraña de preceptos que componen el cuerpo jurídico de la circulación, exigibles y de obligado conocimiento, no los digerimos o no los retenemos en todo instante, a los que quieran salvar la vida propia y la ajena recomiendo QUE CONCENTREN SU ATENCION SOLO EN EL PRECEPTO NUMERO 17 (dominio del vehículo mediante moderación de VELOCIDAD).

Estoy harto de dialogar, en situación rayana a la discusión y enfrentamiento dialécticos, con conductores virtuosos y expertos que son exigentes en todos los preceptos y maniobras de la conduc15 ción, siendo sin embargo tolerantes para sí en el exceso de velocidad, en base a su pericia y a la diafanidad o visibilidad o buen estado de determinados tramos de calzadas. Mi criterio es frontalmente opuesto:

SALA DE TOGAS

Es preferible -si no cumples toda la normativa, como debe ser- infringir las demás normas y que conduzcas lentamente y con control del vehículo, a ceñirte en todo el complejo de disposiciones viarias, reservándote la transgresión de la velocidad, por muy hábil y perito que seas. Dos vehículos lentos y «dominables», en situación infractora vial , pueden enmendar su error o las interferencias de un tercero, en altísimo número de supuestos, o con efectos, al menos, de ínfima trascendencia. Por contra, el experto conductor conocedor de motores, marcas, modelos y características de cada vehículo lanzado al mercado, incluso dotado de buenos reflejos, a gran velocidad y sin el coche totalmente controlado, no podrá evitar las deplorables consecuencias de una colisión violenta -auQque se ciña a otros cánones y preferencias viales, repetimos- cuando otro vehículo o peatón incidan en interferencias o transgresiones en su inmediatez zonaL

Si además, la presión sobre el acelerador la estimula una buena dosis de alcohol ingerido - realidad que se vá implantando- las consecuencias nos las narran a diario los rotativos españoles y algunos espacios de televisión, con gráficas y desgarradoras escenas (que muchos critican y yo alabo) en medidas de prevención siniestra!.

Es posible que para muchos estas afirmaciones mias sean una elementali- dad y obviedad por sabidas y aceptadas. No obstante, como para otros no lo son tanto, ni siquiera en la teoría, - menos en la práctica- me permito reiterarlas. Por favor., si quieres salvar vidas incluso la propia- «ATENCION Y CEÑIMIENTO al artículo 17 del Código de la Circulación vigente». Emilio ESTEBAN HANZA

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Cómo citar

«La circulación, la muerte yun precepto», Sala de Togas, n.º 16, septiembre 1992, pp. 15-16.

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PY  - 1992
DA  - 1992/09//
SP  - 15
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