Los Partidos Judiciales- Vélez-Rubio.
Sala de Togas n.º 14, , página 9–10
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SALA DE TOGAS
LOS PARTIDOS JUDICIALES
VELEZ RUBIO
Por José GONZÁLEZ LLAMAS
Me pide Sala de Togas colaboración para el Boletín-Revista y me encomienda latarea de contar algo de este Partido Judicial. Los Vélez; y he dicho bien, porque no quiero hablar de Vélez-Rubio y olvidarme de esta comarca aislada y tan lejana de Almerla. La comarca de los Vélez suena en esas tierras más bajas como algo frio y distante.
Es una zona donde el invierno nos obsequia con nieve, donde muchos núcleos de población quedan aislados haciendo muy duras las condiciones de vida.
Esta comarca del norte ve al resto de Alroería como algo lejano y un poquito hostil. La creencia de estar abandonados por la administración es algo innato a los velezanos. Es dificil asumir las dificultades de transporte hacia los centros naturales: ¿Cómo, en este mítico año '92 se le puede explicar a alguien que para un desplazamiento a la capital administrativa tengamos que levantarnos a las cuatro de la madrugada para viajar en un autobús que, tras rodar por carreteras secundarias llega a Almería pasadas las diez de la mañana, y puedes estar de vuelta a las seis de la tarde?. Eso, mientras a Murcia se va y vuelve en una mañana (en transporte público). En fin, que no se puede ocultar; que las simpatías a la comunidad de Murcia son grandes en esta zona. Pese a todo, creo que tenemos fama de hospitalarios, y los Vélez calan en los visitantes; somos cuatro pueblos: Chirivel, situado en la carretera nacional 342; VélezBianco: el pueblo señorial por excelencia; pasear por sus calles y remontar a pie esa subida al Castillo es una experiencia bonita, pero solamente apta para gente muy en forma. María: el pueblo emprendedor por excelencia; la mayor concentración de máqui- nas cosechadoras de España (más de doscientas censadas en María); el pueblo más industrial, con importantes jamoneras con peso específico a nivel nacional. Y por último Vélez Rubio; que, por decirlo en alguna forma, es la capital de la comarca, sede de los servicios de la Administración, y, entre ellos el Juzgado.
Obsequio administrativo en la nueva Ley de Planta, como sede en el vetusto edificio de la calle Joaquín Carrasco, donde al entrar uno se encuentra un anuncio en el tablón: «atención luz a 220» ... y es que la han cambiado hace dos semanas. Donde en las sesiones de juicios se tirita de frio; donde los funcionarios hacen honor a su rango, trabajando en unas condiciones pésimas en un edificio en ruinas. Se prometieron unos miHoncejos para un juzgado nuevo pero, lo cierto es que nadie ve comenzar las obras. En una revista profesional, dedicada a compañeros no me resisto a contar un detalle; o mejor, lo dejo a la imaginación, ¿cómo reaccionaríais si al entrar en un servicio viérais que algo tan elemental como es una cadena no existe y ha sido sustituido por un bastón?.
Por lo demás el~mbiente de trabajo es bueno: el Juzgado es ideal, pues con cien asuntos civiles y cuatrocientos penales, las cosas marchan al dia; los plazos pueden cumplirse y a los justiciables no se les dilatan sus asuntos, sino que ven que son muy rápidos. Asuntos los hay de todos los que permite un hábitat rural: derechos reales, verbales de tráfico y jurisdicción voluntaria se llevan la palma. En la sección penal mucho deviene a faltas; y procedimientos abreviados: parece ser que no somos malos del todo.
Un artículo como este por fuerza tiene que personalizar, y hacer referencia a dos jueces emblemáticos: el primero es Hilario Sáez; el antiguo Juez de Distrito, y el que en Vélez-Rubio ha sido el Juez de toda la vida; el que nos llenó las alforjas de buenos consejos que todavía hoy utilizamos: un Juez de Distrito que llegó a Vélez-Rubio para un mes, y a los veinte años se despedía después de haber agotado todas las prórrogas para no ascender cuando se unificó el escalafón. El mismo, que hoy Magistrado en Murcia, nos sigue visitando cuando puede. Y cómo no; El primer Juez de la 1~ Instancia de la nueva época del Juzgado (omití decir que el Juzgado de Vélez-Rubio data del siglo pasado, y que hasta finales de los 60 era de Juzgado de l ~ Instancia) y me refiero a Diego Alarcón: el entrañable amigo Diego que en estos días pasa por el trago de perder a otro Diego Alarcón. Trece meses al frente de un Juzgado dando una auténtica lección de buen Juzgador, imponiéndose como Juez, trabajando sus sentencias como él sabe e imprimiendo un dinamismo en el Juzgado que hizo pasar el trauma de la reconversión de Juzgado de Distrito sin que nadie lo notara. no hay duda, conociendo sus orígenes a nadie le extrañó, y es que con las mimbres de sus años de experiencia, era muy fácil ser luego un buen Juez.
Y eso es todo; no sé si he sido gráfico para hablaros de los Vélez, pero eso tiene fácil solución: quedais invitados a venir.
SALA DE TOGAS
GRACIAS AFERNANDO PALACIOS POR SU «MOTA DE POLVO»
La mañana del domingo víspera de Reyes ha despuntado bien. Presagiaba quizá una deliciosa tarde de Cabalgata a cargo de Melchor y sus colegas de Oriente. La culpa ha sido de Fernando Palacios y de su sueño.
No es el pedagogo musical, Fernando, excesivamente pródigo o, al menos, divulgado como compositor, pero esta vez ha irrumpido ante mi como un ciclón gratificante. Su sueño, «la mota de polvo»; escrito y musicado por él mismo, no sólo distrae y deleita sino que entusiasma y relaja. Cuando el narrador Rafael Taibo leía esta mañana el cuento de Palacios en T.V.E. y se acompañaba de la orquesta dirigida por Comissiona traduciendo musicalmente tan bella creación imaginativa y literaria, el alma se extasiaba y el estress y las tensiones de la semana encontraban un remanso de paz.
Solo un espíritu tranquilo y un alma sensible pueden soñar así, tan dulcemente. Un elemento tan simple, tan desdeñable una «mota de polvo» en el vacío, se agigan: taba progresivamente por la obra ingente de la fértil imaginación de un soñador. Fernando Palacios, por boca del magistral narrador de televisión nos contaba en la primera doiTÚnica del Año Nuevo, las peripecias de una mota de polvo inmóvil en un país del espacio, sin personas ni seres vivos sin plantas ni suelo, sin agua y sin nubes. Si~ nadie, sólo ella, la mota. Su letargo aburrido despierta con las caricias de una brisa que la balancea hasta transportarla, arreciando el temporal, por regiones y paisajes con plantas carnívoras, con pulpas gigantes cuyas pisadas mortíferas ha de eludir con cabriolas y danzas rítmicas, hasta hermanarse con otros seres más afines que allí la esperaban: el punto, la pelusa ... El punto se extendía ante ella convirtiéndose en línea y cobrando las figuras de sinusoide, espiral, escalinata ascendente. La mota de polvo convivió y disfrutó con ellos y, en el éxtasis de gozo, «añoró volver a su casa». Pero regresó a su mundo de silencio, quietud y calma chicha, a su país de la nada, bien adiestrada y enseñada, y allí comenzó a inventar y desarrollar trepidantemente sus movimientos aprendidos, en el plasticismo más cautivador.
Ese es, en síntesis, el cuento que yo recuento, fusilado y maltrecho por mi deficiente memoria y capacidad literaria. Por contra, unos instrumentos musicales le dieron la vida en la pantalla del televisor. Mientras el prodigioso lector desgranaba el texto onírico, un consagrado solista, Ramón Barona, marcaba con su clariente los saltos y acrobacias de la mota de polvo en su aventura sideral.
Toda la orquestación iluminaba los espacios celestes percibiéndose la proximidad, la lejanía, el silencio y el jolgorio armónico de la mota y sus amigos. Silencios, contrapunto, melodía y melodías acompañadas. Para mi ha sido un descubrimiento y una gozada. Si no hubiera oído el comienzo del cuento tal vez no me hubiera detenido a escuchar tan raro y -para mi ignorancia musical- deshilvanado concierto.
Gracias, otra vez, Fernando Palacios. Esta mañana me has dado el mejor yoga y has aderezado el comienzo de la jornada con bálsamo de sosiego para mi espíritu. Ahora comprendo por qué nos agrada- bas tanto en un antiguo espacio de televisión, «la caja de música», en el que - presentándote cada tarde con «atuendo camisero» distinto, tu frívolo hobby, y despidiéndote con el «adios y adios», ¿recuerdas?- entrevistabas a los compositores e instrumentistas, a veces explicando la fabricación y el sentido de los más sofisticados, o simples o extraños instrumentos; y siempre con faz serena, palabra sencilla y tono coloquial, conocimiento profundo y, sobre todo, reflejando alma hipersensible y paz de espíritu. ·Por eso has soñado, escrito y musicado «la mota de polvo»,
No nos has explicado el mensaje de tu narración, pero creo que no hace falta; al menos todos podemos extraer nuestra propia interpretación o nuestra lectura, como se dice ahora.
Yo quiero ver en la mota de polvo un destino de todos los seres, por insignificantes que parezcan, una singladura a seguir desde la nada y la quietud al esfuerzo, la superación y la innovación. Y un impulso, como experimentó la mota de polvo en el paraíso de los puntos y pelusas, al regreso, aunque fuera transitorio, tu talento fructificado en el reino de los que no tuvieron esa suerte. Ellos lo demandan.
Si se aporta con arte, música, mística y poesía, mejor. Si no, también hay quemover, remover y aún demoler hasta dotar dignamente al reino del silencio, de la nada o de la carencia, al que volvió la mota de polvo, aunque duela y haga heridas. Gracias, de nuevo, Fernando.
Emilio ESTEBAN HANZA
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Cómo citar
«Los Partidos Judiciales- Vélez-Rubio.», Sala de Togas, n.º 14, abril 1992, pp. 9-10.
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