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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

RELATOS COLEGIALES

Cosmografía de cilindro chato

Juan Francisco Núñez · Cuadernos Literarios n.º 23, , página 12–21

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COSMOGRAFÍA DE CILINDRO CHATO

Comenzó en el olor, se internó en el sabor y, finalmente, alteró su estructura.

Apocalipsis apócrifo de Lesdhros 5:2

Los amantes del queso estamos de luto y ni siquiera disponemos de una placa conmemorativa a la que ir a presentar nuestros respetos. Poco se ha comentado acerca del cierre de la quesería insigne de Almería; la noticia no apareció en televisión ni en las emisoras de radio locales y tampoco se mencionó en La Voz de Almería. Las redes, en cambio, sí se hicieron eco de la tragedia y guerrearon un par de semanas. Youtube se llenó con decenas de vídeos que revelaban la «verdadera» historia del cierre de la quesería, los hilos de X ofrecieron también sus teorías y propusieron alternativas queseras –sin olvidar su bandera patriótica ondeando al zasca y emoticando– y no voy a realizar ningún comentario de los vídeos subidos a Tiktok. La familia no ofreció una postura oficial que justificara el cierre de la quesería. Ante este silencio público, yutuberos de toda España –y Latinoamérica– comenzaron a «investigar» y desvelaron en sus vídeos: los secretos e intimidades de la familia –pues mantenía un estilo empresarial hermético basado en la tradición familiar que contaba ya con tres generaciones queseras–, la deuda inabarcable de una de las hijas, irregularidades relacionadas con las inspecciones de sanidad, las continuas denuncias realizadas por el Colegio Oficial de Veterinarios referentes a la alimentación de las cabras y un larguísimo etcétera. La cuestión es que algunos miembros de la familia entraban al trapo y reaccionaban ante estas acusaciones, pero de manera contradictoria enlodando aún más todo el asunto y alejando de una forma consciente y muy estudiada las razones reales del cierre de la quesería. Una mañana, los trabajadores de la quesería repararon en un inusual y nuevo olor. Hablaron con los dueños y trabajadores de los invernaderos colindantes a la finca, por si habían cambiado de pesticidas, pero, aunque las respuestas resultaran irrelevantes, tampoco le dieron demasiada importancia.

Unas semanas más tarde, ese mismo olor acabó impregnando la leche cruda durante el proceso de maduración y alteró el sabor de unos de los tipos de queso, concretamente, el de servilleta. Alegando ciertos problemas logísticos, la empresa (la familia) decidió suprimir la categoría «queso de servilleta» y continuar con el resto, no sin antes volver a indagar qué provocaba el olor y cómo se estaba adhiriendo en el procesado. Es más fácil describir el sabor de los quesos contaminados que su olor: era un sabor alcaloide, entre salino y metálico, parecido al de una pila sulfatada. A los pocos meses llegó la inestabilidad estructural, y a partir de este momento la historia se vuelve insólita. El queso, ya envasado y etiquetado, se desbarataba al entrar en contacto con el aire. Tras abrir el plástico del envasado al vacío, el queso perdía su estructura de cilindro chato. No es que se volviera viscoso o se derramara convertido en una pasta, no: se rompía de forma geométrica; se dividía en poliedros más pequeños. Sucedía, por ejemplo que, antes de cortar una cuña del cilindro de queso, una sección elíptica se deslizaba precediendo al corte. También, de la misma forma que en esas porciones torcidas en las que perdemos la vertical y nos desviamos del ángulo recto, el propio queso perdía su estructura inicial y se abría a sí mismo de esta incómoda forma hiperbólica. Los quesos se separaban en perfectas secciones poliédricas, como puzles tridimensionales. Si se colocaba sobre una tabla, recién sacado del plástico y le permitías evolucionar unas horas, el cilindro seguía seccionándose y las propias porciones también continuaban dividiéndose en poliedros más pequeños. Es cierto que la temperatura y la humedad del lugar alteraban la escultura resultante, pero el tamaño y el número de piezas divididas era bastante similar. Hubo quien intentó reconstruir su queso como si de un tángram tridimensional se tratara. La empresa grabó algunos vídeos para una posterior campaña de márquetin: ¡Quesos que se cortan solos! Asustaba al principio, pero un queso que se «auto corta» no es cosa baladí y, aunque incómodo, podía tener cabida económica.

La quesería ya ha cerrado, pero demos gracias a esas personas curiosas e incansables que siguen investigando en el terreno de la ciencia –o de la pseudociencia, cuando la primera no es capaz de brindar respuestas–. Ahora coexisten diferentes hipótesis que intentan ofrecer una explicación al fenómeno. No se encuentran enfrentadas ni terminan de contradecirse del todo, pues unas se centran en las causas que provocan la anormalidad mientras que otras focalizan sus investigaciones en la búsqueda de un posible o posibles significados: • Hipótesis primera o de la Bacteria Hexagonus Hipótesis desechada que buscaba la confirmación de la existencia de una bacteria con forma de hexágono semirregular equilátero (tipo celdilla) con reproducción asexual en plano. Aunque se encuentra desestimada, hay quien sigue reflexionando en torno a esta hipótesis.

• Hipótesis segunda o del Principio Rúnico Esta hipótesis defiende que la silueta de cada sección última del cilindro (hasta que finaliza el proceso de apertura del queso) forma una runa, símbolo o conjunto que configuran un alfabeto desconocido por la humanidad, pero plausible en la naturaleza y sus tejidos microscópicos.

• Hipótesis tercera o Teoría Cosmográfica de Cilindro Chato Parece ser la más aceptada por la comunidad científica. Esta teoría postula que el mapa resultante de la suma de todas las secciones que suceden en el cuerpo cilíndrico del queso conforma un sistema de nuevas cartografías del universo, el cual, propone: por un lado, una nueva ubicación de nuestro sistema solar en el cosmos y, por otro, un cambio de paradigma (a nivel estructural) del modelo esférico de la tierra al de cilindro chato.

GINES BONILLO

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Cómo citar

Juan Francisco Núñez, «Cosmografía de cilindro chato», Cuadernos Literarios, n.º 23, diciembre 2025, pp. 12-21.

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