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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

RETAZOS DE HISTORIA

Unamuno: Semblanza desde la afinidad

Sala de Togas n.º 93, , página 125–130

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UNAMUNO: SEMBLANZA DESDE LA AFINIDAD

Voy a hablaros de Unamuno; he llegado a un punto muerto en la última entrega de la temática que estaba desarrollando y siento la necesidad de tomarme un respiro después de haber estado tratando largo tiempo de las causas de decadencia del Derecho; además no pierdo de vista la advertencia de nuestro director de que el lector medio de la revista del Colegio no quiere leer algo tan “pesado” como lo que yo suelo escribir. Soy consciente del riesgo de tomar a Unamuno como un trabajo de “recreo”: si al lector medio de la revista lo que escribo le resulta pesado, excuso decir lo que puede pensar de Unamuno; voy a aligerarlo todo lo posible: para empezar he escogido un tema para el que apenas necesito aparato libresco ya que me resulta familiar, también me propongo reducir los datos al mínimo posible y, además, voy a contar con vuestra ayuda; imaginad que os encontráis en uno de esos festejos del colegio con un vino en la mano y he llegado con alguien que os resulta vagamente conocido aunque, por lo pronto, no acertéis de que; los “lectores medios” han iniciado una prudente desbandada pero he conseguido retener al director y un par de “lectores extremos”: Hola, aquí me tenéis con Don Miguel, ya nos visitó en la feria de Almería de 1903 y entre el 27 agosto y el 1 de septiembre impartió varias conferencias; Don Miguel le presento al director de la revista del colegio y a este par de compañeros; perdón -interrumpe un lector extremo- pero, juraría que es usted Unamuno… En efecto, joven, hace un siglo, que no venía por aquí, encuentro esto muy cambiado; me comenta el amigo Félix que no para mejor… El director aprovecha que Don Miguel se ha enzarzado con los dos lectores extremos y me pregunta en un aparte ¿De que conoces tu a Unamuno? llorca (desgajados quizá del tronco asturiano pero creo que, más bien, de la propia rama vizcaína), parientes que, por lejanía temporal y geográfica solo he llegado a conocer de referencia. Uno de los hijos de Don Miguel visitó, siendo yo niño a mis abuelos; esta conexión, que a mi familia siempre ha enorgullecido, alimentó mi curiosidad y aumentó mi interés; además, por el lado de mi “militancia política”, conozco anécdotas del último Unamuno: la entrevista de José Antonio y Rafael Sánchez Mazas con el, en 1935, antes del mitin de Falange en Salamanca, al que asistió y la visita del falangista (puede que Víctor de la Serna) que debió de ser la última persona que habló con el (fuera de su familia más cercana) la tarde anterior a la nochevieja de 1936; poco después de abandonar este falangista su casa, el exrector de Salamanca sufrió el ataque el corazón del que fallecería.

Mis fuentes: He sido un lector ávido y ferviente de Unamuno, conozco toda su obra salvo alguno de sus versos (conservo en mi memoria, por memorables, un par de sonetos suyos, pero no está entre mis poetas favoritos); he leído también bastante sobre Unamuno. Mi familia conoció a la suya, incluso los Ecénarro, rama materna de mi abuelo paterno estaban lejanamente emparentados con Concha Lizarraga la mujer de Unamuno, de aquí que Don Miguel haya mantenido contacto con algunos Solís “de la diáspora” en su Vizcaya natal o en Ma-

Empezamos por el final: Después de su incidente con Millán Astray. Hedilla asignó una escolta a Unamuno y lo que acredita que esta era una medida de protección agradecida, y no de vigilancia, es que Don Miguel recibió en su casa diversas visitas de falangistas, la última el día de fin de año del primero de la guerra; su contertulio en esta ocasión afirma que, durante su transcurso, Unamuno dio un puñetazo en la mesa y exclamó: “Dios no puede abandonar España”. El último Unamuno parece creer firmemente en tres cosas: Dios, España y su

Retrato de Unamuno. (Archivo: Asociación de amigos de Unamuno en Salamanca).

Cuando Unamuno visitó Almería, se hallaba aún en su fase socialista, llevaba más de dos años de su primer período como rector de la universidad de Salamanca, que se extendería hasta 1914; el 27 de agosto dio un discurso como mantenedor de los fuegos florales de Almería; el 30, impartió una conferencia al “circulo literario” de Almería y finalizó con otra en la federación obrera sobre el “problema de España”, por lo demás fue homenajeado en el “Club de Regatas” y dio un paseo por la Bahía en la ballenera “Covadonga” desembarcando en el embarcadero de “El Alquife”. Destaco, por característico, un párrafo del primer discurso: “Mal puedo negarme a acudir allá, adonde, como a esta ciudad de Almería, se me llama, cuando creo de mi deber meterme hasta allí donde no soy llamado. Aquí me tenéis, pues, sin cuidarme en demasía de la oportunidad de lo que voy a deciros ni de si ello encaja o no en el rito de actos como este que aquí se celebra ahora, sino atento sobre todo a que hablo ante españoles cultos y que se cuidan del destino de nuestro pueblo”. Por lo demás, la conferencia del día 30 comenzaba: “Quiero ahorrar el saludo porque me parece que el mejor saludo es la mera presencia”. persona y, parece que también cree que hay (o debe haber) una fuerte complicidad entre Dios y España. Podemos imaginar, por su fecha, de que trataría la entrevista, aparte del incidente con Millán Astray, ocurrido dos meses y medio antes, con el que cerraremos este artículo, basta indagar en que fase estaba la guerra a finales de diciembre de 1936: la ruptura del cerco del Alcázar de Toledo y la conquista de la ciudad, había retrasado la toma rápida de Madrid y dado a Miaja tiempo para organizar su defensa; la ofensiva de noviembre había llevado a las fuerzas de Varela a los arrabales de la capital, pero había fracasado el intento de tomarla: se anunciaba una guerra larga…

Unamuno, siempre el mismo, aunque cambiara de ideas: En uno de sus primeros artículos, escrito cuando tenía 20 años, la descripción de una excursión a Guernica, Unamuno se hace un buen “selfie”: “gracias a Dios, yo siempre tengo que decir, aunque muchas veces no lo diga y otras no deba decirlo”; en este escrito se muestra más que burlón con los símbolos vascos, es decir, se trata de una de las (más que muchas) veces que dice, a pesar de todo, lo que no debe; tanto que mi abuelo paterno, nacido en Guernica, que no era nacionalista y se había distanciado de familiares que lo eran, pero llevó toda su vida una hoja del árbol en su cartera, se habría sentido, de leerlo, más que molesto; esto nos permite asegurar que en 1885 Unamuno, que había tenido una adolescencia bizcaitarra había superado ya esta fase: nos encontramos, seguramente en la fase socialista de Unamuno que cabe datar, a partir de dicho año y su declive desde 1902, año final de su diario íntimo, donde señalaría la insuficiencia de las ideas socialistas para satisfacer los anhelos humanos; la separación no sería brusca e inmediata pero iniciaría un proceso de desconexión que, dentro de una orientación vagamente progresista, se extendería treinta años más; cuando en 1912 publica su “Sentimiento Trágico de la vida”, apenas queda residuo de socialismo en la acentuada inclinación al existencialismo cristiano de Kierkegaard, que le llevó a aprender danés para leerlo en su idioma.

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Imagen de la extraordinaria biblioteca de la Universidad más antigua de España. (Archivo: Universidad de Salamanca).

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Miguel de Unamuno presidiendo, junto a Carmen de Burgos, a su derecha, el homenaje que Alhama de Almería rindió a Nicolás Salmerón, en el XXIII aniversario de su muerte. Se dieron cita, figuras bien significativas de la República proclamada seis meses antes como los ministros Indalecio Prieto y Marcelino Domingo, la diputada Victoria Kent, y José Ortega y Gasset, que aparecen en la imagen (Publicada por José Manuel Román en “Bajo el Manzanillo”).

Aquella anécdota del republicano que, al final de la segunda república se decía a si mismo: “¿No querías república?¡pues toma república!”; es aplicable a Unamuno; sus etapas en Salamanca, interrumpidas por su destierro a Fuerteventura y su exilio en Paris; le habían convertido en lo que un nacionalista vasco definiría como españolista y, a pesar de que su destierro terminó con la república y que, con ella empezó su segunda etapa de Rector en Salamanca, su etapa de diputado por las listas de la conjunción Republicano-Socialista** e, incluso, su etapa como concejal de Salamanca, tanto honor no evitó su adhesión al alzamiento nacional; muy propio del carácter vasco y libérrimo de Unamuno: lo que no acababa de convencerle, ni le comprometía ni le sobornaba… tio”; el hecho ocurrió en el momento que Unamuno salía de la conferencia acompañado, entre otros, de un Ecénarro, un Solís afincado en Vizcaya (mi bisabuelo) o uno de cada: no recuerdo bien; parece que ni Unamuno ni nadie dio excesiva importancia al incidente, lo que explica que no haya referencias; yo se lo oí a mi padre que lo supo por el suyo y este lo oyó de su padre, su tío o de ambos, en fin, de quien lo presenció. La conferencia fue polémica porque Unamuno anunció la desaparición del vascuence en el que no cabía el pensamiento moderno y añadió que no había de lamentarse por ello, lo que provocó un gran revuelo y diversos artículos de otros autores entre ellos Baroja. No obstante, siete años después pronunció otra conferencia, al parecer más pacífica, debo a una conversación con mi primo haber precisado el recuerdo familiar, por las dudas que me expreso al respecto.

Unamuno paradójico: acude al mitin del hijo de quien le desterró y le elogia, pero después mantiene distancias: El 10 de febrero de 1935, Falange celebra un mitin en el teatro Bretón de Salamanca; antes, José Antonio visita a Unamuno en su domicilio junto con Rafael Sánchez Mazas, algo pariente del Rector que insiste en acompañarles y asistir al mitin. Don Miguel tenía dos motivos diríamos que graves para no simpatizar con José Antonio: era hijo del dictador que le había desterrado a Fuerteventura y se había declarado admirador de Mussolini aunque, posteriormente se había esforzado por distanciar a la Falange del fascismo; seguramente estos dos motivos habrían sobrado para que cualquier otra persona se negara a prestar atención a José Antonio, pero dos rasgos de Unamuno fueron suficientes para contrarrestar estos motivos de antipatía: su curiosidad intelectual y su preocupación por España, amen de su distanciamiento del progresismo republicano; en efecto, los acontecimientos de 1934 habían evidenciado su inconsistencia. Parece que a Unamuno le sedujo la inteligencia de José Antonio, cierto que después se cuidó de matizar que sus coincidencias con el jefe de Falange le dejaban lejos de la militancia… Estoy seguro de que nadie esperaba tanto; pero lo cierto es que el rector, por su parte, con este gesto sedujo a la falange y se aseguró la veneración de los falangistas.

Noticia de los Solís y los Ecenarro coetáneos de Unamuno, lo poco que se por ellos: Estoy por decir que mis referencias de los Solís de Mallorca se deben a haber sido anfitriones de Unamuno, este les agradeció su hospitalidad dedicándoles uno de sus libros de viajes (cosa que sabría aunque no hubiera leído el libro; en fin: no tuve que preguntar si esos Solís tenían que ver con la familia…) Pero tengo otra “corroboración periférica” de la cercanía familiar de mis abuelos con los Solís de Mallorca: en las comidas de fin de semana mi abuela solía preparar Tumbé, plato mallorquín que, de seguro, heredamos de esta rama familiar; apuesto a que Don Miguel comió Tumbé en su estancia en Mallorca; desgraciadamente no puedo acreditarlo por su parquedad literaria en materia gastronómica. Más interesante es lo que se por tradición familiar de la relación de los Ecénarro y los Solís vizcaínos con Unamuno; he buscado en Google y allí se mantiene que es una leyenda y se relaciona, erróneamente, con el incidente con Millán Astray el 12 de octubre de 1936; pues bien, “la bala que atravesó la capa de Unamuno” no es una leyenda y tampoco tiene que ver nada con tal incidente, ocurrió tras una conferencia en Bilbao a principios del siglo XX, concretamente en 1901 recién nombrado Unamuno rector de Salamanca -(hasta aquí la tradición familiar) durante los juegos florales de Bilbao, aunque se celebró el grueso de los actos en el teatro Arriaga, parece que la lectura de la ponencia tuvo lugar en la biblioteca Bidebarrieta, sede de la Sociedad “El Si-

FOTO 3:

Autorretrato de Unamuno, aparecido en la en la Revista Ibérica el 30 de septiembre de 1902. (Archivo de Wikimedia Commons de contenido libre).

Guerra al principio y al final de su vida.- Unamuno nació en Bilbao, de niño vivó el sitio carlista de Bilbao que dejó huella en sus primeras novelas y murió el primer año de la guerra civil. Siento no solo simpatía sino afinidad con Don Miguel aunque es seguro que en algún momento de su vida me habrá pisado un callo por adelantado, no solo es un honor si no que de no ser así me sentiría agraviado: ¡A ver porque razón iba a ser yo el único!. ¿Por qué me siento afín a Unamuno? Porque yo he vivido también una España convulsa en un par de ocasiones aunque no con tanta intensidad ni tan pronto 127

Por cuanto a su postura política inicial creo que está determinada por sus raíces, por lo poco que trasciende de su padre, se trataba del típico liberal ilustrado a la zaga de los caballeritos de Azcoitia, de las “sociedades de amigos del país”, que degenerarán en un prenacionalismo más liberal y menos racial e histérico que el de Arana, su proceso mental puede describirse como el resultado de soltar a un vasco en París y extraerle antes de que haya podido cerrar la boca: si tenemos en cuenta el amor al terruño ¿quién ha de pagar los platos rotos?; me parece que esto explica suficientemente el bizcaitarrismo adolescente de Unamuno. Por lo demás, el hecho de haber sido sitiado por los “feroces carlistas” unido a que su formación intelectual le empuja a ser “un hombre de su tiempo” explica sobradamente su temprano “progresismo”. El “vasquismo diluido en modernidad” del PNV es un fenómeno parecido al centro, centrado del PP, los del PP no pueden sustituir a España solo pueden “diluirla” en el sistema y pensar de ella que es lo de menos.*** y espero que no tan tarde; la primera convulsión la viví en un ambiente afín al natal de Unamuno: Pamplona en el fin del franquismo, la pretransición y la transición temprana, la segunda la estamos viviendo ahora. Podéis decirme que entre mi Pamplona de adolescencia y Bilbao de la niñez de Unamuno hay un siglo y un lustro de diferencia y yo os diré que un pueblo no cambia tan rápido: son las circunstancias las que pasan rápido y adelantan a los cambios “de sustancia”: coges a un vasco o navarro de un siglo antes o de un siglo después y le pones o le quitas una boina roja y obtienes un carlista o un batasuno (Nada más hispano que un batasuno: se que plagio pero no puedo citar, porque no se a quién se lo he leído). La diferencia entre un carlista y un batasuno es la de un rebelde con causa o sin ella, seguramente ninguno de los dos piense, pero al carlista no le hace falta porque ya se lo dieron pensado sus padres; el batasuno ha cambiado a Dios, la patria y el rey por un sentimiento telúrico que asciende del solar de sus ancestros; conserva apego a la Ley vieja, ni por ley ni por vieja, sino porque venía con la tierra y la quiere tal y como estaba: el mismo es como un hongo que da el país y el clima: afortunadamente le hemos quitado la boina; si no resultaría aún más evidente. Unamuno se los encontró con boina, yo sin ella y nos empujaron en direcciones opuestas.

Su punto de partida lo determinaron sus circunstancias; el de llegada lo determino el mismo venciendo su inclinación natural. ¿Cómo me puede ser simpático este vasco arisco? Porque de alguna recóndita manera, quizá a pesar suyo, su seca naturalidad le hace simpático; también porque he vivido con los suyos y conozco sus flacos y sus fuertes, por último, porque he tratado de entenderle y le he hecho un poco mío.

Se poco del padre de Unamuno porque, además, desapareció pronto, creo que incluso antes del sitio de Bilbao; solo he leído una anécdota de Unamuno, un recuerdo de cuando el era muy niño pero que le impresionó vivamente, hasta el punto que determinó su vocación de filólogo con prácticamente tres lustros de antelación: oyó a su padre que, por cierto, se llamaba Félix, hablar con otras personas en tres idiomas distintos (vasco, castellano y francés). Se cree que el padre murió por su propia mano, y esta sospecha, por mucho que se lo ocultaran, dejó honda huella en Unamuno; en las escasas ocasiones que escribe sobre el suicidio, por ejemplo, lamentando el de no me acuerdo que intelectual portugués no usa de su perspicacia habitual como si quisiera distanciarse inconscientemente del tema: habla de un paradójico miedo a la muerte, da la impresión que se estuviera escrutando más a si mismo que al suceso: en efecto, debió ser la muerte de su padre la que determinó lo que él llamaba miedo a la nada que le obsesionaba morbosamente; la reacción natural es evitarlo, la suya volver a él con frecuencia; de hecho, ese es el centro de su “reconversión” narrada en el diario íntimo.

Don Miguel al final de su vida comparte causa con los que le sitiaron de niño; no tengo noticia de un tropezón con los carlistas durante los meses que van de julio del 36 a su muerte; Parece que cree que ha dejado saldado el tema con las humoradas un poco crueles que gustaba de soltar como la dirigida a la prensa carlista: ¿Pensamiento y Navarro? ¡Imposible!. Pero si hay un encontronazo muy comentado, del que hablaremos seguidamente. El paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936 albergaba una recepción por el día de la hispanidad con asistencia del rector, el claustro de profesores, el general Millán Astray, el Obispo de Salamanca, Pla y Deniel y Carmen Polo en representación de Franco para ceñirnos a los actores principales. Tras diversos discursos hubo una referencia a “las provincias traidoras”; parece que Unamuno llevaba tiempo inquieto, no pudo aguantar más y se levantó para protestar por el, que era vasco y por Pla Deniel, catalán, entonces Millán Astray gritó algo sobre los malos intelectuales y fue coreado con vivas a la muerte; Unamuno replicó con una referencia, no muy diplomática a las mutilaciones de su interlocutor, acabó con aquello de “venceréis pero no convenceréis”; como el griterío iba en aumento, Carmen Polo salió con Unamuno del brazo, parece que Millán Astray salió poco después y habló brevemente con Unamuno para quitar hierro al asunto. Como resultado del incidente hubo una reunión del claustro que destituyó a Unamuno como Rector; seguidamente una reunión del Ayuntamiento le cesó como concejal. Parece que no hubo decisión estatal, judicial o administrativa, que ordenara arresto domiciliario, pero lo cierto es que, Unamuno se recluyó en su casa y en la puerta había una escolta, aunque no de agentes, sino de miembros de un partido, y no para su custodia sino para su protección. la: “Pero ¿Quién es bueno? Solo Dios es bueno”. Se duele de que Falange y los carlistas incluyan a los liberales en la antiespaña...: es consciente que su evolución le ha llevado a una posición equivalente a la de un liberal conservador y no se ve con fuerzas de pasar de ahí; a veces, incluso, parece que quiere retroceder: “la experiencia de esta guerra me pone ante dos problemas, el de comprender, repensar mi propia obra”; los reproches a los falangistas parecen hechos con mayor consideración y respeto dice “se ponen en obligación” cuando habla de su ardor guerrero, pero están en una guerra ¿Qué otra cosa podrían hacer, guerrear con desgana?; lamenta las muertes absurdas; comprendo su horror pero más difícil es de asumir una guerra sin muertes y, a veces la guerra incluso entre hermanos, es absurdamente inevitable: lo cierto es que los republicanos basaban la República en lo que España había dejado de ser y algunos republicanos eliminaban a los que no habían dejado de serlo; habría que reconocer a los nacionales la legítima defensa, al menos como atenuante: la Falange ofrecía otra Revolución entroncada en el ser de

España y consideraba a Unamuno la excepción que confirmaba la regla.

Unamuno profeta e indómito: El resentimiento trágico de la vida. El 12 de octubre de 1936, hacía 15 días que se había liberado el Alcázar de Toledo y aunque los nacionales seguían avanzando, toda la industria, casi toda la flota, la mayor parte de la aviación y todo el ejercito salvo las unidades africanas y las navarras (en Sevilla apenas había tropa) seguía en manos de la república; los nacionales contaban con los voluntarios Requetés, de Falange y de Renovación española; la Legión Condor no llegaría a España hasta principios del mes siguiente y el cuerpo de tropas voluntarias italiano comenzó a llegar semanas después****; en estas condiciones la profecía de Unamuno sobre la victoria nacional era arriesgada y se cumplió y la profecía de que no convencerían incierta por ser a largo plazo, también se cumplió aunque con cuarenta años de retraso.

Unamuno, sin embargo, no se sometió; se dedicó a redactar “El resentimiento trágico de la vida” cuyas notas manuscritas se conservan, el libro contiene reproches a ambos bandos y, sin duda, pensaba publicarlo ¿Era solo un proyecto de denuncia para publicar? No: la guerra sumió a Unamuno en una crisis personal y el resentimiento trágico de la vida es también un “diario íntimo bis”, es decir, un intento de salir de una crisis personal como lo había hecho con el diario íntimo; ocurre que lo que cuenta es tan horrible que supone un retroceso en su fe. Unamuno había conseguido vislumbrar a Dios en el hombre: es lo que había hecho con el “Sentimiento Trágico de la vida” buscando a Dios en los filósofos empezando por Tertuliano y San Agustín; es lo que hizo en La Agonía del Cristianismo, buscando a Dios en el Rey David y después de esto consigue abrazar la fe como demuestra uno de mis sonetos favoritos que comienza “Levanta de la fe el blanco estandarte/sobre el polvo que cubre la batalla/ mientras la ciencia parlotea y calla/ y oye sabiduría y obra el arte” Pero el resentimiento trágico de la vida también deja claro: “Me destituye Madrid, me restituye Burgos. Y luego me destituyen mis compañeros”. Franco, como mucho, deja hacer: no, Unamuno no es cómodo para nadie y seguro que habría más de un candidato a rector.

Acaso el testigo falangista, supiera reconciliar Unamuno con la España basada en el ser y no en dejar de ser, en todo caso, entiende su frase en el sentido de que Dios terminaría regenerando a España: el sabrá el contexto en que fue pronunciada; Unamuno fluctúa entre la desesperación y la esperanza, quiero creer que murió esperanzado.

Los reproches empiezan por los republicanos por las matanzas de curas: “Como Rusia España un pueblo de resentidos. Un resentimiento para con Dios. ¿Por qué?”. Pronto se extienden a los nacionales: “No son unos españoles contra otros -no hay antiespaña- sino toda España una contra si misma. Suicidio colectivo”…”Da asco ser hombres” Unamuno ha dejado de ver a Dios en los hombres; tomando estas notas se le ocurre la idea del abandono de Dios; algunas de las notas apuntan a un reflujo de la fe, en otras parece recuperar-

Número extraordinario de ‘El Radical’, fundado y dirigido por el Abogado José Jesús García, dedicado a los Juegos Florales de Almería con el discurso del mantenedor, Miguel de Unamuno. (Publicada por José Manuel Román en “Bajo el Manzanillo”).

ENRIQUE AGUILERA LEDESMA Col. 2.315

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«Unamuno: Semblanza desde la afinidad», Sala de Togas, n.º 93, julio 2026, pp. 125-130.

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