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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

Que la vergüenza cambie de bando

Sala de Togas n.º 90, , página 14–16

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QUE LA VERGÜENZA CAMBIE DE BANDO

El pasado día 24 de octubre, salió en varios medios de comunicación la noticia de la dimisión y apartamiento de la vida política de Iñigo Errejón.

En el caso de las niñas menores de 16 años, el porcentaje es del 3,4%, lo que se traduce en unas 703.925 niñas víctimas de violencias sexuales.

Poco después se conocían los motivos de fondo que le han llevado a tomar dicha decisión: La presunta violencia sexual ejercida sobre varias mujeres.

Además, el 12,4% de las mujeres que han sufrido violencia sexual fuera de la pareja dice que en alguna de las agresiones sexuales participó más de una persona.

No voy a negar que la noticia me haya sorprendido. Pese a mi bagaje profesional, tener conocimiento que un hombre joven, culto, de izquierdas y autoproclamado feminista, pudiera haber cometido actos de semejante naturaleza actos, reconocidos pública e implícitamente por el propio implicado en un comunicado emitido por él mismo, salvaguardando siempre el Principio de Presunción de Inocencia, no deja de asombrarme. Para bien y para mal, no he perdido la capacidad de que tales noticias sigan impactándome y a la vez, que me reafirmen (y ahí están los datos), como siempre he sostenido, en que la violencia sexual ejercida sobre las mujeres por parte de los hombres no distingue de ideología, edad, nivel cultural o profesional o clase social del agresor. Cualquiera puede ser un agresor sexual en potencia.

Finalmente, casi en el 50% (40,6%) de los casos, la violencia se repitió más de una vez. Otro dato muy relevante: Los delitos sexuales múltiples se incrementaron un 56% entre 2016 y 2021 (han pasado de 371 a 573), según datos del Ministerio del Interior y se estima que una de cada cuatro agresiones sexuales de este tipo las ha cometido un menor de edad, según el Observatorio “Feminicios.net”, portal de referencia sobre violencia contra las mujeres. Trasladando estos datos a nivel europeo, no parece que la situación mejore.

Hace poco, ha salido a la luz pública que el propietario de los famosos almacenes londinenses “Harrods”, el señor Mohamed Al-Fayed, violó y agredió sexualmente durante años a numerosas empleadas, que era sabido en la empresa, que lo encubrió y que nadie hizo nada por ellas.

Todavía sigue existiendo en nuestra sociedad, el estereotipo extendido de que las agresiones sexuales que sufren las mujeres y niñas en España, como también sucede a nivel mundial, son cometidas por varones extranjeros y en situaciones marginales o de vulnerabilidad social y que son ajenas a nuestro entorno más próximo.

El caso de Gisèle Pélicot, la mujer francesa de 72 años, cuyo juicio, se está celebrando en audiencia pública en un Tribunal de Aviñón, estremece. Violada cerca de una década, por su esposo y por más de 50 hombres, de todos los estamentos y clases sociales franceses, que contactaron con éste a través de internet, nos confirma esta misma realidad sobre el perfil del agresor sexual, esto es, que se encuentra entre nosotros, como un ciudadano medio más.

Pero la realidad se torna más cruda y evidente cuando consultamos los datos contrastados:

La Macroencuesta sobre Violencia Contra la Mujer del año 2019:

El porcentaje de mujeres de 16 o más años residentes en España que han sufrido violencia sexual fuera del ámbito de la pareja a lo largo de la vida es del 6,5%. Es decir, 1.322.052 mujeres han sufrido este tipo de violencia y el 0,5% (103.487) en esos últimos 12 meses.

Según leo en la prensa escrita, Gisèle Pélicot, no ha ocultado su identidad, mostrando su rostro al mundo y permitiendo que el juicio se celebre en audiencia pública. Durante el transcurso de las sesiones del juicio que se está celebrando en un Tribunal de Aviñón, ha dicho de forma tajante: “Es hora de que la vergüenza cambie de bando”. “Lo hago en nombre de todas esas mujeres que quizás nunca serán reconocidas como víctimas”.

Un 2,2% (453.371 mujeres) del total de mujeres de 16 o más años residentes en España han sido violadas alguna vez en su vida. 14

Y en la continuación del juicio oral, en la sesión del pasado 23 de octubre, se recoge en la página web de RTVE, que Gisèle volvió a prestar declaración, reconociendo abiertamente:"Soy una mujer completamente destruida y no sé cómo me voy a levantar. No sé si mi vida dará para entender todo lo que me ha ocurrido". mente machista, que perpetúan la opinión estereotipada, porque el acceso de nuestros menores a la pornografía difundida a través de internet está haciendo estragos en su formación y en un concepto distorsionado y equívoco de cómo debe entenderse una relación sexual libremente consentida y consensuada por ambos participantes de dicho acto.

Durante esta última sesión, podemos leer en la noticia que la señora Pélicot se dirigió a las mujeres que apoyaron a sus familiares acusados, para recordarles que ella también tenía "un hombre excepcional", añadiendo, además: “pero el perfil del violador puede estar en la familia, en los amigos”.

A día de hoy y por extraño que parezca, sigue perdurando la idea de que, si una mujer accede a que entres en su casa, está ebria, se muestra simpática en exceso, va sola a determinados lugares y concurriendo uno, alguno o varios de estos condicionantes, sufre una agresión sexual, subyace la opinión, directa o indirectamente expresada, de que “ella se lo ha buscado”.

Se deja constancia del coraje de esta mujer, cuando explica, sin dobleces: "He tomado conciencia de que no tengo que tener vergüenza, no tengo nada que reprocharme, he sufrido 100 violaciones", ha asegurado.

Sin embargo, el texto punitivo actual, en la redacción vigente del artículo 178.1 del Código Penal, es claro cuando determina que, en el ámbito de este tipo de delitos, el silencio no puede entenderse “a priori” sinónimo de consentimiento.

También ha dicho que su solicitud de un juicio abierto y su consentimiento a que se hayan mostrado vídeos de las violaciones se debe a que quiere "que todas las víctimas de violación puedan decir que, si la señora Pélicot lo hizo, lo podemos hacer también", insistiendo en el mensaje que dirige a las víctimas: "No quiero que tengan miedo, nosotras no tenemos que tener vergüenza, son ellos".

El tipo penal señala claramente que: 1. Será castigado con la pena de prisión de uno a cuatro años, como responsable de agresión sexual, el que realice cualquier acto que atente contra la libertad sexual de otra persona sin su consentimiento. Sólo se entenderá que hay consentimiento cuando se haya manifestado libremente mediante actos que, en atención a las circunstancias del caso, expresen de manera clara la voluntad de la persona.”

Del mismo modo, ha aprovechado su nuevo testimonio para reiterar que no hay distintos grados de violaciones: "Hay violación y ya", como réplica al interrogatorio de algunos abogados defensores, que intentaron restar gravedad a las acciones de sus defendidos.

Entonces, ¿De dónde surgen todas estas afirmaciones? Claramente, de una sociedad aún muy machista y que todavía traslada a la víctima la responsabilidad de lo sucedido.

El caso de Gisèle Pélicot, pone de relieve, a mi entender, otra cuestión también muy relevante en este tipo de delitos cometidos sobre mujeres, extensible a la violencia de género: Que a la sociedad en general le cuesta creer aún hoy en día el testimonio de una mujer víctima de una agresión sexual y le cuesta asumir que el buen padre, mejor hijo y marido, excelente profesional, pueda ser autor de semejantes delitos, normalmente cometidos sobre conocidas, amigas, esposas, alumnas, compañeras y aún más aberrante, sobre sus propias hijas, biológicas o no.

Y aunque la sociedad haya avanzado, en lo que a España se refiere, desde el caso de Nebenka Fernández, ocurrido ahora hace 20 años quien, vergonzosamente, fue sometida a escarnio público, teniendo que hacer su vida fuera de España, pese a que quedó probado la conducta delictiva de su agresor, es evidente que queda mucho por hacer. Esto hace también, como digo, que la vergüenza, el miedo a no ser creídas o la repercusión que para su familia y ámbito laboral y social puede suponer la interposición de una denuncia de este tipo, determine que muchas mujeres sopesen y se cuestionen si dar o no el paso. Y ello da explicación, retomando de nuevo el caso “Errejón”, de porqué las mujeres que presuntamente han sufrido la violencia sexual por parte de este hombre hayan acudido a la cuenta en Istagram de Cristina Fallarás para hacer público su caso: Porque no se sienten seguras ni respaldadas para dar el paso a la hora de formular denuncia.

¿Pero por qué, encontrándonos en una sociedad tan avanzada como la nuestra, se sigue cuestionando el testimonio de la víctima?

Bajo mi opinión, por un lado, porque a la víctima se le sigue reprochando su comportamiento y su forma de actuar, trasladando a la misma la responsabilidad de lo sucedido, en lugar de centrar el foco en la conducta del agresor.

Y, por otro lado, sin duda alguna, porque el avance tecnológico y de supuesta modernidad, no van acompasados con el respeto a la mujer como igual, porque subsisten y persisten falsos mitos, de sesgo clara-

Posteriormente, he tenido conocimiento de que una actriz ya ha presentado denuncia. 15

Nuevamente, parece ser, que esta conducta del político era conocida en su entorno y que, en lugar de ponerle fin y prestar ayuda y apoyo a las víctimas, se medió con ellas para que no denunciaran. mente, que, según sexo, de un total de 12.621 sentencias condenatorias, en 12.253 de ellas, los condenados son hombres y 368 son mujeres. Según nacionalidad del condenado, 8.742 son españoles y el resto, de otras nacionalidades, incluyendo de Unión Europea, África, América, Asia y Oceanía.

Eso también nos debe llamar la atención, pues dice mucho de lo que, como sociedad, aún se debe avanzar en la consecución real y efectiva de la igualdad entre hombres y mujeres.

Con todo ello, ni niego que la existencia de violencia sexual es sufrida por hombres, ni que las mujeres puedan cometerla. En absoluto.

Aunque mi percepción personal es que la sociedad actual, impulsada, en gran medida por el movimiento feminista, comienza a reaccionar frente a la realidad, brutalidad y gravedad de la violencia sexual que sufren las mujeres, ¿Los datos estadísticos confirman mi tesis de que la violencia sexual sigue siendo sufrida por las mujeres de forma mayoritaria y abrumadora o es que mi posicionamiento claramente feminista, me enturbia el intelecto?: Vayamos de nuevo al examen de los datos.

Pero sí quiero evidenciar y subrayar una realidad empírica y abrumadora: Que las mujeres siguen siendo víctimas de violencia machista y más concretamente, de violencia sexual, en amplia mayoría por su condición de mujer, en definitiva, por su sexo, subsistiendo la conceptualización de la mujer como mero objeto -la reificación de la mujer- y que, aunque la sociedad sigue avanzando, todavía se necesita mucho camino por recorrer, para que, en definitiva, que la vergüenza de estos actos se traslade a su autor y no a la víctima.

Según la Estadística del C.G.P.J. sobre condenados en sentencia firme por delitos contra la libertad sexual, correspondiente al año 2023, y sin hacer un análisis pormenorizado del estudio sociodemográfico y criminológico de los delincuentes sexuales que se ofrece en la página web del Consejo, sí que se observa clara-

Hagamos, entre todos/as que la vergüenza cambie de bando.

Se lo debemos a las víctimas. Nos lo debemos a nosotras mismas.

Antonio Hermosa Periodista

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Cómo citar

«Que la vergüenza cambie de bando», Sala de Togas, n.º 90, diciembre 2024, pp. 14-16.

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