“Tenemos que hablar”
Abel Berbel García · Sala de Togas n.º 89, , página 11–13
Leer el texto
Texto extraído automáticamente del PDF. Puede traer cortes de palabra de la maquetación y erratas de lectura; el PDF es el original y es lo que se cita.
“TENEMOS QUE HABLAR”
Leo en el “El conocimiento inútil” (Editorial Página Indómita, 2022) de Jean François Revel que, pese a que vivimos en plena era de la información, la primera de todas las fuerzas que gobiernan el mundo es la mentira. sa directa en el comportamiento de representantes políticos poseídos por una megalomanía psicótica, mientras un arsenal de armas nucleares apunta hacia nosotros. La progresiva normalidad de la atrocidad es el índice inequívoco de la absoluta anormalidad del mundo que aceptamos y vivimos, porque ya no estamos tan seguros de que aquello de lo que somos conscientes sea verdad. La realidad deja de gustarnos cuando sólo comentarla se convierte en algo terriblemente superficial y no disponemos de un relato fiable que nos apuntale ante la complejidad y ambigüedad en la que vivimos.
Me pregunto si la comunicación tiene algo que ver con la información que recibimos y si no hay una perversa disfunción del lenguaje en la transmisión de lo que importa, por ejemplo: cada año mueren en el mundo seis millones de niños menores de 15 años, lo que significa que cada 24 horas pierden la vida 16.000 niños. Pongamos por caso que 16.000 niños muriesen ayer en una terrible inundación, lo que sería noticia de portada en todos los medios durante días. Pues bien, 16.000 niños fallecen cada día y esto nunca aparece en ningún titular. Ambos datos, por así decirlo, son verdaderos y relevantes pero a diferencia de los accidentes, desastres naturales o algún ataque horrible, los acontecimientos muy comúnes que tienen lugar cada día nunca aparecen en las noticias, que anteponen lo novedoso para captar nuestra atención sobre diferentes cosas en diferentes días.
El periodista estadounidense Patrick Radden Keefe publicó un libro llamado “Maleantes” (Editorial Reservoir Books) en el que recopilaba una docena de perfiles concluyendo con precisión forense que el capo Guzmán presumía de sus asesinatos como si fueran hazañas, aunque luego se vendiese como un rebelde defensor de los pobres; o que Adolf Hitler vivió su situación final considerándose un pobre incomprendido. Salvando las distancias, en nuestro día a día puede haber mucha gente mala pero la mayoría es buena gente que sólo hace cosas malas con buenas intenciones, y a todos nos ocurre sobre las historias que nos contamos acerca de nosotros mismos que , en mayor o menor medida, vivimos o caemos en el autoengaño, alejándonos del punto de vista de los demás para entender la realidad. Esto no significa empatizar ni que aceptemos la subjetividad del otro ni que seamos benévolos con los demás, simplemente nos ayuda a admitir que la realidad es compleja aunque sea imposible descifrar la verdad. Podemos imaginar lo que alguien dijo o fabular sobre lo que pensó, pero para acceder a los hechos desnudos habríamos necesitado que el protagonista nos lo hubiese contado o dejado por escrito con total honestidad, lo que resulta improbable.
Resulta bastante misterioso el hecho de que , aun cuando ansiamos la verdad, la primera reacción cuando finalmente damos con ella sea el recelo y la hostilidad, quizá porque su ámbito pertenece a un yo interno que se va degradando y traicionando en el diálogo con la sociedad, pues en comunidad empieza a fraguarse lo falso, y aunque el tópico es que “dato mata relato”, resulta frecuente oponerse a una verdad pero imposible resistirse a un relato. Mas allá del pensamiento catastrofista o del margen de discrepancia que cada uno quiera mantener, lo cierto es que una apatía invisible se cierne sobre nosotros no sólo inhibiéndonos ante los problemas del mundo sino generando un extraño cansancio hacia nosotros mismos. Cuando nos sentimos víctimas de la maldad del hombre, el desasosiego nos revela cómplices de ese mal y entonces nos volvemos pasivos, convencidos de que todos los conflictos tienen su cau-
En la comunidad local de hace 20 o 30 años era posible conocer gente real para hablar de lo que quisiéramos en contraste de pareceres y exponer opiniones di11 ferentes sin empujarnos a la colisión. En nuestro presente el antagonismo ideológico se torna en conflicto de identidad: la ideología ya no es una herramienta válida ante la falta de un sentido de sociedad mas ecléctico y generoso, y si esquivamos el trato con algunos amigos para evitar una discusión sobre política u otros asuntos, percibimos que se ha reducido nuestro grado de paciencia al escuchar opiniones distintas de las nuestras o de pronto nos vemos exponiendo opiniones ideológicas iracundas y dogmáticas, nos dirán vulgarmente que estamos polarizados. En realidad lo que ocurre es que en el capitalismo anímico de trivialización y banalidad del bien, de hiper-politización, hiper sentimentalismo, hiper egotismo y de imagen multiplicada, la viralidad de internet se alimenta de nuestros anhelos con una pasmosa credulidad que a su vez tiene mucho que ver con tomarse todo al pie de la letra.
Segundo.- Ante el comportamiento acelarado inducido por la vorágine laboral y social las palabras se muestran esquivas o sencillamente no las hay porque el silencio lo dice todo. No existe una manera correcta de mantener una conversación acerca de cuestiones serias, dolorosas o vergonzosas, pero sí hay varias formas incorrectas. La escucha requiere atención y ante la duda siempre es mejor preguntar y comprobar si hemos entendido algo. La negación o tergiversación de la realidad está siempre a la vuelta de la esquina: la verdad no cambia, pero la verdad considerada es mejor. Mientras llega el momento de esa conversación que nos enfrenta a las adversidades de la vida sólo podemos pensar no rehuirla porque buscar el momento perfecto no es más que una excusa para posponerla. Tercero.- La vida es un gran teatro donde interpretamos un papel tomándonos muy en serio cuando invariablemente vamos a morir. Cada uno de nosotros maneja su version de los hechos y nos enfrascamos en señalar al otro convencidos de determinadas cosas, pero para criticar bien hay que entender la contradicción y la complejidad de los matices ; no existe la víctima perfecta, sino la persona cambiante apegada a su particular narración sobre los porqués de cómo somos. Sobre esto he llegado a la conclusión de que las personas que mejor conocemos terminan siendo un misterio para nosotros. Que no las conozcamos no quiere decir que no las queramos. Quizá sea ese misterio lo que sostiene la vida. La recompensa del pensamiento narrativo es siempre emocional a cambio del proceso vivo y cambiante de la moral íntima y su complejo juego de emociones y delicados equilibrios con amigos, rivales, cónyuges, cuñados y amantes; la transgresión queda así absorbida de inmediato por la trama de la vida. Incluso a veces me encuentro con gente a la que pienso que su forma de vivir y pensar le ha moldeado su fisionomía y mirada , hasta plasmarse todo, para bien o para mal, en sus facciones y expresiones corporales.
Esta epidemia de literalidad, que hace desaparecer de nuestras vidas la metáfora, la ironía y el sentido figurado, sólo se puede combatir con la virtud cardinal de una imaginación basada en la soledad buscada, el esfuerzo y la concentración. Frente a la instantaneidad necesitamos perspectiva, profundidad y una especie de parsimonia con criterio propio que renuncie a la actualidad. En el recorrido de la vida por la decadencia que impone la edad, la suerte o el carácter podemos decaer, retirarnos prematuramente, dejar de tener algo que decir, frustrar las expectativas, traicionarnos, repetirnos sin remordimientos, morir antes de tiempo o volver tras un falso retiro para hacerlo peor que antes , pero al menos siempre seremos ignorantes solo que respecto a cosas diferentes: íbamos a la búsqueda incansable del entretenimiento compulsivo cuando lo que ansiábamos era la calma. ¿ Y para qué sirve una conversación cuando todo alrededor se desmorona?
Primero.- Vivir es más perfecto que ser: ante la inmediatez de la conectividad tecnológica tenemos que escucharnos sin ninguna prisa y aislarnos de los agravios polémicos en búsqueda de diagnósticos mas serenos, unas críticas mas meditadas y menos proclives al escaso matiz. Conversar puede ser un arte sobre todo cuando es de calidad y no sabes por dónde te mueves, pero intuyes que llegarás a algún punto interesante. Además, es probable que cambiemos algo de nuestro propio comportamiento más que el de la otra persona. Poco a poco se puede llegar incluso a comprobar que para entender las fuerzas a las que nos enfrentamos hay que familiarizarse con la idea opuesta a la que defiendes, antes que combatirla.
Cuarto.- La vida no puede quedar reducida a la resolución de problemas y gestiones de crisis. Ante el dolor que nos derrumba consumiéndonos en la autocompasión, o nos llena de cólera para buscar ciegamente culpables, hablar más y mejor nos mantiene a flote mientras la vida sigue marchitándose. Qué sucedería en un mundo, o por lo menos en un grupo de amigos, donde las personas se tomasen bien las decepciones y los engaños, las traiciones y la posesión, respondiendo a la tormenta de sentimientos mediante respuestas emocionales mesuradas y comedidas, mediadas por el buen gusto, el vino y una conversación educada.
Antonio Hermosa Periodista
Leer el número
El visor necesita JavaScript. Sin él, el PDF se puede descargar con el botón de arriba.
Cómo citar
Abel Berbel García, «“Tenemos que hablar”», Sala de Togas, n.º 89, agosto 2024, pp. 11-13.
Para un gestor bibliográfico (BibTeX, RIS)
BibTeX
@article{sdt89-2024,
author = {Abel Berbel García},
title = {{“Tenemos que hablar”}},
journal = {Sala de Togas},
number = {89},
year = {2024},
month = {aug},
pages = {11--13},
url = {https://nuevosdt.icaalmeria.com/revista/89/tenemos-que-hablar}
}
RIS
TY - JOUR AU - Abel Berbel García TI - “Tenemos que hablar” JO - Sala de Togas IS - 89 PY - 2024 DA - 2024/08// SP - 11 EP - 13 UR - https://nuevosdt.icaalmeria.com/revista/89/tenemos-que-hablar LA - spa ER -