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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

VIDA COLEGIAL

OBITUARIOS

Sala de Togas n.º 89, , página 45–47

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Texto de las páginas 45–47 del PDF, extraído automáticamente. No se ha podido acotar al artículo, así que puede empezar en el anterior o seguir en el siguiente, y traer cortes de palabra y erratas de lectura; el PDF es el original y es lo que se cita.

Y además...

OBITUARIOS En este último semestre y últimos meses del año pasado nos han dejado los compañeros:

Fallecimientos:

D. José Eduardo Sáinz-Cantero Caparrós (1 de diciembre de 2023) D. Fulgencio Miguel Pérez Dobón (30 diciembre 2023) D. Luis Boraita Murillo (28 de marzo de 2024) Dª Josefa María Martínez Tomás (28 de marzo de 2024)

D. Vicente Esteban Fernández-Capel Baños (28 de mayo de 2024) D. Antonio López Cuadra, (1 de junio de 2024) D. Carlos Cobo Casado (5 de junio de 2024)

El Consejo de Redacción de Sala de Togas y todos los colaboradores de la revista, así como colegiados en general, su Junta de Gobierno y empleados del Colegio trasmiten sus más sentidas condolencias a sus familiares y amigos.

Se admiten obituarios sobre cualquier compañero fallecido sin límite de fechas. Se pueden remitir a ct1057@icaalmeria.com

En memoria de Antonio López Cuadra

Papá, papi, escribir esta carta me va a resultar muy difícil, apenas llevo un renglón y ya estoy llorando. En tantas ocasiones, lo has hecho tú, tantas veces has escrito obituarios, discursos, pregones, cartas al director, que, que menos, que hacer lo mismo por ti, por ti papá. ras escribiéndote todo lo que has hecho por mí, darían para escribir un libro, lo que con tanto éxito hiciste, también en eso fuiste admirable. Lo único que quiero que sepas es que no pasará ni un solo día en el que no me acuerde de ti. Ya desde el cielo papá, te voy a pedir un último favor. Por favor papi, ayúdame a superar tu ausencia, ayúdame porque el vacío que has dejado es demasiado profundo. Te pido perdón si no he sabido o no te he correspondido en tu esfuerzo desmedido sobre mí, pero siempre he intentado ser un buen hijo.

Es imposible a través de una carta expresar todo el amor, todo el cariño, todo el agradecimiento, poder hacer llegar mi más sincera y profunda admiración hacia ti, diría idolatría, pero a pesar de ello, lo voy a intentar. De entrada, quiero pedirte disculpas, porque sé que no voy a estar a la altura, porque además de ser un padre inigualable, también has sido un excelente literato. Quiero transmitirte, aunque me quede la satisfacción de haberlo hecho en vida, lo que has significado, perdón, lo que significas- jamás te irás de mi corazón- para mí. Siempre he tenido en ti a mi mejor amigo, el que más me ha querido, el que más me ha apoyado, siempre dándome sabios consejos, desviviéndose por mí y todos tus hijos, por todos de manera inquebrantable. Cuando he estado enfermo, siempre a mi lado, cuando he tenido algún desengaño con amigo o novietas, siempre a mi lado, cuando he necesitado ayuda en los estudios, siempre a mi lado.

Por último, no puedo ni debo pasar como nos has transmitido tu sentido del humor, cuanto nos hemos reído juntos, cuanto, ¿verdad papá?

Te quiero mucho papá, mucho. Ya sé que la frase “eres el mejor padre del mundo” se repite con asiduidad en la mayoría de las familias, pero es que en esta ocasión no es una frase hecha, es la realidad. Gracias a ti, y a mamá, a la que has querido con locura, has hecho que me sienta un privilegiado, porque me has transmitido lo mejores y más valiosos valores, ante todo, que lo primero es la familia, siempre la familia. Sé que podría pasar horas y ho-

Gracias por haberme dejado el mayor legado posible,una familia que se adora, se apoya y se quiere. SIEMPRE TE QUERRÉ PAPÁ. Tus hijos/as: Rosina, Antonio, Nuchi, Javier y Natalio, y junto a ellos, tu esposa, nuestra madre Rosina. Gracias por tanto papi.

Tu familia 45

En memoria de Antonio López Cuadra Por: Manuel León Periodista

Un adolescente de 15 años escribió un día de 1948, en un examen del Instituto sobre la obra amorosa de Lope de Vega, que era imposible que un mismo hombre hubiera tenido tantos amores a lo largo de su vida: Filis, Amarilis, Camila, Lucinda... y se aprestaba a concluir que los amores de ese Lope eran más convenidos que reales; al finalizar el examen, la maestra le dijo al alumno que se esperara y le explicó que existen en el mundo muchas clases de amor: amor de amigo, amor filial, amor juvenil etc. Ese Instituto era el de Almería, esa maestra era la señorita Celia y ese alumno era Antonio López Cuadra, quien se acaba de ir dando y recibiendo mucho amor. Antonio, abogado, maestro y poeta, se ha ido, pero su memoria permanece entre los suyos y permanece su placa dorada en su vivienda en el pórtico de la calle Real, junto a una de las puertas de la ciudad antigua de Almería, frente a la fuente de los Peces de Perceval. Ese fue el paisaje de su vida, en una Almería a la que quería con locura, de la calle Real al Colegio El Milagro, donde fue profesor de Literatura durante 17 años, como Celia Viñas lo fue de él. Su vida estuvo marcada por la profesora leridana, quien le dio clase durante siete años en el viejo Instituto que fue claustro de los Dominicos, junto a compañeros entrañables como Juan del Aguila, Rafael Castillo, Manuel López Ruiz, Hilarión, Eulogio, Miguel Sáez o Manuel García Ferre, aquel emigrante argentino que inventó el Libro Gordo de Petete. Con ella -con Celia Viñas- se empapó Antonio del poco ambiente cultural que existía en la ciudad, con la lectura de libros, audiciones de radio, excursiones, representando obras de teatro, autos sacramentales de Calderón de la Barca en los que actuaba de paciente Job junto a Beatriz Caparrós, de hidalga. De su maestra querida conservaba Antonio una foto dedicada en las ruinas de Itálica; “Para mi López Cuadra, el tiempo destruye, el corazón evoca”. Antonio López Cuadra evocaba como pocos la Al- mería de su infancia, de su juventud, de su madurez. Aunque había nacido en 1933, junto a la Albufera de Adra, pronto se avecindó en la ciudad que fue suya para siempre. Antonio recordaba a veces cómo estudió en la Graduada y obtuvo el número uno con su profesor José Martínez López, recibiendo de premio un lápiz y una goma de borrar. Estudió Derecho y Graduado Social y en 1982 fue elegido delegado provincial del Ministerio de Cultura. Sufrió la marcha de su hermano Juan, quien fuera un tiempo presidente de la Diputación Provincial de Almería. Antonio dejó escritas varias obras en poesía y prosa: Brisas de siempre; Del Alba a tu sombra; Andalucía al fondo; Celia Viñas y Almería; Un mal viento, el Cortijo del Fraile; y Navegando por el Andarax. Fue también pregonero de la Feria de Almería en 1974 y de la Semana Santa en 1983 y dirigió la revista Sala de Togas del Colegio de Abogados de Almería.

Amigo activo de sus amigos y de gente como el que fuera fundador de la Caja Rural, de Dioniso Godoy, Julio Alfredo Egea o Juan López Carvajal; veraneante temprano de Retamar, después en Aguadulce, donde se ponía el pantalón corto y se sentía libre como el viento, donde escribía y donde conversaba interminablemente sobre su Almería del alma. Lo frecuenté a Antonio en la calle Real, en Aguadulce, en el Círculo Mercantil donde acudía a jugar al dominó, en la calle Palos de la Frontera, en comidas junto al Arroyo de Celín, en bares del Zapillo, en charlas largas, donde Antonio, conversador infatigable, como el deportista que fue en su juventud, era el capitel de la memoria, un tronco con ramas junto a su esposa Rosina, que ha quedado desplegado para siempre a través de sus cinco hijos y su extensa familia. Descanse en paz.

(Foto y texto: La Voz de Almería. Con autorización expresa del autor) 46

FONDO Y COLABORACIONES JURÍDICAS

FRANCISCO GARCÍA MARCOS Catedrático de Lingüística General Universidad de Almería

LOS PERITAJES LINGÜÍSTICOS

1. A modo de ilustración. El caso de Timothy Evans

La convergencia más conocida entre lenguaje y derecho es la que desarrolla peritajes lingüísticos; esto es, la intervención de los lingüistas como expertos en distintas fases de los procesos judiciales, evaluando distintas clases de actuaciones lingüísticas. Hay que decir que esa creencia está avalada por un hecho doblemente lamentable. El 9 de marzo de 1950, Albert Pierrepoint, asistido por Syd Dernley, ajustaron el cadalso en la prisión británica de Pentonville. Unos instantes después Timothy John Evans (1924 -1950) fue ejecutado en la horca. Evans, un galés residente en Notting Hills, había sido acusado de lo que hoy sería violencia machista y vicaria: el asesinato por estrangulamiento de su esposa Beryl y de su hija Geraldine. Había sido él quien el 30 de noviembre del año anterior había denunciado la desaparición de su esposa e hija. Lo contradictorio de sus declaraciones lo llevaron al banquillo con funestas consecuencias. Aunque durante toda la vista insistió en acusar a su vecino, John Christie, quien paradójicamente era el principal testigo de la acusación. El caso es que, mientras

Evans carecía de antecedentes, Christie sí tenía una estimable hoja de servicios delictivos, sobre todo relacionados con el empleo de la violencia física. No obstante, el testimonio de Christie fue aceptado sin mayores objeciones, lo que abrió las puertas del cadalso para Evans. Tres años después se descubrió finalmente que Christie era una asesino en serie, responsable de una lista estimable de crímenes, entre los que figuraban los de sus vecinas Beryl y Geraldine. Evans había sido acusado y ejecutado en falso.

El Reino Unido reconoció su error fatal de manera oficial. Probablemente ahí habría terminado el recorrido del asunto Evans. Solo que en 1987 David Crystal volvió sobre el caso y los entresijos de las declaraciones manejadas en él. David Crystal es el padre de la lingüística aplicada británica, un referente indiscutible a nivel internacional. Las declaraciones de Evans estaban repletas de contradicciones entre sí. Ponían de manifiesto un desconcierto absoluto por parte del interrogado, lo que debería haber hecho dudar de su completa veracidad. En términos lingüísticos actuales, probablemente no habría resistido un mínimo análisis pragmalin47 güístico. Pero, de todas formas, se habría desprendido de una lectura ecuánime de esos documentos, sin necesidad de acudir al juicio especializado de ningún lingüista. Simplemente, era un evidencia que el testigo había sido presionado, que se había desorientado y sentido intimidado y que, por lo demás, había respondido lo primero que se le había pasado por la cabeza. Se trataba de un desafortunado malentendido, o no. Crystal se entretuvo en reconstruir la biografía lingüística del infortunado Evans. Natural de Merthyr, Gales, había pasado parte de su vida fluctuando entre su zona natal y Londres, hasta que en1946 conoció en la capital británica a Beryl Thorley, con la que se casó un año después y tuvo una hija. Esa cambiante identidad idiomática le hacía fluctuar entre el acento galés y el cockney, una variedad coloquial del inglés británico. Por lo tanto, no comunicaba en RP, la pronunciación ejemplar y estándar que, por lo demás, fue la empleada, tanto en los interrogatorios, como durante la vista judicial. Esa caracterización lingüística, por cierto, se ha mantenido en las ocasiones en que la ficción se ha ocupado del caso, tanto en cine como en series de la

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Cómo citar

«OBITUARIOS», Sala de Togas, n.º 89, agosto 2024, pp. 45-47.

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