Los primeros pasos del abogado Pascual Santacruz Revuelta (1871-1953)
Sala de Togas n.º 88, , página 76–84
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RETAZOS DE LA HISTORIA LOS PRIMEROS PASOS DEL ABOGADO PASCUAL SANTACRUZ REVUELTA (1871-1953)
ANTONIO JOSÉ LÓPEZ CRUCES Investigador roartrosis (artropatía neuropática o enfermedad articular neuropática de Charcot, que afectaba a su sistema nervioso central, contrayéndole los músculos de la cara). En su obra, Santacruz dedicará muchos de sus trabajos a los médicos que trataron sus dolencias. En 1908 dedica su libro Plagas contemporáneas. Critica y sátira “Al Excmo Sr. D. Antonio Amat y Rico”, médico–cirujano y catedrático de Patología General de la Facultad de Medicina de Granada, que además de ser su médico, su amigo, protector y consejero, siempre lo trató con paternal solicitud.
Es Santacruz abogado y escritor sin biografía ni antología, al que la crítica no ha prestado la atención que merece. (1) Intelectual de espíritu regeneracionista, de múltiples lecturas e intereses, amante de la justicia ideal, polemista, humorista y satírico en la línea de Quevedo, Larra y Clarín, escribió cuentos, novelas, ensayos y pensamientos breves, así como centenares de artículos en periódicos y revistas de Granada, Huelva, Jaén, Almería, Madrid, Málaga y Córdoba.
Durante el curso 1884–1885 supera dos asignaturas con Sobresaliente y suspende en Geometría y Trigonometría, aunque la aprueba en los exámenes extraordinarios. El curso siguiente estudia dos asignaturas, en las que obtiene un Sobresaliente y un Notable. El 27 de junio de 1886 realiza los ejercicios del Grado de Bachiller, consiguiendo en ambos un Sobresaliente.
No será Santacruz un estudiante universitario al uso. A lo largo de doce años, entre 1886 y 1898, estudiará en Grana-
Retrato del Abogado Pascual Santacruz. En España ante todo (Madrid, 1926). (BALJRC)
Según su partida de bautismo, incluida en su expediente universitario (Archivo General de la Universidad de Granada), fue hijo de Celedonio Santacruz, labrador soriano de Sotillo, y de Micaela Revuelta, santanderina de San Pedro -del Romeral. Nació en Barcelona el 12 de abril de 1871, año de la Exposición General Catalana, y fue bautizado el 16 de ese mes en la parroquia de San Miguel Arcángel. -En el Instituto de Barcelona aprueba el examen de ingreso -el 26 de septiembre de 1881. El curso 1881–1882 pasa a residir en Sevilla, en cuyo Instituto supera con Sobresaliente varias asignaturas. Luego continúa sus estudios en el Instituto de Granada. El curso 1883–1884 se matricula de cuatro asignaturas, que supera con tres Sobresalientes y un Aprobado en Aritmética y Álgebra.
A los trece años queda huérfano de padre y madre y pasa a manos de un tutor que, según confesión propia, le acabará robando. Sus estudios se complicarán por padecer de neu-
Del Archivo General de la Universidad de Granada. gran interés sus artículos en El Defensor de Granada y anuncia a los lectores que desde mayo aparecerán sus Cartas finlandesas. da las asignaturas de las carreras de Derecho y Filosofía y Letras. Agobiado siempre por problemas económicos, se hospedará en humildes fondas y pensiones de las calles Molina de la Corteza, Mesones, Puentezuelas y Fraile. Salvo un Bueno, un Notable y dos Suspensos, en Derecho político y administrativo y Elementos de Hacienda Pública, en su expediente brillan los Sobresalientes, los premios ordinarios por oposición y las matrículas de honor.
En “La Medicina y el Derecho”, del 23 de septiembre, afirma: “A mi juicio, tan necesaria es al médico la Psicología como la Fisiología al abogado”. Si José de Letamendi dijo:
“El médico que no sabe más que Medicina, ten por cierto que ni aun Medicina sabe”, Santacruz dirá: “El abogado que no conoce más que las leyes y reglamentos, tened por cierto que no sabe Derecho”. Por ello cree indispensables los análisis psico-físicos de los procesados y los estudios médico–legales y antropológicos en la carrera juridica.
El 15 de octubre de 1894 solicita al rector ser admitido a los exámenes de gracia a fin de examinarse de la última asignatura de la carrera. Superada ésta, el 30 de noviembre realiza el ejercicio del Grado de licenciado en Derecho, eligiendo el tema “Del juicio por jurados. Critica de la ley vigente”, logrando un Sobresaliente. El Acta del Ejercicio lo firma como Presidente el almeriense Fabio de la Rada y
Delgado, profesor de Derecho administrativo y de Derecho
Romano en la Universidad de Granada, de la que será Decano hasta su muerte.
Hace amistad con el pacense Blas Zambrano (4), padre de la futura filósofa María Zambrano, que tras cursar Magisterio en Sevilla, es desde 1891 maestro elemental. Desde finales de 1898 vive en Granada y en enero de 1900 crea el grupo social La Obra, de la que será subsecretario. En 1901, funda con Andrés Cuadros el periódico X, de tendencia obrerista y socialista, que sólo vivirá seis meses, pues Zambrano pasará a dar clase en la Escuela Superior de Vélez–Málaga.
Entre los profesores por los que sentirá siempre afecto y admiración destaca su catedrático de Derecho Canónico, Andrés Manjón (1846–1923), el fundador de las Escuelas del Ave María. (2)
En su articulo “Lo que es Pascual Santacruz”, aparecido en el periódico X el 20 de febrero de 1900, Zambrano traza un completo retrato de su amigo. En Granada y desde 1894 ha publicado más de 400 artículos. La Universidad lo redimió del servicio militar, honra concedida a muy pocos. Escribe incesantemente y colabora en X con absoluto desinterés y generosidad. Lucha por la existencia en pésimas condiciones, “con noble independencia y fiera altivez” desde las filas avanzadas. Santacruz es “brutalmente sincero, horriblemente franco. Imposible en él la adulación, la sumisión servil, ni aun el prudente silencio.” Sigue Zambrano analizando sus muchas virtudes y no elude mencionar algunos de sus defectos. Aunque algunos lo ven mordaz,
Santacruz “es bromista risueño y sin malicia, unas veces; otras, austeramente y con terrible fiereza, franco. Pero su franqueza es un tributo y hasta un sacrificio que rinde y ofrece a la justicia, no un arma de defensa personal premeditada”. En el número 2 de La Unión Escolar Granadina, de enero de 1901, Zambrano pone al frente de su artículo “Egolatría” esta dedicatoria: “A Pascual Santacruz, sin adjetivos encomiásticos, porque él se los merece todos y yo carezco de autoridad para darle ninguno, dedico este trabajo”.
En atención a su brillante expediente y a su mala salud, la Universidad de Granada lo redime del servicio militar. Por eso dedicará al claustro de profesores de esa Universidad su obra Clínicas de la Historia y Psicología nacional (Almería, 1901).
En los cursos 1895–1896 y 1896–1897 se examina, por Enseñanza Libre, de diversas asignaturas de la carrera de Filosofía y Letras: Literatura y Lengua Latina, cursos primero y segundo, y Metafísica, segundo curso. Quizás por sentir que, dada su avanzada edad, se le hace imperioso trabajar, deja colgadas las asignaturas que le quedan para concluir Filosofía y Letras.
En 1897, con 26 años, publica sus artículos en El Defensor de Granada y lleva su sección “Revista Internacional” (luego “Crónica extranjera”). Entre el 11 de febrero y el 19 de mayo, aborda la guerra greco–turca “de los Treinta Días” causada por la cuestión chipriota. Filohelenista y muy crítico con las ambiciones de las potencias europeas y de Turquía, sigue las tesis del jurista Augusto Pierantoni en Il Progresso del Diritto Publico e delle Gente (1866) sobre el recién nacido Derecho Internacional. El conflicto acabará con la derrota de Grecia. (3)
En su artículo “La obra del Positivismo en el Derecho Penal. Locos y degenerados. La teoría correccional“, del 2 de abril, plantea tratar el crimen con una terapéutica moral y pide que las cárceles, como quería Concepción Arenal, sean enfermerías del espíritu: “El crimen suele renacer como el ave fénix con brutal estímulo del propio madero del patíbulo o de la roja cesta de la guillotina; pero muere irremisiblemente cuando el alma lo arroja fuera de sí misma redimida y fuerte con la conciencia de sus deberes.” Su amigo Ángel Ganivet, autor ya de Granada la Bella (1896), La conquista del reino de Maya por el último conquistador Pío Cid e Idearium español (1897), le ha dado a leer los Ensayos de Montaigne, que lo han deslumbrado. Sigue con
En 1901 pasa a vivir en Almería. Desde ese año y hasta 1907 será catedrático 77
Caricatura de Tovar, en Nobleza obliga, El Cuento Semanal, Madrid, 1908. ción que trazaran los grandes maestros italianos, restauradores del gigantesco espíritu de la antigua Roma legisladora”. Santacruz ha nacido “para combatir en medio de la calle, a pecho descubierto, con todas las grandes mentiras sociales”. Sus estudios jurídicos “nos dan a conocer al maestro de la ciencia del Derecho.”
El abogado David Estevan Gómez reseña el libro en La Crónica Meridional de julio de 1901 en dos artículos titulados “El libro de Santacruz”. En el primero, “Santacruz”, nos aporta un retrato del abogado, del que fue amigo en Granada. La primera vez que lo vio era “un chico alto, moreno, de mirar duro, aspecto arrogante y cuerpo doblado para atrás, medianamente envuelto en una capa azul colgada de los hombros con la menos cantidad posible de arte y de coquetería.” Le dijeron que era brillante y, por sus excentricidades de carácter, su indumentaria y su talento, muy popular entre los estudiantes de Derecho. “Estudiaba y sabía mucho de muchas cosas, hablaba y escribía constantemente sobre doctrinas, autores y hechos que no conocíamos. Colaboraba en los periódicos locales, algo que admirábamos.” Si el Santacruz de 1901 es “hombre circunspecto y relativamente sobrio en la conversación”, de estudiante “era tremendo: hablaba permanentemente, discutía de todo y con todo el mundo, recitaba en voz alta y sonora y con acento airado y campanudo párrafos y párrafos de Castelar, Salmerón, Aparisi y otros grandes oradores españoles.” Tras describir con humor el desorden que observó en su cuarto cuando lo visitó en su hospedaje de la calle Puentezuelas, pasa a caracterizar al actual Santacruz: altruista y revolucionario, literato original, trabajador incansable en cuestiones de cultura contemporánea, Derecho, Historia y Sociología, es “hombre simpático, extraordinariamente ameno, amigo excelente”, algo enfático, “nervioso y pesimista a causa de los muchos dolores guardados en el fondo de su alma”. En la segunda parte de su crítica, “El libro”, Estevan repasa el contenido de sus artículos, que traslucen el espíritu “demoledor y revolucionario”, y a ratos demagógico, de su autor.
Santacruz abre Academia libre de Derecho en la Fonda de Vivas, calle Real 27, donde se hospeda, para dar las asigna- de Literatura en el Instituto de Segunda Enseñanza de la ciudad.
Desde enero colabora en el diario almeriense El Regional: el 15 de febrero, en “Carácter de nuestra época”, escribe: “Preguntad por el mejor abogado y os señalarán al que gana más dinero, que suele ser el más venal o el más sofista”; en el mismo número se publica “Una carta” que le envía la escritora y periodista Carmen de Burgos Seguí, agradeciéndole haberse ocupado de su obra Álbum Artístico Literario; al día siguiente, en “El deber jurídico y el moral. Pensamiento” afirma: “Dicen los sabios que el deber jurídico es exigible y el deber moral no lo es. Yo pienso que dando fuerza coactiva a ciertos deberes morales se evitarían muchas injusticias”; el 4 de marzo dedica “Neurosis” “Al autor de Quitolis, José Jesús García”; el 20 de abril, en “Un episodio de la guerra civil”, narra el lamentable fusilamiento por el general Espoz y Mina de la madre de Cabrera durante la Primera guerra carlista. En agosto, en El Radical, publica el artículo “La cárcel de Almería”, descrita como “un ejemplar vetusto y prehistórico de nuestro sistema carcelario, digno del feudalismo”. Bien está gastar en Juegos Florales, pero la fortuna municipal debería contribuir a hacer más humana la vida de los delincuentes “en ese pudridero, foco de fiebres y semillero de infecciones que se llama cárcel de Almería.” De la tipografía de Fernando Salvador Estrella sale el libro de Santacruz Clínicas de la Historia y Psicología Nacional, que reúne textos de tinte regeneracionista. En el prólogo del volumen, el abogado y escritor republicano José Jesús García Gómez describe a Santacruz como joven temerario, “virtuoso hasta la santidad… rudamente sincero y franco” y, aunque carente de fortuna, ”más laborioso que un sajón,… melancólico y tristonazo”, malhumorado casi siempre. Tras los años de Universidad se alejó desengañado de la ciencia oficial y el título que obtuvo en ella “le pareció un estigma”. Entonces se lanzó al periodismo y a la enseñanza. “La ciencia del derecho atraía su espíritu reflexivo y profundamente serio; su alma incoercible y bravía, apenas se emancipara de la tutela universitaria, siguió la orienta-
El abogado José Jesús García Gómez. (BALJRC)
El abogado David Estevan Gómez (DBA) los sobre Historia, Derecho, Sociología, Política y Literatura. Tras elogiar sus numerosas virtudes, lamenta que un hombre como él, “pletórico de ideas, rebosante de ingenio”, se vea preterido y olvidado por la fortuna. turas de Enseñanza Secundaria y de las carreras de Derecho y Filosofía y Letras. Antes de que Santacruz reciba su bautismo de fuego en el foro, el abogado y escritor republicano Plácido Langle Moya publica en La Crónica Meridional del 19 de enero de 1902 su artículo “Lo especulativo y lo real” para avisarlo de las decepciones que le aguardan en las luchas del foro. En su resplandeciente cátedra de Derecho Santacruz analiza y defiende a su sabor ideas cientificas, sistemas filosóficos y teorías jurídicas: “¡Cuántas lecciones elocuentes habrán salido de los labios de V. a sus alumnos de Derecho político!… ¡Volver por los fueros de la ley hollada, defender la inocencia perseguida, sostener la pureza del derecho conculcado, combatir los desmanes de la ambición y la codicia, ¡qué hermoso y elevado ministerio!” Pero luego vienen “las influencias del poder en los tribunales, los intereses bastardos en todas las esferas, las pasiones malsanas en todos los órdenes.” Entoces se ve “la ley violada, el derecho escarnecido, el abuso entronizado y la maldad victoriosa”. Si alguna vez se logra que venzan verdad y justicia, gracias a probos funcionarios y magistrados, será un hermoso triunfo. “Mas no se entusiasme V. demasiado, mi caro amigo”. Muchos se negarán a pagarle los honorarios. Y cuenta cómo defendiendo de la pena de muerte a un parricida, su familia, pobre y desesperada, le regaló un gallo, que fue entregado al brazo secular de las criadas. Atacado por el Tenorio del gallinero, el gallo huyó y acabó sus días en puchero ajeno. Mejor conformarse con la satisfacción moral que “ver contenida tu oración forense en una humilde gallinácea” que acaban comiéndose otros.
Relámpagos de pensamiento (Málaga, 1909) (BALJRC)
Por entonces, Santacruz guarda inéditas varias obras: Poligrafía (artículos jurídicos, artísticos, sociológicos), Sobre Historia, una serie de vidas paralelas al estilo de Plutarco, la novela El Insociable y los volúmenes de cuentos Tragedias vulgares y De Guerra y de Amor, que aparecerá en El Radical entre el 4 y el 19 de diciembre. Santacruz dedica sus cuentos a diversos amigos, entre los que se hallan Plácido
Langle, José Jesús García o Emilia Pardo Bazán.
En La Crónica Meridional del 3 de julio de 1902, repasa la
“Almería intelectual”. Cita a los poetas Fermín Gil de Aincidlegui, Paco Aquino y Durbán Orozco y no olvida a sus amigos los escritores abogados: Antonio Ledesma Hernández, Plácido Langle, José Jesús García y David Estevan.
Por llevarle la contraria el dominico fray Casto Paradís a raíz de la publicación de su artículo “El desprecio de la filosofía” de La Crónica Meridional del 12 de octubre, Santacruz mantendrá una cortés aunque enconada polémica con él en dicho periódico a lo largo de seis meses, concretamente entre octubre de 1901 y marzo de 1902. Aunque el abogado acordó con el dominico que los más de cuarenta artículos que se cruzaron ambos serían publicados conjuntamente, Paradís se apresuró a publicar los suyos en un volumen. Santacruz, entonces, publica los suyos en Ciencia antigua y ciencia nueva. Polémica filosófica con el P. Dominico Fr. Casto Paradís, que se vende en la librería de Salvador Estrella desde octubre de 1902.
El libro lleva un prólogo de Placido Langle, “D. Pascual Santacruz”, donde afirma: “He visto escribir a Santacruz algunos de estos trabajos y me he maravilado de la extensión de sus conocimientos, de la fecundidad de su imaginacion y de la espontaneidad de sus producciones sin consultar un libro, sin hacer uso de una sola nota, con una facilidad pasmosa, con un dominio perfecto de todas las cuestiones objeto del debate”. Elogia su inagotable erudición, su capacidad para impugnar las tesis de Paradís, su uso de donaires, agudezas y gallardías y su vibrante estilo. Recuerda sus triunfos universitarios y sus colaboraciones en los principales periódicos de Granada, llenas de doctrinas y tendencias radicales que “más de una vez levantaron verdaderas borrascas en las compactas filas de los pusilánimes y los mojigatos”. Trabajador infatigable, en diez años de incesante labor periodística ha dado cerca de mil artícu-
El abogado Antonio Ledesma Hernández (BALJRC)
En “Fronteras del derecho civil y penal”, aparecido en El Radical del 22 de octubre, pide que el contrato de arrenda79
¡Paz a los muertos y justicia a los vivos!”. El acusado mató ejerciendo su derecho a conservar su vida, como hizo el protagonista de la inmortal comedia de Jovellanos El delincuente honrado. Santacruz muestra su erudición al citar numerosos nombres propios y hechos sacados de la Historia de Roma y de España para defender “el hermoso derecho de repeler la fuerza con la fuerza”. Deplorando la muerte de M. G., declara que “hay algo que vale e importa más que el dolor de una familia y las lágrimas de unos seres inocentes, y es la libertad de un hombre y el santo imperio de la justicia.” Luego afea “el recurso de efectismo pueril, de sentimentalidad teatral, preparado por el letrado ilustre que representa la acusación privada trayendo aquí a los hijos menores del interfecto”. El defensor podría también presentar “a una mujer inerme y desolada y a unas cuantas criaturas,… pero no lo hago ni lo haré, porque creo que no lo necesito; yo vengo a este empeño como los guerreros medievales con la fe puesta en mi Dios, que es el Derecho, y en mi dama, que es la verdad.” El informe de
Langle ha sido un informe muerto, como la blanca yegua de que habla La Jerusalén libertada del Tasso.
El 30 de octubre continúa el periódico recogiendo fragmentos de la oración forense de Santacruz: “Yo, que tengo una fe ciega en la rectitud del Jurado; que considero como señaladísima honra pronunciar ante vosotros mi primer informe profesional; que creo que las más grandes conquistas del espíritu moderno son la libertad de conciencia, la igualdad de los impuestos y la creación del Tribunal popular; que os miro y considero como reyes desde ese sitial porque, como decía con admirable frase el malogrado Romero Girón, quien juzga reina y gobierna, que sé por experiencia que jamás os ha engañado vuestro seguro instinto del derecho, confío en que sabréis desprenderos de esa fatal sugestión engendrada en vuestros cerebros por la elocuencia de las acusaciones, atendiendo a esa voz interior infalible que os muestra la verdad, y no cegando ante los magnificos esplendores de la retórica engalanada, especie de imperativo categórico moral caído de las nubes, que os arrastra algun vez a dictar un veredicto condenatorio”. Recuerda los efectos del vino en el imprudente vecino fallecido, culpable de remover “el rescoldo de los odios y de aplicar la mecha, inflamando la pólvora de los rencores” y cuenta que Brahma, el Dios de los indios, cuando plantó la vid, la regó con sangre de un papagayo, un mono, un león y un cerdo, animales que representan en sus actitudes, gestos e instintos los diversos periodos de la embriaguez humana. El matonismo y el alcohol son los dos grandes factores en la comisión de los delitos de sangre en España. Critica a los testigos presentados por la acusación: “¿Qué nos ha ofrecido la prueba testifical en este juicio? Una verdadera clínica moral compuesta por dos incapacitados, tres angelitos irresponsables y cuatro falsarios que mienten de una manera mecánica y casi fisiológica con el mismo cinismo e imprudencia que esas histéricas tan admirablemente descritas en su obra Mal de siglo por el ilustre Max Nordau”, con la pretensión de convencer a todos de que el acusado es “un hombre feroz, inicuo, alevoso, huraño, áspero, un ser atávico en una palabra, digno de ir a parar a un museo de psiquiatría bajo la inspección y el análisis de algún Quetelet o Lombroso.” Recuerda que el Ministerio Público miento de trabajo pierda su carácter feudal, por el bien del trabajador y la justicia, y que la mentira y la mala fe en las negociaciones mercantiles, la simulación y el fraude en las civiles y el voluntario incumplimiento de las obligaciones sean penados con algo más que la mera pena pecuniaria, ya que los deudores suelen declararse insolventes. Al día siguiente publica unos “Cuadros de Derechos del Hombre”. El 26 de octubre El Radical republicano, en su sección “Juicio por jurados, Impresiones”, hace la crónica del tan esperado debut de Santacruz en la Audiencia los días 24 y 25 en juicio por jurados. La causa seguida por homicidio contra A. R. O., tiene por presidente al magistrado don Roberto Santa Cruz, por acusador público al teniente fiscal Manuel Rodriguez de Vera, por acusador privado al “popular criminalista” Plácido Langle y por abogado defensor “el conocido escritor público y maestro de Derecho Don Pascual Santacruz Revuelta, que por primera vez subía a estrados” y que pidió la absolución de su patrocinado por haberse producido el homicidio en legítima defensa. El periódico, que llama a Santacruz “el Sr. Santa Cruz Revueltas”, recuerda las reticencias manifestadas durante mucho tiempo por éste a ejercer el oficio de abogado: “como el que tiene condiciones inmejorables, triunfó ayer de las rebeldías de su carácter y de su miedo y pronunció ante el Jurado una hermosa oración, saturada de doctrina, en la que se reveló como orador fácil, elocuente, admirable.” Luego se critica al juez Roberto Santa Cruz, conocido por el extremado rigor de sus sentencias, que al hacer el resumen de las pruebas, olvidando que era el presidente de la sala, se volvió “implacable acusador del reo, con manifiesto quebranto del deber que a la presidencia impone el art. 68 de la Ley del Jurado”, lo que provocó las quejas de Langle y de Rodríguez de Vera. Le tocó por desgracia a Santacruz oír la “inopinada y briosa acusación de su patrocinado que de los irritados labios de la presidencia salía”. Don Roberto, que deslizó “dejos de mortificante ironía”, faltando el respeto a la labor del defensor, había comenzado así su resumen: “Aquí se han dicho, por una y otra parte, muchos trozos de poesía y si a mí me lo permitiera la ley también los diría”. Cita un pasaje de una célebre zarzuela y recuerda a los miembros del Jurado que en Almería se mata a un hombre “por cualquier cosa: por una mala palabra, por un cigarrillo, por un vaso de vino. Que el crimen aquí tiene caracteres aterradores, y ya es una ola de sangre que amenaza con ahogarnos a todos.” Y censura al acusado, tabernero de profesión, por portar revólver, algo innecesario en su oficio. Bromea también parafraseando el apólogo usado por Santacruz para referirse a los distintos estados por los que pasa un hombre embriagado. El periódico espera que el Colegio de Abogados tome cartas en el asunto. El 29 de octubre El Radical titula la sección de Tribunales “Juicio por jurados. Fragmentos de la brillante oración pronunciada por el Sr. Pascual Santacruz en defensa del reo A. R. O. el 24 del corriente”, lo que nos permite escuchar el estilo oratorio usado por el novel abogado: “Sres Jurados: Al grito de rencor lanzado por la acusación privada pidiendo venganza para el muerto, contesta esta defensa con otro grito más noble, más simpático y más cristiano: 80 horrorizado en la Audiencia la sentencia que condena a su patrocinado, Juan Hoces, a la pena de catorce años por haber roto un cristal para robar un pedazo de carne con que engañar el hambre de una semana. Con indignación, el abogado constata que los jurados juzgan benévolamente los delitos de sangre, pero se muestran inclementes con quienes atentan contra la propiedad privada. reconoció “en uno de esos arranques de noble sinceridad, de hidalga independencia” la licitud de “esta honrada, noble, digna defensa del hogar escarnecido, del honor vengado, de la vida amenazada; muerte dada cara a cara, y valerosamente como la dan los hombres de bien.” No manche el Jurado su gloriosa historia condenando a un hombre honrado, dejando a cuatro inocentes sin padre “en un hogar frío, sin pan y sin amor”.
Por entonces, Santacruz se lamenta por carecer de medios económicos, pues querría publicar sus novelas Juan Humano y Guerra en el mundo, el folleto Super–hombres y hombrecillos y Odisea de un escritor en Madrid. El 10 de julio de 1905 publica en La Crónica Meridional una reseña de la novela del abogado Antonio Ledesma Hernández La nueva salida del valeroso caballero don Quijote de la Mancha, a punto de aparecer en Barcelona. Y afirma: “En Ganivet admiré el talento filosófico y la independencia mental; en Ledesma, la fantasía poderosa y la pluralidad de aptitudes”.
Los días 11, 14 y 16 de julio de 1903, en La Crónica Meridional, su amigo el abogado Antonio Ledesma reseña Ciencia antigua y ciencia nueva. En los Juegos Florales de este año es Mantenedor Miguel de Unamuno, cuya obra sigue de cerca Santacruz, quien el 27 de agosto, en La Crónica Meridional, publica su artículo “Unamuno y los logófobos”, con el que da la bienvenida a la ciudad al rector de la Universidad de Salamanca, al que considera centro de la España intelectual junto con Costa, Menéndez Pelayo y Ganivet. Los días 3, 4 y 7 de diciembre de 1904, publica en La Crónica Meridional el artículo “El Derecho Romano”, en el que, siguiendo las tesis del jurista alemán Rudolf von Jhering, niega que el Derecho Romano sea una antigualla, un cuerpo muerto, pues siempre renace cual ave fénix. Felipe Sánchez Román, catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Granada, lo considera el factor más importante de la legislación histórica española. En 1905 publica En busca del reinado de Cristo. Ensayos e impresiones sobre temas graves en la Tipografía almeriense de Isidro García Sempere, que dedica al claustro de profesores de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada. (5) Interesante desde el punto de vista jurídico es el artículo “¿Reina Cristo? La visión de un cristiano viejo”, que aborda la crisis moral del abogado Gaspar tras escuchar
Pascual SANTACRUZ. Comentarios a una novela de Antonio Ledesma. La nueva salida del valeroso caballero D. Quijote de la Mancha. Tercera parte de la obra de Cervantes. (BALJRC)
En “El Derecho y los abogados”, aparecido en la revista La
Alhambra el 15 de julio, sueña con que llegue un día en que la autarquía moral del ciudadano haga innecesaria la existencia del abogado oficial. El procedimiento, que Montesquieu llamaba garantía de la libertad del ciudadano, embaraza el triunfo de la justicia, “y una justicia tardía es una justicia a medias”. Lamentablemente, la justicia no inspira respeto, sino miedo: “Tiembla el proletario al prestar declaración en los juicios criminales, porque sabe que la noble confesión de la verdad ha de costarle cara por la venganza del cacique. Tiembla el litigante de buena fe, al intentar con su demanda la vindicación de su propiedad menoscabada, porque sabe que los gastos y costas han de agotar el valor de la materia por que litiga. Tiembla el magistrado probo al explicar rectamente la ley, porque conoce por triste experiencia que no es el Tribunal Supremo quien ha de confirmarla o revocarla, sino el poder ejecutivo, disfrazado de Judas Iscariote. Tiembla el legislador al poner mano en la obra reformadora de nuestro anacrónico derecho, porque conoce el feroz misoneísmo de sus legislados.
En busca del reinado de Cristo. Almería 1905 (BALJRC) había cobrado unos cuantos cientos de pesetas, no más, en calidad de honorarios, y del segundo, que mientras fue Jefe de Estado, se hacía servir un cubierto de tres pesetas, en la Presidencia, que de su propio bolsillo abonaba”. Nadie puja por las togas de Antonio Aparisi y Guijarro y Francisco Pi y Margall.
Tiembla el ciudadano al ver su libertad y su vida a merced del Sanhedrín de hombres inconscientes que han hecho del Jurado, como decía Martos, la representación viva del más ciego y funesto despotismo de la ignorancia.” Y anuncia: “Tengo planeado un libro, que (Dios Mediante) publicaré algún día, donde estudio la corrupción judicial y forense en todas sus formas y disfraces”.
En su cuento “Venta de togas”, aparecido en La Alhambra el 30 de enero de 1906, asistimos en una prendería a una subasta pública de una serie de togas con sus respectivos birretes, que pertenecieron a jurisconsultos del siglo XIX. En la puja el subastante va presentando las togas: de un diputado de las Cortes de 1812, “abogado eximio que tomó parte en la discusión del voto de Santiago, de los Señoríos y de la Inquisición”; de un ministro de Isabel II, fogoso orador, que fue dueño del foro español durante treinta años; de un ex ministro liberal especialista en derecho civil (“Este letrado tan ilustre por su talento como por su picardía, solía hacer con sus minutas de honorarios, más daño en el patrimonio de sus clientes que con sus devastadoras correrías hicieran los bárbaros en el imperio occidental”); de otro ex ministro liberal, perito en ciencia canónica; de “un seudo-filósofo enigmático y altisonante orador y propagandista de imperativos, no tan categóricos y éticos como el de Kant, que por un escrito forense de dos ó tres pliegos, juró ad maiorem gloriam rei publicae unos cuantos miles de duros en su minuta de honorarios” (la alusión a Nicolás Salmerón es transparente); de un ex Ministro “que hacía con ciertos destinos y cargos relacionados con su departamento lo que yo estoy haciendo con esta toga”; de otro ex Ministro de Gracia y Justicia, elegido a pesar de ser abogado inédito, “rompiendo una tradición gloriosa, que solo permitía ocupar la honrosa poltrona á jurisconsultos eminentes. Su nombramiento, pues, era en verdad de Gracia, más no de Justicia”; de “un abogado sofista y gárrulo orador, que fue senador por sorpresa y abogado de consumos en Madrid”; de tres magistrados de una Audiencia Nacional, que, “por halagar a un jefe de gobierno, tuvieron el valor de entregar a una aristocrática familia (tan inmoral y codiciosa como aristocrática) la administración de los bienes de un su pariente, supuesto incapacitado”; de un “digno juez, que por proceder criminalmente contra un cacique venal, sufrió tres traslados en un solo año, a Lugo, Soria y las Palmas”; de “un fiscal altruista y pródigo que en el tiempo de un año de ejercicio de su cargo, había pedido y obtenido trescientos sesenta y cinco sobreseimientos en causas criminales, completamente desinteresados y justos al decir de sus amigos y admiradores”. Se subastan por fin dos togas “viejas, arañadas, descosidas, rotas, cuyas crispadas bocamangas pregonaban un glorioso servicio o una incalificable incuria”: la de “un orador elocuentísimo y famoso criminalista, que además se distinguió como poeta y parlamentario” y la de “un publicista insigne (que siendo catalán, escribía en castellano más castizo y elegante que el de no pocos académicos) y probo demócrata, espejo de buenos jurisconsultos y hombres de estado. Se contaba del primero, que por sus trabajos y escritos en largo y dispendioso pleito, en que patrocinaba los derechos de un extranjero acaudalado,
En su libro de 1908 Plagas contemporáneas. Crítica y sátira aparece el artículo “La ética social al comenzar el siglo XX. Diálogo filosófico”, que dedica a su amigo el escritor Ramiro de Maeztu, “cultísimo cronista, honor de la prensa española”. En el mismo, cuyo estilo recuerda los diálogos filosóficos de Blas Zambrano en el periódico X de Granada, Santacruz hace dialogar a sus dos almas: la de Crisófilo, que concibe la historia del Derecho como la historia de la fuerza, y la del idealista y soñador Teófilo, que cree en la justicia, “en la racional y humana más que en la legal y la de los tribunales”, y que admira a hombres como el juez francés Magnaud, que juzga “más allá de la ley y más cerca de la equidad”, del que recoge uno de sus ejemplares considerandos: “No hay delito sin hecho inmoral, y ser desgraciado no constituye una transgresión de la ley”. Acaba Santacruz confesando: “Estos diálogos vienen sosteniendo ha tiempo dentro de mí el Crisófilo de la realidad y el Teófilo del ensueño… Los dos son mitades de un todo, que es mi alma. Los dos parecen sinceros. ¿A cuál debo seguir? ¡No lo sé!”
Plagas contemporáneas incluye entre sus artículos dos que abordan de nuevo el mundo del Derecho: “La plaga de los pequeños delincuentes” e “Historia de un joven como hay muchos”. En éste, de marcado tinte autobiográfico, Santacruz se burla donosamente de sí mismo a través de Juanito Pérez y Pérez, brillante y erudito estudiante de Derecho y Filosofía y Letras: “Juan sabía de memoria las acciones y contratos romanos, los interdictos y servidores, el contenido literal de las leyes Cornelia, Pompeya de Parricidiis, Julia de Falsis y otras muchas; los impedimentos dirimentes en latín, todos los silogismos en Lógica, desde el Barbara hasta el Fresison, algunas leyes de Toro, Partidas y Ordenamiento de Alcalá, y gran parte de los artículos del Código Civil; sobre todo el título del Usufructo, que recitaba en voz alta y con maravillosa exactitud literal a todo el que tenía paciencia para escucharle. Añádase a esto que sabía de memoria también las circunstancias agravantes y la tramitación de las competencias por inhibitoria, y se comprenderá el alto predicamento que gozaba entre maestros y discípulos, y su sólida reputación estudiantil, reflejada en una brilante ejecutoria de treinta y dos sobresalientes”. En realidad, Juanito es “un perfecto ignorante disfrazado con el pintoresco traje de papagayo científico. Ciencia al uso, ciencia genuinamente española, con su inútil palabrería, sus arcaicos tópicos, su medieval metodología y su bárbaro empirismo rutinario, ciencia unilateral que se dirige sólo a la memoria y convierte a los que aprenden, por obra y gracia de los textos universitarios, en fardos atestados de palabras ajenas: ingenios hinchados y hueros y payasos académicos que en lugar de empuñar con mano firme el cetro del saber, agitan, según la frase de 82 bro que pronto se hizo famoso. Era una pintura descarnada, valiente, implacable de la comedia judicial.” (7) Como José Jesús García, que confesó: “Mi profesión de abogado me asquea. Por este lado se ve un pedazo de vida demasiado repugnante” (8), Santacruz se desilusionaría muy pronto de la práctica de la abogacía. Por sus frecuentes crisis nerviosas, debió de pensar que le convenía más entregarse al periodismo y a escribir cuentos, ensayos, novelas, crítica de libros y pensamientos breves. Por lo que conocemos de la vida de Santacruz posterior a su marcha de Almería en 1907, juraría que el Derecho no volvió a ser en adelante el centro de su vida. Parece confirmárnoslo Rafael Castejón y Martínez de Arizala, que en su contestación al discurso de ingreso de Santacruz en la Academia de Bellas Artes y Nobles Letras de Córdoba el 1 de enero de 1940, afirma: “Una vez formado espiritualmente, Santacruz, a pesar de su título de Abogado, elige la profesión más romántica, desprendida y generosa de nuestro siglo, la más difícil de todas; precisamente por los escollos de que está sembrada: la del periodismo.” (9)
Montaigne, con pueril desenvoltura la vara de cascabeles de bufón.” Naturalmente, Juanito fracasará como abogado y también suspenderá las oposiciones a Notarías. En su novela de tinte autobiográfico Gaspar el temerario (6) Santacruz recrea en episodios semifantásticos lo que ha sido hasta entonces su vida, tal como recreó la suya su amigo el abogado Antonio Ledesma en su novela Canuto Espárrago (Almería, 1903). De Gaspar, el protagonista, se nos dice: “Los repetidos reveses que la realidad hacía sufrir a sus sueños; los desengaños a granel que recibía su ingenuidad; las malas pasiones de algunos de sus compañeros de toga, que clavaban a diario los alfilerazos de la mordacidad en una conducta harto elevada para ser bien comprendida; los exiguos rendimientos que le producían sus labores; la conspiración que contra su buen nombre tramaban difamadores y envidiosos no le hicieron retroceder un ápice en su heroica campaña. ¡Era inútil! ¡Iría hasta el fin! Llevaba dentro de sí su propio juez y éste le alentaba en sus propósitos y con entusiasmo le aplaudía. Gaspar, no contento con trabajar en el foro y en la prensa periódica, dedicóse con ardor a la crítica y dio a luz un li-
NOTAS
(1) Cf. José Ramón Cantalejo Testa en “Juristas almerienses. Pascual Santacruz Revuelta”, Sala de Togas, núm. 54, noviembre de 2005, págs. 82–91. (2) Cf. “Legajo de cartas. De un estudiante a su padre”, en La Unión Ilustrada de Málaga, núm. 63, 27 de noviembre de 1910. (3) Cf. Carlos Martínez Carrasco:“Documentar la guerra. Las crónicas de Pascual Santacruz sobre el conflicto greco-turco de 1897”, Estudios neogriegos: Revista científica de la Sociedad Hispánica de Estudios Neogriegos, Universidad de Córdoba, núm. 21, 2022, págs. 57-83. También siguió de cerca la contienda greco–turca el abogado almeriense Antonio Ledesma Hernández, que ganó en los Juegos Florales almerienes de 1897 la flor natural con Canto a Grecia, de inspiración byroniana. (4) Cf. F. López Casimiro: “Blas Zambrano, un pedagogo regeneracionista francmasón en la Granada de entre si- glos”, en Ferrer Benimeli (coord.) La masonería en España, Toledo, 1996; Blas Zambrano: Artículos, relatos y otros escritos. Introd., ed. y notas de José Luis Mora, Diputación de Badajoz, 1998. (Hay edición de esta obra en: φÑ Proyecto de Filosofía en español@2001 filosofia.org.)
(5) Santacruz dedica muchos de los artículos del libro a profesores de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada: Agustín Hidalgo Pérez, catedrático de Derecho procesal, Teoría de los procedimientos y práctica forense y Redacción de instrumentos públicos; Juan de Dios Vico y Brabo, catedrático de Derecho Político; Manuel Torres Campos, catedrático de Derecho Internacional Público y Privado; Pablo Peña Entrala, catedrático de Historia y elementos de Derecho Romano y de Elementos de Derecho Natural; Jerónimo Vida y Vilches, catedrático de Derecho Político y Administrativo; Eusebio Sánchez Reina, catedrático de Historia General del Dere- cho Español; Ramón Guixé y Mejías, catedrático de Economia Política y Estadística y Elementos de Hacienda Pública; José Manuel Segura Fernández, catedrático de Derecho civil, Derecho Romano e Historia del Derecho; Andrés Manjón y Manjón, catedrático de Instituciones de Derecho Canónico; Antonio Díaz Domínguez, catedrático de Derecho Mercantil; José Martos de la Fuente, catedrático de Derecho Civil, y Francisco de Paula Leal de Ibarra Orozco, catedrático de Derecho Penal. (6) Publicada en dos tomos en Málaga en 1914, apareció desde su capítulo XVII en la revista La Unión Ilustrada de Málaga entre el 4 de enero de 1914 y el 20 de junio de 1915.
(7) Del capítulo XVII de Gaspar el temerario, La Unión Ilustrada, Málaga, 4 de enero de 1914, págs. 234–235. (8) “Sin pies ni cabeza”, Cabezas parlantes, El Radical, 12 de mayo de 1909. (9) Boletín de la Academia de Bellas Artes y Nobles Letras de Córdoba, núm.
JOSÉ RUIZ FERNÁNDEZ Investigador y Escritor
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Cómo citar
«Los primeros pasos del abogado Pascual Santacruz Revuelta (1871-1953)», Sala de Togas, n.º 88, diciembre 2023, pp. 76-84.
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