¿Si es sí o no esno? Puede que sí, puede que no. Agresiones sexuales, sus juicios y prejuicios, en el cine
Sala de Togas n.º 87, , página 101–104
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Cinefilia
¿SÍ ES SÍ O NO ES NO?
PUEDE QUE SÍ, PUEDE QUE NO. AGRESIONES SEXUALES, SUS JUICIOS Y PREJUICIOS, EN EL CINE Por Rita María Sánchez Molina Colegiada 1740
El Séptimo Arte es un retrato certero de la sociedad en cada momento histórico. Las películas que tratan este delicado tema radiografían la sensibilidad, los prejuicios e incluso la misoginia reinante en el acervo comunitario y casi siempre destilan una moralina que corresponsabiliza a las víctimas de su desgracia empatizando, o no, con la doble victimización que padecen por la incomprensión e incluso el reproche social. Nos centraremos en los filmes “con juicio”, basados en hechos reales o de trama criminal.
No he encontrado en San Google ninguna película producida durante la mágica etapa del cine mudo en la que, en contraste, los abusos sexuales ocurrían en el mundo del espectáculo con naturalidad y frecuencia inusitadas, aunque eran sistemáticamente silenciados. No fue el caso del famosísimo actor Roscoe “Fatty” Arbuckle quien, tras varios días de fiesta en un hotel, fue acusado de violar con una botella y provocar la muerte a la aspirante a actriz Virginia Rappe. Después de dos juicios nulos, con continuas portadas señalándolo como culpable en los periódicos de W. R. Hearst, fue absuelto en un tercer juicio. El veredicto, acompañado de una disculpa sin precedentes por parte del jurado, no pudo impedir la destrucción de su carrera y su persona, todas sus películas fueron prohibidas, cayó en el alcoholismo y murió once años después. En 1922 los principales estudios de Hollywood se agruparon en torno a una asociación de productores para autorre-
El cartel español de "Acusados" (1988) resume en uno de sus subtítulos la realidad histórica de la violación: "el único crimen donde la mujer tiene que probar su inocencia".
La equidistancia entre las distintas versiones sobre el hecho enjuiciado marca la narrativa de "El acusado" (2021). gular el funcionamiento interno de sus empresas. Su presidente, el ex ministro republicano William Hays, redactó el celebérrimo código moral al que se vio sometida la industria cinematográfica estadounidense entre 1930 y 1967. El Código Hays prevé literalmente respecto a la violación: “en este tema, las escenas nunca deben aventurarse más lejos que de la alusión, y esto únicamente cuando la trama no pueda evitarlo. Estos temas nunca deben ser objeto de una descripción precisa. Incluso la descripción de la víctima debatiéndose contra una violación está prohibida”. En este contexto no es de extrañar la relativa “escasez” de títulos que aborden tan espinosa cuestión y más teniendo en cuenta la absoluta hegemonía de la meca del cine durante ese período en la producción cinematográfica mundial. La cinta más temprana con este argumento es “Chantaje” (Blackmail, Alfred Hitchcock, Reino Unido 1929), un thriller que nos pone en la piel de Alice -Anny Ondra-, una víctima de violación que acuchilla a su asaltante, un joven pintor de gran talento al que ella accede a acompañar a su estudio. Concebida y rodada como una película muda, poco antes de su estreno se volvió a rodar para presentarla con sonido. El mago del suspense aprovechó parte del metraje ya grabado, rodó nuevas escenas con técnicas insólitas y estrenó la primera película sonora de la historia de Inglaterra. Moraleja: No te metas en la boca del lobo/casa de un hombre soltero.
Ida Lupino detrás de la cámara. En 48 años de carrera actuó en 59 películas, escribió innumerables guiones y dirigió 8 filmes y más de 100 episodios de TV.
Lee Remick destila sensualidad recostada en su sofá en una secuencia de "Anatomía de un asesinato" (1959).
En “La acusada” (The accused, William Dieterle, USA 1949), notable ejemplo de cine negro en clave de drama judicial, la profesora protagonista encarnada por Loretta Young, que por entonces rodaba siete u ocho películas al año y acababa de ganar el óscar en 1947, mata a uno de sus alumnos que la ataca sexualmente. Dieterle sortea con tino la doble prohibición del código Hays, retrata violación y crimen y justifica el homicidio en defensa de la propia “honra”. Vista con los ojos de hoy, desprende un tufillo machista ya que si no es por el policía que se enamora de ella –un auténtico acosador interpretado por un engolado Robert Cummings- ahorcan a la violada, pues ella solita se incrimina a las primeras de cambio. Moraleja: Sé antipática y distante con tus alumnos o atente a las consecuencias.
La década de los setenta experimenta una banalización del hecho delictivo que se ve reducido a adorno de una trama que trata sobre otra cosa o excusa para el lucimiento de bellas mujeres en estado de sumisión. En “Crónica de una violación” (Dupont Lajoie, Yves Boisset, Francia 1975) la agresión sexual con muerte es un insignificante pretexto para hablar de la incipiente xenofobia francesa, gracias a la cual un libidinoso y acomodado burgués escurre el bulto a costa de unos trabajadores inmigrantes árabes. A sus tiernos 21 añitos Isabelle Huppert es violada por primera vez en la pantalla grande (en 2016, sesentona ya, repitió trasunto bajo la atenta mirada de un gato) en una horrible escena rodada con tal crudeza y realismo que daña la vista con su voyerismo autocomplaciente. Moraleja: cuidadín con el topless y las cremas solares.
“Ultraje” (Outrage, Ida Lupino, USA 1950) arranca con un plano cenital en el que una mujer aparece dando tumbos por una calle, la cámara la sigue mientras vemos los créditos iniciales. Con esta elegante elipsis en clave de cine negro se introduce el ataque que sufre la protagonista interpretada por Mala Powers. En 1950 Ida Lupino era la única fémina que dirigía películas en Hollywood, quizá por ello presenta a la mujer como víctima de una doble agresión, la de su violador y la del sistema. Y no la corresponsabiliza, ni en todo, ni en parte. La agredida, superada por la presión del entorno, huye de su familia, de su novio, de su cotidianeidad, vencida por la doble moral de una comunidad hipócrita donde los ofendidos acaban sintiéndose culpables. Su desarraigo, su anhelo de desaparecer, de ser otra persona diferente, son parte de una condena autoimpuesta. Moraleja: No salgas sola de noche.
Y la regulera aunque glamurosa “Lápiz de labios” (Lipstick, Lamont Johnson, USA 1976) se sube al carro de la erotización del delito amarrando con preciosos pañuelos de seda a la supermodelo más famosa del momento, Margaux Hemingway, la sobrina de Ernest, una real hembra para cuyo lanzamiento como actriz Dino de Laurentis produjo este film que obtuvo poca taquilla y críticas feroces. Una vez más, la secuencia de la violación nos deja ávidos de una justicia que no se alcanza en el proceso judicial posterior pues, con argumentos insultantes tanto para la víctima como para el espectador, el violador queda impune y la víctima desmadejada. Sólo el afán de proteger a su hermana pequeña –real y ficticia- del reincidente lascivo despierta la furia y sed de venganza de la protagonista, que luce divina de la muerte con su vestido de noche rojo y su fusil. Anne Bancroft lo borda, como esforzada fiscal en el primer juicio en busca de una condena que no llega, y como abogada defensora de la víctima erigida en victimaria en el segundo. Moraleja: La misma desde 1929.
Un auténtico clásico y pedazo de dramón judicial, con guion milimétrico, excelentes interpretaciones y música de Duke Ellington es “Anatomía de un asesinato” (Anatomy of a murder. Otto Preminger, USA 1959). Gran parte de la intriga gira en torno a la ropa interior de la presunta violada, una frívola, sexy, descarada y muy seductora Lee Remick. El metraje incorpora a los diálogos palabras por entonces vetadas (esperma, putón, anticonceptivos, etc.) aunque usuales. La tensa y constante ambigüedad deliberada continúa tras el veredicto lo que plantea serias dudas sobre la eficacia judicial frente a la dualidad de la verdad y la mentira. Aunque un pelín larga, es todo un peliculón. Moraleja: Hagas lo que hagas, ponte bragas.
Sin dejar la pertinaz traslación de culpabilidad, pero incrementando el oprobio con la violación en manada destaca “Acusados” (The accused, Jonathan Kaplan, USA 1988), basada en la agresión que sufrió en 1983 Cheryl Araujo, violada en una ciudad de Massachusetts sobre la mesa de billar de una taberna por seis hombres, ante varios más que jaleaban a los agresores. En la cinta, una portentosa Jodie Foster, borrachuza, bailonga y con antecedentes varios, es violada por tres hombres sobre una máquina de102 pinball sin que nadie de los presentes la ayude, aunque es aún peor la segunda violación grupal, la que se perpetra durante el juicio en el que de víctima pasa a acusada, provocadora y causante directa de la violencia. A pesar de su empeño, la fiscal –una estupenda Kelly McGillis, que por cierto fue asaltada y víctima de violación en su hogar en 1982- no consigue la condena. En un segundo juicio por complicidad se remedia apenas la injusticia. La prodigiosa Jodie, gracias a su extraordinaria interpretación, se llevó, entre otros, los premios Óscar, Bafta, Globos de Oro y David di Donatello. Moraleja: Si bebes y bailas, y encima coqueteas, te mereces lo que te pase. Este convulso y palpitante siglo XXI parece haber traído al drama judicial “con penetración” un paradigma acorde a los nuevos tiempos del actual feminismo, generalizado a la vez que fragmentado y de difusión geográfica muy distinta, desde el hollywoodense movimiento #me too a la policía religiosa islámica que vigila y reprime especialmente a las mujeres en Afganistán, Arabia Saudita, Irán, Malasia, Nigeria y Sudán. Con un notable incremento de féminas directoras y guionistas, el mundo del cine refleja el reposicionamiento de ambos sexos en sus respectivos roles, antaño marcados desde el nacimiento y cada vez más difusos y menos estables.
Destacan dos recientes películas bien diferentes. Por un lado, la tunecina dirigida por una mujer Beauty and the Dogs (Aala Kaf Ifrit <La belle et la meute>, Kaouther Ben Ania, Túnez 2017) narra con buen pulso una escalofriante historia real: en septiembre de 2012, Meriem Ben Mohamed fue acusada de “indecencia” tras denunciar a dos agentes de policía por violación. La cinta logra transmitir la angustia y soledad de la víctima frente a todo el sistema policial y judicial del país árabe supuestamente más avanzado. Mariam Al Ferjani logra meterse en la piel de esta joven que sólo quería disfrutar de una noche bailando en la discoteca con sus amigas, su excelente interpretación trasmina el heroísmo de esta estudiante que soportó innumerables presiones, coacciones, amenazas, insultos y agresiones y, a pesar de todo, logró llegar hasta el final. Los policías fueron condenados a 15 años de prisión. Y, de otro lado, el cine francés nos regala una interesante producción. Estrenada en España como “El acusado” (Les choses humaines, Yvan Attal, Francia 2021) su título original, las cosas de la vida, ya nos da una pista de esa equidistancia en ocasiones cómplice que la narración guarda en todo momento respecto de los hechos enjuiciados. El acusado es un niñito de papá, hijo modélico a ojos de sus adinerados padres, que veja a una muchacha -Suzanne Jouannet en la ficción- por pura diversión. La película reflexiona sobre la complejidad de las relaciones sexuales y el concepto de consentimiento a través de una narrativa fragmentada, a la vez que hace una defensa de la imparcialidad del derecho. Esa postura anfibia, esa calculada falta de posicionamiento, favorece la progresión dramática y mantiene el interés del espectador pero puede resultar irritante pues, en cierto modo, exonera al autor y traslada la culpabilidad del hecho delictivo al entorno familiar y social. Y hasta aquí esta crónica crítica completamente arbitraria. Nos vemos en el CINE.
Ni siquiera su fascinante glamur pudo evitar la prematura muerte de Margaux Hemingway por sobredosis de barbitúricos a los 42 años.
Mariam Al Ferjani encarna el sufrimiento y la determinación de la estudiante violada en 2012 por dos policías en la película dirigida por la tunecina Kaouther Ben Ania "La belle et la meute" (2017).
HELADO CHEESECAKE: “FRESQUITO PARA EL VERANO”
Recetas colegiales
Por: Josefa Sánchez Montoya Cda. 4153
Ahora que viene el calorcito, que mejor que un helado fresquito que se mezcla con el sabor de un postre como es la tarta de queso. INGREDIENTES:
- 10 fresas congeladas
- 75 gramos de queso tipo Burgos. - 100 gramos de queso mascarpon - 1 cucharada de miel.
- 6-8 galletas tipo María o las que prefieras. - 8 fresas naturales.
Aspecto del resultado. Puede adornarse. (De la autora)
ELABORACIÓN
Primero trituras las fresas congeladas junto con los quesos y la miel.
En un recipiente incorpora la mezcla y añade las galletas en trocitos pequeños junto con las fresas naturales también cortados en trocitos.
Con una espátula mezcla bien los ingredientes y mételo en el congelador durante 5-6 horas aproximadamente.
Recuerda: antes de consumirlo, sácalo del congelador unos 5-10 minutos antes.
LOS JUICIOS DEL SIGLO XX EN ALMERÍA
Libros de autores almerienses
Por: Carmen López Saracho Cda. 2163
Por: Luis Miguel Columna Herrera Editorial Círculo Rojo
Luis Miguel Columna, ni en los ratos libres deja su pasión por el derecho. Fruto de ello es el interesantísimo trabajo que realiza en el libro Los juicios del Siglo XX en Almería. A través del mismo analiza con una esclarecedora exposición las principales sentencias dictadas en los procedimientos sobre hechos que se enjuiciaron en el
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Cómo citar
«¿Si es sí o no esno? Puede que sí, puede que no. Agresiones sexuales, sus juicios y prejuicios, en el cine», Sala de Togas, n.º 87, julio 2023, pp. 101-104.
Para un gestor bibliográfico (BibTeX, RIS)
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