OBITUARIOS
Sala de Togas n.º 87, , página 43–45
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OBITUARIOS En este último semestre y últimos meses del año pasado nos han dejado los compañeros:
Fallecimientos:
Melchor Ramírez Ramírez, (Cdo. 632): 20 diciembre 2022 José Javier Miguel Ortiz, (Cdo. 1.763): 7 mayo 2023 Francisco David Ruiz Ventaja, (Cdo. 3.488): 24 de junio 2023 El Consejo de Redacción de Sala de Togas y todos los colaboradores de la revista, así como colegiados en general, su Junta de Gobierno y empleados del Colegio trasmiten sus mas sentidas condolencias a sus familiares y amigos.
Se admiten obituarios sobre cualquier compañero fallecido sin límite de fechas. Se pueden remitir a ct1057@icaalmeria.com
En memoria de J.J. Miguel Ortiz
Abogado, Escritor y Político de la Transición Por: José Luis Godoy Ramírez. (Cdo. 1.763): (7 mayo 2023)
«Méteme, Padre Eterno, en tu pecho/ misterioso hogar, / dormiré allí, pues vengo deshecho/ del duro bregar». Epitafio de Miguel de Unamuno
Me resulta extraño escribir de mi amigo José Javier en estas circunstancias. El romper la forma de nuestra relación, esa fórmula verbal, de conversaciones sobre presente y futuro (y algunas cosas del pasado, porque nuestra relación data ya de muchos años). La primera vez que nos vimos me cayó bien; era en esas largas esperas de pasillo de los juzgados, en donde se entablaban conversaciones con los compañeros, sobre todo en las asistencias a los detenidos del turno de oficio. Alguna vez nos habíamos mirado en la distancia, hasta el momento de comenzar una conversación, que ya no recuerdo, quizás por motivos banales, quizás impulsados por el tedio o por algún tópico, como que nos encontrábamos en “el jardín de la larga espera”. Habíamos coincidido en la época de la colegiación (con el número de colegiado 1763 él, y con el 1759 yo). Nuestros caminos eran convergentes, él con el ejercicio profesional radicado en Berja y yo en Almería, pero unidos por mis idas y venidas a Laujar, y ese partido judicial suyo en medio.
Últimamente hablábamos de que empezábamos a estar cansados del trabajo, aunque fuese una cosa que a él no le 43 dio nunca miedo. Era una especie de hastío -que no era todavía angustia-, que creo que tenía el origen en la edadque veíamos que avanzaba, aunque nos costara reconocer. ¡Teníamos también otros proyectos y podíamos hacer más cosas!.
En realidad, él sí que podía hacer más cosas. Tenía un saber, un conocimiento, del que yo carezco y que, tal y como decíamos cuando bromeábamos, le permitía abandonar la profesión, en pos de su afición más destacable: la música.
OBITUARIOS
Yo lo envidiaba -en la medida que se puede envidiar a un amigo- porque él podría ir a cualquier sitio para buscarse la vida con su guitarra, aunque fuese en una calle de Nueva Orleans, pongamos por caso (donde además podría disfrutar de su afición por el jazz). Y ese conocimiento de la música lo proyectó en múltiples facetas. Una de las mejores, y de la que podía disfrutar yo tranquilamente en mi ignorancia, era la habitación de música de su casa o el patio adyacente al mismos, en donde ensayaban los de su grupo (todos de Berja normalmente), y cuyo último denominador común era “Los Navegantes”. También se admitía cualquier tipo de aficionados. Yo me limitaba a disfrutar de su generosidad tomado cerveza y escuchando conversaciones de música en la que poco podía participar.
Tal situación llegó a su máxima expresión popular cuando la antigua nave que tenía en comandita se convirtió en “La Nave de Mo” donde, de manera más “profesional”, se podían escuchar otros grupos venidos de fuera y, de nuevo, se convertía en un espacio musical abierto para todo aquel que quisiera participar. Célebres (por lo menos entre los amigos) fueron también sus conciertos en Clasijazz, y en los que la “soldada” se destinaba a una obra benéfica. Obviamente porque todos los del grupo así lo querían también. Siempre se supo rodear de buenos amigos, y todos los que lo conocían lo apreciaban. Una de las cualidades básicas que lo adornaban era ser buena persona, punto de partida para cualquier relación fructífera. Este pasado mes, el de las flores, sus amigos hemos perdido una parte de nosotros, una persona que nos aportaba algo positivo a nuestras vidas. Ahora el mundo es un poquito peor. Intentado hacer de todo ello algo positivo me queda el congratularme -como estoy seguro que algunos otros- de haber disfrutado su amistad, que significaba recibir cariño generosamente. No sé muy bien que es la trascendencia, no sé precisar muy bien en qué consiste, pero mientras mi aliento lo permita, estará en mi su recuerdo y formará parte de mi memoria. Ni que decir tiene que esa personalidad suya se proyectaba sobre todo lo que le rodeaba: familia, trabajo … No puedo imaginar el dolor que ha supuesto su pérdida para Rocío, para sus tres hijos y para el resto de su familia (padres, hermanos, …..) por este triste suceso. Mi conmovido sentimiento de apoyo y respeto para todos sus deudos. Nota: Una “Historia universal de la infamia”. No puedo concluir este recuerdo sin hacer mención a que, frente a las múltiples cualidades que adornan a unos, hay otros que, como ejemplo de la baja calidad profesional -que siempre se corresponde con su cualidad del personaje bufo- mientras se llevaba a cabo el sepelio, elaboraba un escrito solicitando que se requiriera a los herederos para que se personaran en las actuaciones en las que era parte legitimada; actuaciones, por ende, con más de siete años de recorrido, acompañados -como no puede ser de otro modo- de escritos y recursos numerosos, reiterativos y de baja calidad narrativa -y aún intelectual- y, obviamente, de poco fundamento jurídico. Como trasunto de estos escri- tos hay otros, aún más oscuros, de los que emana un crédito que reclama el infausto personaje (¿o eran dos de los que se hablaba, puesto que se procrean?) generado por su propia negligencia profesional en daño para su cliente. Quede puesto de manifiesto también la existencia de personajes deleznables en esta andadura por el mundo, a los cuales supo hacer frente con el debido estoicismo. Lo impregnaba todo. de modo que, en lo que a mi respecta, sólo puedo estarle agradecido.
“El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni enmendarla en sus vidas posteriores” Milan Kundera (la insoportable levedad del ser) 44
FONDO JURÍDICO Y COLABORACIONES
FRANCISCO GARCÍA MARCOS Catedrático de Lingüística General Universidad de Almería
LA LINGÜÍSTICA Y LAS CIENCIAS JURÍDICAS, UN ÁMBITO INTERDISCIPLINAR DE APLICACIONES
1. Lenguaje, lenguas y derecho No es la primera vez que escribo (o hablo) sobre el lenguaje y el mundo jurídico. Aún a riesgo de ser reiterativo, considero imprescindible recordar que, antes que la relación científica entre disciplinas, ha existido un nexo consustancial que ha vinculado el lenguaje humano y la práctica jurídica. Para E. Ortega Arjonilla (1996) esa relación era poco menos que ontológica, toda vez que caracterizaba la praxis jurídica como una concatenación de actos hermenéuticos. La transcripción moderna de ese proceso de hermenéusis quedaría a cargo de la semántica, la etnografía del habla o la pragmalingüística, dominios todos ellos desarrollados por la lingüística más reciente.
Ortega Arjonilla nunca andaba desencaminado. En efecto, ese vínculo ha sido continuado e intenso, sin distingos de sociedades ni épocas. La historia documental humana se inaugura con una estrecha relación entre el lenguaje y el derecho. Todo empieza en Sumer, en la Mesopotamia de hace cinco mil años, como recuerda S. N. Kramer (1957). Allí se inventa la escri- tura, la traslación gráfica y permanente de una lengua humana. Su encomienda inmediata, su primera misión, está orientada hacia el mundo jurídico. Se hacen leyes en tablillas cuneiformes que se distribuyen por todas las ciudades de aquella geografía. El soporte escrito resulta crucial, en primera instancia, para la práctica jurídica mesopotámica, pero en última para la propia supervivencia de aquel modelo social. Hay que tener en cuenta que nunca se configuró un estado unitario en el sentido moderno del término. Por el contrario, una ciudad imponía su hegemonía sobre las vecinas en una situación poco menos que sartriana, en permanente amenaza por parte de las restantes que aspiraban a desbancarla y a ocupar su lugar. En ese contexto, y con esa dinámica, disponer de leyes escritas aseguraba la transmisión sin ambages de la voluntad de los gobernantes y, por consiguiente, la inexcusable obligatoriedad de su cumplimiento.
Para solventar con eficiencia esos cometidos surgirán los escribas que, de inmediato, se convierten en figuras fundamentales en aquella sociedad, como sucederá en todas las de la re45 gión. Una de las joyas del Louvre es, justamente, la estatuilla del Escriba sentado, procedente del antiguo Egipto, donde también tenían asignadas misiones vitales. En ambas civilizaciones, la mesopotámica y la egipcia, los escriban eran los especialistas en el manejo de la destreza gráfica; esto es, en la escritura y en los números, que también son representados por primera vez. De ahí se desprende su misión como contable y como redactor/intérprete de textos, con especial atención a los legales.
Por supuesto que desde entonces el capítulo de coincidencias entre las lenguas y el derecho dentro de la vida social no ha hecho otra cosa que incrementarse y diversificarse. Basta tan solo con reparar en que el mundo jurídico se asienta en el dominio de un tecnolecto específico y altamente cualificado, por lo que es imprescindible adiestrarse debidamente en él y dis-poner de la información contextual adecuada para manejarlo. Los textos jurídicos constituyen un género en sí, no pueden estar redactados conforme al libre albedrío de los juristas. Existe un canon establecido para ello, de la misma manera que se cuenta con fór-
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Cómo citar
«OBITUARIOS», Sala de Togas, n.º 87, julio 2023, pp. 43-45.
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