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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

La sátira y su condena

Abel Berbel García · Sala de Togas n.º 87, , página 12–15

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LA SÁTIRA Y SU CONDENA

En el relato mediático se detallaron los escenarios del delito con insistencia y la marea subía a cada hito judicial del caso hasta que la Audiencia Provincial de Navarra emitió sentencia de condena a nueve años de cárcel por abuso sexual con prevalimiento. En la calle se bramaba violación mientras algunos juristas trataban de explicar, entre doctos tertulianos, que tal vez esta desconocida figura jurídica no estaba siendo correctamente interpretada por el vulgo. El Tribunal Supremo aumentó la condena hasta quince años por agresión sexual y violación, con las agravantes de trato vejatorio y actuación conjunta de dos o más personas.

Emile Dukheim llamaba efervescencia colectiva a una carga repentina de energía social que prepara al grupo para la acción y desactiva el juicio individual suspendiendo las normas que rigen la sociedad. En la actualidad esa carga se imanta a través de un feroz moralismo que colisiona con explosiones de información destinadas a captar

El paradigma audiovisual de las nuevas tecnologías y una cultura de masas que patrocina sin censuras el acceso inmediato a los cuerpos está contribuyendo paradójicamente a la des-erotización del sexo, en tanto que su impulso no lo marca el deseo sino la necesidad social de tenerlo. Las aplicaciones digitales son las nuevas herramientas democratizadoras de las relaciones personales a través de contactos on line en los que se exhiben fotos y autodescripciones distorsionando la relación entre sujeto y deseo hasta convertirla en algo parecido a desmontar un reloj para saber qué es el tiempo.

El psiquiatra Jacques Lacan (1901-1981) consideraba el sexo el gran drama de todas las civilizaciones, sin imaginar que su misterio se ahogaría para siempre bajo la ola informativa originada en Pamplona el 7 de Julio de 2016 por una violación conocida por el nombre del chat de whatssapp de los cinco acusados. La prensa dio cuerda a un torrente de clichés convirtiendo un acto atroz en amenaza global que acechaba en cada esquina, mientras el feminismo de masas desbordaba las calles y los prejuicios sistémicos devolvían el desprecio inveterado de los hombres contra las mujeres. La opinión pública quedó erotiza12 la atención y satisfacer emocionalmente sin intención de perdurar, descartando cualquier visión compleja de la realidad y su disenso irónico, propiciando una caprichosa cultura de la cancelación capaz de destruir familias, reputaciones y carreras en cuestión de horas.

Y así brotó la idea: Anónimo García compró un dominio y creó una web llamada el Tour de la Manada (www.tourlamanada.com) que ofrecía falsamente un paquete turístico por Pamplona, el mismo que había salido publicado en prensa hasta teñir toda la ciudad. El recorrido por el Tour era gratuito y para explicitar el absurdo de la web se le ocurrió ofrecer todos los productos exhibidos sin cesar en diarios y televisiones ya hollados por el morbo: desde merchandising asociado a las camisetas, calcomanías con los tatuajes del “Prenda” y cortes de pelo como el de los agresores, hasta alojamiento en los mismos hoteles de su peregrinaje. Como guinda semiótica añadió un logo contra la violencia machista (una mano roja puntiaguda) que el Instituto Navarro de Igualdad había creado para las webs de turismo en Pamplona.

En 2017, dos años antes, Anónimo García había dicho en la web de Homo Velamine: “La Manada es un ejemplo de un mundo guiado por bagatelas y lo peor de la masculinidad”. Sin embargo, todos los medios de comunicación difundieron el tour como algo deleznable, salvaje, morboso, y, pese a que en días posteriores se realizó el desmentido incluyendo los pantallazos con la cobertura mediática criticada y una reflexión sobre la desinformación, ninguno recogió esta nueva versión de la web, dejando la idea errónea de la realidad del tour.

Desde el Área de Igualdad y LGTBI del Ayuntamiento de Pamplona la bola de nieve echaba a rodar en forma de denuncia contra el creador de la web por su voluntad denigratoria de las mujeres y apología de los condenados por abuso sexual, mientras los tentáculos de la cancelación iban adhiriendo sus ventosas alrededor de la ironía. André Gide, en su relato “No juzguéis”, a partir de su experiencia durante varios días oyendo cosas horribles en un jurado popular que asiente con la cabeza y dirige miradas de reprobación a un reo enajenado, aseguraba que en el caso de ser finalmente condenado habría unido sentimentalmente su destino al de los verdaderos criminales. Anónimo sintió la misma corrosión y su tobillo encadenado al de los miembros de la Manada mientras se preguntaba si nadie le había contado a la víctima que el tour no era real. Un escalofrío recorrió su cuerpo pensando que la justicia era una abstracción, que debía tomar su caso como si fuera el más importante, no dejándose llevar por la habladuría callejera, los titulares de la prensa y las trampas procesales colocadas para propiciar una sentencia errónea, mal argumentada o dictada desde el prejuicio. En Marzo de 2018 recibió una citación para comparecer ante los Juzgados de Pamplona por un “delito sin especificar” pensando que la denuncia venía de los cinco miembros de la Manada, puesto que la web del tour los había ridiculizado, o del Ayuntamiento por el uso indebido del logo contra la violencia machista; sin embargo, provenía del Instituto Navarro de Igualdad por un supuesto delito de odio y contra la propiedad industrial. Pese a que el Ministerio Fiscal pedía el sobreseimiento, el Juzgado dictó Auto de procesamiento sin una sola referencia a lo que Anónimo había declarado sobre la falsedad del tour y su creación como sátira del carroñerismo mediático. En “Espejo Público, mientras el periodista exclamaba que daba igual

En el año 2013, un joven que se hacía llamar Anónimo García y varios amigos crearon un fanzine llamado Homo Velamine (“El mono vestido”) para luchar contra el dogma y la auto complacencia en una España cuyo clima ideológico había creado un caldo de cultivo de sometimiento intelectual y credulidad malpensada donde resultaba imposible distinguir la distorsión irónica de una auténtica opinión sobre el mundo. Su método de interpretación de la realidad, autodenominado “ultrarracionalismo”, delataba el absurdo intrínseco de lo que parecía normal al tiempo que caricaturizaba una sociedad que discutía en internet sin diferenciar entre la postura ideológica extrema y su parodia. En realidad, Homo Velamine había creado la revista desde la marginalidad y extramuros de la industria, como una ortiga que no sirve para nada y sólo irrita, poniendo en evidencia los medios de comunicación y expresándose de forma solapada mediante la burla latente en los ojos que supieran verla, aunque tenía un mensaje bien definido: que los medios convertían en producto la desgracia. Entre sus actos, enhebrados por el hilo espinoso de la provocación, se contaban el hacer creer a los medios que un cura y dos monjas habían ido a un congreso de Podemos para apoyar a Pablo Iglesias, lanzar una web falsa llamada DemocrApp con una aplicación de compraventa de votos o colarse disfrazados de hipsters en una celebración del PP en la calle Génova gritando “Ano, Ano, Ano, todos con Mariano”, al tiempo que los allí concurrentes los coreaban. En el epílogo que puso fin al movimiento declararon, con la somarda del humor aragonés de Buñuel y el estilo de un poeta kantiano: “La imaginación produce libertad. La libertad implica soledad. Y la soledad engendra rareza”. En Noviembre de 2018, después de un viaje a Pamplona para visitar a sus suegros, Anónimo García quedó impresionado con la marca del crimen en la ciudad, era tal la cantidad de detalles morbosos que se habían publicado en los medios que casi se podría hacer un recorrido turístico como los de Jack el destripador en Londres. Los escaparates de las tiendas para turistas se inundaban con las mismas camisetas que llevaban los acusados en las fotos que empapelaron las portadas a la vez que cinco muñecos aparecían ahorcados en el puente de Biurdana de Pamplona, coincidiendo con el desarrollo del juicio. En los matinales aparecía el Hotel Europa, donde entraron a pedir “habitaciones para follar”, según las presentadoras de los matinales habían repetido hasta la saciedad con mohín escandalizado, mientras se publicaban mapas interactivos del itinerario de la agresión contándose hasta el número de pasos exactos para llegar desde la Plaza del Castillo hasta el Portal número 5 de la calle Paulino Caballero donde se cometió el crimen. El caso de La Manada se había convertido en un producto patentado y empaquetado que proporcionaba ingresos publicitarios inimaginables a los medios de comunicación y no pocas justificaciones a los oportunistas políticos. la atención y satisfacer emocionalmente sin intención de perdurar, descartando cualquier visión compleja de la realidad y su disenso irónico, propiciando una caprichosa cultura de la cancelación capaz de destruir familias, reputaciones y carreras en cuestión de horas.

Y así brotó la idea: Anónimo García compró un dominio y creó una web llamada el Tour de la Manada (www.tourlamanada.com) que ofrecía falsamente un paquete turístico por Pamplona, el mismo que había salido publicado en prensa hasta teñir toda la ciudad. El recorrido por el Tour era gratuito y para explicitar el absurdo de la web se le ocurrió ofrecer todos los productos exhibidos sin cesar en diarios y televisiones ya hollados por el morbo: desde merchandising asociado a las camisetas, calcomanías con los tatuajes del “Prenda” y cortes de pelo como el de los agresores, hasta alojamiento en los mismos hoteles de su peregrinaje. Como guinda semiótica añadió un logo contra la violencia machista (una mano roja puntiaguda) que el Instituto Navarro de Igualdad había creado para las webs de turismo en Pamplona.

En 2017, dos años antes, Anónimo García había dicho en la web de Homo Velamine: “La Manada es un ejemplo de un mundo guiado por bagatelas y lo peor de la masculinidad”. Sin embargo, todos los medios de comunicación difundieron el tour como algo deleznable, salvaje, morboso, y, pese a que en días posteriores se realizó el desmentido incluyendo los pantallazos con la cobertura mediática criticada y una reflexión sobre la desinformación, ninguno recogió esta nueva versión de la web, dejando la idea errónea de la realidad del tour.

Desde el Área de Igualdad y LGTBI del Ayuntamiento de Pamplona la bola de nieve echaba a rodar en forma de denuncia contra el creador de la web por su voluntad denigratoria de las mujeres y apología de los condenados por abuso sexual, mientras los tentáculos de la cancelación iban adhiriendo sus ventosas alrededor de la ironía. André Gide, en su relato “No juzguéis”, a partir de su experiencia durante varios días oyendo cosas horribles en un jurado popular que asiente con la cabeza y dirige miradas de reprobación a un reo enajenado, aseguraba que en el caso de ser finalmente condenado habría unido sentimentalmente su destino al de los verdaderos criminales. Anónimo sintió la misma corrosión y su tobillo encadenado al de los miembros de la Manada mientras se preguntaba si nadie le había contado a la víctima que el tour no era real. Un escalofrío recorrió su cuerpo pensando que la justicia era una abstracción, que debía tomar su caso como si fuera el más importante, no dejándose llevar por la habladuría callejera, los titulares de la prensa y las trampas procesales colocadas para propiciar una sentencia errónea, mal argumentada o dictada desde el prejuicio. En Marzo de 2018 recibió una citación para comparecer ante los Juzgados de Pamplona por un “delito sin especificar” pensando que la denuncia venía de los cinco miembros de la Manada, puesto que la web del tour los había ridiculizado, o del Ayuntamiento por el uso indebido del logo contra la violencia machista; sin embargo, provenía del Instituto Navarro de Igualdad por un supuesto delito de odio y contra la propiedad industrial. Pese a que el Ministerio Fiscal pedía el sobreseimiento, el Juzgado dictó Auto de procesamiento sin una sola referencia a lo que Anónimo había declarado sobre la falsedad del tour y su creación como sátira del carroñerismo mediático. En “Espejo Público, mientras el periodista exclamaba que daba igual

En el año 2013, un joven que se hacía llamar Anónimo García y varios amigos crearon un fanzine llamado Homo Velamine (“El mono vestido”) para luchar contra el dogma y la auto complacencia en una España cuyo clima ideológico había creado un caldo de cultivo de sometimiento intelectual y credulidad malpensada donde resultaba imposible distinguir la distorsión irónica de una auténtica opinión sobre el mundo. Su método de interpretación de la realidad, autodenominado “ultrarracionalismo”, delataba el absurdo intrínseco de lo que parecía normal al tiempo que caricaturizaba una sociedad que discutía en internet sin diferenciar entre la postura ideológica extrema y su parodia. En realidad, Homo Velamine había creado la revista desde la marginalidad y extramuros de la industria, como una ortiga que no sirve para nada y sólo irrita, poniendo en evidencia los medios de comunicación y expresándose de forma solapada mediante la burla latente en los ojos que supieran verla, aunque tenía un mensaje bien definido: que los medios convertían en producto la desgracia. Entre sus actos, enhebrados por el hilo espinoso de la provocación, se contaban el hacer creer a los medios que un cura y dos monjas habían ido a un congreso de Podemos para apoyar a Pablo Iglesias, lanzar una web falsa llamada DemocrApp con una aplicación de compraventa de votos o colarse disfrazados de hipsters en una celebración del PP en la calle Génova gritando “Ano, Ano, Ano, todos con Mariano”, al tiempo que los allí concurrentes los coreaban. En el epílogo que puso fin al movimiento declararon, con la somarda del humor aragonés de Buñuel y el estilo de un poeta kantiano: “La imaginación produce libertad. La libertad implica soledad. Y la soledad engendra rareza”. En Noviembre de 2018, después de un viaje a Pamplona para visitar a sus suegros, Anónimo García quedó impresionado con la marca del crimen en la ciudad, era tal la cantidad de detalles morbosos que se habían publicado en los medios que casi se podría hacer un recorrido turístico como los de Jack el destripador en Londres. Los escaparates de las tiendas para turistas se inundaban con las mismas camisetas que llevaban los acusados en las fotos que empapelaron las portadas a la vez que cinco muñecos aparecían ahorcados en el puente de Biurdana de Pamplona, coincidiendo con el desarrollo del juicio. En los matinales aparecía el Hotel Europa, donde entraron a pedir “habitaciones para follar”, según las presentadoras de los matinales habían repetido hasta la saciedad con mohín escandalizado, mientras se publicaban mapas interactivos del itinerario de la agresión contándose hasta el número de pasos exactos para llegar desde la Plaza del Castillo hasta el Portal número 5 de la calle Paulino Caballero donde se cometió el crimen. El caso de La Manada se había convertido en un producto patentado y empaquetado que proporcionaba ingresos publicitarios inimaginables a los medios de comunicación y no pocas justificaciones a los oportunistas políticos. trarracionalista. La victima apareció en una pantalla como la testigo protegida número 1 contestando, con voz distorsionada, preguntas cortas y concisas que convergían en una sola línea de respuesta: que la web le había herido y ofendido gravemente. Los abogados la trataron con exquisita delicadeza y la única pregunta de la defensa, más lanzada al aire que otra cosa, fue esta: ¿cuándo había visto la web?

Pensando en André Gide y su comparación de la justicia con una ceremonia teatral, Anónimo contestó a las preguntas de la letrada acusadora dando explicaciones filosóficas pensando que la magistrada sería una persona capaz de entender que la ironía contiene el mensaje inverso al que aparenta. Después de un rato esquivando la tela de araña incriminatoria que se iba tejiendo a su alrededor, sentía que decía la verdad como si mintiera, como si fuera una bruja en el juicio de Dios de las antiguas ordalías: si no ardes, eres inocente. Irritado, dijo que la creación de la web había sido meditada, no espontánea, y aunque era pública y de general acceso para todo el mundo no pensó que la víctima pudiera verla. Más tarde aprendió un concepto jurídico que ya tendría clavado para siempre en el esternón: el dolo. Herido y aturdido por el interrogatorio que el tour fuera una broma pesada porque la justicia se encargaría de ellos, en la parte derecha de la pantalla desfilaba un carrusel de fotos de miembros de la Manada en distintos lugares de Pamplona.

El escrito de acusación particular solicitaba tres años, tres meses y un día de prisión, además de 20.000 euros de indemnización, relatando que Anónimo ofertaba un paseo guiado por los lugares de la violación con el ánimo de incitar a la gente a conocer cómo se produjo la agresión sexual y enaltecer la figura de los agresores sexuales, alabando sus peinados a la última moda y ofertando la venta de camisetas y calcomanías a imitación del tatuaje del Prenda. Consideraba que se lesionaba la dignidad e integridad personal de la víctima con un efecto revictimizador que agravaba su estrés postraumático.

El juicio contra Anónimo García se celebró en el Juzgado de lo Penal nº 1 de Pamplona, no sin antes recodarle su letrado dos cosas: que no dijera nada en el turno del derecho a la última palabra y que no se encarara con la letrada de la acusación por mucho que le incitase. Anónimo respondió razonablemente a todas las preguntas que su abogado le hizo sobre la irrealidad del tour y la ironía empleada en esa y otras acciones anteriores del colectivo ul-

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Cómo citar

Abel Berbel García, «La sátira y su condena», Sala de Togas, n.º 87, julio 2023, pp. 12-15.

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