De enredos, periodistas y abogados
Sala de Togas n.º 87, , página 18–19
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DE ENREDOS, PERIODISTAS Y ABOGADOS
Miguel Martín Alonso Periodista medios de comunicación son los garantes de que se cumpla el derecho a estar informado. Y no de cualquier manera, sino de forma objetiva, veraz y dando voz a los silenciados mientras se denuncia a los que buscan acallar al resto. Tal vez haya sido la soberbia que llevó a los medios a disfrutar con la denominación de “cuarto poder”, la que ha provocado su caída en unos tiempos remotos en los que un tuit facilón es más valorado y respetado que un reportaje que ha conllevado días de trabajo. Es posible. Y tampoco negaré problemas expuestos en estas páginas previamente sobre cómo la precariedad afecta a la labor de mi gremio y provoca que aumente ese descrédito.
Por supuesto que entre los abogados hay charlatanes y engañabobos. Como los hay entre los periodistas, que a veces vemos también incrédulos lo que son capaces de hacer algunos compañeros. También los hay en el resto de las profesiones. Porque el ser humano es así; tiene luces y sombras y en todos lados se cuecen habas.
Ahora bien, también cabría preguntarse si a veces ese descrédito no tiene además un componente de interés por parte de algunos. Cuando la sociedad duda de algo, es más fácil convencerla de cualquier cosa, por insólita que parezca. Aun así, creo, no es sólo cuestión de mirar hacia otro lado. Veo fundamental hacer un ejercicio de conciencia y que ambos, periodistas y abogados, analicemos con mirada crítica qué es lo que nos ha llevado a que nos cuelguen el sambenito de liantes. Y una vez hecho, luchar con todas nuestras fuerzas contra esos elementos anómalos que alteran la percepción de los que nos rodean. Los que hacemos las cosas bien somos la inmensa mayoría y tenemos fuerza de sobra para poner en su sitio a los que sólo empañan la imagen de nuestros colectivos. En cualquier caso, queridos letrados, enhorabuena. Al menos desde la casa madre de nuestra lengua ya no tienen sobre ustedes el marchamo de enredadores. Un logro que no es menor y que es más que merecido y justo.
La Real Academia de la Lengua Española (RAE), a instancias del movimiento Ahora Abogacía, acordó el pasado mes de febrero suprimir del Diccionario de la Lengua Española la acepción de “abogado” como “persona habladora, enredadora, parlanchina”. La RAE acordó entonces también “enviar esta modificación a las academias americanas, integradas en la Asociación de Academias de la Lengua Española”. Que un letrado sea una persona “habladora” podría considerarse hasta normal, pues mediante la palabra desempeña varias de sus funciones, desde que atiende por primera vez a ese cliente que llega a su despacho buscando una ayuda y apoyo que precisa -seguramente- de manera desesperada, hasta que realiza sus alegatos en una vista oral. La pena es que aún en el diccionario de referencia existiese una definición que diese a entender que aquel que desempeña esta profesión es un “liante” que lo que busca es salirse con la suya a cualquier precio. Algo que, tal vez, demasiados creen aún en nuestra sociedad y que es un mal que también afecta al gremio al que represento.
Tal vez el descrédito que viven ambas profesiones sea diferente en su génesis, pero finalmente se traduce en lo mismo: existe un problema de calado si los ciudadanos no confían plenamente de dos colectivos llamados a salvaguardar sus derechos. Parece que nuestra sociedad no recuerda que los abogados son los que defienden de hecho esos derechos e intereses particulares gracias a un mandato constitucional que posibilita, por ejemplo, la justicia gratuita y el turno de oficio. Herramientas que garantizan que nadie se quede atrás y tenga siempre a alguien que se erija como su escudo cuando vienen mal dadas.
Ni parece recordar que este colectivo está sometido a un código deontológico férreo, autoimpuesto por la propia Abogacía, que da fe de la vocación de servicio y artífices de la paz social de los letrados.
Pero también ha caído en el olvido que los periodistas y los 18
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Cómo citar
«De enredos, periodistas y abogados», Sala de Togas, n.º 87, julio 2023, pp. 18-19.
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