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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

Los desajustes del mundo cotidiano

Sala de Togas n.º 86, , página 10–11

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LOS DESAJUSTES DEL MUNDO (COTIDIANO)

Era pausado, sopesando en silencio las cosas, siempre discretamente elegante, incluso en la intimidad, desenvolviéndose entre un ponderado equilibrio en cualquiera de sus actos, de sus gestos, de sus palabras. Cuando estabas con él te transmitía que todas las cosas del mundo, hasta las más nimias, iban a estar en el sitio adecuado. En caso de duda, él se iba a encargar de que así fuera, sin aspavientos, con las palabras justas, por imperativo ético, innegociable e irrenunciable Debajo de esa apariencia adusta, quienes estábamos cerca de él sentíamos un calidez humana, tímida, pero intensa, gracias a la puerta que dejaba entreabierta para los privilegiados que accedíamos a ese remanso acogedor, muy en las profundidades que latían tras su semblante invariablemente sobrio. Cuentan que cuando se ponía la toga era todavía más serio y, por descontado, de una firmeza pétrea de criterios que aplicaba con sistematicidad ciega, sin la más mínima concesión de ninguna clase. Este último extremo no lo puede confirmar de manera taxativa. Lo conocí solo en la otra faceta, sin toga, porque don Joaquín, antes que nada, era mi querido y añorado abuelo.

El juez Emilio Calatayud es una fuente continua de interés para mí, más allá de la coincidencia de que transita por el espacio judicial granadino, como don Joaquín. No, Calatayud me interesa sobre todo porque, indudablemente, es un juez estrella, bloguero, escritor, comentarista televisivo de sus propias sentencias que, con frecuencia, convierte en guías morales y pedagógicas para los padres en general. Desde luego, no cumple con el principio de constancia que mencionaba hace un instante. A veces ha reconocido haber exculpado a un menor de un hurto, por considerarlo una travesura juvenil, poniéndose a sí mismo como ejemplo de adolescente díscolo, casi como un cómplice emocional del encausado. Otras, por el contrario, lo he escuchado recriminar seriamente a los padres actuales por su falta de disciplina. Por momentos he creído que iba a recomendar la resurrección de las fustas de almendro para su uso indiscriminado como herramienta pedagógica.

Fue una persona determinante para mí, que he tenido siempre presente, como un referente por antonomasia. Cuando salí de mi oposición, ya convertido en catedrático, entre las imágenes que se agolpan amalgamando esfuerzo y emoción, estaba la del abuelo Joaquín, aprobando lo que acababa de suceder, aunque sin el más mínimo aspaviento o la más mínima alharaca. Habría bastado con su mirada azul sobre la mía. sin toga, claro está.

Aunque parezca extraño, o incluso estrafalario, las píldoras formativas de Emilio Calatayud me evocan el Poema Pedagógico de Antón Makarenko. Ya sé que formalmente no tienen demasiado en común. La obra de Makarenko es, antes que nada, un testimonio de vida y de trabajo que consigna su día a día en la Colonia Gorski, fundada tras el final de la Guerra Civil en la antigua URSS. Calatayud, por su parte, ha recogido a través de canales varios sus impresiones, opiniones y reflexiones, ligadas en esta ocasión a su desempeño como juez de menores. Ambos, no obstante, comparten un mismo interés, la educación de los jóvenes como tarea social responsable. De hecho, ese es casi el título de una obra publicada por Emilio Calatayud en 2008.

Ese recuerdo tan íntimo y personal, tan sentidamente vivo, seguro que ha ahormado mi manera de percibir la Justicia, como lo ha hecho en mi manera de entender la vida. Por ejemplo, me resulta algo inopinado ver a los jueces estrella, como si estuvieran empeñados en pluriemplearse, ejerciendo su trabajo (el de juez) y un extra (el de estrella mediática, que no tiene nada que ver con el otro). Insisto, reconozco que mi biografía puede haber sesgado seriamente mis expectativas hacia la Justicia. Solo la entiendo desde una pulcra rectitud innegociable, constante y constatable, por encima de cualquier condicionamiento. La hete-

Las propuestas de Calatayud, como las de muchos otros formadores que tratan de reconducir a los jóvenes en nues10 tra sociedad, adolecen de serias limitaciones de contextualización. Nada que objetar a quienes intervienen para tratar de cortar una sangría evidente de la sociedad contemporánea. Hay muchos, demasiados jóvenes que viven una adolescencia casi interminable, enganchados a las drogas más diversas, irresponsables, irrespetuosos, violentos incluso en su propio entorno familiar inmediato. En silencio, con constancia y eficiencia, hay muchos profesionales trabajando de manera encomiable en esa dirección. Lo que no tengo tan claro es que ni ellos ni Calatayud tengan demasiadas oportunidades reales. Por eso me viene a la mente el Poema pedagógico. sociedad socialista que es lo que terminaron siendo más allá de la puerta del orfanato. Los centros españoles actuales, o los occidentales en general, se desenvuelven en una dinámica ostensiblemente distinta. Para empezar, los jóvenes que manejan no proceden de sectores marginales de la sociedad. Muy al contrario, los comportamientos disruptivos en la adolescencia son una línea transversal que recorre todos los grupos sociales. En los programas formativos, en algunas de las propuestas de Calatayud, se predican valores extraordinarios: tolerancia, autodisciplina, responsabilidad, respeto, comprensión, vida sana, primacía del afecto, ¿quién puede no sentirse fascinado ante todos ellos? El problema, en todo caso, no radica en los valores en sí mismos, mucho menos en su transmisión, sino en su aplicabilidad fuera de los programas. Los jóvenes, pertinentemente reeducados como ciudadanos ejemplares, vuelven al mundo real regido por los valores justamente contrarios, los mismos que los llevaron a la infame situación personal que obligó a intervenir con ellos. Cuando se reencuentran con las calles, resulta que siguen campando las drogas sin muchas dificultades, en una sociedad que promociona la violencia desde los dibujos de Walt Disney, insolidaria e irrespetuosa hasta límites verdaderamente patológicos. Eso es algo que nos tendríamos que hacer mirar como colectividad. Hemos interiorizado como algo normal, e incluso inevitable, las continuas falta de respeto hacia los médicos (que nos sanan), las fuerzas del orden (que nos protegen) o, entre otros, los docentes (que enseñan a nuestros hijos). De regreso a esa selva pocas oportunidades tienen de no reincidir. Maalouf hablaba de los desajustes del mundo en su último ensayo para referirse a la pérdida de ejes gravitatorios en la política internacional. Lo malo de estas situaciones es que, al final, todo forma parte del mismo momento histórico, que existe una pérdida generalizada de ejes gravitatorios hasta en los aspectos más nimios de la vida. Ante eso, el librillo de Calatayud son pompas de jabón elevándose al cielo brillante de Plaza Nueva, en plena primavera granadina.

OPINIÓN

Makarenko se ocupó de uno de los grandes estropicios causados por el asentamiento de la Revolución de Octubre. El país estaba poblado de huérfanos, hambrientos, desarrapados, sin educación, abonados a la delincuencia. La Colonia Gorski tenía la misión de proporcionarles todo aquello de lo que carecían para, como gran objetivo final, integrarlos completamente en la sociedad. El propósito, pues, era el mismo en lo sustancial.

Makarenko era un bolchevique ortodoxo, convencido y firme, tanto que el propio Stalin lo animó a ampliar su experiencia formando, no ya un centro, sino un entorno al completo, el municipio Dzerjinski. Los resultados fueron absolutamente exitosos, consiguiendo la plena integración de aquellos jóvenes, que aportaron representantes muy ilustres a la ciencia, la ingeniería espacial o el ejército. Hoy Makarenko es lectura obligatoria en innumerables facultades de pedagogía del mundo entero. ¿Cuál fue la clave explicativa de ese éxito y, probablemente, la clave explicativa del fracaso de los sistemas y propuestas actuales? Los centros de Makarenko, por descontado, inculcaron valores completamente comunistas, sin fisuras de clase alguna. El contexto que los recibía, la Unión Soviética stalinista, estaba por supuesto en completa sintonía, por más terrible que eso pueda parecer en la distancia histórica. Los formaron como futuros miembros de una

Antonio Hermosa Periodista

TRANSPARENCIA JUDICIAL

Aunque resulte reiterativo, hay que recordar que al ciudadano le importa, y mucho, que el país funcione con una buena división de poderes. Un equilibrio entre el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial. Para lograr una democracia plena, la sintonía entre estos tres poderes tiene que ser equitativa y completa. Los estados comienzan a flojear y a provocar la desconfianza de los miembros de su comunidad y la pérdida de libertades de sus mujeres y hombres, cuando uno de estos tres poderes sobresale sobre los otros dos, o cuando alguno es capaz de dominar y manipular a alguno de los otros.

El intento de acercar la justicia a los ciudadanos comenzó a 11

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Cómo citar

«Los desajustes del mundo cotidiano», Sala de Togas, n.º 86, enero 2023, pp. 10-11.

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