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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

RETAZOS DE HISTORIA

Un abogado almeriense del siglo XIX: Enrique Sierra Valenzuela

Sala de Togas n.º 84, , página 78–85

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RETAZOS DE LA HISTORIA UN ABOGADO ALMERIENSE DEL SIGLO XIX: ENRIQUE SIERRA VALENZUELA Adra (1845-1880)

ANTONIO JOSÉ LÓPEZ CRUCES Cdo. 2.256

Enrique Sierra Valenzuela1 es uno de los muchos abogados almerienses que se dedicaron en el siglo XIX al cultivo de las letras2. Hijo del notario de Adra Ramón Sierra Caro, al que ayuda durante años en la notaría y en sus trabajos agrícolas, es enviado por su padre a Madrid en 1866 en busca de un trabajo fijo. El 22 de junio Enrique vive en directo la intentona de los sargentos del cuartel de San Gil, que Galdós recreará en La de los tristes destinos, y colabora en El Cascabel de Carlos Frontaura con artículos de aire costumbrista; pero no logra la deseada colocación. Y la literatura no da de comer. autor de las Doloras, el curso 1870-71, con 25 años, comienza en el Instituto de Almería sus estudios por el método de latín o de enseñanza doméstica. Aprueba en breve tiempo todas las asignaturas, menos la Física y Química, lo que en la época no le impedirá comenzar sus estudios universitarios. Dado lo apurado de la economía familiar, acepta la sugerencia paterna de estudiar en Adra los primeros cursos de la carrera de Filosofía y Letras y Derecho y acudir a examinarse en Granada en mayo como alumno libre. Mientras estudia en Adra, colabora en el semanario satírico almeriense El Pito, de marcado signo antiamadeísta.

Para Victoria Cuenca Gñecco

Partida de nacimiento de Enrique Sierra Valenzuela. (Archivo ALOC)

Portada del Cascabel en la que colaboró el Abogado Abderitano en sus inicios en las letras. (BALJRC)

El 5 de agosto de 1868 se casa, aunque carece de medios para sostener su hogar. Queriendo asegurarse el porvenir, vuelve a la Corte. En 1870 se gasta 2.000 reales en la publicación de Colección de poemas, que dedica a Campoamor: “A Don Ramón de Campoamor. En prueba de consideración y respeto, su afectuosísimo amigo Enrique Sierra Valenzuela”. El asturiano aconseja a su joven amigo que estudie, pues ya ve que sin la necesaria formación es imposible encontrar un buen trabajo. Siguiendo los consejos del

El 3 de marzo de 1872 parte hacia Granada. El 27 de ese mes, y mediante instancia que firma en su nombre el catedrático de griego y clásicos latinos del Instituto de Almería Antonio González Garbín, con quien ha contraído lazos de amistad durante el Bachillerato, solicita ser examinado como alumno libre de las asignaturas de Literatura general y Española, Literatura Latina, Historia Universal, Prolegómenos y Primer curso de Derecho Romano, Economía política y Estadís- tica. Las supera con Aprobado. Pero ni ahora ni en junio logra aprobar en Almería la asignatura de Física y Química que tiene pendiente del Bachillerato. Durante el verano, que pasa en Granada, estudia para los exámenes de septiembre otro numeroso grupo de asignaturas. Mientras, colabora en las actividades del Liceo y publica algunos poemas en su revista, El Liceo de Granada. Para la convocatoria de septiembre solicita examinarse como alumno libre de Derecho Romano (2º curso), Derecho civil, Ampliación del Derecho civil, Derecho político y administrativo, Derecho mercantil y penal (año preparatorio). El estudio veraniego da sus frutos y aprueba todas las asignaturas, con lo que este año lleva once aprobadas. Es un estudiante poco común, pues ha iniciado sus estudios universitarios con 25 años, cuando la mayoría de los estudiantes suele comenzarlos con 14 o 15, tras concluir el Bachillerato. Pronto traba amistad con algunos de sus profesores, especialmente con el catedrático de Derecho Romano Fabio de la Rada y Delgado, almeriense y hermano del erudito arqueólogo, geógrafo, historiador, novelista, poeta, dramaturgo y hombre de leyes Juan de Dios de la Rada y Delgado, y con el médico, jurisconsulto y político Nicolás Paso y Delgado, catedrático de Derecho canónico. También con José España Lledó, profesor auxiliar de la Facultad. Con ellos se relaciona tanto en la vida académica como en el Liceo, que preside Paso y Delgado. El curso 1872-73 asiste por primera vez a las aulas como alumno oficial. Vive en Carrera de Gracia. Tras trasladar al Instituto de Granada su expediente, aprueba por fin la Física y Química pendiente en la convocatoria especial de febrero y concluye sus estudios de Segunda enseñanza.

Tras abdicar Amadeo de Saboya, se proclama la I República. En abril llega al poder Pi y Margall. En instancia del 27 de mayo de 1872, solicita examinarse de Derecho canónico, Disciplina eclesiástica, Teoría de procedimientos judiciales, Práctica forense y Elementos de Economía política y estadística. Todas las supera con Aprobado. El 19 de enero de 1873 es elegido consiliario de la sección de Ciencias y Letras del Liceo, que dirigen don Fabio y España Lledó. La sección será la encargada de crear los textos de las carocas del Corpus que se exponen en la Plaza de Bib-Rambla. La mano del almeriense es patente en muchas de las quintillas.

Colección de Poesías

Tras realizar los exámenes de 30 y 31 de mayo, en los que obtiene un Aprobado, se le expide en Granada el grado de Bachiller el 3 de diciembre de 1873. Colabora el 7 de junio en un concierto del Liceo dedicando un apólogo a su profesor Paso y Delgado y su Oda a Granada a don Fabio, quien en el número de El Liceo de Granada del 1 de junio dedica su poema Al Santísimo Sacramento a su “distinguido amigo Don Enrique Sierra Valenzuela”, poema que figuró en el Monumento Eucarístico levantado tradicionalmente en la Plaza de Bib-Rambla.

Tras la dimisión de Pi y Margall, la primera República zozobra durante el gobierno de Nicolás Salmerón. Los cantones de Granada, Murcia, Valencia y Cartagena serán doblegados en unos meses por los generales Pavía y Martínez Campos. En la librería granadina de Paulino Sabatell, situada en la Plaza de Bib-Rambla, se vende a diez reales su poemario Colección de poesías (1870). Don Fabio elogia el libro de su paisano y amigo en la revista del Liceo, aunque reconoce que corren malos tiempos para la poesía. Entabla también amistad con Enriqueta Lozano de Vilches, la Safo granadina, que dirigirá revistas como La madre de familia o La lira cristiana.

Primer libro de Sierra Valenzuela editado en Madrid en 1870. (Archivo ALOC)

En junio de 1873 solicita al rector realizar los exámenes para optar al grado de Licenciado en Derecho civil y canónico. El examen se fija para el 24 de ese mes a las nueve de la mañana. Ese día, a las seis y media de la madrugada, el secretario del Tribunal, el doctor José Hinojosa, extrae de la urna tres bolas de entre las cien con los temas del cuestionario. Elige “Derecho político: su definición, teorías sobre las diferentes formas de Gobierno”, tras lo cual queda incomunicado. Acabada la encerrona dos horas y media después, lee el tema ante el tribunal, que califica su trabajo con un Aprobado.

Manuel Lacalle comunica que Sierra pagó los derechos de timbre y de expedición del título, sólo 20 pesetas, por estar “dispensado de pago de setecientas cincuenta por haber obtenido el premio extraordinario previas oposiciones.” El 9 de ese mes recoge su título de Licenciado en Derecho civil y canónico. Su padre, orgulloso, escribe en su cuaderno de notas: “Se ha establecido como Abogado, teniendo la fortuna de salir victorioso en los primeros negocios, que han sido de importancia. Hoy gana poco o nada pasando el año de noviciado, pero es de esperar que tenga un gran porvenir.”

Ya licenciado, escribe en julio unas Reflecciones (sic) y objeciones sobre el estudio del Derecho civil y canónico, donde resume la evolución de la legislación a través de los siglos en esta materia. El 27 de junio opta al premio extraordinario de Licenciatura. Los compañeros, al ver el difícil tema que deben desarrollar, abandonan y lo dejan solo. Confiado en el triunfo, desarrolla el tema “Sistemas sobre el origen del derecho de castigar”. En carta a su mujer escribirá: “Cuando concluí de leer, mis amigos y compañeros, lo mismo que los doctores que formaban el tribunal, estaban todos afectados, muchos lloraban, yo también estaba enternecido, y aun en este momento en que te lo refiero estoy llorando de gozo. / Cuando se me proclamó triunfante en las oposiciones, los doctores se levantaron, y enseguida una lluvia de abrazos y felicitaciones cayó sobre mí, de los amigos que me felicitaban.” En documento fechado el 5 de diciembre, el secretario de la Universidad

En la noche agónica del 2 al 3 de enero de 1874, Salmerón se enfrenta a Castelar y le expresa su temor de que la República desaparezca. El general Pavía ocupa las Cortes horas después y se elige presidente del poder ejecutivo al general Serrano. Sierra escribe el 4 de enero su artículo “¡Españoles ante todo!”, alegrándose de que las disputas entre Castelar y Salmerón no hayan llevado a nuevas guerras civiles, y confía en la creación de un Partido Nacional que restablezca la paz de los espíritus. El nuevo Gobierno deberá reprimir los excesos revolucionarios y el carlismo, evitar el contagio de la Commune, defender la propiedad individual, garantizar el orden y la prosperidad, mantener la integridad nacional y pacificar Cuba. Luego la nación decidirá en libertad la forma de gobierno.

Reproducción del diploma que recibió en Madrid en los Juegos Florales de 1878

El 12 de enero el general López Domínguez aplasta las últimas resistencias del cantón de Cartagena. En Adra crece la tensión entre monárquicos y republicanos federales y don Ramón habla a su hijo de los abusos contra los republicanos y le notifica que han sido encarcelados el 19 de abril en la prisión de Berja. José Roda, ex–alcalde del ayuntamiento de Adra y el ex–secretario del mismo, Francisco Sierra Parrilla: “En Adra los monárquicos son tal cobardes como provocativos e insultantes” y la prudencia de los republicanos, carentes de instrucción y de unión, raya en la cobardía. Don Ramón sabe que la acusación contra los presos es falsa y Enrique acepta llevar su defensa. El notario anota el 30 de junio en su cuaderno la brillante defensa de ambos hecha por Enrique en laAudiencia de Granada, con la que ha logrado su excarcelación, “revocando los autos de ese miserable juez de primera instancia”. Desde febrero de 1874 preside la sección de Declamación del Liceo. Decide ser doctor, y para ello solicita, en documentos de 26 y 31 de agosto de 1874, examinarse de las asignaturas del Doctorado: Filosofía del Derecho, Legislación comparada e Historia de la los primeros cursos de carrera, leyendo obras como Filosofía Moral y de la ciencia social de Bonneville de Marzagny o Philosophie du droit penal de Adolphe Franck, unos Escritos sobre procedimientos judiciales. Parte histórica o una Théorie de la procédure civile (París, 1864). Y copia una cita para aconsejar a su alumnado que nunca defienda la inútil pena de muerte. Sin abandonar los trabajos de su bufete, explica las asignaturas Teoría de procedimientos y Práctica forense, y Derecho mercantil y penal. Prefiere la bibliografía francesa, al poseer un aceptable dominio del francés.

Tras su primer curso como docente, el curso 1874-75, decide preparar oposiciones a la cátedra de Derecho mercantil y penal que convoca la Universidad de Granada. Estudia unas cuatro horas diarias, redacta el programa de la asignatura y un Discurso sobre el método de enseñanza seguido con vistas al segundo ejercicio de la oposición. Pero no aprueba, lo que provocará su alejamiento de Granada.

Retrato de Enrique Sierra en 1875. (Archivo ALOC)

Iglesia, concilios y colecciones canónicas. El 28 de septiembre presenta tu tesis doctoral, que aborda un tema controvertido: “¿Debe el duelo ser considerado delito? Caso afirmativo, ¿son aceptables las penas que el Código vigente establece para castigarlo?” Historia el origen y desarrollo del duelo y las razones en pro y en contra del mismo, y luego analiza las penas con que lo condena el código vigente. Por fin, lo defiende como la única posibilidad de defensa del hombre de honor frente al desprecio social4. Su exposición consigue un Sobresaliente de los jueces: los doctores José Hinojosa, presidente; Juan de Dios Vico y Bravo, secretario; Nicolás Canales, vocal; Pablo de la Peña Entrala, secretario general, catedráticos respectivamente de Derecho civil, Derecho político, Derecho civil y Derecho romano. Según anota su padre en su cuaderno, Enrique ha sido nombrado sustituto de la Cátedra de Derecho civil el 6 de octubre. El flamante doctor dedica así su libro de poemas a su amigo el profesor España Lledó: “A mi querido amigo y compañero D. José España Lledó, en prueba de sincero afecto, El autor, Granada y Novbre, 1874”. Su mujer pasa a vivir con él. Al solicitar a su padre el envío de la mensualidad, exclama: “¡Cuándo querrá Dios que te releve de esa carga!”

Estimulado por su nostalgia del tiempo pasado en Madrid, por don Fabio y don Nicolás, ambos profesores en Madrid antes que en

Granada, y seguro de hallar apoyo en sus amigos madrileños para abrir bufete en la Corte, decide a sus 32 años instalarse en la capital.

Sus hermanos, Ramón y Rafael, y sus profesores don Fabio y don Nicolás, España Lledó y el arabista Antonio Almagro y Cárdenas le facilitan direcciones de escritores, políticos, periodistas y profesores de la Universidad Central6.

Profesor ayudante de la cátedra de Derecho civil, que rigen José Hinojosa y Nicolás Canales, prepara a conciencia su materia para

El curso 1875-1876 ya no da clases en las aulas granadinas. En 1876 se instala en Madrid con su mujer, en la calle Jesús del Valle, 30.

Vista de Adra a principios del siglo XIX (Colección Juan Grima)

Montar el piso le cuesta 16.300 reales. Su lujoso despacho de abogado, con mesa ministro de nogal y armarios también de nogal con cristales, butacas y sillas, le cuesta 4.000 reales. No haber logrado la cátedra en Granada no parece haberlo descorazonado demasiado. Cuando la Universidad de Oviedo hace pública el 27 de febrero la convocatoria para cubrir la plaza de Teoría de procedimientos judiciales y práctica forense, redacta un programa con 83 temas y una introducción didáctica y se documenta en la rica biblioteca del Ateneo o frecuenta la del historiador y orientalista sevillano Pascual Gayangos, catedrático de árabe de la Central desde 1844. Preparando las oposiciones, maneja bibliografía de autores españoles, franceses e italianos7. Tras no sacar estas oposiciones, se olvidará en delante de cualquier meta académica y se dedicará a sus tareas literarias y de bufete. bés Antonio Fernández Grilo. Alguna vez visita la tertulia Zorrilla, ya vuelto de Francia. Durante julio de 1876, antes de regresar a la

Corte en septiembre, se encarga de defender a Trinidad Fernández Carreño en el pleito que mantiene desde hace diez años con Francisco Pérez Morales, adinerado cacique de Berja, que no quiere darle las nueve fincas y la casa de la calle del Agua, que le concedieron en herencia José Gutiérrez Joya e Isabel Murillo por testamento nuncupativo

Retrato de Carmen Basabé, esposa del Abogado. (Archivo ALOC) otorgado en Granada a 29 de agosto de 1836. El 24 de enero de 1876, Sierra logra la condena de don Francisco, quien alega esta vez estar mal hecha la división de la casa por los peritos10.

Fundición de San Andrés en Adra (Archivo ALOC)

Junto al abogado almeriense Antonio Ledesma Hernández8, que ha llegado a Madrid a sus 20 años para hacer su doctorado en Leyes y que siente afecto y respeto por su amigo, doctor en Derecho y abogado en ejercicio, frecuenta La Cacharrería del Ateneo, donde se ven con el profesor España Lledó o el periodista Julio Burell9. Seguramente visitan la tertulia del café Imperial, donde se reúne la colonia granadina de Madrid: Pedro Antonio de Alarcón, José Salvador de Salvador, Velázquez de Castro, y el poeta cordo-

Ingresa en la Sociedad Matritense de Amigos del País tras ser propuesto en la Junta del 19 de mayo de 1877. Entran con él escritores como Eusebio Blasco y Carlos Coello, yel periodista Pedro Diz Romero, director de La Mañana, que lo invita, por indicación de

Víctor Balaguer, a colaborar en su diario, algo que Sierra hará entre 1877 y 1879. Balaguer, que es el alma del periódico11, lo nombra director de la parte literaria del mismo. Escribirá artículos sobre Quintana y Alejandro Herculano y en el titulado Descentralización literaria, del 3 de agosto de 1877, discu- tirá la propuesta de creación de una Federación Literaria Andaluza hecha por Patronicio de Biedma, directora del periódico Cádiz. Traducirá una de sus Tragedias (1878) de Balaguer, la titulada La mort de Nerón. En 1878 es premiado con un accésit al premio de la Violeta de oro por su poema La Fe en los Juegos Florales celebrados con motivo del enlace de Alfonso XII con doña María de las Mercedes y asiste a la distribución de los premios en el paraninfo de la Universidad Central. Frecuenta el Teatro Real y se siente bien acogido por la sociedad literaria de la Restauración. Cuando el 26 de junio muere la reina, envía a la revista La Academia su poema A la muerte de Doña Mercedes de Orleans y Borbón, que formará parte, junto a los poemas de otros 77 autores, de la Corona fúnebre dedicada a la buena memoria de S. M. la Reina Dª María de las Mercedes (Q.D.D. G.).

Para la prestigiosa Revista de España, retoca y amplifica su tesis doctoral, que aparece como Duelos, rieptos y desafíos en los números 252, 253 y 254, entre el 28 de agosto y el 28 de septiembre, artículos que luego reúne en el folleto Ensayo filosófico-jurídico sobre el duelo, que edita el Establecimiento Tipográfico de J. Conde y Compañía. En 1879, Víctor Balaguer, que mantiene en su casa una tertulia literaria, invita a Sierra a leer en ella el 26 de enero su drama El lazo roto. Todos lo animan a intentar estrenar en los teatros de la Corte. Publica un trabajo sobre Góngora en La Academia, revista que co-dirige el almeriense Juan de Dios Rada y

Delgado, y el 28 de abril aparece en La Revista de España su reseña de la obra de Balaguer Historia política y literaria de los trovadores, aparecida luego en un folleto titulado Los Trovadores. Estudio crítico sobra la obra del Sr. D. Víctor Balaguer, que edita la Imprenta de E. Beteta. El 29 de agosto llegan de Madrid Enrique y su mujer para pasar unos días en Adra. Este mes el Ateneo almeriense lo premia en un certamen literario con un accésit por su romance Tempestades. También son premiados sus amigos los abogados Ledesma Hernández y Langle Moya por un jurado compuesto por Augusto de Cueto, marqués de Valmar, José de Castro y Serrano y Gaspar Núñez de Arce.

Es abogado consultor del millonario filipino Jacobo Zóbel de Zangróniz, brillante hombre de negocios aficionado a la historia, la arqueología, la paleología y la numismática (y abuelo del pintor Fernando Zóbel). En la gerencia, que se halla en la calle Serrano, el abogado se ocupa de llevar la contabilidad de las empresas de Zóbel, quien proyecta desecar las marismas de Lebrija. Tras haber buscado capitales en el extranjero, ha creado una sociedad anónima, de la que es principal accionista, y en su Consejo de Administración figuran Cánovas, Sagasta, Romero Robledo, Echegaray, Venancio Marcos González, Hope y Juan Manuel Urquijo. Pronto en los membretes de la correspondencia de la empresa puede leerse: “Desecación y saneamiento de las marismas de Lebrija, Trebujena y San Lúcar de Barrameda”. Sierra se halla, situado, pues, en un importante una grave ofensa equivaldría a poner tal vez en su mano el puñal del homicida o la tea del incendiario./ Esta costumbre que algunos han calificado de inicua y bárbara ha sobrevivido a los anatemas de la Iglesia y a la persecución de los poderes, porque está mantenida por los sentimientos de decoro de las generaciones modernas, y mientras estos sentimientos existan, el duelo será siempre más fuerte que los códigos que lo proscriben.” (Expediente del Grado de Doctor. Don Enrique Sierra Valenzuela, 772-730, 1874, núm. 10, folio 16, Archivo de la Facultad de Derecho de Granada).

1. Cf. Enrique Sierra Valenzuela (145-1880). Vida y obra de un escritor andaluz, Diputación Provincial de Almería, 1987, resumen de mi tesis doctoral, presentada en la Universidad de Granada el 24 de junio de 1986. Y los artículos de Manuel Martínez Martínez: “Enrique Sierra Valenzuela: un adelantado del 98”, en La crisis de fin de siglo en la provincia de Almería: el desastre del 98, Celestina Rozalén Fuentes y Rosa María Úbeda Vilches (coords.), Almería, 2002, pp. 233-246, y de José Ramón Cantalejo Testa “Juristas almerienses. Enrique Sierra Valenzuela”, en Sala de togas, nº 55, abril de 2006, pp. 90-98.

2. Cf. José Ramón Cantalejo Testa: “Abogados almerienses: 180 años de literatura (1841-2021)”, revista REAL, número 1, 2021, pp. 53-70. 3. Expediente de grado de Licenciado de Enrique de Sierra Valenzuela, Archivo de la Facultad de Derecho de Granada, año de 1873, núm. 49, folio 3º, Lidº al nº 421. El discurso consta de dos partes: “Origen del derecho de castigar” y “Las penas”, y se enmarca en la escuela clásica del Derecho penal, buscando, con marcado eclecticismo, el justo medio. Tras la captatio benevolentiae, aborda el tema, “bellísimo, aunque espinoso”. Luego da las gracias a los profesores por sus consejos y lecciones, y a algunos de los que componen el tribunal asegura deberles “cuanto sé y cuanto valgo o valer pueda”, por lo que quiere compartir con ellos el galardón que merezca su trabajo.

4. “El duelo es una necesidad de los tiempos presentes: privar en absoluto de ese medio al hombre de pundonor legítimamente ofendido de

5. “La sociedad jamás se encuentra, como el individuo, en la dura alternativa de tener que matar o ser muerto (…) Tengan presente que la mayor parte de los criminales son miserables o ignorantes; opóngase un freno a la miseria con la prosperidad pública y un correctivo a la ignorancia por la instrucción primaria y gratuita, y el trabajo y las escuelas harán inútiles los verdugos.”

6. En la lista figuran Eduardo Hinojosa, historiador del Derecho; José

Castillo Soriano, abogado y jefe del Cuerpo facultativo de Archivos y Bibliotecas; Manuel Tello Amondareyn, redactor de la revista Cervantes; Rafael Conde y Luque, catedrático de Derecho Internacional, Rector de la Universidad Central y catedrático de Teología, quien formó parte del tribunal que juzgó su tesis doctoral; Juan de Dios Rada y Delgado, doctor en Derecho y catedrático de la Escuela Diplomática; el escritor cordobés Juan Valera; Nicolás María Rivero, ministro de la Gobernación en centro de poder económico y político. Con Zóbel realizará diversos viajes a París.

El almeriense protagoniza un recital poético en el Ateneo de Madrid el 8 de mayo de 1880, en presencia de Moreno Nieto, Núñez de Arce, Echegaray, Víctor Balaguer y Sánchez Moguel. El Teatro Español va a estrenar sus dramas El lazo roto y Aben Abó. Tras el veraneo en Adra, Enrique vuelve solo a la corte, pues anda agobiado por los asuntos de su bufete y los de Zóbel. Al sentirse enfermo, llama con urgencia a su mujer, que lo acompaña en tren hasta Adra.

El 27 de octubre, muere en su casa rodeado de amigos y familiares. Dos días después tiene lugar su sepelio. Su amigo Plácido Langle Moya publica en La Época una nota biográfica sobre él. El Ateneo de Almería le rinde un homenaje el 21 de febrero de 1881, con la intervención de Langle y de Antonio Martínez Duimovich, entre otros, leyéndose artículos y poemas del malogrado abogado, poeta y dramaturgo.

Portada de la biografía de Sierra Valenzuela editada en 1987 (BALJRC)

8. Cf. mi trabajo Antonio Ledesma Hernández (1856-1937). Un escritor almeriense ante la crisis de la Restauración, nº 5 de la Biblioteca de autores almerienses, con presentación de José Heras Sánchez y prólogo de José Ramón Cantalejo Testa, Editorial Universidad de Almería/ Fundación Unicaja, Almería, 2020.

1870 y presidente del Congreso en 1872; Francisco de Paula Canalejas, catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras; José Carvajal y Hué, político y escritor malagueño, ministro durante la I República con Castelar y con Pi; el malagueño Andrés Mellado y Fernández, director de La

Igualdad entre 1873 y 1875 y luego de El Imparcial; Práxedes Mateo Sagasta, jefe del partido progresista; el militar artillero Eduardo Bermúdez Reina; el escritor granadino Pedro Antonio de Alarcón, autor de El sombrero de tres picos y El escándalo. 7. José Vicente y Caravantes (Tratado histórico, crítico y filosófico de los procedimientos judiciales en materia civil), Pedro Gómez de Laserna (Tratado académico forense de procedimientos judiciales), Manuel Ortiz de Zúñiga (Práctica general forense), Fernández de la Hoz (Código civil y de procedimientos civiles y militares), Juan María Rodríguez (Instituciones prácticas o curso de práctica forense), Lucas Gómez y Negro (Elementos de práctica forense), Pablo González Huebra (Tratado de quiebras), Raymond Bordeaux (Philosophie de La Procédure Civile), Juan Muñiz Miranda (Concordancias entre el código francés y los códigos civiles extranjeros), Ferdinand Walter (Histoire de la procédure civile chez les Romains), Cirilo Álvarez Martínez (Reforma urgente sobre los recursos de casación), Conde de la Cañada (Observaciones prácticas sobre los recursos de fuerza), J. B. de Barthélemy (Nouveau manuel complet de numismatique ancienne), Carlos David

A. Róder (Doctrinas fundamentales reinantes sobre el delito y la pena)…

9. Cap. XVII, “Castillo famoso…” de El libro de los recuerdos (1856-1922) de Antonio Ledesma Hernández, ed. de A. J. López Cruces, Instituto de Estudios Almerienses, Diputación de Almería, 1997, pp. 87-91. 10. Se conserva el combativo discurso de Sierra ante los tribunales, en el que critica a don Francisco, “rebelde litigante”, y desenmascara sus injustificadas apelaciones, admitidas por el tribunal, insinúa, con excesiva bondad: “Él, el rico capitalista, el cacique de Berja, el hijo predilecto de la fortuna, no puede avenirse a que le venza en juicio la pobre, la sola, la oscurecida Trinidad Fernández, más fuerte hoy que su poderoso adversario, porque hay Tribunales tan justos como el que me escucha, que protegen la razón y el derecho del pobre desvalido contra la soberbia insensatez del rico temerario.” 11. Cf. Monserrat Comas: “La Mañana (1876-1881) de Víctor Balaguer. Els usos de la literatura”, ponencia presentada en Jornades Internacionals Premsa y Literatura en el vuit-cents. Práctiques i representacions, Universitat de Barcelona, 3 i 4 de desembre de 2015; luego recogido en el volumen Premsa i Literatura en el vuit-cents. Vuit estudis. A cura de Roger Canadell, Punctum (Lleida) / Geliv (UB), 2020.

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«Un abogado almeriense del siglo XIX: Enrique Sierra Valenzuela», Sala de Togas, n.º 84, diciembre 2021, pp. 78-85.

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DA  - 2021/12//
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