OBITUARIOS
Sala de Togas n.º 84, , página 48–51
Leer el texto
Texto de las páginas 48–51 del PDF, extraído automáticamente. No se ha podido acotar al artículo, así que puede empezar en el anterior o seguir en el siguiente, y traer cortes de palabra y erratas de lectura; el PDF es el original y es lo que se cita.
Y además...
OBITUARIOS En este último semestre y últimos meses del año pasado nos han dejado los compañeros:
Fallecidos desde octubre 2020:
D. Federico Soria Bonilla (25 de octubre de 2020) D. Eduardo Indalecio Aguilar Gallart (28 de noviembre de 2020) D. Juan José Salvador Payán (6 de marzo de 2021) D. Juan Francisco Villegas Vázquez (28 de junio de 2021) D. Darío Fernández Alvarez (27 de julio de 2021) D. Manuel Contreras Madrazo (6 de septiembre de 2021) D. José Parrilla Torres (21 octubre 2021) El Consejo de Redacción de Sala de Togas y todos los colaboradores de la revista, así como colegiados en general, su Junta de Gobierno y empleados del Colegio trasmiten sus mas sentidas condolencias a sus familiares y amigos.
Darío Fernández Álvarez
Conocí a Darío Fernández Álvarez, a principios de los años 80, cuando recién acabada la carrera de Derecho comencé mi pasantía con Jorge y Ramón Pérez Company, mis maestros, amigos y compañeros. En esa época la Sala de Togas no era una revista, era el lugar en el que residía una dignidad profesional perdida. Allí esperábamos los abogados a que nuestro recordado y añorado Juan Segura, toga en mano, entrara a decirnos que nos esperaban en la Sala para comenzar el juicio o el acto procesal para el que estábamos citados. En aquellos días, mientras hacíamos tiempo, hablábamos entre nosotros, y en muchas ocasiones recibíamos lecciones magistrales de los grandes de la abogacía en nuestra ciudad, como Pedro de Torres Rollón, Ginés de Haro, y precisamente de Darío Fernández, que comenzaba a ser un personaje mediático con el caso Almería. Darío Fernández en aquella época era una persona rígida, encumbrada, exigente y sobre todo, tenía claro que no había llegado hasta allí para hacer amigos. Muchos compañeros y funcionarios, se encontraban incómodos con él, no era una persona que pasara desapercibida, o se le admiraba o se le detestaba, dependiendo del lugar en que uno se encontrase al cruzarse en su camino. Su brillante inteligencia, junto con un nivel de exigencia a prueba de bombas, le hizo vivir inmerso en una guerra constante consigo mismo y con el mundo. Le reencontré algunos años más tarde, harto de fama, de riqueza terrenal, y sobre todo hastiado de la hostilidad que le iba rodeando cada vez más, hasta sentirse estrangulado.
Nuestros despachos estaban muy cerca, por lo que coincidíamos a menudo. Al principio me invitaba a un café y me iba leyendo un libro, que a modo de terapia estaba escribiendo, “La justicia manchada en España”. En él arrojaba como un guante a la cara, muchas de las experiencias que le habían marcado en su carrera profesional, y como él debía haber previsto, molestó a tantos que apenas acudió nadie a su presentación. En aquellos días siempre me daba el mismo consejo: “Antonia no olvides el procesal, domina el procesal, procesal, procesal..., ahí está el secreto”. He de confesar que no fui su mejor alumna, pero quizá sí, una de sus mejores amigas, como él lo fue para mí. Más allá de ese consejo, poco hablábamos sobre nuestra profesión, a excepción de su incapacidad para conciliar el sueño cuando estaba en nuestra ciudad, a la que ama- ba con la misma intensidad con que la rechazaba: para él, estaba llena de los más terribles crímenes, las más abominables experiencias. Su especialización en derecho penal, le marcó de forma indeleble. Trató de encontrarse a sí mismo en otro lugar, y recorrió medio mundo, pero era Almería, su sol, sus ramblizos, y sus montañas las que le daban el impulso vital que le permitía respirar, volviendo una y otra vez, hasta que decidió empezara descontar años: de cien a cero. Incumplió su palabra, y se fue antes de llegar a la meta que se había trazado, pero reconciliado consigo mismo, feliz en su cotidianeidad, disfrutando de la lectura y la música clásica, escuchando el murmullo del agua, y el entrechocar de las hojas movidas por el viento. Disfrutaba como un niño ante una higuera, a la que se subía a robar sus higos, comer con los dedos una tarta de fresas, o una tartiflette en los Alpes, un día de verano. Fue el amigo que todo soñamos tener, generoso y divertido, del caso que le dio el mayor éxito de su profesión no podía hablar, el dolor que le causaba era tan inmenso que le alteraba su equilibrio emocional.
OBITUARIOS
Una noche en Turín, sacamos el tema, la curiosidad nos pudo, pero apenas unos minutos bastaron para que demudara su color, y enmudeciera. Por la mañana nos confesó que había pasado la noche entre fantasmas y sangre, nunca más hablamos del tema, refugiado en el canto conjuró todas sus heridas, volvió a vivir en Almería, disfrutamos con su mujer, amiga y compañera de muchos días de tertulias interminables, su sabiduría era inmensa, dominaba varios idiomas, conocía a fondo la filosofía, el derecho o la historia, y se fue sin despe- dirse, dejando un hondo vacío en el corazón de quienes le queremos, y sin duda, con la promesa de que pasará a la historia de la abogacía en nuestro país, a pesar de haber sido una china en el zapato de la justicia.
Último segundo del cordón umbilical que le unió a mi vida: Watsapp, día 12 de julio de 2021, de Darío Fernández a Antonia Amate: “Otrosí digo: al termino de mi Carrera (55 años) traté el factor esperanza y lo excluí por agotamiento judicial. Acerté! Cuando los romanos en el 476 cerraron su historia no fue un capricho: se disolvió la Esperanza. Cuando muere Alejandro se llevó la llave de la Esperanza. Cuando….Hoy las cortinas son de acero FORJADO sin interpretaciones. Es por ello que un servidor sea….CIEGO A TODA ….ESPERANZA”. (20,45 horas).
P.D. Amigo mío, se os quiere. Hasta siempre.
Antonia Carmen Amate Ramírez
Cda.1.073
IN MEMORIAN: DARÍO FERNÁNDEZ ÁLVAREZ ABOGADO DEL “CASO ALMERÍA” Darío Fernández Álvarez, nació en
1939 en la localidad almeriense de
Santa Fe de Mondújar. En su casa cueva preparó el Caso Almería y recibió al periodista Antonio Ramos Espejo que escribió el primer libro sobre la muerte de tres inocentes en 1981 a manos de guardias civiles, que no la Guardia
Civil. Era un hombre con una cultura profunda, desafiante con los poderosos, decepcionado de la “politización de la Justicia”, agnóstico y “practicante” de la defensa del medio ambiente y de la cultura anglosajona respecto al Derecho. Un estudioso permanente y contestatario de lo establecido. Universidades portuguesas, alemanas, inglesas y un viajero voz por todo el mundo, Machu Picchu, Selva Negra. Cualquier rincón de abandono, de basuras, o especulación urbanística, ahí estaba. Los Millares, estribaciones de Sierra Filabres. Antes de la pandemia, Bédar, Alhama, Gádor y su residencia de Huércal del Almería que le sirvió para caminar y caminar por el desierto de Tabernas.
Cada mañana temprano salía al campo, acompañado de su amor, Yolanda, Yoli, y su adorable perro “Paco” del que en alguna ocasión me escribió que les abría camino y le anunciaba si había algún desnivel o algo extraño. Por esa incesante actividad sica, su muerte, ayer en Torrecárdenas, nos partió el corazón a los que le respetábamos y admirábamos. Teníamos pensado, junto a Francisco Javier Mañas Morales, pasar un buen día en su refugio de Benecid (Fondón) y mostrarme sus conclusiones de algunos libros históricos que había conseguido en la biblioteca de Laujar sobre la Rebelión de los Moriscos y la convivencia de las Tres Culturas del Mediterráneo. Su pareja, Yolanda, estaba desbordada y sin consuelo por la repentina desaparición. “Su debilidad, como sabes, eran los bronquios. El lunes por la tarde parecía que remontaba y este golpe es muy duro”. Tenían muchos proyectos y el compromiso medioambiental. En los últimos años , mis contactos con
Darío Fernández eran a diario por las redes sociales. El último mensaje es de hace unos días. ¡Buen día! Más avanza la estancia aquí y más crece la compenetración con percepciones suaves y volátiles. No pido salidas salvo a pueblos contiguos y de paso. La gente es ESCANSALOSA en decibelios y en CONTENIDOS. Hoy tengo en mente un paseo liberador a Ugijar. Vamos a un café (Al Andalus) con terraza relajante. La última vez hablé con un par de gitanos cosas novedosas sobre su ´mundo´. Creo que el acercamiento es más integrador desde ellos al esquema dominante. Paso muchas horas en casa con la vista sobre libros. Veo que la ´explosión´ de la juventud agita al sentido común como una horda mongólica. Predigo que en el mes en curso el rostro de España pasará a . . . ¡LAMENTOS DE RETROCESO! Estos pueblos los ´siento´ DESVITALIZADOS, sin juventud y el campo tradicional abandonado a su suerte. Con esos mimbres, ¿qué cesta futura hacer? Gozad lo que os . . . LLEGUE”.
Le seguía produciendo “alteraciones de sueño, un trauma psicológico” cada vez que se acuerda de los tres cadáveres del Caso Almería a los que tenía fijados en su retina y por todo el desgaste emocional que sufrió. Entró en acción varios días después del 10 de mayo de 1981 y se encontró que el juez no había decretado orden de procesados ni detenciones y su trabajo con denuncias consiguió que hubiera un juez especial. Eldespacho del letrado Darío Fernández Álvarez era el punto de encuentro de todos los periodistas y enviados especiales que durante los primeros años siguieron el Caso Almería y siem-pre tenían las puertas abiertas de un profesional que en sustiempos de estudiante en Granada le encantaba el periodismo. Darío Fernández se sintió solo. recibió todo tipo de presiones y campañas de desprestigio durante el Caso Almería. “Sobre el peligro social de Almería, cuando comencé la abogacía, lo titulé La ciudad repartida”. “Me adelanté”, subrayó el abogado, “con intuición a plasmar en ese libro, sin pretensión de publicar, sobre los mentideros de una sociedad . . . ¡excluyente! Tomé prudentes distancias y en unión de un decálogo de mandamientos canalicé mi vida con proyección hacia el mundo. Media docena de apellidos imponían, con rencores mutuos, las pautas feudales del pueblo emigrante almeriense. Me salvó muy temprano Inglaterra y formé a tiempo mi activo aislado del medio, de ciertos medios y del común asfixiante. Hoy ya es historia y la distancia me sabe a trasparencia”, me dijo en su piso de Huércal de Almería, antes de mudarse a Fondón. Fernández rememoró: “Me jugué la vida. Todo fue una mentira bufa orquestada por la Guardia Civil. Hay que sobreponerse a ese trauma, estaba todo dirigido a la impunidad. El poder de la Guardia Civil, el circuito de jueces, fiscales, todo apuntaba a que fuese al archivo. Fue una lucha verdaderamente titánica. Hasta el punto que yo tuve que comprar una casa-cueva porque me pusieron explosivos en el coche, en casa y en la comunidad donde yo vivía, y ahí estuve recluido más de un año. Son impactos tremendos. Fue todo absolutamente consciente. Estuvieron trabajando a favor de la impunidad, hicieron como siete informes de autopsias distintas para hacerlos coincidir con la versión oficial. Me jugué la vida bien jugada. Fui enlazando cosas sin ninguna colaboración policial ni testifical, porque estaban amedrentados todos”. Su consuelo: “el pueblo dictó su sentencia y la Guardia Civil estrenó su alba con jóvenes generaciones sin temores al
OBITUARIOS
¡mando! Entretanto, te confieso: llevo como una losa el dulce calvario de sentirme el ¡CUARTO MUERTO… ASESINADO!”, me dijo el pasado 11 de marzo en una amplia y detallada entrevista para una próxima publicación. El abogado vio en 1987 resuelto favorablemente un expediente que le abrió el Colegio de Abogados de Almería, presidido por Monterreal Alemán en 1981 durante el inicio del Caso Almería. Darío Fernández Álvarez ha superado desafíos constantes a lo largo de su vida. La última pena de muerte dictada en España tenía como protagonista a un hombre, Juan Antonio Vázquez Díaz, acusado de robar en una caja de ahorros en el poniente almeriense. Salvó la vida del condenado y marcó un hito en la abogacía española que intentaba salir de la dictadura. En ese juicio, comenzó a tener reconocimiento fuera de las fronteras provinciales. Fue el abogado que defendió al mafioso buscado internacionalmente Bardellino, a familias gitanas en Martos cuando payos les incendiaron una treintena de viviendas. Otro caso que atrajo la atención fue ser uno de los primeros abogados en poner sobre la mesa los problemas de musulmanes en Ceuta y Melilla. Estuvo en la cárcel, debido a otros asuntos por orden de la jueza de Órgiva. (Granada) Pagó un precio de envidias entre colegas provincianos que no soportaban sus éxitos. Fue la pieza a batir por los algunos colegas y jueces. “Ahonda y harás periodismo de frontera. Un abrazo”, fue la conclusión de las últimas entrevistas.
Antonio Torres
Periodista
A MI MAESTRO JOSÉ PARRILLA TORRES Me resulta difícil expresar lo que siento, han sido muchas vivencias compartidas en el despacho cuando trabajaba con él, me acuerdo que me dijo “si quieres trabajar conmigo tienes que seguir estudiando”, y así lo hice hasta terminar derecho, he estado toda mi vida de pasante de mi maestro, ha ejercido de padre cuando correspondía, de compañero también, ha sido un referente para mí a lo largo de 45 años, lo digo con orgullo y con emoción, emoción compartida con muchos compañeros que han pasado por su despacho, todos hemos estado vinculados a él, nos ha enseñado a estudiar, trabajar y a lidiar con los clientes que no es poco, todos hemos compartido la profesión y la vida con esta buena persona. jo pensar que no está con nosotros, me vienen a la memoria muchas vivencias compartidas, siempre me decía “lo primero que hay que hacer al entrar al Despacho es leer el periódico, ir a tomar café a Gladys y después estudiar, trabajar y no dejar de leer todo”, y al hilo de esto siempre decía un chascarrillo. Soy persona de pocas palabras, pero desde aquí quiero expresar desde lo más profundo, mi reconocimiento y mi pesar, cuando una persona querida se marcha, una parte de nuestra vida queda sin sentido y vacía, el vacío que nos deja Pepe es inmenso, por su profesionalidad, conocimientos, sobre todo por ser un buen jurista y mejor persona, no ha podido gozar lo suficiente junto a Quica, sus hijos y nietos de ese merecido descanso y quietud que nos ofrece la jubilación, a pie del despacho hasta el final, pero allá dondeesté, seguirá estudiando y subrayando con su lápiz de color azul y rojo. Siempre vivirá con nosotros en nuestro recuerdo, nunca podremos olvidarle, nosquedamos con lo mejor de él, con sus enseñanzas, su ejemplo, con su palabra sosegada y con su buen hacer. Descansa en Paz maestro, compañero y amigo. Elvira Jiménez López.
Cda 4128
Pepe Parrilla se marchó para siempre de nuestro lado en octubre, pero a lo largo de todos estos años ha dejado una huella inmejorable, como persona y como profesional, ha estado 53 años ejerciendo la profesión de Abogado, un luchador nato e incasable, un enamorado del derecho, un jurista en toda regla se podía llevar horas estudiando y redactando demandas, sin mirar el reloj y con un cigarrillo “ducados” en la mano.
Me encuentro escribiendo este panegírico y me cuesta traba-
FONDO JURÍDICO Y COLABORACIONES
FONDO JURÍDICO Y COLABORACIONES
FRANCISCO GARCÍA MARCOS Catedrático de Lingüística de la UAL
EL SONIDO Y SU ANÁLISIS LINGÜÍSTICO EN EL MUNDO JURÍDICO
La lingüística, como ciencia autónoma liberada de la filología, siempre ha mantenido un vínculo relativamente firme con las tecnologías. Es cierto que ha sido más intenso en algunos de sus componentes que en otros. Entre los usuarios más habituales —incluso históricos— de la tecnología dentro de la lingüística, ha destacado la fonética, con una tradición ciertamente acendrada. Es cierto que, como decía Francisco Salvador, un respetado dialectólogo de la Universidad de Granada, el oído humano es el más afinado instrumento para analizar los sonidos lingüísticos. Pero, de inmediato, advertía que también era el más peligroso, por subjetivo. En sus clases bromeaba acerca de la finura auditiva de sus maestros, capaces de distinguir más de 20 tipos de s, extraordinaria capacidad que, según mi querido profesor, los hacía dignos del museo de la ciencia. Ironías al margen, para evitar las sospechas en las audiciones de los dialectólogos, la fonética disponía de medios que permitían hacer más objetivos sus diagnósticos. Ante la evidencia física de un resultado instrumental no cabían tantos recelos.
Entre los primeros instrumentos que contribuyeron al análisis del sonido lingüístico pronto destacaron los palatogramas, ya presentes en los laboratorios de fonética desde el primer tercio del siglo XX. Su uso y desarrollo se compartía, por descontado, con otras disciplinas, en especial con la odontología forense. En lingüística permitían conocer la zona exacta del paladar que entra en contacto con la lengua al producir un sonido. Para ello se podía proceder de dos maneras. Una opción consistía en pintar con color el interior de la boca, de manera que se quedasen marcados los puntos de contacto de la lengua durante la articulación de los sonidos. En la otra posibilidad se recurría a un paladar artificial, por lo general recubierto con cacao o talco. En esta ocasión el polvo desaparecía al contacto con la lengua. Mediante un sistema de espejos, se obtenía la fotografía de la huella resultante. El aparato encargado de dar cuenta de todo ello era el palatógrafo, del que todavía se conserva una reconstrucción que hizo el CSIC en los años 60. En la actualidad, naturalmente, esa técnica ha evolucionado y se realiza por medios eléctricos. En cualquiera de sus versiones ha servido para conocer con más precisión los mecanismos articulatorios de las lenguas y, en todo caso, ha formado parte de un conjunto más vasto de instrumentos que han medido otros aspectos de la articulación de los sonidos lingüísticos. La pneumatografía se ha encargado de la presión en la zona subglotal; la manomatría del volumen del aire en esa misma zona, la nasometría hace lo propio con la cavidad nasal, mientras que para el funcionamiento de la laringe se emplean técni- cas más incómodas como la videoendoscopia o la fibroscopia, según se introduzca el equipo de visión por la boca o por la nariz. Hay que reconocer, en todo caso, que estas últimas son aplicaciones potenciales, no tan habituales ni incluso en la fonética experimental.
Sí que ha sido muy habitual la espectrografía, entre otros motivos, porque tenía un alcance distinto, al precisar y delimitar los sonidos del lenguaje. La lingüística recurrió, de nuevo, a instrumental empleado por otros disciplinas. El espectrómetro registra un movimiento ondulatorio y lo transcribe en un papel. Es apto para mediciones físicas, ópticas o, en el caso del sonido, también lingüísticas. Gracias a ese procedimiento, los lingüistas dispusieron de registros explícitos de los sonidos, en los que era posible discriminar los armónicos que lo componen, su duración, su altura y su longitud. España fue una auténtica pionera de esas investigaciones gracias a la impecable labor de Tomás Navarro Tomás. Extraordinario fonetista, hombre muy atento a todo lo que sucedía en la sociedad científica internacional, a partir de 1916 empieza a publicar estudios fonéticos experimentales que fueron decisivos a la hora de estudiar la configuración sonora del español. Entre sus innovaciones figura también la utilización de espectrógrafos para caracterizar la caída de la /s/ en andaluz. Ese rasgo tan frecuente en muchos puntos
Leer el número
El visor necesita JavaScript. Sin él, el PDF se puede descargar con el botón de arriba.
Cómo citar
«OBITUARIOS», Sala de Togas, n.º 84, diciembre 2021, pp. 48-51.
Para un gestor bibliográfico (BibTeX, RIS)
BibTeX
@article{sdt84-2021,
title = {{OBITUARIOS}},
journal = {Sala de Togas},
number = {84},
year = {2021},
month = {dec},
pages = {48--51},
url = {https://nuevosdt.icaalmeria.com/revista/84/obituarios}
}
RIS
TY - JOUR TI - OBITUARIOS JO - Sala de Togas IS - 84 PY - 2021 DA - 2021/12// SP - 48 EP - 51 UR - https://nuevosdt.icaalmeria.com/revista/84/obituarios LA - spa ER -