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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

¿Faltando al decálogo?

José María Frías Muñoz · Sala de Togas n.º 84, , página 14–17

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¿FALTANDO AL DECÁLOGO?

Como el señor juez se hizo el sueco, yo tuve que hacerme el valiente, y arrimarme para decirle que no volviera a dirigirse a mí en esos términos. No es la primera vez. No será la última. Y eso viene de la actitud que algunos de los coincidentes laborales que tenemos la desgracia de llamar compañeros, tienen en los juzgados. Eso viene de que cuando llaman para la asistencia, algunos, los de siempre, están tomando café en el bar de enfrente, y van dos horas después de la llamada, pudiendo ir de inmediato. Luego todos estamos en el mismo saco. Es una parte nuestra culpa. Otra parte importante es de Letrados de la Administración y Jueces. El desprecio con el que nos tratan, se trasmite a sus subalternos, de forma tan peligrosa como altanera. Nos reprochan que usemos todos los medios a nuestro alcance para defender a nuestro cliente. En una ocasión, al pedir habeas corpus, el funcionario irritado llamó a su señoría, y esta le dijo por teléfono que no iba a ponerlo en libertad (la investigación se había iniciado un año antes, se había notificado la existencia del procedimiento en el domicilio en su día, y cuando la guardia civil lo llamó para tomarle declaración en el cuartel, lo cual era de todo punto inapropiado, pues ya había diligencias, fue detenido), pero que si quería venía al juzgado a decírmelo. Que era víspera de nochebuena. “Claro que quiero que venga, yo estoy aquí”. Cuando llegó me inquirió el motivo de haber iniciado el proceso extraordinario que supone el habeas corpus. Usted querría que su letrado hiciera todo lo posible por usted ¿No? Pues eso hago. No sin antes, la señora funcionaria que nos atendía, cuestionar que interviniera al preguntarle al detenido cual era el motivo de la interposición de dicha herramienta jurídica.

Los jueces, afortunadamente no todos, ven en nosotros al enemigo. Que decir de fiscalía, con honrosas excepciones. Somos el diablo en persona. Un porcentaje importante, al vernos entrar ya mudan el gesto. Las hay que incluso levantan las gafas de sus ojos y la usan a modo de felpa mientras estamos en sala, para no vernos. Tratan de ridiculizarnos delante de los clientes, solicitando aclaraciones en sala que deberían haber pedido en Auto al recibir la demanda y antes de dar traslado a la contraparte. Es lo que establece la Ley. Pero la malicia, el desprecio hacia el letrado, la hace contradecir la Ley para satisfacer su deseo de denigrar al abogado. Lo hacen a sabiendas, para ponernos nerviosos, para hacernos parecer ineptos delante de quien nos paga. En una ocasión, así lo hice ver a su señoría: usted cobra un sueldo del estado, yo vivo de lo que me pagan mis clientes, lo que está haciendo, lo hace tratando de perjudicarme.

Que estamos faltando en muchas ocasiones al decálogo que orgullosamente colgamos en la pared de nuestro despacho, es un hecho. Que todos los letrados de Almería sabemos quiénes son las cuatro manzanas podridas que tendríamos que expulsar del Ilustre Colegio Provincial de Abogados, y apartarlos de la profesión para volver a dignificarla, también es un secreto a voces. Ahora bien, el trato que, en general, recibimos los letrados en Almería, es cuando menos, irreverente. La profesión es ya de por sí difícil, y complicada. Vivimos de criticar el trabajo de nuestros, casi siempre, compañeros. La falacia ad personam, es sin duda el argumento que en mayor número de veces se escucha en un juzgado. Solapado, de puntillas, escondido. Pero siempre vamos al juzgado a por el restregón. Eso va en el sueldo. Lo que en modo alguno debería ir, es la falta de aprecio del cliente por nuestro trabajo. Las reiteradas frases “no sé cómo has estado” si pierdes, “esto estaba ganado” si ganas. En una buena parte, nosotros mismos hemos rebajado el halo que teníamos, permitiendo actitudes contrarias a lo que debería ser el ejercicio de la abogacía y al tirar los precios de los procedimientos: hay quien hace un divorcio por 300 €, incluido el procurador. También hay quienes piden dinero cuando van a hablar a fiscalía, del orden de 3000 €, porque, según ellos, tienen que pagar al fiscal con el que hablan. Cuando el bisoño cliente cambia de letrado, lo cual sucede normalmente al segundo o tercer sablazo injustificado, y le explica que el dinero no era para el fiscal, que precisamente a ese letrado les cuesta recibirlo, ya es tarde para cambiar su opinión, y el sambenito de chorizos, se extiende a todos, incluso a quien ha desvelado las malas artes de los coincidentes laborales, que no compañeros. A ese tipo de personas, a los que en la puerta del juzgado callan que su contrario está en sala, y consiguen con eso que se les tenga por desistidos de un procedimiento, a los que engañan a sus clientes, a los que tratan con la punta del pie a los funcionarios, y a los que tratan de engañar a los jueces, habría que eliminarlos de la profesión. Por la sencilla razón enunciada antes: sus acciones nos contaminan a todos, como colectivo.

De ahí, que ahora, cuando vamos al juzgado a buscar un expediente, muchos funcionarios nos traten peor que a los investigados a los que representamos. Nos tratan como a condenados. No hay miramiento, no hay respeto. El otro día en un juzgado de el Ejido, el funcionario delante de su Señoría, me llamó la atención en una guardia. Un funcionario. 14 muy importante que lo hiciéramos notar, la Administración de Justicia quedaría paralizada. ¿Se ha dado cuenta alguien que sin los abogados no hay juicios? ¿Se ha dado cuenta alguien de que el Derecho de Huelga es causa justa para la suspensión de un Juicio? ¿Nos hemos dado cuenta de que podríamos hacer valer nuestra dignidad como letrados, convocando una huelga de, pongamos una semana, y vemos los efectos de nuestra queja en el funcionamiento de la administración que nos ningunea?

OPINIÓN

Algunas disfrutan haciendo sufrir a compañeras en sala, a las que he visto incluso saltársele las lágrimas. En las guardias los fiscales llegan al juzgado aún después del Juez. Los que cumplimos y vamos tan pronto nos es posible, como exige la norma, sabemos lo que es estar toda la mañana esperando a que vengan las personas que tienen necesariamente que intervenir en el procedimiento. Sabemos lo que es volver, sobre todo de algunos juzgados de la provincia, a las tres y media o las cuatro de la tarde. Desde las nueve de la mañana.

Pocos llegan a su hora. Pocos esperan si nosotros tenemos un retraso. Pocos atienden nuestros argumentos, aunque muchas veces, quien de hecho defiende la legalidad vigente, lo que no es nuestra labor, somos nosotros. El funcionario de turno ve a su jefe bufando al vernos, y por supuesto, se mimetiza con él. Las medidas Covid en los juzgados han valido para hacernos más extraños, más ajenos aún a la Administración de Justicia.

La última, en el tiempo me refiero, porque habrá más, es la discriminación que supone tener que usar el arco de entrada. No me negaría a tamaño ultraje, si todas las personas que entraren en la ciudad de la Justicia, tuvieran que pasar por ahí. Pero ¿Podemos los letrados llevar armas u otros objetos prohibidos escondidas, y los funcionarios y los jueces no? Lo cierto es que se nos supone, por parte de quien ha tomado esa decisión, delincuentes. Es un acto ofensivo y despectivo hacia un colectivo sin el que, y sería

Deberíamos haber salido hace tiempo a reclamar nuestro derecho. Hace tiempo deberíamos habernos plantado, haber exigido el permiso para la creación de un sindicato de abogados que aborde ya, sin dilación, todos los problemas a los que los abogados nos vemos condenados a diario. Que pueda interponer quejas ante el CGPJ sin ser personalmente señalado nadie. Que haga comparecencias en los juzgados cuando nos citan a las diez de la mañana, y son las dos y aún no hemos entrado en sala. Que pueda exigir un trato digno a jueces, fiscales y funcionarios. Que ponga en valor nuestra labor, sin la que no habría actividad en la Administración de Justicia. Ya sé que dice la Sentencia de la Audiencia Nacional, y ello es un motivo más para comprender la necesidad de creación de un Sindicato de Abogados. Y desde el, podríamos también quitarnos de en medio profesionalmente hablando, de todos aquellos que, con sus acciones indignas, nos han privado de lo que por Derecho nos pertenece: la dignidad de la profesión de Abogado

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Cómo citar

José María Frías Muñoz, «¿Faltando al decálogo?», Sala de Togas, n.º 84, diciembre 2021, pp. 14-17.

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AU  - José María Frías Muñoz
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JO  - Sala de Togas
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PY  - 2021
DA  - 2021/12//
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