Tom Ripley o la fascinación por el mal
Sala de Togas n.º 83, , página 104–106
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TOM RIPLEY O LA FASCINACIÓN POR EL MAL Por: Francisco Luis Perales Palacios y Rita María Sánchez Molina
Lo que comenzó llamándose novela policiaca fue evolucionando con el tiempo junto a la sociedad que la consumía. Es común asociar su inicio con “Los crímenes de la calle morgue” (Edgar Allan Poe, 1845), protagonizada por un solitario noctambulo, vástago de familia venida a menos, que concentra toda su inteligencia superior en la resolución y revelación de misterios con matemática eficacia. Considerado el primer detective, Auguste Dupin utiliza el análisis desapasionado y, aunque se sirva tan solo de la lectura de los diarios y los conocimientos adquiridos en su gigantesca colección de libros, fatalmente siempre da en el blanco. Con capacidades deductivas insólitas, puede seguir los pensamientos de un amigo y compañero de paseos nocturnos a partir de una mirada a la constelación de Orión hasta la escasa estatura de un actor de teatro. Y por lo tanto es capaz de resolver el crimen más descabellado.
Hasta que otra vuelta de tuerca tiene lugar con el
Tom Ripley creado por Patricia Highsmith que da título a este artículo. Personaje de novela ella misma, con un estilo sobrio a la vez que metódico, destaca particularmente como creadora de personajes de marcada ambigüedad moral, sus héroes suelen ser figuras turbias y marginales que explotan la hipocresía para ascender socialmente. Leída y reconocida por la crítica en el mundo entero por su penetración psicológica y sus tramas complejas y muy elaboradas, consiguió un temprano reconocimiento internacional con la genial adaptación al cine de su primera novela por el maestro del suspense, que, con guion de Raymond Chandler, dio a luz la extraordinaria “Extraños en un tren” (Strangers on a train, Alfred Hitchcock, USA 1951). La madre literaria de Ripley arrastraba problemas emocionales desde la infancia, era solitaria, consciente de su homosexualidad y gran bebedora. El cinismo que destilaba su primera novela no era del gusto de la América de los 50, y, a raíz de su éxito, marchó a vivir a Europa residiendo en la soleada Italia y en Suiza donde terminó sus días.
Cinefilia
Este estilo analítico culmina con el mítico Sherlock Holmes arquetípico personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle en 1887 y sus interminables trasuntos, más o menos british y más o menos distinguidos, y sigue su evolución hasta que la crisis del 29, con su amargura y desencanto social, transforma la novela policiaca en un nuevo concepto, denominado después novela negra, de la mano de Dashiell Hammett y Raymond Chandler y sus respectivos personajes, los inolvidables Sam Spade y Philip Marlowe, independientes, cínicos y a la vez románticos en una sociedad de poderosos amorales, que han inspirado grandes joyas del cine negro como “El halcón maltés” (The Maltesse Falcon, John Huston, USA 1941) o “El sueño eterno” (The big sleep, Howard Hawks, USA 1946), interpretados ambos en ambas por Humphrey Bogart. En todas las tramas hasta entonces una nota común era la regla de oro, el protagonista persigue a los malvados, y, finalmente, de una manera u otra, el crimen siempre se paga.
Cartel de "A pleno sol", René Clément, 1960.
No existe consenso en la imagen que tenía el anónimo paseante que se dice dio lugar a la forja del personaje del amoral Tom Ripley: para unos se trataba de un atractivo y refinado cincuentón con el pelo rubio y corto que corría por la playa de Positano y que vio a través del balcón del Albergo Miramare que cuelga sobre el Mediterráneo, otros dicen que el personaje surgió cuando vio caminar por la playa a un joven moreno, vestido con pantalones cortos y sandalias, que
Cartel original de "El amigo americano", Win Wenders, 1977.
Cartel de "El talento de Mr. Ripley",Anthony Minguella, 1999. desentonaba como un extraño en un entorno tan refinado. El caso es que de ese encuentro nació el primer asesino al que no queremos que atrapen y a partir de ahí encontraremos su rastro en el cine desde Michael Corleone a los personajes de Tarantino, pasando por Dexter o Aníbal Lecter, por no hablar de los homenajes encubiertos en diversas películas imprescindibles de la historia del cine como la mismísima Alien (Ridley Scott, USA 1979) cuya protagonista comparte apellido con nuestro antihéroe. ser maligno que es Ripley siente la imperiosa necesidad de poseer el dinero, el estatus, la clase, el barco e incluso a la novia de este (bellísima y más que apetecible Marie Laforet), vampirizando la propia personalidad del pretendido amigo al que en realidad quiere suplantar apoderándose de todo lo suyo. A partir de ahí se desencadena la trama que conduce la película por las tretas y artimañas de Ripley para lograr su meta y no ser descubierto, mimetizado entre la alta sociedad de extranjeros ociosos y juerguistas que pululan por la costa italiana de principios de los 60.
El personaje no se somete a la moral establecida y crea sus propios valores, al contrario de lo habitual, no es castigado ni atrapado por la policía e inicia un gran ascenso social. Aunque no es ni detective ni policía, sino un estafador inteligentísimo que suplanta a sus víctimas y un ladrón y asesino ocasional, se convertirá en celebrado protagonista de la serie de cinco novelas policiacas escritas entre 1955 y 1991. La primera de ellas, “El talento de Mr. Ripley”, obtuvo el Gran Premio de Literatura Policiaca y fue adaptada al cine dos veces dando lugar a dos atractivas películas: “A pleno sol” (Plein Soleil, René Clément, Francia 1960) y “El talento de Mr. Ripley” (The Talented Mr. Ripley, Anthony Minguella, USA 1999), protagonizadas por Alain Delon y Matt Damon. El carismático Ripley se ha asomado nuevamente a la gran pantalla en los films “El amigo americano” (Der Amerikanische Freund, Win Wenders, RFA 1977) y “El juego de Ripley” (Ripley’s Game, Liliana Cavani, USA 2002), adaptaciones de “El juego de Ripley” en las que fue encarnado por Dennis Hopper y John Malcovich, y, en la última hasta el momento, “Mr. Ripley el regreso” (Ripley Under Ground, Robert Spottiswoode, UK 2005) sobre la novela de 1970 “La máscara de Ripley”, por el menos conocido Barry Pepper.
En la película se dejan de lado, o son solo intuidos, determinados aspectos del personaje que aparecen en la novela, incluso el desenlace es distinto. La camaradería que une a los protagonistas en la película tiene otros tintes más sexuados en la novela, por ejemplo, pero, sobre todo, el tema central del film no es tanto la asombrosa suerte que acompaña a la improvisación de Ripley ni su transformación paulatina mientras intenta refinarse sino algo más inquietante como es el rapacidad de la novia, de los amigos, de la propia manera de ser por alguien a quien has acogido de buen talante pero que solo pretende arrebatarte todo lo que configura tu persona, hasta tu misma personalidad.
Y todo ello frente a frente, en soledad del Mediterráneo, en mitad de un mar inmenso, y bajo un Sol que abrasa.
Aunque todas merecen un visionado, requiere especial mención la película francesa, imprescindible por su gran calidad y con una extraordinaria interpretación del inconmensurable Alain Delon, magníficamente secundado por Maurice Ronet y Marie Laforet al compás de la música de Nino Rota, en el marco de un límpido y luminoso Mediterráneo impecablemente fotografiado por Henri Decaë. En un prólogo apenas intuido en el film, Ripley es un pobre buscavidas que deambula por Nueva York tocando el piano y que, a raíz del encargo de un padre que pretende que su hijo abandone su dolce far niente en la soleada Italia, entra en contacto con una sociedad de holgados bohemios de la más pura aristocracia estadounidense a los que quiere parecerse y que cruelmente le devuelven su imagen de trepa advenedizo.
Plano final de "A pleno sol": Ripley/Delon descansa plácidamente tras eludir la acción de la justicia.
Y todo ese planteamiento se desarrolla cuando en la plácida existencia de un rico heredero, que pasa sus indolentes días en la imaginaria localidad de Monticello, aparece un extraño personaje al que no conoce de nada pero que afirma ser su amigo de infancia, del que sospecha que quiere arrebatarle todo lo que tiene y a quién, a pesar de todo ello, le permite el roce e íntimo contacto fingiendo una suerte de estrecha relación y aceptando en definitiva el reto. No se harán esperar las consecuencias cuando ese
Cartel de "El juego de Ripley", Lilianja Cavani 2002.
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«Tom Ripley o la fascinación por el mal», Sala de Togas, n.º 83, julio 2021, pp. 104-106.
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