Obituarios
Sala de Togas n.º 75, , página 54–58
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Compañeros fallecidos en los últimos meses: · José Luis Villar Fornos – 10 de febrero de 2017
• Bernardo Falcón Martín – 1 de mayo de 2017
• Luis Morón Gnecco – 3 de julio de 2017
Sobre mi amigo y abogado Bernardo Falcón Martín Por José Antonio Galdeano Peña (Col. 960) uestro amigo y Director de la Revista, José Ramón
Cantalejo, me pide que escriba unas líneas sobre nuestro compañero Bernardo Falcón, tarea que si bien se presupone fácil, no lo es, no se trata de redactar unas oraciones más o menos bonitas, con un vocabulario nutrido. Hay veces que se tienen ideas, recuerdos, pero falta fortaleza para plasmar en un escrito el alma de esas ideas, de esos recuerdos y de esas vivencias. Pese a todo lo intentaré y espero que mis palabras sean un sincero homenaje, si bien los desterró en su vida.
Conocí a Bernardo en enero de 1983, hacía escasos días que había jurado como abogado, en la antigua sala de togas del Palacio de Justicia (entonces Colegio de Abogados), estaba enfrascado en una conversación sobre arrendamientos con otros compañeros. Recuerdo concretamente, a José Manuel de Torres Rollón, su maestro. Tomé asiento, agucé el oído y haciendo como que leía, me puse a escuchar, sus conocimientos apabullaban y vi cuán grande era mi igno- rancia. Quedé sorprendido y a la vez admirado, no tanto por los conocimientos de ambos tertulianos sobre el tema, sino por el cariño, respeto y admiración que observé se profesaban (lo que pude comprobar pasados los años). Acabado el coloquio me presenté, debieron de ver mi cara de susto y José Manuel con su verbo meditado y reflexivo me animó, me dio la bienvenida y me auguró grandes éxitos en la profesión. Bernardo, ya solos, habló después, no solía tener prisa y nunca olvidaré sus palabras, queriendo ser amable pero con algo de petulancia. “¡Con que un nuevo vocero!”. Debió ver mi cara de asombro, porque rápidamente me expuso, con aire tranquilizador. “Los abogados somos voceros, prestamos nuestra voz y palabra a la gente, y también somos un poco curas, los oímos en
Sala de Togas · Ilustre Colegio Provincial de Abogados de Almería confesión.” A continuación me dio un consejo que para mí fue como primera lección. “Estudia, lee jurisprudencia, ahora tienes tiempo.” Seguimos hablando y nunca podré olvidar sus palabras cuando me dijo: “No te asustes, en la profesión verás de todo. Nadie sabe más que tú, el que está enfrente tiene los mismos estudios, es tu contrario, tu compañero, piensa que juegas una partida de ajedrez, escucha al cliente, estudia, traza una estrategia nutrida con táctica, creatividad, astucia e inteligencia, pero sobre todo estudia, estudia mucha jurisprudencia y habla con convencimiento al juez y al tribunal.” Durante todos estos años aquellas palabras fueron para mí como un catecismo.
Esa empatía, amistad o relación incipiente se fomentó al proponerme (y yo aceptar) entrar en el Grupo de Jóvenes Abogados. Conocí más intensamente a los que para mí estaban entonces involucrados en conseguir alguna mejora, ya que no teníamos nada; Pepe Murcia, nuestro Presidente, Manolo Castiñeras, Paquito Ruiz, el propio Bernardo, secretario del grupo, y los también fallecidos, Juan Antonio González Aznar y Ernesto Ruiz Cantón, más tarde se unieron, Rocío Andújar, Juan José Mullor, María Dolores González… Todos los jueves nos reuníamos en Junta, eran nuestros “jueves jurídicos” después la cervecita en algunas ocasiones (el presupuesto no daba para más) y así le fui conociendo como letrado y como ser humano. Desde entonces hasta que nos dejó, no fueron pocas las ocasiones en las que no hablásemos o nos viésemos, bien colaboranJulio 2017
Obituarios do en asuntos, bien como dos buenos amigos, solos o con nuestras familias. Viendo crecer a nuestros hijos y hablando sobre ellos y su porvenir, compartiendo alegrías familiares y penas, junto con Sara, su esposa, sus numerosas idas, venidas y estancias hospitalarias. La salud nunca le acompañó y él nada hacía por cuidarse, pese a los requerimientos y consejos que le hacíamos, los cuales desoía, así hasta el final. El maldito cáncer segó su vida el primero de mayo, menuda manera de celebrarlo, quizá por eso de ir a contracorriente como le gustaba e hizo en su vida.
Como dice la canción “algo se muere en el alma cuando un amigo se va”, qué gran verdad, qué vacío dejaste, me dejaste, ya no hablaremos, discutiremos o reflexionaremos juntos sobre los problemas de nuestra sociedad, sobre la justicia, sobre la abogacía, sobre el azaroso e injusto mundo en que vivimos, sobre las desigualdades, sobre las últimas migraciones, sobre los actos y hechos del nuevo Papa, sobre nuestra clase política, sobre los casos de corrupción (perdón él los llamaba “casos de podredumbre y fetidez”), sobre la última noticia que había leído. “Jose”, me decías, “ya no me sorprendo de nada, estamos curados de espanto”.
Tenía tanta curiosidad por saber, por entender, por conocer el fondo de las cosas, el pensamiento y comportamiento humano que su refugio Julio 2017 y creo único hobby era la lectura, su gran pasión, (quizá también el “dominó por parejas”). Devoraba libros, revistas, boletines, todo lo que caía en sus manos y todo lo que hacía o contribuía a que fuese un gran abogado o un gran “vocero” como le gustaba llamarse. Mostraba su preocupación y en nuestras charlas me decía: “Jose, hoy los abogados están dejando de ser voceros, son como máquinas al servicio de los grandes despachos, deshumanizados, puro marketing”. Sus códigos con sus anotaciones y sus referencias a sentencias, a circulares de fiscalía, eran verdaderos tratados de legislación y jurisprudencia, por eso nunca se desprendía de ellos pese a las numerosas reformas y años transcurridos. Me atrevería a decir que un estudioso del derecho, tras su ojeo o visionado, no dudaría en solicitar y pedir su inclusión en una vitrina o museo para demostrar el estudio constante y permanente de la ley por el abogado.
Durante muchos años impartió clases en la Escuela de Práctica Jurídica, un gran profesor muy valorado entre los abogados alumnos a los que impartió sus conocimientos y experiencias (curiosamente cuando pasó a la Universidad lo dejaron fuera y es que no tenía padrino o no hicieron valer sus méritos). Le habían asignado en el primer curso el tema de “los recursos”, se mostró siempre indignado, solo tenía una jornada para ello. El segundo año te- nía asignado el “jurado” durante una semana, escenificaba todo el juicio, siempre magistral, pero cualquier tema penal, (su especialidad) o procesal que se le plantease o surgiese lo abordada con maestría. Desde la práctica, disfrutando con los abogados (alumnos y no alumnos) a los que gustaba enseñar y compartir sus experiencias, aderezados con chascarrillos y anécdotas. Les mostraba y trataba de transmitir además de sus conocimientos, su preocupación de que con nuestra fervorosa palabra, hablada y escrita no continuásemos cada uno nuestro oficio con la dignidad y el placer de estar sirviendo a una hermosa profesión, en otras palabras, le preocupaba la deshumanización del abogado. Le preocupaba el mal uso de las nuevas tecnologías, de Internet (no le gustaban nada). Hablaba, en ocasiones cabreado, “del corta y pega”, de esas demandas y contestaciones carentes de estudio, de los recursos sin fundamentar, de los escritos de
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Obituarios defensa huérfanos, de la falta de oratoria, de la falta de respeto que le debemos al derecho, a la ley, del olvido de la mística con la que debemos buscar el camino de la justicia, por el anhelo de encontrar la verdad, le preocupaba la arbitrariedad y siempre decía que éramos nosotros, los abogados, los guardianes como confesores de las miserias del ser humano, los llamados a defender la verdad, la justicia y evitar la arbitrariedad y el abuso a cambio de una remuneración que en la mayoría de los casos no llega (o llega mal y tarde) y es que, pese a los años de ejercicio, se fue sin aprender a “cobrar un pleito”, a cobrar su trabajo. En más de una ocasión le comenté que más que un abogado parecía el buen samaritano, siempre estuvo en el turno de oficio penal y es que se volcaba con sus clientes, los DON SIN NADA. En cuanto a sus clientes, de oficio o no, en cualquier lugar, tomando la cerveza, contestaba a sus preguntas o le daba solución al tema que le habían planteado. Nunca los invitaba a pasar por su despacho, de lo que yo discrepaba porque era todo lo contrario, lo siento nunca soporté que no me respetasen mis horas de ocio.
Los clientes, a veces los amigos e incluso la familia, no ven el trabajo duro que hacemos los abogados. Nosotros sí somos conscientes del esfuerzo que representa la defensa de sus intereses, y es que como ha- blamos en numerosas ocasiones, haciendo nuestras palabras de otros muchos abogados, “el cliente cuando nos ve en acción (en la vista, en la audiencia, en la negociación, etc…) no se plantea el trabajo que hay detrás de nuestra intervención, como tampoco se imaginan los desvelos y preocupaciones que su asunto nos acarrea, incluso discusiones con la familia, conscientes incluso de que pese a darlo todo, no recibamos nada. Pero eso también, hoy, desgraciadamente es el ejercicio de la abogacía lo que nos lleva a ser diferentes, a no ser perezosos, a dar al trabajo un pleno sentido humano y es que “el abogado es el hombre que defiende y en cuanto le es posible hace triunfar la justicia. Noble profesión la del abogado porque encarna, representa y defiende los sagrados valores que son intrínsecos al derecho como Ciencia: la justicia, la libertad, el orden, la democracia y la paz”.
Así era Bernardo Falcón un ABOGADO, con mayúsculas o, en palabras de Ángel Ossorio escritas en “El
Sala de Togas · Ilustre Colegio Provincial de Abogados de Almería alma de la toga” “un sujeto contradictor, que siempre se halla en lucha contra otro y contra todos los poderes habidos y por haber…. siempre que según su leal saber y entender le asista la razón”.
Bernardo era grande cuando escribía, su pluma, como un buen clásico a veces cervantina a veces quevediana, era afilada, burlona, bordaba la sátira con elegancia (lo que le faltaba, a veces, cuando hablaba). Sus “pullas” en ocasiones me hacían pasar un mal rato y posterior discusión, no me daba tiempo a llegar al “quite”, bien es verdad, que nunca me contestaba, se limitaba a escuchar mi reproche o queja y a decirme “ya me estas regañando, pareces mi padre”. Recuerdo cuando escribió “A propósito de la prisión provisional de los acusados sin corbata” subtitulado
“Tesina jurídico-jocosa del Capitulo X del Título Y del Libro Z, de un texto refundido cualquiera -sirva como modelo pret-a-porter- “. (Revista Sala de Togas nº 29 de febrero de 1998), por cierto recomendable su lectura hoy al igual que entonces, allí como defensor y vocero de DON SIN NADA no esperaba que sus alegaciones fuesen atendidas, le quedaba el consuelo de que el instructor había leído su escrito o al menos eso creía. Se me viene a la mente cuando hace ya unos cuantos años, la Juez, hoy amiga, Doña Isabel Tobeña SantaMaría (Juzgado Roquetas Uno), nos vio en el pasillo de su juzgado e invitándonos a pasar a su despacho, estábamos a la espera de una petición de libertad, presentada tras una acusación de asesinato a nuestro cliente que comenzaba “tras atenta y previa lectura y reflexión sobre lo escrito” nos dijo: “Letrados, sepan Vds. que yo siempre leo sus escritos, todos los escritos.” Y él todo serio, le contestó. “Señoría, me alegro, no me cabía duda alguna, es su deber y obligación”. Aunque también es verdad que, entre los compañeros, Julio 2017
SECCIÓN · Subsección Obituarios levantaba incomprensiones, reproches y en más de una ocasión se oía decir “las cosas de Bernardo”, lo que dicho sea de paso le afectaba poco, por no decir nada, se lo tomaba con elegancia, pero justo es decir que la prudencia no era su fuerte y que pese a su inteligencia y laboriosidad “mano izquierda” no tenía.
Enemigo de homenajes y medallas, crítico pero respetuoso con el sistema y los ministros (así llamaba a los compañeros de la Junta de
Gobierno, de todas las juntas y al que ostentaba cargos), hombre bueno, honesto y leal, siempre dispuesto a colaborar con el Colegio, a escuchar y ayudar a cualquier compañero, a respetar y ser amigo de los empleados del colegio, al trato por igual con todos sus semejantes, todo eso y más era mi compañero y amigo, Bernardo Falcón, incluso llegó a presentar su candidatura a Decano, no hizo campaña, con un programa entre crítico y sarcástico, como él era, no tenía miedo al ridículo, sacó tres votos y quedó sorprendido, sabía que no le había votado y lo curioso fue cuando me comentó: “Jose, quién coño me habrá votado, si ni siquiera yo lo hice, manda carallo”. Era su forma de mostrar su disconformidad y rebeldía. A lo largo de los años en que nos conocimos y estuvimos juntos compartiendo experiencias e ilusiones, pocas veces discutimos, aunque cuando lo hacíamos optaba por el silencio que se transformaba en sonrisa pasados los días “como si nada hubiese pasado”. Lo que más me gustaba de nuestra amistad eran las diferencias que teníamos, que eran muchas, y que nos hacían ver las cosas de forma diferente, pero sin ofendernos, eso sí, era terco. Pocas veces daba su brazo a torcer pero en su descargo tengo que decir que siempre fue respetuoso con la decisión que tomaba o tomábamos, los que formaban su círculo más cercano, respetando la libertad de cada uno. Y era tanta la empatía que existía entre nosotros que a veces no había necesidad de decirnos lo que estaba pasando, vivimos tantas cosas junJulio 2017 tos, tristezas, enojos, alegrías, vergüenzas, risas, secretos, etc…. Era tan especial, en las formas y acciones, en su vida en general que para enseñar y dar ejemplo, llegaba a la exageración incomprensible a veces; como anécdota contaré que un día tomando una cerveza con Sara (su mujer) y los niños, estos pidieron una tapa, cuando la vieron la dejaron con cara de asco (rondaban desde los 6 a los 12 años). Él los observó, se levantó de la silla y dirigiéndose a ellos les dijo, muy serio y con voz severa. “Se come todo, hasta la hierba, poca hambre tenéis, sois muy delicados.” En esta se acercó a una jardinera, cogió varias hojas y las introdujo en el pan a modo de bocadillo y las comió a su presencia, con voracidad y ganas. Quedaron paralizados, huelga decir que con cara de susto, tomaron la tapa que antes habían desechado, bien es verdad que a fecha de hoy, ya hombres, aún lo recuerdan y me comentan con una sonrisa. “Papá, quedamos traumatizados, pensamos que Bernardo nos iba a hacer comer hierba en el bocadillo.” Así era mi amigo Bernardo. Cuentan que “al lado de un buen hombre siempre hay una buena mujer”, gran verdad y doy fe de ello. Bernardo tuvo la gran suerte de que en su vida se cruzó una gran mujer, Sara, su compañera y esposa, persona transparente y sincera, amiga y madre, su complemento, la única que ganó su corazón, y que fue cómplice de nuestra amistad desde el inicio, favoreciéndola con su amena conversación, comprensión, risas, silencios y a veces lágrimas. Hemos pasado por tantas cosas juntos y con nuestras familias, que no solo nuestra amistad creció y se hizo más fuerte cada día sino que hoy, Sara, y sus hijos, Bernardo y Agustín, son parte de mi familia, mi otra familia.
Necesario es terminar lo que se empieza. “No te enrolles Jose” me diría. Creo que nadie mejor que
Miguel Hernández en su “Elegía” describió o expresó lo que supone la pérdida de un amigo por una muerte temprana y traicionera. Todo el dolor, el sufrimiento, la injusticia de su ausencia, de que la muerte le arrebate inesperadamente a su compañero de letras y conversaciones, la plasma en la mentada Elegía. Por eso tras la lectura de sus versos, en esta primaveral y estrellada noche, compartiendo y reflexionando sobre los mismos, pese a la angustia y dolor que me ha producido su muerte, me queda la esperanza, como a Miguel Hernández, del reencuentro “cuando vuelvan a brotar las flores” con el amigo arrebatado pronto e inesperadamente por la hoz segadora de la muerte.
Gracias Bernardo, gran vocero y amigo “del alma”, por todo; por tu honestidad, por tu lealtad, por ser un hombre bueno, por lo bueno que me enseñaste, por los ratos, vivencias, silencios e inquietudes que compartimos, por dejarme estar a tu lado, por compartir secretos e ilusiones, risas y llantos, y gracias por ayudarme e incentivar mi amor por esta bendita profesión de abogado. Hasta siempre compañero, amigo y hermano.
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Subordinación y autonomía en el trabajo profesional
Belén del Mar López Insua Profesora Ayudante Doctora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social (Acreditada como Profesora Contratada Doctor). Universidad de Granada
“Imaginemos que los fuertes forman una asociación con los débiles, si borramos todas las consideraciones que pueden poner freno a su egoísmo, se organizará el pacto social de tal manera que recibirán para sí la parte de león (la llamada societas leonina)...”
Rudolf Von Ihering1
1. INTRODUCCIÓN: POLÍTICAS COMUNITARIAS Y MARCO REGULADOR ANTE UN COLECTIVO “OLVIDADO” a terciarización de la actividad productivas, a través de las distintas variantes que ofrece el trabajo autónomo, está siendo cada vez más utilizada como instrumento privilegiado para fomentar la flexibilización de las relaciones profesionales. Estas nuevas formas de organización del capitalismo contemporáneo están acarreando un incremento del trabajo autónomo y flexible, al tiempo que un desmantelamiento de carencias2. El marco difuso que desdibuja la actuales técnicas de división del trabajo conlleva el surgimiento de problemas entre el autónomo y el asalariado, en cuanto que sitúa al TRADE en una zona gris y al margen de las reglas que establece el Derecho del Trabajo clásico. En efecto, la des- construcción de las bases homogéneas que crea el sistema taylorista-fordista quedan ahora superadas a raíz de los nuevos desarrollos empresariales y descentralizados. Ello supone una crisis del trabajo asalariado ante las insuficiencias del sistema jurídico para hacer frente a las realidades contemporáneas (en un contexto de destrucción del empleo) y propias del postfordismo. Se pasa de un concepto de “trabajador homogéneo o en masa” a un “trabajador heterogéneo” y más propio del sector servicios y empresarial, el cual determina un dilema en torno a su normalización y manto protector ante “el carácter evolutivo de la institucionalización y juridificación del trabajo asalariado”3.
Un mismo trabajo profesional puede realizarse a través de distintas modalidades y formas de prestación de servicios, por lo que ¿donde se encuentran entonces las fronteras entre el trabajo subordinado y el asalariado? Ciertamente, la nota característica de la “falta de dependencia económica” es la que propicia desde un plano teórico esa supuesta separación entre ambas figuras, aunque no desde un punto de vista práctico. Y es que, desde que la crisis económica hizo su presencia a finales del año 2007, el número de falsos autónomos (principalmente, representado por trabajadores asalariados que no son tales, sino trabajadores asalariados que son obligados por despóticos empresarios a darse de alta como autónomos para eludir el pago de las cotizaciones a la Seguridad Social) y TRADEs (que son, en realidad, simples trabajadores por cuenta ajena) han aumentado considerablemente4. Lo que, en la actualidad, plantean una enorme litigiosidad debido al régimen de economía sumergida y trabajo irregular en el que se insertan estas figuras propias de aquellos modelos de organización más flexible y competitivo5.
1 Von Ihering, R, El fin en el Derecho, Estudio preliminar “El pensamiento jurídico de Ihering y la dimensión funcional del derecho” a cargo de José Luis Monereo Pérez (Granada, Comares, 2011), 263.
3 Monereo Pérez, J.L, «Introducción. Análisis general. Significación jurídica del Estatuto del Trabajador autónomo», en El Estatuto del Trabajador autónomo. Comentario a la Ley 20/2007, de 11 de julio, del Estatuto del Trabajador autónomo, Dirs y Coord. Monereo Pérez y Fernández Avilés (Granada: Comares, 2009), 2-3; Ibid., Monereo Pérez, J.L.: “El trabajo autónomo, entre autonomía y subordinación (I y II)”, en Aranzadi Social. Revista Doctrinal, Vol. 2, nº. 4-5 (2009), págs. 79-106 y 71-101, respectivamente.
2 Martínez Barroso, Mª.R, “El trabajo autónomo económicamente dependiente. Reflexiones a raíz del proyecto de Ley del Estatuto del Trabajador Autónomo”, AFDUDC 11 (2007): 453.
5 Serrano Argüeso, M, “Autónomos dependientes y autónomos indepen-
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4 López Insua, B.M, “La política de fomento del empleo de los trabajadores jóvenes”, Temas Laborales 128 (2015): 205.
Julio 2017
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«Obituarios», Sala de Togas, n.º 75, julio 2017, pp. 54-58.
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TY - JOUR TI - Obituarios JO - Sala de Togas IS - 75 PY - 2017 DA - 2017/07// SP - 54 EP - 58 UR - https://nuevosdt.icaalmeria.com/revista/75/obituarios LA - spa ER -