El sufismo, un aire innovador en el rigor del Islam: Ben Añarif y Abú L’Abbas, por Emilio Esteban Hanza
Emilio Estaban Hanza · Sala de Togas n.º 74, , página 113–115
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El sufismo · RETAZOS DE LA HISTORIA Emilio Estaban Hanza Colegiado nº 548
Miembro de Número de la Real Academia Española de Cronistas Oficiales
El sufismo, un aire renovador en el rigor del Islam Ben Al- Arif y Abú L’Abbas on las masacres a cargo de musulmanes yihadistas, repele en principio, hablar de árabes o musulmanes. Pero con la cabeza fría y enarbolando la justicia puede abordarse el tema y traer a consideración hombres buenos, aunque sean “mirlos blancos”, precisamente para que puedan resultar modelos, luz y faro en que mirarse los bárbaros fanáticos que en nombre de Dios matan y asesinan.
Hablo pues, del sufismo. En el mundo musulmán surgió y sigue habiendo un grupo de personas que constituyen una corriente o movimiento que, deseando acercarse más al “Misterio”, a lo “Divino”, saltaron las barreras establecidas por la ley y por la costumbre, y accedieron, según sus propios testimonios, a cotas elevadas en el camino de la espiritualidad. Las leyes del Islam y la forma de vivirlo eran y son demasiado, absolutamente rígidas, e impeditivas de la interpretación personal. Por ello, los sufíes quisieron abrir su mente y su espíritu a planos más altos, aislándose y despojándose de bienes y vanidades, para quedar un “Yo” libre de toda dependencia y vaciado de todo para acercarse a Dios y aun para integrarse en Él. El autor Guerra Gómez llama al sufismo “heterodoxia vivencial” que coexistió con la “ortodoxia oficial”, y el arabista Jaques Terniers dice que “el sufismo (trasawwuf) es un movimiento que lleva a desarrollar más las relaciones del hombre con Dios”. El gran maestro Abol Hasan SERERWANA afirmó que “el sufismo es la firmeza en la aspiración espiritual y vivir con desapego de la gente” y Shebli sintetiza “es la aniquilación de la humanidad y la dignificación de la divinidad”
Referimos también que en esta vía de la perfección (tarika) presentan estaciones para librarse del yo dual y ascender. Algunos señalan 48 y otros 45. Destacan las fases o principios y estados de arrepentimiento, de luchas contra las pasiones, la plegaria constante, el amor, el amor-ternura, el amor deseo y el amor ardiente para lograr la recompensa de Dios, la Intimidad y el Hallazgo, hasta la identificación con Dios. Si en la meditación inicial se encuentran “secos”se ayudan de medios como el canto, la poesía, la música, la danza y en ocasiones muy excepcionales, sustancias psicotrópicas y el alcohol. Al considerarse a los sufíes como infractores de la ley Enero 2017 y propulsores de la rebeldía a la autoridad, se les persiguió, encarceló y a algunos se les ejecutó. Solo señalamos al maestro sufí Al-Hallan que, por serlo y no abjurar de sus ideas, murió crucificado.
He afirmado en libro y revistas que los antecedentes del sufismo – que es de admirar en los valores que cultivan- se encontraron en los llamados “Padres del Yelmo”, es decir, en los cristianos místicos que en los siglos III y IV se instalaron en los desiertos de Siria y Egipto, aislándose del mundo, buscando mediante su meditación y el ascetismo, el camino de perfección hacia Dios; y posteriormente vivieron una situación paralela los místicos españoles como Teresa de Jesús y Juan de la Cruz.1 Lo que no entendemos, ni aceptamos del sufismo es la afirmación de algunos, de que en la última estación se han despojado de todo vestigio humano y se identifican, como una sola cosa con el Absoluto, con Dios, son uno. Opinamos que esa plenitud e identificación con Dios no se logra jamás en la tierra y nos lleva teológicamente a una modalidad del panteísmo.2
Ojalá que los violentos fanáticos musulmanes de hoy dirigieran su mirada a los sufíes tratando de imitarlos. EL GRAN SUFÍ ALMERIENSE AL-ARIF
Aunque su personalidad, su influencia y el número de seguidores transcendió al mundo entero, y aunque las biografías sobre él son incontables, los almerienses no podemos silenciarlo cuando se aborde este tema. Nosotros nos limitamos a citar entre la pléyade de biógrafos, al presbítero, gran amigo nuestro, Antonio Flores, que lo refleja en su libro “La Mística, Presencia y Ausencia (Desde una lectura de Ibn al-Alarif)”. Señalamos como muestra, una frase de Al-Arif que destaca el prologuista del libro, escritor José Ángel Valente: “¿Oísteis por ventura hablar de un amor tan ardiente que hace enfermar al corazón sano (hasta el extremo de sentirse ) favorecido por el castigo y castigado por el favor ”. El análisis de esta sola locución nos hace estimar el alto vuelo espiritual del almeriense, transcrito en su gran obra “Mahasin al-Majalis”. No puedo, para terminar, dejar de señalar las moradas del camino místico que concreta nuestro citado Aulabás Ben Al-Arif en su prenombrada y gran obra: “La gnosis o situación estática de Dios, la voluntad, el ascetismo o abstinencia, la confianza o el abandono en Dios, la paciencia, la tristeza y el temor, la esperanza, la gratitud, el amor y el deseo”. Posteriormente incorporó “ la penitencia y la intimidad con Dios”. Falleció – se dice por algunos que violentamente – en Marrakesh. Junto al sufí murciano Ben Arabí, éste unos años posterior, pero que pudo contactar y beber las aguas del al1 Fueron llamados también Padres de la Tebaida y Padres del Desierto y, he de reflejar tres nombres que encarnan por antonomasia este movimiento: Pablo el Simple, Antonio Abad El Egipcio, y San Pacomio.
2 En una conferencia celebrada en Almería sobre este tema, a la que fui invitado, al terminar la exposición abrió el conferenciante el debate y objeté estas ideas procurando razonar mi tesis, que aceptó muy parcialmente el profesor, no sin llegar a mostrarse malhumorado e insistiendo, finalmente, en su tesis de la identificación de “Dios y el Yo”.
Ilustre Colegio Provincial de Abogados de Almería · Sala de Togas
RETAZOS DE LA HISTORIA · El sufismo
> Tumba Ibn al-’Arif en Marrakesh. meriense, fueron en su etapa los grandes maestros del sufismo.
El CUASI DESCONOCIDO SUFÍ ALPUJARREÑO ABU L’ABBAS
Sin llegar a las altas cotas de mística ni a la popularidad de Al-Arif, quiero presentar a este insigne sufí, que ha ganado toda mi atención y estudio por tener su cuna en mis propias raíces andareñas, y más aun, el propio lugar de nacimiento, Canjáyar. Su nombre completo es Abu L’Abbas / Abu Ya Far Ahmad Ibrahim B. Abdal Malik B. Amujarraif Al Tamini Al Mariyial Canyayari. (Hay que tener en cuenta que el nombre de estos musulmanes se integra por la paternidad, el oficio, el gentilicio y otros muchos elementos). De todos modos en el mundo en que se desenvolvió este sufí era conocido y denominado “Al-Canyayarí”, es decir, el de Canjáyar. Su biógrafo fue Al-Malik (de él tomamos estos datos a través de J.Lirola y E. Navarro) Nació en Canjáyar en el año 1157. Su nisba (gentilicio) le relaciona con el linaje de Banu Tamin, tribu árabe del Norte. Una vez terminados sus primeros estudios en Canjáyar, marchó a Málaga donde efectuó la lectura y exégesis del Corán haciéndolo juntamente con Abu L’Abbas El Andarasi. En la propia ciudad malagueña fue después maestro ejerciente de Jurisprudencia islámica, hadits y léxico. Su afán de profundización en el estudio le movió a salir de las provincias de Almería y Málaga, realizando cuatro viajes con largas estancias a Oriente, de los que uno fue como peregrino en cumplimiento del precepto o pilar básico de peregrinación a la 114
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Meca. En otro viaje a Alejandría, se encontró con el famoso historiador Ibn
–al-Masdi quien cuenta que vio al sufí canjilón vestido con ropas valiosas y encima un jubón andrajoso, explicándole Al-Canyayari que el jubón lo había recibido de su maestro el prestigioso sevillano Abu Maydan, como símbolo que era costumbre regalar al aventajado discípulo.
También estuvo nuestro sufí en Bujía profundizando estudios con el Maestro Ibn al- Jaradis, viviendo igualmente en
Alejandría con Abu Talir.
Todavía y siguiendo su empeño, estuvo con Abual-Allah en El Cairo. Entre el corto número de personas que ha intervenido en parte de las construcciones de La
Meca, figura Al-Canyayari, realizando la construcción del Baño de Ayyad (una parte del recinto de la gran Mezquita de La Meca). Y además, el propio sufí construyó un Rabat (especie de fortaleza) en la colina Marwa, colindante a la Ciudad Santa. Allí aparece una placa con la fecha de fundación.
Mantuvo Al Canyayari correspondencia, de la que se conservan algunas misivas, muy comentada, con el Vali de Málaga y Córdoba Abu al-Idri que después fue Califa de Sevilla con el sobrenombre de Ma’mun. En su labor de enseñanza tuvo importantes discípulos entre los que destacó Abu Bark ibn Sayd /Sid. El buen trabajo y actitud de este discípulo movió a Abu L’Abbas a otorgarle la célebre “Licencia docente”. Los altos cargos políticos y religiosos (en parte muy identificados) lo tenían en tan gran estima que en muchas ocasiones solicitaban su bendición. Era tal el carisma espiritual del sufí alpujarreño que muchas asociaciones religiosas y particulares, cuya finalidad era dar dinero a los necesitados, lo entregaban a él para que procediera a su reparto porque además de ser un gran conocedor de la gente marginada y pobre, era considerado un prudente y justo varón. Siempre se caracterizó Al-Canyayari y supo alternar el estudio, la oración y el recogimiento contemplativo y ascético. En sus profundas meditaciones llegó a alcanzar altas moradas en la vía mística y en muchos de sus “aniquilamientos” dejando su yo, unido con el Ser Supremo, Amor Puro, se situaba en estado de “visión “ (éxtasis). En este ejercicio espiritual tuvo contactos con el sufí almeriense padre, Al-y-atin. Murió Al-Canyayari de lepra en Ceuta en el año 1229. n
Enero 2017
Atlantes y cariátides en fachadas almerienses · RETAZOS DE LA HISTORIA
Ginés Valera Escobar
Colegiado no ejerciente nº 2.366 Miembro del Instituto de Estudios Almerienses
Atlantes y cariátides en fachadas almerienses egún la mitología griega, el dios Zeus castigó al joven titán llamado Atlante a cargar sobre sus hombros la bóveda del cielo. Y también de origen mitológico, sabemos que una cariátide es una figura femenina introducida en el orden jónico esculpida a modo de columna que sirve de apoyo el arquitrabe del entablamento, cuyo ejemplo más representativo lo contemplamos en el Erecteion, templo situado en la Acrópolis de Atenas levantado en honor a los dioses Atenea Polias, Poseidón y Hefesto y al rey mítico de Atenas, Erecteo, que había sido fulminado por Poseidón y estaba allí enterrado.
Desde mediados del siglo XIX hasta la primera Guerra Mundial, las figuras antropomorfas de masculinos atlantes y femeninas cariátides se pusieron de moda en la arquitectura europea con Charles Garnier y su conocida ópera parisina y volvieron a situarse en la decoración privada de fachadas para realzar apariencia palaciega y sostener al mismo tiempo los cornisamentos, cuyas cabezas sirven directamente de apoyo. Estos elementos ornamentales habitualmente sustentan el balcón axial situado en el primer piso (o a veces adornando las ventanas dispuestas en chaflán), enmarcan y ponen de relieve la parte superior de la puerta en la que la ebanistería monumental integra a partir de entonces, el entresuelo del inmueble. Su presencia denota prestigio burgués y en cuanto a su disposición, existen diferentes combinaciones: cariátides o atlantes individuales o emparejados, combinados con bustos o bajo ménsulas para destacar el balcón principal. Afortunadamente, la ciudad de Almería no se mantuvo al margen de esta corriente pasajera y en la actualidad se conservan en el casco histórico dos espléndidos grupos escultóricos con parejas de Atlantes y cariátides semidesnudos en su torso, de hermoso rostro, ligera tela y sin piernas, sosteniendo balcón, situados en la casa de La Peña y en vivienda en calle Eguilior. Ambos conjuntos fueron esculpidos por Hilario Checa.
Como nos cuentan su nieto, el Pintor
Pepe Checa y el cronista Eduardo del
Pino, el tijoleño Hilario Checa Sánchez Enero 2017 fue profesor de pintura, modelado y vaciado en la Escuela de Artes y Oficios de Almería, a principios del siglo XX. Modeló también en barro El Discóbolo que se encuentra en el Parque de Nicolás Salmerón, dando paso posteriormente a la fundición en los talleres Oliveros, que se terminó en 1925. Falleció el 22 de Abril de 1929 a los 45 años de edad en su domicilio de la calle Maríana.
La llamada “Casa de La Peña”, proyectada por el arquitecto Enrique López Rull (1846-1928) y acabada 1907, está situada en la Plaza Emilio Pérez de Almería. Vivienda plurifamiliar con uso principal residencial tiene una entreplanta, tres superiores y bajo comercial. Achaflanada, dispone de tres fachadas para contemplar desde tres cuerpos verticales de miradores de fábrica grandes espacios públicos: el Malecón de la Rambla de Belén, la Plaza Circular y el Paseo. Fue el primer edificio al que se le instaló ascensor sobre 1941. La ficha del inmueble en el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH) la describe así: “edificio de tres fachadas y cinco plantas, de las cuales, las dos primeras tienen paramento de sillería. Presenta tres grupos de miradores superpuestos sustentados por ménsulas los inferiores y, todos, con barandilla de piedra calada, sobre las que descansan columnas de fuste liso y capitel decorado con hojas. La puerta de entrada, es un gran vano de dintel incurvado sobre el que resalta una moldura sustentada por bustos femeninos con cabeza de mujer con clámide en la clave; flanqueando el vano que se abre sobre la portada, dos cariátides cuyas piernas se sustituyen por racimos de flores, sustentan los vanos superiores. Corona el edificio, un entablamento, con cornisa de terminación mixtilínea”. Y en la calle Eguilior, frente al IES Celia Viñas hallamos una vivienda unifamiliar entre medianeras datada en 1909, proyectada por el arquitecto clasicista Trinidad Cuartara Cassinello (1847-1912), de los poco ejemplos donde domina en Almería la ornamentación modernista, el “art nouveau”. Algo deteriorada en su estado y afeada por el añadido de un antiestético remonte, destaca su decoración escultórica. Como expresa su ficha en el IAPH “la planta baja se estructura por medio de cuatro vanos adintelados.
En ella se ubica la entrada al inmueble y un establecimiento comercial. El piso principal, a su vez queda separado del anterior mediante una moldura, que sirve de base a tres balcones. El central posee dos vanos adintelados, con antepecho modernista sostenido por dos figuras de medio cuerpo. Los balcones laterales, por su parte, poseen un único vano. Estos, a diferencia del central, presentan en sus antepechos menor ornamentación y están sostenidos por una sola figura”. Invito a redescubrirlos.
Terminar diciendo que en 1906 Trinidad Cuartara también proyectó en el Paseo de Almería el edificio conocido hoy como ‘Banesto’ y anteriormente como “Casa de Los Rodríguez”, que ocupa una manzana completa en el solar Ilustre Colegio Provincial de Abogados de Almería · Sala de Togas
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Emilio Estaban Hanza, «El sufismo, un aire innovador en el rigor del Islam: Ben Añarif y Abú L’Abbas, por Emilio Esteban Hanza», Sala de Togas, n.º 74, enero 2017, pp. 113-115.
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