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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

Colegiados de Honor.

Sala de Togas n.º 7, , página 27

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COLEGIADOS DE HONOR Mariano SAMPEDRO CORRAL

Recuerdo -29 de Marzo de 1979- una reunión de amigos -con motivo de mi nombramiento, en comisión de servicio, para una de las Magistraturas de Madrid- y un folio que -desviado del «utih> fin de documentar pretensiones judiciales- me entrega Guillermo Langle: « ... A mi veredicto ha sido sometido. Hoy por sentencia el juzgador, Juzgado. Refundiendo en un auto acumulado. Todos los juicios que, en su tiempo han sido ... » y continua el soneto « ... No entramos en el fondo del asunto. Porque, aunque sin entrar, es evidente. Que quedará imborrable la memoria .. . ». Hasta para responder -agradecido a la afable invitación de la Redacción de la revista «Sala de Togas» - feliz iniciativa de vuestro Ilustre

Colegio y nuevo·Forum de reencuentro para quienes dejamos Almería, llevados por el río de la vida- me apropio del pensamiento poético del Letrado amigo. Imperecedero es el recuerdo, compartido por mi mujer e hijos -quienes evocan, aún, las excelencias del trato personal y educativo, recibido en los Colegios Nacionales Madre de la Luz y Europa- de la vivencia en Almería, plena de cordialidad, generosidad y hospitalidad; pero hay que decir basta a la desenfrenada memoria -que gira, inexorablemente, en torno a aquella etapa feliz en la Comunidad, cuyo Ilustre Colegio me confirió el alto honor de considerarme uno más, de entre los suyos- y pasar a esbozar, como se me pide, una semblanza de mi vida.

Nacer es ya empezar a morir y vivir es solo -en expresión de vuestro lb Abbad«un ojo que parpadea». Nací -Septiembre de 1935- en un pueblo norteno de Castilla la Vieja - Herrera de Pisuerga- y estudié bachiller en los Colegios Lasalianos de Palencia y Valladolid, licenciandome, en la Facultad de Derecho de esta última ciudad, en Cuyo Colegio Mayor

Universitario «Santa C ruz» - creado, en la época de los Reyes Católicos, por el entonces, poderoso Cardenal Mendoza- me aJo- jé. Inmediatamente despues -y tras desoir voces que me aseguraban un cierto porvenir en el mundo del fútbol- prepare la oposición e ingresé én la Escuela Judicial en el año 1960.

Luego , todo un peregrinar por los Juzgados de Primera Instancia e Instrucción de la variada geografía nacional. MORELLA capital del Maestrzgo, en Castellón -inicial destino y primer miedo razonable de tener que decidir sobre hechos y conductas humanas, junto a la experiencia enriquecedora de que a España se la podía hablar, y amar, desde otras lenguas y «autenticidades»-. San Sebastian de la Gomera e lcod de los Vinos, en Tenerife, al pie del padre Teide, donde, desde la calma y serenidad de la Isla, fui profesor de derecho internacional y disfruté de dos becas, otorgadas por la Academia de Derecho Internacional de la Haya para hacer un estudio que titulé «Exigencias de una buena administración de Justicia en la Convención de Derechos del Hombre-. GRADO, en ASTURIAS -amplio término judicial, que cobija pueblos, de rancio abolengo historico, como Provia, que se dice primera capital de Espafia; y, aún con nostalgia de Reconquista: Asturias es Asturias voceaban y lo demas tierra conquistada a l Moro.- ELDA en Alicante -mi primer contacto con el, para mi, desconocido derecho social, al ejercer el cargo de Profesor de Derecho de Trabajo en la Escuela Social, dentro de un entorno donde el clamar o más bien tronar de las sirenas de las incontables fábricas de zapatos, desvelaba la apenas iniciada alborada y recordaba «el levántate y anda»-. ANTEQUERA - plácida y noble con los arabescos pétreos del mazizo «el Torcah> que le sirven de Atalaya, por encima de sus monumentos megalíticos coetáneos de las Pirámides de Egipto, alumbrados por un sol «que siemrpe salía por su sitio». Y ahora, con perdón, pausa y punto y aparte: ALMERIA -continuación en la eterna andalucía, inmersa, ya en la cultura del vaso campaniforme y refinada, cuando los pueblos del Norte estaban hundidos en la barbarie-. Aquel primer miedo reverdece. Todo es nuevo: vengo de partido J udicial y llego a la capital, era Juez y pasan a llamarme Magistrado; conocía del derecho civil y penal y debo entender del derecho correspondiente al especial orden Jurisdiccional social y la mutación coincide con una fase de mi vida -41 anos- en la que el fiel de la balanza se equilibra, como si dudara regresar hacia el pasado o dispararse al futuro .

Concurre el momento -ano 1976- con el periodo, quizás mas tenso de la transición política, en cuanto a la adopción de medí- das no pacíficas para la solución de conflictos laborales, y los medios de difusión locales, escritos y orales, publican y pregonan, -entre otros- las tirantes situaciones provocadas por despidos realizados, con motivos de huelga, en el Sector pesquero y por los ceses acordados en una de las plataformas que construía Agromán, viviendose así, una situación sombría, incomprensible para un hombre recien llegado a « lo urbano», que me hizo pensar en una vuelta a la «aldea». No caí en la tentación y ello se debió fundamentlmente al acogimiento comprensión y ayuda que siempre me prestaron los Abogados de vuestro Ilustre Colegio -sin olvidar tampoco a los funcionarios de Magistratura y al cuerpo de Graduados Sociales-, a quienes les expreso -de nuevo- mi eterno agradecimiento. (Prefiero no decir nombres. Desde el silencio surgen sin necesidd de deletreo, aunque CASAJoaquín y su trastienda, frecuentemente convertido en plática-debate, pudiera reconocerles). Finalmente, MADRID.- Magistratura de

Trabajo, primero, Ministerio de Trabajo despues, para tras, asentarme en el extinguido Tribunal Central de Trabajo, ser nombrado Magistrado de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo. En la Villa, como requiere la civilización de la prisa, actividades multiples: profesor de la UNED, ICADE, intervención en conferencias y mesas redondas ... , y, en ocasiones, por encima del espacio y del tiempo, recuerdo en familia -a veces en monólogo- de todas aquellas tierras, en que

«profesamos» y de sus gentes, variadas pero unidas· en el acervo común de la primacía del corazón sobre el cerebro. Desde mi edad - 54 anos- y, ya, en un suave y dulce declinar hacia la jubilación, creo no haber cambiado en demasía. Siempre he creído en el derecho como orden de paz, y he sido contrario a que el J uez se encuentre en la obligación de crearlo, más allá de las exigencias de una interpretación conforme a la realidad social del momento, que nunca puede autorizar, al efecto, <<U na audacia judicial frente a una timidez legistlativa». Tambien que, tener plena conciencia de los problemas y tratar de resolverlos concretamente con las garantías adecuadas y sin necesidad de grandes proclamaciones, es el mejor servicio que puede prestarse a las posibilidades reales de una justicia humana. Y además de que la concurrencia del Abogado -etimológicamente la palabra latina «advocatus» quire decir convocado, llamado, elegido -es indispensable para garantizar el respeto de los derechos fundamentales -cuya salvaguarda se otorga al JuezY cumplir el fin último de la Justicia de «dar a cada uno, lo suyo>>.

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Cómo citar

«Colegiados de Honor.», Sala de Togas, n.º 7, mayo 1990, p. 27.

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