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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

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Sala de Togas n.º 16, , página 2–3

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SALA DE TOGAS

GALERIA Emilio MULERO

DIRIGE:

Jesús Ruiz Esteban CONSEJO DE REDACCION: Ramón Muñoz Sánchez, decano Gabriel Alcoba Salmerón, tesorero Jesús Ruiz Esteban, colegiado Emilio Esteban Hanza, colegiado Fausto Romero-Miura Giménez, Diputado Primero José Fernández Revuelta, colegiado Juan Bias Martinez Sánchez, colegiado

DISEÑO ESCUDO:

José Maria Molina EDITA:

Ilustre Colegio Provincial de Abogados de Almería Alvarez de Castro, 25 · Bajos Telf. (951) 23 71 04 04002 ALMERIA

· FOTOCOMPOSICION E IMPRESION: Artes Gráficas ALEO (Aimeria de Ediciones, S.A.) Mármoles, 25

04006 ALMERIA

DEPOSITO LEGAL:

AL · 297 · 1988

El Consejo de Redacción no se responsabiliza de la opinión vertida en los arti· culos firmados por sus autores.

Coincidiendo plenamente con los prolegómenos anunciadores de las Olimpiadas, la pasada semana recibo la sugerencia de nuestro querido Decano diciéndome, ahora te toca a ti, anteriormente ha sido nuestro común amigo Fernández Revuelta, quien recibió la antOrcha del entrañable Angel Gómez para nuestra revista sección GALERIA. Cumpliendo con tan peculiar encargo, que no se nos viene encomendando precisamente a los más aptos para participar en deportivas competiciones, sino en razón de aproximarnos a los 40 años vistiendo la toga, gustosamente acepté aquella invitación para evocar y transcribir pasadas vivencias, resaltando en primer lugar la de referirme al viejo árbol que medió vida, y en tal sentido digo: Que soy el cuarto hijo de un hombre, que desde sus más jóvenes años entró a servir a la justicia tirando de pluma, como se dice en el argot popular al simple escribiente, que no contaba con más instrucción que la adquirida en la escuela pública y no disponía de otra tarjeta de presentación que fuera distinta a la de su fe en la justicia, su acreditada honestidad, su amor al trabajo y el desvelo por su familia, deparándole esta última faceta, que a sus veintiseis años de edad, y con tres hijos en el mundo, acudiendo fielmente a su diaria jornada laboral y quemándose los ojos con el paupérrimo resplandor de la luz de un quinqué, matriculado como alumno libre, entre las convocatorias que mediaron desde Junio de 1925 a la de Septiembre de 1926, obtuviere el título de Bachiller Superior. que en esa misma situación de alumno libre y manteniendo idénticas condiciones de trabajo y confort, estudió la Carrera de Derecho, que no le fue posible terminar hasta la convocatoria extraordinaria de Enero de 1930 en razón de que, en el mes de Sep- tiembre a nterior el que fuere Catedrático de Derecho P rocesal, no le permitió presentarse al examen de Procesal 2°, conocida tal asignatura en aquella arcaica fecha por Práctica Forense, ante la argumentación del titular de aquella Cátedra, de que no se podían saber los dos procesales en una misma convocatoria; y sin que me ciegue el cariño de hijo con el fundamento que me da el conocimiento del derecho, me permito asegurar del equívoco de aquel dp~to profesor, pues las oposiciones que sin abandonar su cotidiano trabajo y sin dirección de preparador alguno aprobó mi progenitor de Oficial Habilitado, Juez

Comarcal, Fiscal Comarcal con el número 1 de los opositores que a ella acudieron, sus años de vida profesional como Letrado ejerciente y sus más que acreditados conocimientos de aquella práctica forense que a lo largo de los años demostró en el Cuerpo de Secretarios de Juzgado de 1a Instancia, al que por Oposición también perteneció y en cuya función dando fe judicial se jubiló en el Juzgado de Vera, haciéndome todo lo consignado el evocar esta IJli primer vivencia. Estudié el Bachiller en el Colegio

«La Salle» en esta capital, donde tuve como compañeros a prestigiosos profesionales y entrañables amigos, como los hermanos Lao, Esteban Hanza, MoJina Santisteban, Guillermo Abad, Fernández Revuelta, Enrique Cerrudo, Rogelio Pérez, Jaime Morales, Pepe Barthe y otros muchos, donde ya mi memoria no los localiza de modo exacto si nuestro compañerismo data de aquella época colegial o de la Universidad de

Murcia en cuyas aulas tuve la dicha de formarme e ilustrarme en mis conocimientos del derecho, en cuya capital, en unión de mi difunto hermano Pedro,

Secretario Judicial que Jo fue en Almería, de nuestro querido Decano y del

SALA DE TOGAS

Excmo. Sr. Don José Rodríguez Jiménez, Ex-Presidente que fue de nuestra Audiencia Provincial y actual Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha, en las humectas noches de invierno y sofocantes dias del verano, cruzábamos la ciudad para llenar nuestros estómagos en el Hogar del SEU, donde por cinco pesetas que hacíamos efectivas por la comida y otras tantas por la cena, nos suministraban dos suculentos platos con pan y postre y sin limitación alguna, toda el agua natural que queríamos beber. Bastante tiempo después que el amigo Fernández Revuelta, portador de nuestra antorcha GALERIA iniciara su singladura como Abogado en ejercicio, ya que yo lo hice 17 dias más tarde, concretamente el 7 de Abril de 1955, como un dócil neófito acompañado de nuestro comunmente llorado, Don Rogelio Pérez Burgos, puse la mano sobre los

Evangelios jurando defender con igual lealtad tanto al pobre como al rico y siempre presidiendo en mi aquella legada idea, de que nunca fueren afanes mercantilistas los que me indujeren a actuar como abogado, deparándome ello el insóltio acaecimiento surgido hace veinte años, de haber sido llamado al despacho del que recientemente ha sido Presidente del Tribunal Superior de

Justicia en Andalucía y a la sazón Juez de 1a Instancia de Vera para decirme que me había tocado la lotería, y al preguntarle y con ingenua sonrisa en que consistía el premio me informó, que todas las pobrezas que se tramitaban en aquel Juzgado me habían sido asignadas a mi y quería ofrecerme la posibilidad de liberarme de las que quisiere. Sin altanería por mi parte, convencido de q ue más desgracia tenía aquel que no podía pagar a un abogado para que le defendiera, ya que en aquella remota fecha, no se había generalizado como desgraciadamente ocurre hoy la petición de abogado de oficio y pese a que ninguna compensación económica se hacía por el Ministerio al abogado que en tales condiciones actuara, por estimar que nuestra misión, era la de coadyuvar en la ardua misión que de administrar justicia tienen los Jueces, estoica y generosamente las admití todas, no sin hacerle el ruego a S.S~ de que me las endosare escalonadamente a lo que gustosamente accedió . En tal sentido se desenvolvió mi vida profesional pudiendo hacer gala, que por mantener un intachable proceder y rectitud de obrar a lo largo de aquella, así como, por reiterar el respeto y subordinación que en todo momento tuve ante Jueces y Secretarios, quienes a su vez en esas pasadas y nostálgicas fechas, realmente se consideraba al Abogado como a un verdadero coadyuvante, relación tristemente desaparecida ya en la generalidad de los casos, jamás tuve la más ligera incidencia que deparare un desagradable gesto, congratulándome sin comentarios cuando las resoluciones dictadas me fueron favorables y con todo respeto recurria as si me eran adversas, cuando en mi opinión profesional estimaba que las pronunciadas no eran ajustadas a derecho.

Lamentablemente hoy, quienes compartimos el pleno convencimiento de que la FE dada por un Secretario Judicial, era más sagrada aún que la extrajudicial dada por el Notario, nos sentimos abatidos tras haber tenido la desgracia de comprobar a los treinta y siete años de vida profesional que hemos padecido un error y que aunque afortunadamente ello sea un hecho insólito, que no puede inducirnos a juzgar generalizando, para quien como el firman• te se consideró al estar unido por vínculos familiares con miembros que se enorgullecían de pertenecer a ese prestigioso Cuerpo, tan indentificados con él como con el Colegio al que pertenezco, no me es posible silenciar que ello me ha deparado una de mis mayores amarguras, por haber perdido yo mi fe.

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Cómo citar

«Galería», Sala de Togas, n.º 16, septiembre 1992, pp. 2-3.

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