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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

Listas abiertas ¿Por qué?

Sala de Togas n.º 14, , página 16–17

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LISTAS ABIERTAS ¿POR QUE? Victoriano GUILLÉN VlYANCOS

Remansado el ligero o leaje producido por las pasadas elecciones de cargos de la Junta de nuestro Colegio y ya sentados en sus respectivos sitiales rectores los compañeros que recibieron la confianza y el apoyo consiguiente de la mayoría de los que asistimos a los comicios que no eramos, en conjunto, sino una minoría de los que debíamos haber acudido aquel día -punto <<negrO>> que exigiría un más extenso comentario, y merecería su hueco en estas mismas páginas-, quiero dedicar un poco de tiempo a verter en ellas, ahora, en el marco de éste, nuestro periódico profesional, mi criterio -no uso las tópicas y manidas calificaciones de «humilde» ni «modesto», porque siempre he huido de la hipocresía, ya que la autoaplicación de estos calificativos y similares es un claro reflejo de esta «no virtud». Nadie que se atreve a publicar su opinión o cualquier idea propia o asimilada sobre un determinado tema, las considera de aquella manera, sino, por el contrario, muy importantes, acertado ... y ¡definitivas! A la conciencia de mis queridos compañeros que han tenido y tienen la tentación de asomarse a las ventanas de los medios de comunicación o «mass-media», como dicen los cada día más numerosos pedantes «americanizados», dejo la confirmación de «MI» aserto.

También, antes de «entrar en el fondo» de este trabajo -hay que llamarlo de a lguna manera- quiero dejar bien sentado que con estas líneas, ratifico la enhorabuena que aquel día, terminado el escrutinio, formulé a los agraciados- no haya la menor referencia al físico, ¡eh!- subsanando, de paso, la falta hacia algunos que no la alcanzaron personalmente. Asimismo, en aras de la justicia y de la equidad, claras virtudes y principios de insoslayable observancia y de las que debemos hacer gala y objetos de constante ejercicio, todos los que «le hemos metido mano» -equivalente moderno de abrazar- a esa hermosa dama llamada «Licenciatura de Derecho», he de extender la misma enhorabuena a los que intentaron el fracasado asalto al puente de mando de nuestro navío, por su evidente «victoria moral» y el «goal average que el apretado «tanteo» de la pugna electoral le supondrá para el próximo «encuent ro». Como veis, aún recuerdo mis ya lejanos tiempos de fervor y apasionamiento balompédicos.

Y siguiendo el evidente p ropósito de este preámbulo o inciso previo, a la exposición objeto y fin de estas líneas, partiendo de que como bien sabe todo el que me conozca un poco, mis preferencias y mi voto estimo que tengo derecho, pese a su carácter secreto a revelarlo fueron para la candidatura «rebelde», sobre todo, por uno de sus componentes con el que todos, y él mejor que nadie, sabeis estoy ligado, no sólo por las naturales razones de amistad y compañerismo, sino, además, obligado por respeto «docente» y agradecimiento personal muy merecido por su parte, quiero dejar muy claro que me alegro con toda sinceridad que nuestro flamante, pero sempiterno, Decano pueda continuar su anterior mandato en la nueva y magnífica sede colegial, a cuya gozosa realidad ha contribuido, incuestionablemente, con ilusionada dedicación y nada leve esfuerzo, sin olvidar a todos lo que le han secundado para tal logro, en especial, al malogrado y magnífico profesional cuyo nombre, estoy seguro, tenemos todos en sitio preferente de nuestra memoria.

¡¡Bueno! por fin hemos llegado ya al momento de hablar del tema con que encabezo este necesario -para mi, desde luegodesahogo. Ignoro quién haya podido ser el autor de la «parida» -perdón porque, en antención a la circunstancia de hablar a compañeros y amigos, me permita esta licencia coloquial- de que la votación se efectuara por el sistema de «listas abiertas». Dicho método, no sólo conveniente sino necesario, por su indiscutible sello y espíritu democráticos, en el campo de la política en general, es contraproducente y perjudicial en nuestro especial y exclusivo ámbito. Y voy a explicarlo.

Cuando acudimos a las urnas para cumplir el inexcusable deber que nos impone nuestra condición de ciudadanos de un Estado de Derecho democrático y que tiene, como uno de los principales valores, proclamado en el primer párrafo del primer artículo de su Norma Suprema, el pluralismo político, nos encontramos con que hemos de elegir para que, dentro de las variadas ideologías, legalmente aceptadas, nos representen en las Instituciones del Poder Legislativo, a los señores, individuos o sujetos que la cúpula dominante de cada partido ha señalado imperativamente con flagrante vulneración e, incluso, vejación y desprecio de la propia y genuina esencia de la DEMOCRACIA, impidiéndonos así a los auténticos depositarios del PODER, como claramente establece el mismo artículo de la C.E. ya citado, en su segundo párrafo -perdón otra vez por estas pedantescas citas, ya que si las hago es sólo para el hipotético caso de que estas líneas puedan ser leidas por algún profano en Leyes- que ejerzamos plenamente y con total libertad esa soberanía que, afortunadamente y por ahora, se nos ha reconocido, que no tendría obstáculo alguno para su ejercicio, en el caso de que las listas fueran abiertas, ya que, entonces, podríamos escoger entre los hombres que compartieran nuestra respectiva ideología y concepto del mejor sistema político para lograr la justa sociedad que todos deseamos, a quienes, en nuestro subjetivo criterio, consideráramos más capacitados y más ¡HONESTOS! para ocupar los importantes y decisivos puestos del gobierno de nuestra nación. Así, de esta forma, cualesquiera que fueran los elegidos, existiría una plena identificación y afinidad entre ellos, es decir, la sólida garantía de que nue.stras aspiraciones se intentarían alcanzar y por el medio más acorde con nuestro respectivo pensamiento e ideología. Sin embargo, en nuestro concreto y particular espacio corporativo, ha de tenerse en cuenta que las candidaturas que se nos ofrecen para que señalemos a quienes han d.e ocupar los cargos rectores del Colegio, están constituidas por compañeros que, previamente y tras alguna que otra reunión, han coincidido, por su forma de pensar, en sus ideas, proyectos y organización de la vida colegial. En consecuencia, cada Candidatura es un conjunto de hombres con una afinidad de principio, que asegura si no una completa y permanente unanimidad, sí, desde luego, que las decisiones que adoptaran no se verían entorpecidas por discusiones inútiles y negativas derivadas de disparidades ajenas a la función y finalidad de su misión de rectores de la Corporación común aTODOS nosotros, con el consiguiente beneficio para la eficaz y buena marcha de ella. Por el contrario si, como se ha hecho ahora, estas candidaturas se nos ofrecen abiertas para que cada uno espiguemos de entre ellas, los compañeros que estimemos, subjetivamente, más idóneos para los respectivos cargos, como han hecho muchos irrenexivamente -¡perdón, una vez más, pero este es «M I» criterio- esta ocasión, se obtendría una Junta «trufada» que ya llevaría consigo, de origen y dada la deleznable con- dición humana, el germen de discusiones y luchas internas debidas, las más de las veces, al lógico antagonismo de quienes, perteneciendo a grupos bien diferenciados-lo que nadie puede negar racionalmente se daría, ya que el simple hecho de integrarse en candidaturas distintas revela diáfanamente que no se está de acuerdo con la mentalidad de los adversarios- no estaría conforme con casi ninguno, por no decir todos, de los proyectos o ideas que presentara quién no sólo no estaría en su línea, sino, a veces e inevitablemente -somos así, desgraciadamente- estaría enfrentado personalmente.

SALA DE TOGAS

Las consecuencias de este seguro ambiente dentro de la Junta, lógica e indefectiblemente, no redundaría en beneficio para nuestro Colegio, sino, muy al contrario, en evidente perjuicio para lo que debe ser nuestra común aspiración y meta, una abogacía limpia, en su sentir y actuar, fiel a su Código deontológico y una administración de la Justicia segura y nuida, rápida y eficaz; todo ello en garantía de los intereses de quienes depositan en nuestras manos, confiando en la máxima entrega y plena contribución del «leal y buen saber» de un profesional de las Leyes, la defensa de sus derechos.

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Cómo citar

«Listas abiertas ¿Por qué?», Sala de Togas, n.º 14, abril 1992, pp. 16-17.

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