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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

DERECHO YAUTOR

Sala de Togas n.º 13, , página 22–23

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SALA DE TOGAS

DERECHO Y AUTOR Pedro Antonio TORRES ROLLON

CONCEPCION SOCIAL DE TOLSTOY por Pedro A. de Torres Rollón Presidente de la Liga Española de Derechos del Hombre.

PEDRO ANTONIO TORRES ROLLON, nace en Olula del Río (193I). Cursa estudios de enseñanza media en el Instituto con matrícula de honor. Premio extraordinario en Examen de Estado con el número l. Abogado de los Ilustres Colegios de AImería, Granada y Madrid. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología; en Ciencias Económicas y Empresariales. Miembro Correspondiente del Instituto Español de Derecho procesal. Diplomado en Altos Estudios Internacionales. Ex Profesor de la Universidad de Madrid. Del Instituto Social Católico León XIII. Del Instituto de Cultura Hispánica. Cursa en la Escuela de Economía de Londres y en la Universidad Internacional de Luxemburgo Derecho y Economía Comparada. Premio extraordinario en sus Licenciaturas y Doctorados. Premio Nacional «Francisco Franco». Adscrito a la Comisión Internacional de Juristas. De la Federación Internacional de Juristas. De la Federación Internacional de Derechos Humanos. Presidente de la Liga Española de Derechos del Hombre. Periodista, escribe más de dos mil artículos en prensa y radio. Como ensayista es autor de monografías jurídicas y políticas. Novelista. Accede tres años consecutivos a la final del premio Alfaguara con «La Mugre», «Obsceno Requiem> y «El Clamor de las Harpías». Finalista del Premio Ateneo de Valladolid y del Café Colón de AJmería. Entre sus trabajos jurídicos figuran «El Recurso de Inconstitucionalidad de las leyes en el Derecho comparado» «la letra de cambio y la convención de Ginebra» y «La letra de cambio y el cheque».

¿Cuál es el estado de las concepciones sociales cuando escribe León Tolstoy su novela «Resurrección»? No es tópico decir que están en crisis. A lo menos, las que inspira la sociedad capitalista. El siglo XIX, asiste al crecimiento mastodóntico de la gran industria; la división del trabajo; en los aledaños de la fábrica que nace, se arremansa como una turbamulta la ola de proletarizacion. Hay miseria. El capital prolifera. Desde mediados de siglo, los desposeídos están en pie de guerra. En 1848 signa el momento de un amago de revolución. Pero la revolución está en las conciencias. Más que en la masa obrera, en el espíritu de los ideólogos y de los reformistas. Tolstoy, mira alrededor y percibe ese profundo sismo de la reforma que se augura. El mundo del entorno, va marcando los hitos de esa transformación tan honda y profunda. Europa, viene sufriendo los embates de varias revoluciones espirituales. A partir del Renacimiento revolución cultural-, de la Reforma revolución religiosa-, Revolución Francesa -de signo político-. ¿Y la del cuarto Estado? Es la revolución proletaria. Porque en cierto modo, la Revolución Francesa fue la de la burguesía frente a los estados clásicos: nobleza, alto clero. Ahora ha sucedido una ola de prosperidad: el comercio y la industria ha enriquecido a la clase burguesa. En los aledaños de la nueva revolución se encuentra el proletariado. Está en una crisis característica. Por de pronto, desarraigado de sus viejas creencias religiosas. Ya el hombre no está religado. La transcendencia se esfumó y en su lugar, es primate la mundaneidad. En esta situación, no es extraño que se revisen Jos valores tradicionales vigentes. Se reprocha el estado social vigente, y la justicia que lo inspira. Las instituciones son, las de la clase dominante; la justicia, ampara sus intereses. Es el momento, en que la infraestructura económica lo va a llenar todo: Religión, instituciones, sociales y políticas; el derecho, son la superestructura de esa sociedad capitalista. ¿Es el orden indefectible, absolutamente necesario, justo, hijo de la ley natural, concreción de la eterna, elemento indispensable de nuestra vida? No. Es condicionado. Depende de determinada estructura de la sociedad. Los ingredientes de esta sociedad capitalista, no son elementos necesarios, imprescindibles. Existen en razón de determinadas estructuras económicas.

Son, por tanto, cambiantes.

El orden no es necesario, puesto que se asienta sobre instituciones que tienden a domeñar la clase sojuzgada que es la clase proletaria. Las creencias - decíamos- se han volatizado en el planteamiento de la nueva clase. Se han desarraigado las ideas religiosas. Toda la escuela clásica del Derecho, que asienta la ley en la ley natural, factura de la

Eterna, se baila en profundo trance de revisión. Es -se opina- un instrumento de dominación, y nada más. Cuando varían las estructuras económicas, un nuevo orden habrá de amparar la situación que se establezca. En rigor, la historia es mudable. Aquí se inserta el augurio de Marx. Implacablemente, con gran acritud, enjuicia el orden económico y social capitalista. Que lleva en si mismo el germen de su descomposición.

Si el trabajo es íntegramente social, ¿es lícita la propiedad privada de los medios de producción? La respuesta es obvia. La propiedad social. Hay que derrocar ese Estado dominador. base y condición del predominio, de la hegemonía de la clase capitalista. La esencialidad de la vida humana, está en pugna flagrante con ese acervo de ideas y creencias en que se inspira la sociedad capitalista. Es incompatible, irreductiblemente incompatible, no susceptible de concordancia la vida del hombre, con la organización social y política del momento. con sus autoridades, sus leyes, sus ejércitos, sus tribunales, sus penas, su propiedad. ¿Son estos los fundamentos del orden social? Pues se ha- ce preciso su descomposición. El Estado, institución cimera en que se vienen asentando las demás, es una obstrucción para el progreso y avance moral de la humanidad. Se apoya en la violencia; se basa en la violencia; y así, mantiene de una forma ineluctable, el estado de sojuzgamiento de las clases económicamente débiles. He aquí, el punto tangencial con que se enfrenta la nueva clase en ciernes. Se enfrenta con un Estado, cuya construcción es artificiosa, y sólo inspirada, en recluir al hombre en una situación de perpetua servidumbre. «El hombre nace li!>re, y sin embargo se encuentra rodeado, encadenado por todos sitios». Tesis de Rousseau. Primera muestra de los ligámenes, convencionalismos, ligaduras. Reivindicación de la naturaleza frente a tales construcciones artificiosas. El hombre, a través del Estado se ha convenido en un instrumento de dominación del hombre. Este es el subsuelo en donde se va a enraizar la filosofía social de León Tolstoy.

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El advenimiento del reinado de la justicia es la panacea que se ofrece a las almas sensibles de las postrimerías del siglo. El humanitarismo, la filantropía y el altruismo, tienen una larga tradición filosófica. El iluminismo y la ilustración, como fenómenos filosóficos; el sentimiento cristiano de la vida. Pero este sentimiento, se ve soterrado. por las instituciones asfixiantes que crean. En la sociedad clásica, la clase militar, lacasta de los sacerdotes, y la clase opulenta, han venido a constituir el entorno, en que se asfixia la libertad del hombre. Cristo repudia la casta sacerdotal judea. Y en su anuncio, no se profetiza una nueva casta sacerdotal que hubiera de sustitu.irla. Su mensaje iba dirigido a los oprimidos, a los pobres; el evangelio cristiano es evangelio de amor, de reinado, de justicia. Históricamente, el proletariado es su destinatario. Pero a lo largo de los siglos, la organización religisoa del tal credo, viene en cierto modo sustituyendo el prístino sentido del mensaje evangélico. Este fenómeno no es típico del cristianismo. El hombre, con capacidad asombrosa de invención y fabulación, crea sus dioses; y luego, en un estadio posterior, viene a ser la víctima propiciatoria de sus propias creaciones. sufriendo el ligamen de la casta religiosa que es siempre un motivo de opresión. A través de las instituciones de las noches negras medievales, vemos cómo el fenómeno es característico en lo que se refiere a la Religión Católica. Sus vinculaciones con el Imperio; su coexistencia y su tensión; son característicos. Del mismo modo, sus urdimbres con la nobleza, la asimilación de bienes y su irrup- ción en el mundo moderno, como una poderosa fuerza económica más. Tolstoy, quiere reconstruir un cristianismo primitivo, con la pureza del mensaje evangélico, y prescindiendo de las bases políticas y sociales en que se afinca la institución u organización reLigiosa de la época. Pretende, pues la defensa del hombre, y de un orden asentado en las bases de verdad humana, de verdad justa, no el mero nombre y apariencia. La filosofía de Tolstoy se va prodigando a lo largo de su vasta producción literaria. «Resurrección». es una cima de ese mundo creador. Pero no el único. «En qué consiste mi credo»; <<El reino de Dios está en vosotros», constituye una de tantas pruebas de su genio. A través del arte, se llega a la propagación de las ideas. El fenómeno es sintomático del tiempo nuevo. Así, el escritor ruso lanza sus invectivas contra la sociedad en que vive. Es por esencia un revolucionario, en cuanto parte de la premisa, de que la vida social puede existir en otras condiciones, que las suministradas por la coyuntura de su tiempo. Frente al dogma de un orden, presente, inmutable, necesario, intachable, indefectible, sostiene la tesis contraria. ¿Cómo es la vida social que constituye el entorno de Tolstoy? Es irracional, inhumana, injusta, anticristiana. P ropugna la disolución de ese mundo. aspira a configurar un orden nuevo. Y ese orden nuevo, ha de estar regido por la Ley de Cristo, la Ley del amor. Detesta la violencia, le repugna, aunque venga enmascarándose de imperio de la ley, de penas, de tribunales, de ejército y de policía. Aunque se revista de esos hombres, subyace la violencia y la injusticia bajo todas esas formas del orden en que se ve envuelto. Resulta, empero, curioso que al mismo tiempo, se va formando un mundo nuevo de los ideólogos, que aspiran a la disolución del orden vigente, partiendo de la conclusión de «que la crítica de la ReLigión ya está hecha en Alemania». Así Marx, resume el pensamiento, en el prólogo de la filosofía del Derecho de Hegel. No es original su concepción, pero está inspirada en la obra de Feurbach. Así concluyen, que la religión es el opio del pueblo. Por distintos caminos, se llega a la crítica del mundo nuevo. Tolstoy, la plantea en su terreno espiritual, de renovación cristiana. Marx y sus epígonos, sobre la base de la economicidad del materialismo, característico en la izquierda hegeliana. El problema de la violencia, al que Sore! dedicaría prolijas reflexiones, para Tolstoy está ínsito, tanto en el individuo a través de sus opresiones, de sus delitos, como de la sociedad organizada, a través de sus tribunales, sus fuerzas de represión, sus pe- nas. «No aplicar nunca la violencia, ni siquiera para resistir al mal», es tesis evangelista de Tolstoy. El mundo moderno se había llenado de odio y de violencia. El hombre fieramente atacaba al hombre. Lo que Hobbes prefiera, de guerra de todos contra todos, de la conceptuación del hombre, estaba convirtiéndose en una dura realidad del XIX. El orden individualista; el mundo óptimo de Leibnitz en sus últimas consecuencias. La literatura rusa tiene un fomento claramente nihilista, en las postrimerías del siglo. Dosteiewski es testigo excepcional de las cárceles rusas, y tambien Tolstoy se encuentra frente al fenómeno de la deportación. En Rusia, comienza en el siglo XVI. Cuando

Iván el Terrible anexiona Siberia. Surge la pena colonizadora, coexistiendo ese efecto con el de medida política y de seguridad pública. La necesidad de poblar la Siberia. era tan grande, que no hubo otro remedio, sino tolerar todos los inconvenientes del sistema adoptado. Pedro el Grande y Catalina 11 llegaron a suprimir casi la deportación. Sin embargo. en los doctrinarios, no penetra la idea de los grandes monarcas. Era demasiado sencillo desvertebrar de la sociedad los elementos criminales mediante este sistema. Desde 1733 hasta 1829 se habían intentado métodos de perfeccionamiento de las colonias. La experiencia fue absolutamente desfavorable a la deportación. En 1835. Nicolás I mandó que se estudiara el problema de si convenía suprimir la deportación simple, conservando sólo la deportación con trabajo forzado. El Código Penal de 1845 conservó ambas formas. Un «ukas» del Emperador Nicolás 11 de 25 de Junio de 1900, abolió la pena de deportación, menos para algunos delitos, respetando tambien la deportación con trabaajos forzados. La deportación, como pena y como seguridad pública. La mayor o menor restricción de los derechos y de un menor o mayor alejamiento de la comarca donde se deporta al condenado, son grados de la pena. El Código Penal de

1845 admitía la deportación en Siberia y la deportación en Transcaucasia. Antes de 1900 se distinguía en Rusia la deportación, pena inflingida por el Juez, de la pronunciada como medida administrativa. La deportación administrativa tenía cuatro aspectos diferentes: la deportación con trabajos forzados y pérdida de todos los derechos; la deportación para convertirse en colono; el simple destierro. Las condiciones son duras.

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«DERECHO YAUTOR», Sala de Togas, n.º 13, diciembre 1991, pp. 22-23.

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