Saltar al contenido
Fundada en octubre de 1988 Ir a la web del Colegio
Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

RELATOS COLEGIALES

Rebelde

Título transcrito automáticamente del PDF y pendiente de repaso (Título sospechosamente corto).

Fernando Martínez · Cuadernos Literarios n.º 22, , página 15–17

Leer el texto

Texto de las páginas 15–17 del PDF, extraído automáticamente. No se ha podido acotar al artículo, así que puede empezar en el anterior o seguir en el siguiente, y traer cortes de palabra y erratas de lectura; el PDF es el original y es lo que se cita.

Relatos Colegiales

Durante el partido Erika parecía absorta, asombrada observando el enjambre de seguidores del equipo local, el mimetismo de sus comportamientos, la uniformidad de sus camisetas y el gran coro que formaban al cantar el himno Cimbon Galatasaray.

Para nuestra desgracia el Galata, tras ir ganando todo el encuentro, empató a dos en los últimos minutos con el colista, tras un par de certeros contragolpes. Los hinchas, mostrando el criminal que llevan dentro, atacaron a los desdichados aficionados del equipo rival que osaron pisar el Nef Stadium. No nos dejaron salir del campo, hasta pasadas dos horas desde el final del partido. Tiempo que la Policía consideró necesario para controlar el tumulto que se había formada en los alrededores del campo.

Al poco de permitirnos salir y estando buscando un taxi, nos arrollaron varios seguidores del Galata que aún corrían huyendo de la Policía y caímos al suelo. Erika perdió el pañuelo negro que llevaba, quedando a la vista su pelo rubio, propia de la hija de una alemana. Dos hinchas jóvenes de los que nos arrollaron, se detuvieron por resultarle apetecible Erika como víctima y le pisaron con saña la cara. Pude empujar a uno, pero el otro sacó una navaja. Me lanzó un primer navajazo al cuello que pude esquivar. Pero me lanzó otro que me clavó en el vientre y removiendo dentro la hoja puntiaguda y afilada, me provocó una fuerte hemorragia. Ella se levantó maltrecha y vino en mi ayuda y mientras intentaba taponar la herida, me gritó con gran nerviosismo: Diego, cabrón ¿Por qué me has traído a esta mierda?

La Policía se aproximó y llamaron a una ambulancia que con el desastre que se había formado y el pésimo tráfico que hay en Estambul nunca llegaba. Erika me abrazaba, me daba calor al enfriarse mi cuerpo por la pérdida de sangre y llorando me repetía: ¡Diego amor mío! ¡Aguanta, aguanta! Cuando notaba que me desvanecía, se me vino a la cabeza que un periodista deportivo escribió que si quieres saber lo que es el miedo, tienes que quedarte a solas con un hincha del Galatasary y tenía la certeza de que por culpa de mi afición al futbol la perdería para siempre.

FERNANDO MARTÍNEZ LÓPEZ Col. 1.730

REBELDE

Nunca he tenido una relación fluida con mis personajes. Soy el demiurgo que los crea, que los moldea con el barro de las palabras y les insufla vida, y eso me otorga la potestad de manejar a mi antojo los hilos de sus destinos. Tirano me llaman a veces. Otras, con esa riqueza proverbial de nuestro idioma, me lanzan una andanada de sinónimos y me tildan de dictador, déspota u opresor, y todo porque no les concedo existencias cómodas, porque les inflijo sufrimiento en las novelas de las que son protagonistas, pero ¿qué interés tendrían estas historias si fueran un idílico campo de fresas? Para mis criaturas soy un remedo de dios cruel que las hace caminar descalzas por sendas sembradas de cristales. Al fin y al cabo, es lo mismo que hace ese Dios todopoderoso en el que tantos creen, no hay más que ver la colección de enfermedades, catástrofes naturales y guerras con las que nos obsequia desde los albores de la humanidad. A veces mis personajes intentan rebelarse, pero enseguida les coloco el yugo y los reconduzco, porque no es cierto eso que repiten en las entrevistas algunos escritores de sonrisa autosuficiente, falaces vendedo- res de humo que parecen estar revelando un extraordinario suceso: que los personajes adquieren voluntad propia escapando así de los designios de su creador. ¡Qué estupidez! ¿No se dan cuenta de que afirmando esto se convierten en meros cronistas de hechos que en ningún momento controlan? Yo me niego a representar ese insulso papel, no es propio de un verdadero escritor, por eso mantengo este pulso tenso con Carmen, para demostrar que estoy en lo cierto. El conflicto ha surgido en mi última novela, la que estoy escribiendo durante las noches insomnes en las que me ampara la inspiración. Se trata de una obra en la que el principal protagonista siente una atracción magnética por la vecina recién llegada. Carmen es un poderoso imán que produce turbulencias en la sangre de Jorge, que sacude con fuerza el hierro de su hemoglobina. El día que la contempló por primera vez en el jardín de su casa, ya supo que estaba hechizado, que lo inundaba con vehemencia un deseo superior al de otras ocasiones. Él es un tipo alto, abundante cabello negro, no excesivamente guapo pero dotado de un extraño encanto que suele seducir a las mujeres, de ahí que, seguro de sí mismo, una mañana decida salu-

16 S T d

Relatos Colegiales darla y presentarse iniciando así un cortejo en el que deposita fundadas esperanzas. Según el desarrollo de mi argumento, ella se muestra simpática y receptiva, y comienzan una amistad en la que aumenta la frecuencia de los encuentros, conversan, ríen e incluso un día él le propone una cena en casa que Carmen acepta. Hasta ese momento se había mantenido mi esquema. Jorge flirtea, se quema por dentro de pura avidez por besarla, pero se contiene cuando ella le confiesa que está saliendo de una complicada relación anterior. Ya habrá otras ocasiones, se dice, tal vez otra cena, y, en efecto, esta tiene lugar una semana después. Ahí fue cuando surgió el primer conflicto, o más bien el impacto. De manera asombrosa, mis dedos no siguieron el dictado de mi mente, teclearon una escena distinta a la que yo había pergeñado, porque en este segundo encuentro en casa de Jorge, cuando él ha unido sus pupilas con las de ella y ha rodeado suavemente con una mano su nuca, ella debería haberle correspondido con un beso de labios blandos y húmedos. Sin embargo, él ha notado la rigidez de su cuello y cómo aumentaba la distancia entre sus bocas. En un instante se hizo añicos la magia de la escena y una esquirla me dejó estupefacto. ¿Cómo era posible? ¡Yo no quería escribir eso! De inmediato, borré ese párrafo y lo rehíce según mi dictado, ahora sí, abandonándose ella a un apasionado beso que también ha estado anhelando. Supuse que fue a causa del cansancio, del sopor alucinatorio que producen las noches bajo la vaporosa luz del flexo, y no le di más importancia. Sin embargo, este tipo de contratiempos durante el proceso de escritura se fueron haciendo recurrentes, noté una resistencia tenaz en Carmen por aceptar el rol que yo le había asignado. Según mi guion, ella es una persona con las ideas enmarañadas por la experiencia con su última pareja, tanto es así que se ha prometido dejar a un lado el amor y cambiar de aires recalando en la ciudad de Jorge, pero él, paulatinamente, va deshaciendo los nudos que la mantienen sentimentalmente maniatada y va conquistando terreno. Yo había preparado el camino para que mantuvieran su primer encuentro sexual, una escena tórrida en la que copulan con el frenesí de quienes descubren por primera vez sus cuerpos largamente ansiados. Nada de eso apareció en la pantalla de mi ordenador. Carmen, cuando él le pone la mano encima y respondiendo a otro tipo de lógica, la de una mujer con una traumática experiencia amorosa, se la aparta, lo rechaza con un empujón y huye de la casa de Jorge. Tuve que frotarme los ojos. Era como si un trance hipnótico doblegara la inercia de mis dedos para que se posaran en las teclas equivocadas, para que escribieran los renglones torcidos sin mi aquiescencia, y me supuso un esfuerzo titánico recomponer los hechos según el plan previsto, batallar contra la invisible fuerza que tensaba mis manos, que intentaba dirigirlas hacia las letras que yo no deseaba pulsar.

Por algún extraordinario y desconocido proceso, Carmen parecía resistirse a mis designios, a dejarse conquistar por un tipo con el atractivo de Jorge, como si tuviera voluntad propia, pero yo no podía admitirlo, esas estupideces que algunos escritores engolados proclaman con sonrisa de anuncio de dentífrico, como si dijeran algo muy profundo y asombroso, los personajes cobran vida propia, no, eso no va conmigo, pero reconozco que está resultando agotadora la escritura de mi nueva novela, doblegar continuamente lo que Carmen pretende hacer. Me está consumiendo su redacción, ya no duermo ni durante el día presa de una actividad febril para rehacer una y otra vez lo escrito. Así no puedo seguir, no puedo. Me levanto con frecuencia y voy al baño para refrescarme la cara, para intentar con cada manotazo de agua despejar esta especie de niebla que me embota el cerebro, y entonces me miro al espejo y observo las profundas bolsas que sostienen mis ojos, mi denso cabello negro, veo a un hombre alto no excesivamente guapo que no obstante siempre ha tenido éxito con las mujeres, casi siempre, pero ahora además contemplo el desgaste que mi nueva obra me está produciendo y me digo que hay que tomar medidas, que tengo que darle un giro a la novela, que, si quiero por fin descansar, no me quedará otro remedio que ordenarle a Jorge que acabe con la vida de Carmen, que la entierre en algún lugar apartado del jardín. A veces, cuando la fatiga me supera, descanso durante un tiempo mirando a través de la ventana. Me gusta la coreografía de los árboles bajo la batuta del viento, me relaja la arquitectura de mi jardín tan primorosamente diseñado. Más allá se encuentra el de la vecina que llegó hace unas semanas, decadente, tan solitario ahora…

Mi nombre es Carmen y soy un personaje de una novela en la que nunca aspiré a participar, una obra en la que soy el alter ego de otra mujer, en la que Jorge es el alter ego de otro hombre, ambos habitantes del mundo real. Pero estoy incluida en esas páginas y es algo que no puedo evitar. Sin embargo, aún me queda la lucha, la rebeldía, la resistencia. No me doblegaré a los designios del escritor, no me dejaré seducir por las artes de Jorge. Hay algo en él oscuro y taimado, he conseguido traspasar la máscara con que intenta camuflar su verdadera naturaleza. Últimamente no me produce solo rechazo, sino también miedo. Adivino en él, ante mis constantes negativas, una intencionalidad sórdida que me ha puesto en guardia. Es lo único que me queda, luchar, luchar y luchar, oponerme a que mi destino sea funesto, para que no me ocurra como a mi alter ego del mundo real a quien el escritor hijo de puta asesinó y enterró hace unos días en el jardín.

Relatos Colegiales

JUAN ANTONIO NÚÑEZ

EL ATAJO DE LOS GATOS

Cuando bajó del coche se agachó para comprobar que no hubiera rastro de sangre, ni de ninguna otra cosa, en la chapa delantera y los neumáticos. Casi estaban limpios, no cobraría mucho por esa noche. –Tito, ¿por qué escuchas siempre la misma música cuando vas en el coche?

Los gatos suponían un problema para la ciudad. Suponían un notable problema que llevaba años gestándose: el desbordamiento incontrolable de un sistema de alcantarillado saturado e ineficaz, el exceso de basura acumulada por causa de las continuas huelgas de los basureros locales, el aletargamiento generalizado de las instituciones regionales encargadas de gestionar la sanidad pública…, suma y sigue. Todo ello había propiciado el perfecto ecosistema para la proliferación de moscas, cucarachas y ratas, sobre todo, en los barrios norte y noreste.

Lo de las ratas empezó a volverse realmente peligroso y muchas familias, las más pudientes, decidieron emigrar a los barrios del sur o a los pueblos vecinos. Más tarde, se impuso el toque de queda para reducir el contagio de enfermedades que las ratas estaban empezando a transmitirnos. Después, se pensó en los gatos. El pueblo contaba con dos colonias felinas que se encontraban perfectamente controladas y que vivían en los barrios del sur. Se optó por favorecer su descontrol para que pudieran reducir la población de ratas, por lo que se trajeron parejas sin esterilizar de las protectoras de las ciudades cercanas. A los pocos meses, hubo que adelantar el toque de queda porque era necesario proteger a la ciudadanía de las batallas campales entre ratas y gatos que se abrían la carne cada noche dejando tras de sí, al amanecer, una carnicería que había que recoger bien temprano, pues el sol pudría rápidamente el amasijo de pulpa y vísceras que quedaba en la calzada.

–Porque me trae recuerdos, me emociona, me ayuda a olvidar mi trabajo.

Más por prejuicios raciales que por otra cosa, los humanos escogimos el bando felino y, en el proceso de desregularización del control de natalidad de las colonias, se aprobó por unanimidad, si no contamos la abstención de los animalistas, establecer el protocolo CAT+ para desequilibrar la balanza en favor de los gatos. El CAT+ consistía en un gusano parasitoide de clase Gordioida modificado genéticamente que atacaba el sistema nervioso del portador volviéndolo más agresivo. Los gordioidos salen de sus huéspedes tras abandonar a sus larvas y acaban muriendo al poco tiempo; por ello, el tratamiento del CAT+, suministrado a través del pienso, se abandonaría cuando se hubiera erradicado hasta la última rata. Efectivamente, en unas pocas semanas, los gatos no tuvieron dificultad en aniquilar a las ratas tras los efectos de del CAT+, pero el sistema parasitario del gordioido se transformó inesperadamente en una perfecta relación simbiótica. Esto provocó que la agresividad felina, ya sin ratas a las que destripar y devorar, se centrara en los humanos. Empezó de forma esporádica con casos aislados y exagerados, pero terminó en catástrofe. Una apacible mañana primaveral, un grupo no demasiado numeroso de gatos se coló en el patio del CEIP Virgen del Ro durante el recreo y, actuando de una forma más o menos organizada, acabó con la vida de diecisiete niños y tres maestras. Los cuerpos fueron despedazados en cuestión de minutos.

Vinieron más gatos de los caminos y pueblos vecinos. Las colonias se agruparon entre ellas adoptando también a los gatos forasteros y se establecieron en los barrios norte y noreste. Se intentó todo. No se consiguió nada. Las pocas familias que allí quedaban no tuvieron tiempo de salvarse.

–Pues a mí me aburre. Ese David Teie suena todo el rato igual.

Empezó como un voluntariado, después se formalizó por votación popular. Algunos vecinos enganchamos a los vehículos, de forma muy rudimentaria al principio, una chapa trapezoidal en la parte delantera del coche y le adherimos dos listones de púas de acero inoxidable en horizontal casi a ras de suelo. Él cubría el turno de las once, era de los más peligrosos porque coincidía con la hora en la que los gatos salían a cazar. Yo le relevaba a las cuatro. El trabajo consistía en conducir como un loco por los barrios norte y noreste. Había gratificaciones si superabas los cincuenta sólidos. Y estaba aquella calle. Era tan estrecha que apenas cabía un coche, pero la cruzabas cada noche, era inevitable. Todos la concebíamos como la frontera que separaba sendos barrios, las últimas viviendas del barrio pobre y el inicio de la nueva clase media; un límite más psicológico que vial. Hacía más de dos siglos que aquella calle se llamaba, de una forma profética, El atajo de los gatos. FIN.

Leer el número

Abrir el PDF aparte

El visor necesita JavaScript. Sin él, el PDF se puede descargar con el botón de arriba.

Cómo citar

Fernando Martínez, «Rebelde», Cuadernos Literarios, n.º 22, julio 2025, pp. 15-17.

Para un gestor bibliográfico (BibTeX, RIS)

BibTeX

@article{cl22-2025,
  author   = {Fernando Martínez},
  title    = {{Rebelde}},
  journal  = {Cuadernos Literarios},
  number   = {22},
  year     = {2025},
  month    = {jul},
  pages    = {15--17},
  url      = {https://nuevosdt.icaalmeria.com/cuadernos/22/rebelde}
}

RIS

TY  - JOUR
AU  - Fernando Martínez
TI  - Rebelde
JO  - Cuadernos Literarios
IS  - 22
PY  - 2025
DA  - 2025/07//
SP  - 15
EP  - 17
UR  - https://nuevosdt.icaalmeria.com/cuadernos/22/rebelde
LA  - spa
ER  -