Saltar al contenido
Fundada en octubre de 1988 Ir a la web del Colegio
Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

RELATOS COLEGIALES

El atajo de los gatos

Juan Antonio Núñez · Cuadernos Literarios n.º 22, , página 14

Leer el texto

Texto de las páginas 14–14 del PDF, extraído automáticamente. No se ha podido acotar al artículo, así que puede empezar en el anterior o seguir en el siguiente, y traer cortes de palabra y erratas de lectura; el PDF es el original y es lo que se cita.

14 S T d

AGOSTO 2025

RELATOS COLEGIALES DIEGO ÁLAMO FELICES Col. 1.774

EL GALATA

Cuando el avión se aproximaba al aeropuerto internacional de Estambul, varios pasajeros entusiasmados, tomaban fotos y grababan videos desde las ventanillas, asegurándose así de que en cualquier otro momento, podrían revivir el contemplar la sobrecogedora belleza del atardecer sobre el Bósforo. Desde que despegamos de Madrid, Erika se quedó dormida en el asiento de al lado. No hubiese sido considerado por mi parte despertarla, para que no se perdiese la vista de postal, pues recuperaba el sueño que un tipo sin alma, le había birlado semanas atrás. Entregada a ese tiempo de inconsciencia transitoria que supone dormir, estaba ajena a que al día siguiente, expondríamos nuestras vidas en el infierno de Estambul, el Nef Stadium del Galatasaray SK. Yo amaba a Erika. Y hubiese sido lo mejor, que ella jamás me hubiese dado una muestra de que sentía algo por mí, pues habría encontrado yo así un motivo indudable para poder apearla de mi cabeza, con el tiempo y la paciencia que requieren apear un amor verdadero. Pero no había día en el que no me llamase por teléfono o me escribiese varios mensajes cariñosos, ni semana en la que no viniese una noche a mi casa a cenar y se quedase a dormir, enredándose nuestros cuerpos en la cama en diferentes formas. Todas las veces que le pedí que no se marchase hasta la próxima, que le supliqué que no me obligase más a sentir la mitad del colchón fría, me respondió que a ella no le apetecía estar continuamente con alguien que consumía fútbol a diario y al que no le gustaba viajar. Había otro hombre en la vida de Erika y yo sabía poco de ese otro hombre. Lo que ella me había hablado de él, si bien con cierta efusividad. Me inquietaba el notarla más distante de mí, desde que estaba con él y se me formaba un nudo en el estómago al pensar que podía perder el papel secundario que yo podía jugar en su vida. Pero mi desazón fue corta. La tarde del viernes de la semana pasada reapareció por mi casa con el rostro descompuesto. Se sentó en el salón, se acomodó y presté devota atención a lo que me contaba con voz apagada.

Nosotros nos conocimos, hace un par de años, en un congreso de IA para matemáticos. Erika presentó allí su creación. Un sofisticado profesor virtual capaz de resolver todo tipo de problemas y de poder explicar cualquier aspecto del mundo de las matemáticas. Comencé a vincularme con ella tras ofrecerme a ayudarla a probar que su ecosistema no presentaba deficiencias. Le lanzábamos hasta cien problemas por minuto, que el asistente resolvía rápidamente, sin cometer fallo alguno, por complejos que fuesen. Pero el profesor solo estaba preparado para responder en español y en inglés y Erika quería que pudiese hacerlo en muchos más idiomas. Ella buscó a alguien que pudiese dotar a su herramienta de lo que carecía. Y dio con un Seo Specialist, resultón y talentoso, que ofrecía servicios como el desarrollo de contenidos en distintas lenguas, que resultó ser un bandido de las estepas informáticas. Erika vino a verme hundida. Me contó como el tipo la había seducido poco a poco, para que confiase en él y le mostrase la infraestructura tecnológica de su invención, aprovechándose así para hacerse con ella y poder lanzar el producto en China, como si fuese de su propia creación. El asistente ahora se utiliza por cientos de miles de usuarios chinos, que pagando para tener acceso al mismo, generan unos ingresos diarios de millones de yuanes.

Ella se sentía utilizada, engañada, estúpida, pues estando en la élite del conocimiento tecnológico, había sufrido una vulgar estafa del amor. Me dijo que si no me importaba, que se quedaría en mi casa unos días para intentar recomponerse.

No vi ningún partido de fútbol, ni tan siquiera de la Liga de Campeones, estando ella en mi casa y tardé poco en regalarle los billetes de Turkish Airlines y la estancia, para poder ir un fin de semana a Estambul. Ciudad que ella no conocía, aun a pesar de haber viajado por todo el mundo y a la que yo estaba dispuesto a viajar para vivir un partido del Galatasaray en su propio campo.

La tarde del viernes que llegamos y la mañana del día siguiente fuimos dos turistas más entre una multitud. Anocheciendo el sábado nos adentramos en un taxi en el barrio de Seyrantepe, desde donde ya se divisaba el estadio del Galata, envuelto en la humareda de las bengalas, que con su resplandor amarillento y anaranjado, como el azufre, encendían el cielo. Bengalas de las que se utilizan en la guerra, para localizar al enemigo y poder matarlo o dejarlo malherido.

Leer el número

Abrir el PDF aparte

El visor necesita JavaScript. Sin él, el PDF se puede descargar con el botón de arriba.

Cómo citar

Juan Antonio Núñez, «El atajo de los gatos», Cuadernos Literarios, n.º 22, julio 2025, p. 14.

Para un gestor bibliográfico (BibTeX, RIS)

BibTeX

@article{cl22-2025,
  author   = {Juan Antonio Núñez},
  title    = {{El atajo de los gatos}},
  journal  = {Cuadernos Literarios},
  number   = {22},
  year     = {2025},
  month    = {jul},
  pages    = {14},
  url      = {https://nuevosdt.icaalmeria.com/cuadernos/22/el-atajo-de-los-gatos}
}

RIS

TY  - JOUR
AU  - Juan Antonio Núñez
TI  - El atajo de los gatos
JO  - Cuadernos Literarios
IS  - 22
PY  - 2025
DA  - 2025/07//
SP  - 14
UR  - https://nuevosdt.icaalmeria.com/cuadernos/22/el-atajo-de-los-gatos
LA  - spa
ER  -