Hipotermia
Diego Álamo · Cuadernos Literarios n.º 20, , página 16–17
Leer el texto
Texto de las páginas 16–17 del PDF, extraído automáticamente. No se ha podido acotar al artículo, así que puede empezar en el anterior o seguir en el siguiente, y traer cortes de palabra y erratas de lectura; el PDF es el original y es lo que se cita.
16 S T d
AGOSTO 2024
Relatos Colegiales
DIEGO ÁLAMO Col. 1.073
HIPOTERMIA
Siempre pensé que el nivel más ínfimo de degradación de una persona se encuentra odiando. Luché, a lo largo de mi vida, por evitar que mi corazón se pudriese odiando, dulcificando y hasta olvidando las cuchilladas recibidas. Pero ahora, centrifugada de mis principios y de mi cuerpo, me encuentro repleta de odio hacia mi marido y hacia mí misma, enfangada de cuerpo entero en un magma ardiente y oscuro. Cuando comencé a no atinar con los corchetes del sujetador, a sentarme mal en la taza y orinarme en parte fuera, a no poder precisar dónde está el borde de la cama y caerme al suelo, él -como un torero miedoso- siempre daba un paso atrás, creando entre nosotros la distancia de una sima. Desde que el neurólogo me dijo que estaba enferma precozmente de Parkinson, repudiaba mi cercanía, como si yo desprendiese un olor nauseabundo y le provocase arcadas. Un par de semanas después ya vivía en otro piso, en otra calle, dándome por sepultada, cuando todavía estaba viva. Su única preocupación -por darle algún nombre- fue pedirme por teléfono que nos intercambiásemos el perro los sábados por la mañana.
Recuperé la consciencia entrada la noche del sábado. Enfermeras aceleradas con pijamas de color frambuesa discutían sobre los turnos de la semana siguiente. Y aunque veía y oía, no podía moverme, ni hablar, invadiéndome una angustia espantosa al notar que mi cuerpo no obedecía a mi voluntad. Pero lo peor era que tenía un frío profundo, extremo, semejante al que se tiene que sentir flotando en el mar en pleno mes de diciembre.
Aquella mañana me había tomado un bote de pastillas. Quería que cuando entrase ese desgraciado en la casa a llevarse el perro me encontrase desvanecida. Que se asustase. Que le hiciesen preguntas. Que sospechasen de él. Que a la fuerza tuviese que poner toda su atención sobre mí. Pero yo que quería estar dormida solo unas horas, me provoqué un estado de coma involuntario. Y fui una idiota. Medí mal. La dosis fue alta y la reacción fatal. La temperatura de mi cuerpo, en el tiempo en el que estuve inconsciente se descontroló, descendió bruscamente y pude morir por una hipotermia.
No sé si soñé o tuve una alucinación estando flipada por tanta pastilla, pero mi abuela materna -que había muerto hacía diez años- se encontraba allí a mi lado en la cama del hospital y su presencia coincidía exactamente con lo que yo necesitaba. La muerte de mi abuela fue el acontecimiento más traumático de mi vida. Dicen que si recordamos algo mucho tiempo es por el impacto emocional que nos produce.
Mi abuela hizo de mi madre, de mi amiga. Viví refugiada en su casa varios años. Una triste tarde, tras darle una mala contestación mi padre me pegó, utilizando su cinturón como un látigo. Y aunque me dolieron los latigazos, su rostro impasible mientras me pegaba, me hizo que no pudiese soportar su presencia durante años. Los que estuve refugiada con mi abuela, con mi querida abuela.
El amor inmenso de mi abuela, su efusividad conmigo, su deseo de acompañarme a todos lados para que ni el viento me molestase, sus abiertas manifestaciones de ser a mí a quien más quería, me granjearon la envidia y el rechazo de sus propias hijas, de los maridos de sus hijas y en mayor grado de los otros nietos. El amor de mi abuela me aniquiló familiarmente y con su muerte se alejaron definitivamente todos los demás. Por eso, el que estuviese allí, inclinada hacia mí en la cama del hospital, frotando con sus manos arrugadas mi cuerpo frío, haciéndome reír al contarme con su gracejo natural, como en un aseo un doctor de mediana edad se citaba susurrando por teléfono con una escort, me hizo pensar que solo por haberla tenido a ella mereció la pena vivir.
Afortunadamente me fui recuperando a buen ritmo. Cuando me dieron el alta y regresé a mi casa, mi perro saltaba y ladraba de alegría. Tenía el pelo perfectamente cortado y olía a perfume. Seguramente horas antes lo habían llevado a una peluquería canina. En su collar reflectante estaban colgando las llaves que mi marido tenía de la casa y nunca más vino a recogerlo.
AGOSTO 2024
Relatos Colegiales
JUAN ANTONIO NÚÑEZ
NIGHTCALL
Creo que aún soy capaz de apartar el coche de la carretera y acercarlo al arcén. Solo tengo un brazo operativo y no puedo permitir que se me cale aquí en medio. El brazo derecho está ocupado, presionando la herida, y como afloje…, tiene mala pinta. Tendría que haber elegido el otro camino, la salida de autovía que toma todo el mundo, en lugar de este atajo. Pero es que acortas un buen trecho, casi media ciudad y, además, no es demasiado conocido. En realidad, no se la puede llamar ciudad. Es un pueblucho con aires de grandeza que ni tiene hospital ni colegios suficientes ni buena combinación con la capi ni nada que funcione en condiciones. En cualquier caso, no quisiera ser el culpable de otro accidente; ya hay un coche del revés en aquel descampado, creo que el de la policía. No querría que una pareja, deseosa de llegar a la cama tras su cena de aniversario, se estampase con mi coche atravesado aquí, en mitad del carril, sin poder esquivarlo a tiempo, y reventemos todos. Es esta una curva fea; tiene un sesenta, pero de poco me sirvió respetarlo. vez, o son mis ojos los que se están nublando. No, no me va a dar tiempo. La sangre sale a borbotones y la presión de mi diestra va perdiendo fuerza. Me estoy adormeciendo, los pinchazos de la herida se diluyen a cada latido y creo que me está faltando el oxígeno. Definitivamente no me va a dar tiempo. La ciudad está preciosa desde aquí. La noche no está estrellada, pero sus colores tiemblan a lo lejos, blancos, amarillos, rojos…, y destellos, veo destellos de algún faro asomado en la montaña o allende el mar.
No era yo el destinatario del disparo. Había un tráfico inusual de conductores equívocos, la policía me había adelantado hacía un par de minutos con la sirena a todo trapo y llegué a la curva en el momento equivocado.
Me tiene que dar tiempo…
Empiezo a dudar de mis latidos. Se confunden con el mántrico pulso de graves de esta lista infinita de synthwave. Spotify acaba de crearla para mí, su algorítmica aleatoriedad presupone que es un buen momento. Pero tengo que llamar, tengo que avisarte de que no voy a poder pasar a recogerte. Te quedarás esperándome en el apeadero, espero que hayas traído algo de abrigo, el viento viene frío. Pero las falsas teclas del móvil no responden a mis torpes movimientos me tiemblan las manos se me escurre el móvil la base rítmica se ilumina satura el interior del coche rosa azulado…, y parece que ya no necesito respirar pero tengo que llamar o llegaré más tarde…, sí, llegaré más tarde me da tiempo…, la ciudad está preciosa desde aquí… Sí, está preciosa...
El viento sopla fuerte esta noche y no titilan las estrellas a lo lejos. Está nublado, sí, es por eso, tal
Me da tiempo…
Los barrios que colonizan esta parte del extrarradio son complicados, todos lo sabemos, pero sus dificultades nunca han traspasado esta falsa frontera y respetan la escasa civilización que reside en el pueblo. Aquí, en este páramo decorado con carteles de famosos venidos a menos que anuncian pepinos y berenjenas, conviven los parias con el polvo y las bichas con los alacranes.
Leer el número
El visor necesita JavaScript. Sin él, el PDF se puede descargar con el botón de arriba.
Cómo citar
Diego Álamo, «Hipotermia», Cuadernos Literarios, n.º 20, agosto 2024, pp. 16-17.
Para un gestor bibliográfico (BibTeX, RIS)
BibTeX
@article{cl20-2024,
author = {Diego Álamo},
title = {{Hipotermia}},
journal = {Cuadernos Literarios},
number = {20},
year = {2024},
month = {aug},
pages = {16--17},
url = {https://nuevosdt.icaalmeria.com/cuadernos/20/hipotermia}
}
RIS
TY - JOUR AU - Diego Álamo TI - Hipotermia JO - Cuadernos Literarios IS - 20 PY - 2024 DA - 2024/08// SP - 16 EP - 17 UR - https://nuevosdt.icaalmeria.com/cuadernos/20/hipotermia LA - spa ER -