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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

LOS ESCAPARATES

Cuadernos Literarios n.º 2, , página 9

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ENERO 2015

MICRORRELATOS LOS ESCAPARATES _Por Diego ALAMOS omo cuentas de un rosario de cristal, el paisaje interior de las ciudades, es una sucesión encadenada de escaparates. La importancia de una urbe, se mide por el caché de sus escaparates. Detrás de los cristales fríos, se sitúan los objetos deseados, dispuestos de manera geométrica, iluminados con tonos que invitan al encuentro. Los objetos están a la vista, llenos de intención como cepos, porque el comerciante sabe, que realmente sólo se desea aquello que se ve. La mirada es la enzima del deseo.

Los escaparates, participan de la naturaleza del amor. El comprador, al principio es un amante que contempla en silencio y sólo desea. Pero cuando lo deseado se hace

La Corsaria se libró de la peste negra que, como consecuencia de las hambrunas ya por entonces frecuentes en la decadencia, asoló Almería en 1329, enfermedad sin perdón para su abuelo Ibn que, careciendo de cualquier otra familia, impuso en su lecho de muerte a los hombres de la partida a su nieta de 22 años como capitana y propietaria de los destinos y bienes de la horda pechinera.

Muchos quisieron obtener los favores de Malika, mujer menuda y descuidada aunque atlética y de bellos ojos turquesa, pero jamás se separaba de un enorme eunuco negro obtenido como botín por la jauría pechinera en el abordaje de una nave catalana que su abuelo le obsequió para su seguridad.

Se sabe que adoptó, pagando su rescate, una tierna joven a la que libró de la ablación en Alejandría y de cuya belleza fueron testigos los vecinos de la Puerta del Mar, que daba acceso a la antigua medina almeriense, fortificada mediando el siglo X por el tercer Abd ar-Rahman, en la que Malika construyó un palacio para su egipcia en el que invirtió el producto de sus correrías.

Ya desde los albores del siglo XIV el Mar de Alborán había dejado de ser un lago de los marinos almerienses para convertirse en un peligroso lugar de paso en el que cazar o ser cazado era la regla del juego.

La flota de Malika Ben Salvador se perdió a manos del almirante franco-catalán Moreau de Perellós en una refriega que dio lugar a la nueva guerra entre Castilla y Aragón que comenzó después, a partir de 1356. Quiso el destino que don Pedro I de Castilla y de León, conocido por “El Cruel”, decidiera dedicarse en ese año al descanso, y para ello nada le pareció mejor que preparar una galera y salir al mar con el fin de contemplar la pesca del atún. Embarcó pues en Sevilla para dirigirse a Sanlúcar de Barrameda. En el mismo instante en que don Pedro entraba en la

LACA DE UÑAS R

_Por Diego ALAMOS endido al espejismo de la perfección, la observo, como con maneras aprendidas, se pinta las uñas. Me fascina ver como se preocupa del milímetro, como se afana en dar color y brillo a una parte tan poco grata del cuerpo, como arquea el lomo para que los dedos de los pies, tabicados entre algodones inmaculados, alcancen protagonismo. Rematada la faena del abrillantado, le pregunto ¿Vas a salir? y ella me responde ¡Voy a la playa! Entonces, me dio por pensar, qué sentido tenía tanta delicadeza, para quedarse sepultada bajo la arena y llegué a comprender, que toda forma de belleza nace con vocación de calavera. propio, comienza su estrangulamiento. El abandono de las prendas, se inicia en el momento de su adquisición. Los amantes acostumbrados, son posibles desertores. En horario de comercio, las señoras con los cabellos teñidos con mechas de peluquerías caras, compran los objetos escogidos de los escaparates. En el brazo, simulando una forma de alcayata, cuelgan como trofeos, los paquetes brillantes rematados con lazos cursis. Cuando las persianas de los establecimientos se cierran, como párpados grises cansados, los rumanos buscarán en los contenedores de basura los primeros descartes.

>Recreación de la Puerta del Mar de Almería por Villamil. bahía, hacían también su entrada diez galeras catalanas al mando del citado Perellós. Estas galeras, aunque pertenecientes al Rey de Aragón, de momento habían sido cedidas al Rey de Francia, con el fin de ayudarle en su lucha contra los ingleses, pero se desviaron de su objetivo para cazar a la jauría pechinera, incómoda y famosa por su capitana y tropelías, que venían cargadas con un apetecible botín de hachís.

Perellós no tuvo en cuenta las mas elementales reglas del derecho del mar y se apoderó de ellas, a pesar de que dichas naves enarbolaron pabellón castellano al entrar en la bahía, que era territorio amigo por la tregua que mantenía Castilla con el reino Nazarí. Don Pedro envió con amenazas delega- dos al Almirante Catalán, advirtiéndole que estaba infringiendo las reglas de la mar y el respeto debido al soberano de Castilla, pero Perellós contestó a estos delegados que él no tenía que dar cuenta de sus actos mas que a su señor natural, el Rey de Aragón.

Don Pedro, al no disponer de fuerzas, hubo de conformarse y por ello no llegó a conocer a Malika Ben Salvador, “La Corsaria Almeriense”, y su princesa, que con ella navegaba en aquel viaje.

Por si fuera poco Perellós remontó el Guadalquivir con su precioso botín, causando daños en las riberas hasta su vuelta para Francia. Don Pedro, como era de esperar, cumplió con sus amenazas e hizo encarcelar a todos los comerciantes catalanes que residían en Sevilla, haciéndose con todas sus propiedades y vendiendo cuantas mercancías encontró en su poder. (“Las penas con pan son menos”). Curiosamente, tras este incidente, se desencadenó la primera guerra entre Pedro I y Pedro IV, los dos reyes mas jóvenes de la península, ambos ambiciosos guerreros, impetuosos e incapaces de solucionar por vías mas o menos pacíficas y prudentes sus cuestiones. Los embajadores del reino de Castilla se presentaron en Barcelona, donde a la sazón tenía su corte Pedro IV. Ante él expusieron una serie de condiciones que Pedro I imponía para el restablecimiento de la efímera armonía frustrada. Entre otras la restitución de las tripulaciones de las naves almerienses. Como sabemos no hubo devolución y sí guerra. No sabemos nada mas de Malika Fadel, su princesa egipcia y su flota, salvo que gracias a esta guerra se retrasó el acoso de Almería, que estaba en el punto de mira de los dos Pedros, hasta su entrega a los Reyes Católicos en 1489, mas de un siglo después, en el que hicieron su entrada en la ciudad el Rey Fernando de Aragón y la Reina Isabel de Castilla, conocidos como Los Reyes Católicos.

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Cómo citar

«LOS ESCAPARATES», Cuadernos Literarios, n.º 2, enero 2015, p. 9.

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