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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

RELATOS COLEGIALES

Ginés Bonillo

Cuadernos Literarios n.º 17, , página 19–20

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DICIEMBRE 2022

Relatos Colegiales

GINÉS BONILLO

EL PAÍS DE LOS CARGUITOS (Casi-cuento con moraleja)

«Llevar un vientre entre las caderas es mero destino.

Llevar una cabeza sobre los hombros es una responsabilidad». (Alejo Carpentier)

A Andrés Sánchez Bonillo y Andrés Sánchez Domínguez, por su compromiso, por su firmeza contra viento y marea.

Era un país tan pequeño que solo vivían en él tres personas, a pesar de lo cual con frecuencia se molestaban con los codos. Así que, aunque en principio ninguno quería (quizá por no parecer ambiciosos), tuvieron que repartirse los grandes cargos entre los tres, y hasta faltó gente para completar las listas y ocupar muchos cargos porque hubieran hecho falta unos cuantos compatriotas más para afrontar empresa de tanta envergadura como era dirigir los destinos de tan insólito país.

Uno fue elegido presidente, otro fue nombrado primer ministro y el tercero fue designado vicepresidente y… segundo primer ministro (por aquello de no ser menos, o solo un poco menos; ya que llegaron a la conclusión de que dos segundos cargos importantes equivaldrían a partir de entonces a un primer cargo importante, y así lo legislaron a través de un real decreto anacrónico).

Sin embargo, para abarcar la mayor parte de los puestos mínimos necesarios como en cualquier país que se preciara fue preciso organizar una segunda y hasta una tercera y cuarta vuelta de elecciones, nombramientos y designaciones (las últimas, múltiples, a racimos… para ahorrarse órdenes, edictos y decretos presidenciales), ocupando cada uno (contra su voluntad inicial, no se olvide)varios cargos importantes y otros de segundo y tercer grado; y todo aparentando no querer alcanzar importancia, ocultando la arrogancia y la vanidad intrínsecas en estos casos. Eso sí, cargos rotulados con minúsculas, porque el país no daba para más: a la vista de un concienzudo estudio encargado a una prestigiosa universidad (extranjera, of course!), convinieron en que si se los ponían con mayúsculas tendría que emigrar uno de los tres, pues no cabrían todos, y les pareció que resultaba inaceptable que un tercio de la población nacional tuviese que emigrar de una tacada. Además, tampoco era cuestión de darle salida a ese tercio por partes, sobre todo, por las secuelas físico-materiales del proceso necesario para el fraccionamiento fisiológico individual (descuartizamiento, no rehusemos el término)… y peor sería –llegaron a la conclusión- una alternativa progresista que implicase un prorrateo solidario en que ninguno saliese bien parado desde el primer momento de la operación: ¿quién daría su brazo a torcer?, ¿quien se arriesgaría a tener mala pata?, ¿quién admitiría truncar el garboso tronco?... No, tres veces no, que es no -como diría un ínclito, luego convertido al sí porque sí.

20 S T d

DICIEMBRE 2022

Relatos Colegiales

Aunque cada uno se dedicaba con ahínco a sus ocupaciones, decidían colegiadamente –como buenos demócratas- todas las tareas, con el agravante de que para todo tenían que reunirse asambleariamente, ya que el país no daba para mantener un parlamento que se preciara. Rara vez alcanzaban el consenso, por lo que lo más común era tener que votar y los resultados más frecuentes eran: dos contra uno (dos tercios contra el otro tercio), o todos contra todos (o sea, todos los tercios contra los otros dos tercios, pero por separados todos), con lo cual siempre había alguno (un tercio, o los tres, según los casos) que se enfadaba y –haciendo uso de ese hoy excepcional recurso democrático- dimitía de su gran cargo. La situación se complicaba dado que esa simple dimisión provocaba naturalmente toda una serie de dimisiones en cadena (veinte o treinta otras dimisiones), ya que el dimisionario del día se solidarizaba consigo mismo y dimitía de sus otros pequeños cargos; y, para solventar la crisis abierta, había que volver a reunirse y votar, con los ya consabidos resultados de tercios contra tercios.

De igual modo, era habitual que, a raíz de cualquier dime y direte surgido en la reunión convocada precisamente para solventar la última crisis, alguien se enfurruñara y dimitiera de sus pequeños grandes cargos y, por solidaridad consigo mismo, de los demás (por lo que otra vez se producían de golpe entre veinte y treinta vacantes, sumando altos cargos, subcargos, vicecargos y carguitos).

Así transcurrían inexorables sus días, los infelices, sin que pasara uno en que no tuvieran que reunirse de urgencia por hache o por be, cual por jota o por che. Se les iba lo mejor de las mañanas en reuniones-enfados-dimisiones y vuelta el perro al rabo. Solo les quedaban las tardes para dedicarse a sus tareas cotidianas, porque por la noche alguno de los tres (si no había dimitido esa misma mañana) dimitía de alguno de sus pequeños grandes cargos o carguitos y, de inmediato, había que convocar otra reunión para la mañana siguiente con vistas a intentar solucionar la última crisis.

Y en una de estas reuniones vacuas porque había dimitido el país en pleno (o sea, los tres tercios, que en esto hubo consenso por una vez), vino el lobo y se los comió a todos (a los tres tercios, que en esto el lobo no tuvo preferencias ni anduvo remilgado entre el pardo y el oscuro, ni entre el sí y el no, el no sabe/no contesta/nulo).

-¿Qué lobo? –preguntó una mano alzada.

-¡Qué lobo va a ser! O acaso no hay siempre un lobo en todas las historias.

-¡El lobo del tiempo! –contestó otra mano , que había estado muy atenta.

El silencio ocupó el espacio total.

-Y ahora están en la barriga insaciable del lobo todos juntos, en silencio, reposando, bien avenidos y ¡en paz por fin! Se cumplió su historia.

Una sentencia atribuida a Dares Frigio (si bien carente de fundamentación histórica) en unos documentos apócrifos asimilados a las Etimologías de Isidoro de Sevilla, más probablemente debidos a la sagacidad goliardesca de un estudiante sopista de Cánones en Osuna que hizo el camino de Santiago al revés, hasta llegar a París, advierte contra estas situaciones: Quien pasa los días en vacuas reuniones, ni tiene melones ni come sandías.

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Cómo citar

«Ginés Bonillo», Cuadernos Literarios, n.º 17, enero 2023, pp. 19-20.

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