Diego Álamo
Diego Álamo · Cuadernos Literarios n.º 17, , página 15
Leer el texto
Texto de las páginas 15–15 del PDF, extraído automáticamente. No se ha podido acotar al artículo, así que puede empezar en el anterior o seguir en el siguiente, y traer cortes de palabra y erratas de lectura; el PDF es el original y es lo que se cita.
DICIEMBRE 2022
RELATOS COLEGIALES DIEGO ÁLAMO FELICES Col. 1.774
EVERYDAY IS HALLOWEEN
De madrugada. Estando bañadas las calles por una oscuridad que parecía instalada definitivamente, robaron en un instante, mientras dormían, las joyas que guardaban en su casa unos amigos. Cuando mi marido supo lo ocurrido, se encargó de que colocaran rápidamente en nuestro piso, la mejor puerta acorazada que existía en el mercado. La severidad metálica de su sonido al accionarse, se instaló en mis oídos como un avisador de cuando él entraba o salía de la vivienda, pues vivíamos como icebergs silenciosos arrastrados por corrientes distintas.
La memoria, con su comportamiento caprichoso, como un espejo del pasado, me proyectaba escenas del tiempo en el que habíamos sido felices. Cuando hablábamos de nosotros. Cuando utilizaba una manera bella de dar a entender que me amaba, poniendo en el dormitorio Bésame Mucho, interpretada por el elegante Dave Brubeck acariciando el piano. Cuando nuestras miradas se cruzaban y no eran gélidas. Carlos –mi marido- pertenece al nutrido grupo de jóvenes informáticos, que cobran malos sueldos trabajando diez horas diarias para plataformas digitales. Él me enseñó el mundo de los videojuegos. Y su idea obsesiva de hacerse rico diseñando uno, que nunca pudiese darse por terminado, por concluido, que llevase a los gamers a niveles de satisfacción y ansiedad tan extremos, que perdiesen toda idea de abandonarlo y volver al principio. Intentaba con su creación, que los jugadores no quisiesen hacer otra cosa que jugar y jugar de forma frenética. Esa adicción también le poseyó a él y construyó una nueva existencia, con sus equipos, con sus teclados, en la que yo estaba al margen, en la que yo no tenía lugar. En su creciente obsesión, no escuchaba ni mis arrebatos ocasionales. Su máxima aspiración era que el videojuego fuese tan real, que se mezclase tanto con la vida, que no pudiese distinguirse de la vida misma. Una tarde me topé con la puerta de su sala de ordena- dores entreabierta y pude observar, en una pantalla LED que colgaba de la pared, como jugaba absorto con un simulador de lanzamiento en paracaídas. Podía gobernar la velocidad de descenso desde el lugar del salto hasta el punto exacto de caída. Elegir cualquier entorno, paisaje y condiciones atmosféricas. Saltar solo o acompañado en el mismo o en distinto paracaídas. Vi como Carlos había saltado en el mismo paracaídas con el avatar de mi mejor amiga Kiara. Caían con gran lentitud, dando la sensación de que flotaban placenteramente. Abrazados para contrarrestar el frío de la altitud. Y en la caída eterna Carlos la besaba en los labios. De la manera como a mí me besaba antaño.
Nuestro matrimonio era ya un cuerpo desgarrado, sin vida y decidí darle mortaja. De manera controlada le pedí que se marchase de casa. El resto de lo que le dije después fue de forma enloquecida. Unas horas más tarde Carlos se marchó. Lo hizo con una maleta de cabina en una mano y en la otra su iPad Pro. El sonido que desprendió la puerta al cerrarse, fue semejante al de todos los instrumentos de metal de una orquesta sinfónica, tocando de manera estruendosa a la vez. No dudaba de que lo de Carlos con Kiara era una pura fantasía, de que no iba más allá de lo virtual. Pero saber que no era conmigo con quien fantaseaba, que había construido un universo entero para ellos dos, me era aún más difícil de asimilar.
Resignadamente tenía que aceptar que Carlos jugaba con quien verdaderamente le gustaba y que era un imbécil que desnudaba sus sentimientos en una antigualla de juego de ordenador. No quería padecer ningún duelo por Carlos. Nuestra casa aún estaba llena de sus objetos. No deseaba tener nada suyo a la vista, que me trajese recuerdos de él. Le envié varios WhatsApp y correos electrónicos preguntándole “Dime dónde quieres que te mande tus
Leer el número
El visor necesita JavaScript. Sin él, el PDF se puede descargar con el botón de arriba.
Cómo citar
Diego Álamo, «Diego Álamo», Cuadernos Literarios, n.º 17, enero 2023, p. 15.
Para un gestor bibliográfico (BibTeX, RIS)
BibTeX
@article{cl17-2023,
author = {Diego Álamo},
title = {{Diego Álamo}},
journal = {Cuadernos Literarios},
number = {17},
year = {2023},
month = {jan},
pages = {15},
url = {https://nuevosdt.icaalmeria.com/cuadernos/17/diego-alamo}
}
RIS
TY - JOUR AU - Diego Álamo TI - Diego Álamo JO - Cuadernos Literarios IS - 17 PY - 2023 DA - 2023/01// SP - 15 UR - https://nuevosdt.icaalmeria.com/cuadernos/17/diego-alamo LA - spa ER -