Saltar al contenido
Fundada en octubre de 1988 Ir a la web del Colegio
Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

RELATOS COLEGIALES

Papel de calco

Diego Álamo · Cuadernos Literarios n.º 16, , página 7

Leer el texto

Texto de las páginas 7–7 del PDF, extraído automáticamente. No se ha podido acotar al artículo, así que puede empezar en el anterior o seguir en el siguiente, y traer cortes de palabra y erratas de lectura; el PDF es el original y es lo que se cita.

JULIO 2022

RELATOS COLEGIALES DIEGO ÁLAMO FELICES Col. 1.774

EL MANICURISTA

A mi padre no le gustó que yo estudiase Bellas Artes. Pensaba entristecido, que estudiando esa carrera, me condenaba a la pobreza. Su muerte prematura, acaecida poco antes de finalizar mis estudios, le impidió tener la satisfacción de ver como gracias a mi formación en una faceta concreta del arte como es la miniatura, ahora disfruto de un gran desahogo económico, trabajando de manicurista en un exclusivo salón de estética y belleza.

Me deleito y hasta siento cierto fervor embelleciendo esas formaciones convexas de células muertas endurecidas. Y me da pavor el contemplar uñas pintadas como las puertas destartaladas de un anodino hostal sin estrellas o como las paredes de una discoteca hortera.

Lo que yo hago es otra dimensión. La de ser capaz de reproducir en un espacio milimétrico, sin apenas merma de esplendor en comparación con la obra original, La joven de la perla de Vermeer, Leda atómica de Dalí o cualquier otra prestigiosa pintura que me pongan por delante.

Se presentó a la hora de cierre. Cuando mis ojos, después de horas de máxima exigencia, son dos cristales estallados. Pidió permiso. Tomó asiento y colocó sus dedos alargados bajo la lupa de aumento. Me dijo que se llamaba Ángeles, pero que le gustaba que le llamasen Angie, como la canción de los Rolling Stones. Tenía una cara y una voz bonita. Una actitud alegre y nada chabacana. Pero la intuición me alertaba, más allá de la razón, de que poseía un lado oculto.Quería que en cada una de las recrecidas uñas de su mano derecha le pintase flores de bodegones famosos, pero todas tan distintas, que a nadie se le pudiese ocurrir formar un ramo con ellas. Y para la mano izquierda, me pidió obras de arte moderno, alguna de Banksy a ser posible.

Cuando examiné el espacio que disponía para llevar a cabo su encargo, comprobé que en dos cutículas se alojaban minúsculos restos de sangre seca y tuve la certeza de que un peligro me rondaba. Le dije que volviese en dos semanas. El tiempo que necesitaba para estudiar con detalle,cómo trasladar sus deseos a las uñas de sus maños. Momento en el que volvería a experimentar la inquietante sensación que me produjo su presencia.

Fueron diez sesiones. Tras acabar la primera, me invitó a tomar unas cervezas y algo de comer, en un bar alejado que ella conocía. Repetimos al finalizar cada una de las sesiones.

En los paseos hasta el bar, observados por una luna discreta, aprecié como las hojas de los árboles se refugiaban y como las personas con las que nos cruzábamos escondían su sombra. Cómoda en la familiaridad del establecimiento, Angie hablaba bastante, de todo tipo de temas, pero jamás de nada que pudiese desvelar su intimidad. El último día bebimos el triple de lo habitual (que ya era bastante). Alabó mucho las muestras de arte que llevaba en sus uñas y alimentó mi vanidad. Me ofreció ir a su casa, que se encontraba cercana al bar. Me contó que había comprado una tarta de mousse de chocolate y una botella de un excelente chardonnay francés.

Después de dos porciones de tarta y dos copas del caldo francés nos besamos. El contacto físico la sumió en una especie de trance, que iba creciendo cuanto más estrecho e intenso se hacía. Me levantó la camisa y con decisión me clavó dos de sus afiladas uñas en la cintura. Las subió, hundidas en la carne, con rapidez y vigor, hasta el cuello, dejando por toda mi espalda dos surcos paralelos. Dos surtidores de sangre. Angie se veía feliz, extasiada, en la misma gloria. A mí no me importaba demasiado el destrozo en la espalda, si gracias a hacerme daño, ella había alcanzado un nirvana de satisfacción. Me gustaba y estaba dispuesto a soportar su sadismo para contentarla. Cuando abrí el armario de su cuarto de baño buscando gasas y desinfectante para una primera cura, encontré una bolsa de una droguería. Abrí la bolsa y dentro había una lata con fuerte disolvente de pintura. El ticket de compra era de esa misma mañana.

Me marché inmediatamente de su casa y nunca más he vuelto a saber de ella. El dolor por las heridas pasó. Pero nunca he encontrado fin al sufrimiento que me produjo el tener la seguridad de que realmente no tenía el más mínimo interés por mi arte.

-¡Cómo pude confiar en alguien, al que le gustan los rudimentarios Rolling Stones! -pensaba siempre.

Leer el número

Abrir el PDF aparte

El visor necesita JavaScript. Sin él, el PDF se puede descargar con el botón de arriba.

Cómo citar

Diego Álamo, «Papel de calco», Cuadernos Literarios, n.º 16, julio 2022, p. 7.

Para un gestor bibliográfico (BibTeX, RIS)

BibTeX

@article{cl16-2022,
  author   = {Diego Álamo},
  title    = {{Papel de calco}},
  journal  = {Cuadernos Literarios},
  number   = {16},
  year     = {2022},
  month    = {jul},
  pages    = {7},
  url      = {https://nuevosdt.icaalmeria.com/cuadernos/16/papel-de-calco}
}

RIS

TY  - JOUR
AU  - Diego Álamo
TI  - Papel de calco
JO  - Cuadernos Literarios
IS  - 16
PY  - 2022
DA  - 2022/07//
SP  - 7
UR  - https://nuevosdt.icaalmeria.com/cuadernos/16/papel-de-calco
LA  - spa
ER  -