Dolores Tovar Yanguas, MCLS
Cuadernos Literarios n.º 15, , página 3–6
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CUADERNOS BIBLIOFÍLICOS M.C. LÓPEZ SARACHO Miembro del Instituto de Estudios Almerienses
DOLORES TOVAR Y YANGUAS (1856-1942)
Para Antonio José López Cruces
Quizás el linaje y la familia de nuestra autora, su apellido y la herencia genealógica que dejó hayan ensombrecido a la verdadera Dolores Tovar y Yanguas: la Dolores poeta. Hija del político progresista Justo Tovar y Tovar y de Dolores Yanguas Moya, nació en Almería en 1856 y falleció el 15 de noviembre de 1942 a los 86 años. De los diez hijos que tuvo, solo le sobrevivieron seis. Perteneciente a la burguesía, frecuentó de joven los círculos sociales e intelectuales almerienses, donde lucía sus dotes musicales. El 17 de enero de 1880, a sus 23 años, contrae matrimonio con José Acosta Oliver, que participó en la tercera guerra carlista como ayudante del general Antonio Dorregaray,y que en 1890 llegó a ser alcalde de Almería brevemente, pues las elecciones fueron anuladas. Quedaban así unidas dos familias muy representativas en Almería: los Tovar y los Acosta. El 15 de marzo de 1921contrajo segundas nupcias con Eduardo de Bustos González, miembro de las juventudes republicanas almerienses, creador en 1931 del partido republicano en Melilla y afiliado más tarde al Partido Republicano Radical. En su artículo inédito Prólogo a un Libro de poesías de una Dama, el escritor Ant onio Ledesma Hernández (1856-1937) nos la da a conocer de esta manera:
“Confieso que, al recibir el manuscrito, quedé sorprendido antes de leerlo, y después de leerlo, maravillado. Conocíamos a su distinguida autora por el múltiple brillo de sus condiciones y virtudes; pero como poetisa no. Fue el ídolo de la buena sociedad almeriense, en los bellos tiempos de su juventud. Aún se recuerda aquel festival de nuestro Ateneo dado en su honor; aún nos queda el eco de su selecta música y el resplandor de su aparición semi-divina. La niña mimada de los salones vino a ser la perfecta casada de Fray Luis de León. En su hogar llovieron infortunios; la muerte asomó arrebatándole seres queridos, y sus lágrimas cristalizaron en versos, como las gotas de las grutas se cuajan en estalactitas.
La Poesía es eso: sentimientos que toman formas rítmicas de expresión, como en la Naturaleza los diamantes cristalizan en perfectas formas geométricas.
¡Ay del que busque la forma sin el contenido; jamás será poeta, sino artificioso rimador! Equivocadamente también los vates helénicos iban a la fuente Castalia para beber inspiraciones. Su verdadera fuente manaba dentro de ellos mismos.
Así se explica este libro, surgido en la que llamaba Campoamor “la juventud segunda de la vida”, cuando ni en su primavera ni en su estío brotó del árbol gentil una hoja rimada, ni una página de Literatura.
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Es, empero, maravillosa la pulcritud artística de estas rimas. Todo arte exige preparación. Pintores, escultores y músicos tienen su aprendizaje: los poetas también, y no es difícil a la crítica distinguir las primeras obras de un escritor, por sus incorrecciones y defectos. Esta dama ha compuesto sus poesías sin estudios retóricos, sin pruebas, ni tentativas; espontáneamente han salido de su pluma, casi sin correcciones, como Minerva con sus preseas. De tal don no gozaron Gertrudis Gómez de Avellaneda, ni Rosario de Acuña. El milagro consiste en que nuestra poetisa (como debemos llamarla desde hoy) ha sido siempre un talento preclaro, un espíritu culto, refinadísimo, con un exquisito sentido musical. Una sílaba más en un verso ha podido hacerle tanto daño como una nota en falso del clave; y, saturada de lecturas poéticas de nuestros más renombrados autores, debieron de quedarle asimiladas automáticamente las formas retóricas, en que después, en un día de impulso, ha comenzado sin dificultad a verter sus añoranzas y tristuras. (…)
Bienvenida a tan alta colaboración espiritual la nueva escritora almeriense. Sus versos conmoverán, y como en el mundo no se pierde un átomo, ni en el espíritu una vibración, los sentimientos que despierten generarán nuevos impulsos hacia ese Ideal eterno, de que es escala de Jacob la Poesía.
Abrid, pues, estas páginas y leed, amigos míos.” Continúa Ledesma dando a conocer a la poeta en su obra inédita Mis obras y mis días:
“Un día presentose en mi despacho cierto antiguo amigo [José Acosta Oliver] con un manuscrito [con poesías] pidiéndome las leyesey le dijera si serían publicables. “Son de mi mujer -exclamó-, jamás ha hecho versos hasta ahora.”
Efectivamente, aquella mujer que en mis verdes años brillaba en la ciudad como el más hermosos lucero, que unía a una faz seráfica un busto escultural y una gentileza incomparable, que no solo deslumbraba en nuestros salones, sino que en toda Andalucía causó asombro; niña mimada, rica, feliz, capaz de inspirar las más desesperadas pasiones, aquel portento de gracia y de belleza que en su vida se ocupó de escribir un pareado en los perfumados plieguecitos de un papel color rosa, después de infortunios sin cuento, de llorar la muerte de sus hijas y la ruina de su hogar, había escrito para desahogar sus sentimientos aquella colección de poesías delicadísimas de rima irreprochable, de pura dicción, que parecían obras de una poetisa dominadora del arte como Gertrudis Gómez de Avellaneda o Carolina Coronado.
No; ni aún éstas pusieron en sus versos ternura tan exquisita, ni rimaron tan pulcramente. Aquel libro era un estuche de perlas cuajadas en la concha de un corazón lacerado, y yo espontáneamente puse sobre el manuscrito: “Admirable, admirable y admirable”.
¡Fenómeno singular de la transfusión de la belleza! Aquella dama semidivina, pero de espíritu dormido para el arte poético, había perdido con los años y las tristezas toda su hermosura, no quedándole ni sombra de lo que fue; y aquella belleza exterior suya se había transportado a lo íntimo de su espíritu, haciéndolo resplandecer con versos que leo y releo todavía, como aquellos titulados La Campana de la Vela con que la poetisa añora las bellas tardes que pasaba sentada a su enrejado balcón acariciada de ensueños y dulces éxtasis, mientras la campana de la Vela en la torre de la distante alcazaba sonaba de tiempo en tiempo, pareciéndole dulces tañidos los que ahora le suenan a dobles de muerte. Es el primer caso que conozco de salir sin aprendizaje retórico ni pulimento artístico, de repente, como por ensalmo, versos semejantes, de nadie aprendidos, escritos por una pluma que por primera vez se moja en tinta mezclada con las penas y con sangre del corazón.
Después de haber hablado de ello, no quiero recordar más escritos artísticos míos ni de alta prosa menuda, pues estoy por declarar que soy un vulgar poeta al lado de aquella dama que tales estrofas compuso.”
El poemario de Dolores al que puso prólogo Antonio Ledesma quedó finalmente sin publicar.Sin embargo, sabemos que escribió poesía porque así nos lo refiere Antonio Ledesmay porque, aunque la escritora no llegó a publicar casi nada como poeta, existe un poemario manuscrito que se guarda en el Archivo Municipal de Almería (Al.299) titulado Versos de Dolores Tovar de Acosta, Almeria, 1912. Dicho compendio comprende poesías escritas por la autora entre 1911 y 1917. Dentro del Romanticismo todavía imperante en la época modernista, aborda temáticas como el dolor, el amor, la esperanza y el sufrimiento, y todo ello
SdT puro, vibrante, apasionado y bello como rayo de sol entre la niebla. Recuerdo de las noches de verano que pasaba en feraz y alegre hacienda, oyendo tu cantar bajo la parra o tras los hierros de florida reja enredada de cándidos jazmines que mecían las brisas de la vega. En muchos poemas aparece la noche como alegoría de la serenidad placenteratras eldiario trasiego del hogar, cuando invoca en su cuarto a las musas y recuerda sus momentos felices en los que todavía la desgracia no se había cebado con su familia.La celebra así en su poema A la noche:
Noche espléndida, plácida, serena, envuelta en una armoniosa melodía, de augusta paz y de misterio llena, de dulce y melancólica poesía. Noche de hondo sentir, de sueños bellos que mi vida acarician blandamente, que tienen de tus astros los destellos y esclarecen las sombras de mi mente. En La luna llama a la amiga de sus penas “lágrima de los cielos” y en Meditación recuerda sus años mejores en medio del silencio nocturno: a través de versos que evocan, a modo de epopeya, sus vivencias más íntimas y personales.
En dicha obra inédita recuerda a sus hijas fallecidas:María de los Dolores y María del Carmen ("mi Dolores" y "mi Carmela" en el poema Dos ángeles), que fallecieron a causa de la difteria: María de los Dolores el 25 de mayo de 1876, a la edad de quince años, y María del Carmen en 1889, a la edad de cuatro; Isabel murió con solo 18 años el 23 de marzo de 1911, siendo quizás este hecho doloroso el principal estímulo que impulsó a Dolores a escribir.De los cuatro poemas que le dedica, A mi hija Isabelestá fechado el 23 de julio de 1911, a los cuatro meses de su muerte; A mi Isabel, el 4 de octubre de 1911, al cumplirse el decimoctavo aniversario de su nacimiento; Mi Isabel, el 8 de julio de 1912, Día de santa Isabel.
El poema A la Santísima Virgen del Mar, escrito el 21 de agosto de 1912, fue publicado en la primera página del diario católico almeriense La Independencia el 25 de agosto de ese año.
Canta a la naturaleza en poemas como Enigmas, Ideal, Violetas o Rosas de Otoño, y el paisaje de la tierra andaluza en A la guitarra:
Recuerdo grato que en el ama duerme y que, al oír tu canto, se despierta
Mediada está la noche. Solo inquieta el silencio solemne de estas horas ligera brisa que en sus alas trae el lánguido murmullo de las hojas y el rumor melancólico y pausado del mar que agita sus movibles olas. La blanca luna en la mitad del cielo su luz derrama dulce y misteriosa sobre los viejos álamos que erguidos abren al aire sus gallardas copas. …
Y libre vuela el pensamiento mío y a los pasados años se remonta recogiendo alegrías y tristezas que poco a poco el corazón evoca. Imágenes que llegan a mi mente, dulces recuerdos que en el alma brotan como en el valle los morados lirios, como en el árbol las menudas hojas. Esplendores lejanos de mi infancia, del ayer de mi vida bella aurora, que no tuvo en su cielo transparente celaje alguno que le hiciera sombra. Para Ledesma, la autora, ya en el otoño de su vida, ha pasado de su “belleza exterior” a lo “íntimo de su espíritu” en poemas como La Campana de la Vela, esa solitaria campanaque en “la primavera” de su vida acompañó susmomentos de amor, felicidad y paz, y cuyos sones escucha ahora en medio de “las blancas nieblas del otoño”, de su otoño:
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Así sobre el otoño de la vida desengaños y penas van cayendo, como si fueran de la lluvia lágrimas, como si fueran de las rosas pétalos. En 1914 añade a su poemario inédito el Himno al Regimiento Mixto de Ingenieros [de Melilla], fechado el 20 de enero de 1914, Regimiento que tuvo su origen en la Academia de Ingenieros Militares de Guadalajara, donde estudió su hijo José María (Almería, 1881), ingeniero militar y escritor, que fue fusilado en Paracuellos del Jarama el 8 de noviembre de 1936. Él síobtendría una merecida fama en el campo literario. Compañero de Bachillerato de Francisco Villaespesa, escribió novelas como Amor loco y amor cuerdo (1920), premiada en el concurso de Blanco y Negro por un jurado de notables escritores, entre los que se hallaba Azorín, Entre faldas anda el juego y Al cabo de los años mil (ambas de 1921), La Saturna (1923), Las pequeñas causas (1924) y Las eternas mironas (1927); además de cuentos, novelas cortas, recogidas en La venda de Cupido (1922) y en Niñerías (1923), y numerosas colaboraciones en revistas o periódicos como ABC. Dolores escribe también poemas de un marcado tono místico como Soneto, Canto misterioso y Consuelo, un soneto donde vislumbra un lenitivo a sus dolores en “el alma que se abraza con la cruz”.
En 1917 suma a su poemario inédito el poema A mis nietos, en los que descubre nuevamente la primavera, “frescas floresque alegran el ocaso de mi vida”.
Como hemos visto, Dolores se desnudabaa través de sus versos, unos versos que ahorainvernan en un archivo municipal de provincia, esperando, como las cuerdas del arpa de Bécquer, la mano que los haga florecer en una nueva primavera, para que su autora -una más de tantas escritoras olvidadas- reciba el reconocimiento que como poeta se merece.
BIBLIOGRAFÍA
- GRIJALBA, Antonio: “El frondoso árbol de los Acosta”, La Voz de Almería, 30 de noviembre de 1980, pp. IV-V. - LEDESMA HERNÁNDEZ, Antonio (1856-1937) Prólogo a un Libro de poesías de una Dama. (Política y Sociología, 2ª parte, 10. Inédito. Biblioteca Francisco Villaespesa de Almería).
- Mis obras y mis días (Cap.XVI, “Prosa y más prosa”. Inédito.Biblioteca Francisco Villaespesa de Almería). - Trabajos críticos (1883-1926). Inédito. Biblioteca Virtual de Andalucía.
- LÓPEZ CRUCES, Antonio José: “José María Acosta y Tovar”, en Diccionario biográfico de Almería, Instituto de Estudios Almerienses. ((htps://www.dipalme.org›edba.nfs›xlecturabiografias) - SÁEZ PINEL, José Luis: La consolidación del liberalismo en la Almería isabelina. De la regencia de María Cristina a “La Gloriosa” (1833-1868),Almería, 2021, p.257. - TOVAR Y YANGUAS, Dolores: Versos de Dolores Tovar de Acosta/Almería/1912. Inédito. Archivo Municipal de Almería (Al.299).
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«Dolores Tovar Yanguas, MCLS», Cuadernos Literarios, n.º 15, diciembre 2021, pp. 3-6.
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