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Sala de Togas, revista del Ilustre Colegio de la Abogacía de Almería

VIDA CULTURAL

Presentado el libro: “El fabuloso mundo del Valle del Aceituno”

Sala de Togas n.º 90, , página 125–127

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PRESENTADO EL LIBRO: “EL FABULOSO MUNDO DEL VALLE DEL ACEITUNO por RAFAEL LEOPOLDO AGUILERA MARTÍNEZ-OÑA

El pasado miércoles, día 6 de noviembre, regresé al centro académico, que, cuando con 13 años comencé mi andadura del Bachiller Unificado Polivalente, la segunda promoción del BUP, le llamábamos “Instituto femenino”, aunque su nombre correcto era Instituto Nacional “Celia

Viñas”, en recuerdo de la que fue su catedrática de Lengua y Literatura y escritora de reconocido prestigio. Lo hice por la misma entrada de siempre, por la calle Javier Sanz, situada frente al inmueble de la entonces Organización Sindical del Movimiento Nacional, subiendo por ese elevado y bello pórtico y atravesando el amplio vestíbulo con sus escaleras de mármol encumbradas de “cum laudes”, que impresionaba los sentires adolescentes de los neófitos bachilleres.

Regresé tras haber leído en el ‘Diario de Almería’ una crónica del periodista Diego Martínez, quien desglosaba con exquisitez cultural, la presentación del libro, escrito por el profesor y personaje emblemático e historia viva de todo el Valle del Almanzora, Cristóbal Berbel Martínez, bajo el título de “El fabuloso mundo del Valle del Arroyo Aceituno. Viaje por un pasado fascinante”, editado de forma magistral por Arráez Editores. No puedo dejar de mencionar a los colaboradores de esta edición, los Ayuntamientos de Arboleas y Cóbdar y las entidades Cosentino, Pardo Consultores, Hotel Restaurante Azabache, Almendras Utrera, Tabacos La Torre Al-Arbuli y Catering Bonillo, Esencia del Levante. Integran el ‘corpus’ novelado 26 fotografías, correspondiéndose la de la portada, efectuada 125

TIEMPO LIBRE

Portada del libro editado por Juan Grima en la colección “Narrativa” (Num 73. Arráez. Mojácar 2024) (Imagen BALJRC)

Aspecto general del Salón de Actos del Instituto Celia Viñas.

(Foto del autor) por Gilman, con la aldea de los Huevanillas, de Arboleas, en la margen derecha del arroyo.

Tras subir los peldaños, no sin dificultad, antes de adentrarme en el señero salón de actos de cortinajes burdeos, hay una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, que preside la primera planta, que siempre estuvo ahí, y ahí permanecerá todos aquellos años que el claustro siga considerando que forma parte vertebral de la memoria de las muchas generaciones que han pasado por sus aulas, creyentes y no creyentes; pero que nos precedieron y dejaron su testimonio como alumnos, como docentes, personal administrativo y otros laborantes, que coadyuvan al mantenimiento de este emblemático edificio, que fue Escuela de Artes y Oficios.

Irrumpir, eclipsado el sol, con la nocturnidad de la luna a las 19:30 horas, en ese espacio de impronta arquitectónica del historicismo neoacademicista del siglo XX, en su variante monumentalista y nacionalista, lleva un valor añadido al acto literario, cuyo vetusto salón de actos, abarrotado de miembros de la comunidad educativa e invitados, fue una clámide de sapiencia y sabiduría de quienes integraban la mesa presidencial en el estrado. Entre las vidrieras y tenues luces de bellas lámparas, el director del Instituto de Enseñanza Secundaria y compañero, Antonio Carrillo Burgos, el exdirector de la UNED, Trino Gómez Ruiz, el profesor Ginés Bonillo Martínez y el editor Juan Grima Cervantes, arroparon con su presencia y don de la palabra al escritor y Catedrático de Instituto en Lengua y Literatura, Cristóbal Berbel Martínez.

La obra, novelada con una prosa fluida y narrativa elegante, se centra en Domingo Camus, un maestro jubilado en una aldea del Valle Aceituno, que asiste desolado al infame y sangriento devenir de la Guerra Civil, mientras intenta aliviar el incierto presente anotando sus recuerdos y refugiándose en el consuelo de la memoria de un tiempo pacífico, feliz y dichoso.

Años después, el bondadoso y humilde Cristóbal Berbel accederá al misterioso cofre que custodia los legajos del maestro, y cuenta la singular biografía de un viajero del tiempo, como testimonio de autenticidad de un mundo cuyos modos de vida ya no volverán. Al mismo tiempo se irán conociendo los enigmas familiares, las tragedias, los amores y amistades con personajes que el lector tendrá que adivinar quiénes son verídicos o de ficción. También se transita por paisajes que cobran vida a través de un espacio geofísico en el que se citan la gastronomía tradicional y las costumbres populares, la etnografía, la orografía, la historia, la literatura. Como trasfondo siempre se evoca un entorno que se impone como Naturaleza que asombra, desde la eterna admiración de los moradores del Valle, cuyas semblanzas se entrelazan con reflexiones metaliterarias.

Estando presente en el acto su esposa, Herminia García Llamas, creadora de poesía, la novela es autobiográfica en clave sentimental e intelectual, que incluye un sentido homenaje a Barcelona, cuyo periplo vital supone una concepción poética de la vida como una revelación, fusionando acontecimientos reales con la ficción, bajo la búsqueda siempre del tiempo de la infancia, como un referente del continuo descubrimiento vital, la indagación de la propia identidad del autor.

La pretendida memoria del Valle Aceituno transformará en réplica imaginativa la realidad para convertir la nostalgia en terapia curativa, tendiendo su fabuloso mundo un puente que permite al autor establecer un diálogo con sus ancestros hasta llegar a vivir y fundirse con ellos. Tal vez el lenguaje cervantino, cautivador apasionado en su lectura amena, con sus 440 páginas, que en ocasiones he recurrido al diccionario, no representa la realidad pero sí condiciona y hasta determina el peso de la vida transfiriéndole otra forma de existencia en la que se confunden lo vivido y lo soñado, con el incomparable marco al fondo de trovadores, arrieros, buhoneros, obispos, almazaras, pedrizas, cortijadas, ermitas, santuarios, montes, serrijones, golliznos, y caminos por el Valle, cuando los alimentos y frutos de la tierra olían a pureza. Finalizó el acto con las palabras de Cristóbal Berbel, quien estuvo estudiando como alumno en nuestro Seminario Mayor de San Indalecio, al decir que contempla, desde su precioso pueblo de Arboleas, el paso de los días como un regalo de Dios. Y aun así, percibe el tiempo sorprendido y perplejo. A la espera impaciente de su siguiente obra literaria, que sabemos que ha comenzado a hilvanarla. 126

TIEMPO LIBRE

DOS ABOGADOS

La obra “Dos Abogados” fue creada por el pintor Honoré Daumier, ejecutada con la técnica de óleo sobre lienzo y efectuada magistralmente entre 1800 y 1900. La pintura es muy representativa de la abogacía pues en ella se observan a dos abogados de la época del siglo XIX, delante del Juzgado y entre sombras, al parecer en una seria conversación, quienes, por sus gestos, entendemos, están hablando de algún pleito del momento (quién sabe si antes o después de la celebración de algún juicio). El abogado de la izquierda, en la imagen, tiene la cabeza inclinada hacia atrás portando en su mano un documento del que posiblemente estén tratando. El letrado de la derecha parece estar muy pensativo escuchando las palabras de su compañero.

Lo que nos puede resultar llamativo, en la actualidad, es la vestimenta de sendos letrados ya que nos permite conocer cuál era el atuendo de un letrado en aquella época, llamando poderosamente la atención los gorros que utilizaban y la corbata blanca. Puede verse como en aquella epoca ya utilizaban la toga y que se sigue utilizanco hasta nuestros días. El cuadro presenta colores oscuros y apagados, quizás con la intención de dar sobriedad a la escena, donde el artista utiliza de una forma muy hábil el claroscuro, aplicando con gran maestría las luces y las sombras, lo que contribuye a esa atmósfera sombría y contemplativa de la escena, con masas oscuras y contrastes de colores fríos y cálidos en un cuadro de unas dimensiones realmente pequeñas, pues apenas mide 34 x 26 cm. El autor del cuadro, Honoré Daumier, nació en el año 1808 en la ciudad de Marsella. Fue el tercer hijo del vidriero Jean-Baptiste Daumier y de Cécile-Catherine Philip, y el único varón. Daumier después de muchos trabajos, de ir y venir por muchos senderos, se dedicó a estudiar pintura y dibujo. En la época del Romanticismo y Realismo, inicio una carrera de artista destacando entres sus contemporáneos por sus ilustraciones de anuncios publicitarios. A partir de 1828 comenzó sus primeras litografías para el diario La Silhouette (La Silueta) y posteriormente desarrollo su labor en la revista humorística La Caricature donde fue muy admirado por sus grabados y dibujos llenos de crítica social.

Trabajo también en Le Charivari, periódico humorístico-político, muy conocido en la época. por JAVIER CANO Cdo. 2.519

Como dato curioso, Daumier realizó una caricatura en la que el rey Luis Felipe I aparecía retratado como Gargantúa por lo que fue condenado a prisión durante un periodo de seis meses. Lo cierto es que en dichas revistas no dejo de criticar y reprender a los políticos de su época, denunciando la corrupción de jueces y diputados; se río de la burguesía parisina y participó en luchas como la de la emancipación de las mujeres en 1848. Los personajes negativos de sus obras eran los abogados, los médicos o los profesionales de la Justicia y los positivos eran los trabajadores y campesinos. A partir de 1848 se apasionó por la pintura, siendo muy influido por artistas de renombre como Delacroix o Millet o los propios impresionistas. Empero, y dada su edad, Damier fue perdiendo vista, por lo que se vio obligado a dejar la litografía y dedicarse exclusivamente a la pintura. El artista ha sido muy conocido no solo por sus cuadros sino también por sus grabados no carentes de mordacidad, por sus matices exquisitos, sus líneas sutiles y en ocasiones desdibujadas, pareciendo sus cuadros, en muchas ocasiones, inacabados, en otros sin embargo aparece una gran fuerza en el trazo, destandado la expresión de los rostros, en los gestos de los personajes, y en esas exageraciones tan humorísticas, proporcionando a los retratados una personalidad autentica y en algunos casos grandilocuentes. A veces recuerda a sus compañeros Francisco de Goya o a Rubens. En 1865, en sus últimos días su amigo y escultor Geoffroy Dechaume conocedor de la grave situación económica de Daumier les sugirió que se fuera a vivir con su esposa a Valmondois donde su otro amigo y pintor, Corot, les dejo una casa en el centro de dicho pueblo para finalmente fallecer. Daumier realizó cerca de 4000 litografías, 300 dibujos y 200 pinturas, así como decenas de esculturas y fue uno de los artistas más importantes y más populares del realismo francés. Sin duda se le puede considerar como uno de los más grandes expresionistas del arte moderno. 127

El arte y el derecho

(Óleo sobre Lienzo, 34 x 26 cm)

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Cómo citar

«Presentado el libro: “El fabuloso mundo del Valle del Aceituno”», Sala de Togas, n.º 90, diciembre 2024, pp. 125-127.

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