La Universidad: La novatada y la acogida.
Sala de Togas n.º 9, , página 18–19
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SALA DE TOGAS
LA UNIVERSIDAD: LA NOVATADA YLA ACOGIDA
No todas la ideas cle modernidad calan profundamente en grandes sectores de las nuevas generaciones, quizás porque los mayores no hayamos sabido explicarlas o aplicarlas bien, o porque el ambiente cultural que se respira no sea propicio a esta asimilación.
Si algo hay claro en la proclamación de principios fundamentales de todos los paises civilizados y democráticos, es la dignidad de la persona y el respeto que merece, sin discriminación de sexo, condición ni status alguno.
Pues bien, constato que las viejas costumbres de las novat~das que, influctuantemente degeneran, desde la concepción teórica del ingenio, buen humor o creatividad, a la triste realidad de la agresividad e insolidaridad, no han desaparecido.
Y permanecen, pues pese a que en algunas instancias, centros y grupos están proscritos. Y permanecen, aunque en la mayor parte de la sociedad se deleznan y se critica. Y perviven aunque los propios afectados y afectadas suelen sufrir lo indecible con aquéllas. En las fases evolutivas del niño y del adolescente, en los cambios de toda la persona (basta bucear en la psicología evolutiva), el impacto del hito de entrada, puede marcar una huella de ilusión o decepción, influyentes-en su futuro. Precisamente, el paso a la Universi- dad significa para el estudiante su consagración al nivel cultural hipotéticamente más elevado y de mayor rango intelectual. Es ideal, por ello, que este acceso Jo viva pletórico de emoción y de ilusiones, y no invalido por el temor, el sentido del ridículo, la defraudación y la desconfianza en sus propios compañeros veteranos. Entendemos, consecuentemente, que esas novatadas, siempre en línea deprimente, que, en relación al estudiante, ate'ntan a sus derechos, a su tranquilidad e incluso a su dignidad como persona, son el exponente del triunfo de la mediocridad sobre la superación; de la incultura sobre la cultura y del despotismo dictatorial sobre la democracia. Basta leer los periódicos para comprobar que esas actitudes y conductas son lo m~s opuesto al ingenio o a la creativida'd , respondiendo, desde luego, a la implantación violenta de las minorías necias, de los chabacanos y reprimidos, que se realizan aprovechando una veteranía, para hacer sufrir degradando a otros compañeros y compañeras.
A veces no sólo son una violación de la justicia, en general, sino signo de discriminación y de machismo. Los del mal gusto, los «achorizados y garrulos disfrutan y desarrollan sus bajos instintos y pulsiones inflingiendo tales molestias. La Comisión nacional de Colegios Mayores, sobre la década de los 80 dictó instrucciones rigurosas de prohibición. La Complutense y otras universidades asimismo desautorizaron las novatadas con el máximo rigor; y hasta en el Ejército se han dictado condenas graves contra suboficiales que propalaban tan ramplona costumbre.
Imponer, entre otras muchas bajezas, por ejemplo, a una chica violentando su libertad y deseo- la simulación de una «fellatio» a un joven, o remedar al acto sexual ante una masa de espectadores que se solazan con el es- pectáculo, es como me ha asegurado alguna de ellas, sentirse como en los circos romanos, la protagonista desgraciada y servil en el coso, para tal esparcimiento a su costa, de los hambrientos de espectáculo zafio y grosero. No es convincente - si es cierto lo que expresan rotativos locales- que los responsables académicos descarguen su inhibición al respecto, remitiendo a ser la impedición de las novatadas fuera de aula, función exclusiva de la Policia, sin que antes de la culminación de tales «borregadas» -que han durado dentro del recinto universitario, mínimamente una semana- hayan tomado aquellos dirigentes cartas en el asunto, mediante el consejo sabio del profesor y maestro, o en su defecto, sin anunciar y corominar con incoación de expedientes a raiz de denuncias e investigaciones a hoc.
No conviene olvidar que estas actuaciones -aparte de ser, como hemos dicho, humoradas baratas de barracón de feria- bordean e inciden en las mallas del Código Penal quien conozca el artículo 496 del Cuerpo Punitivo español sabe que su texto castiga, por delito de coacción, a <<quien sin estar legítimamente autorizado, compeliere a otro a efectuar lo que no quiera, sea justo o injusto.
Si, además, se les fuerza a entregar dinero - poco o mucho- para juerguearse los graciosos de verbena tercermundista, su calificación tiene enmarques aún más deplorables. Más no queremos cargar las tintas, para ·que se nos pueda replic'ar, cínica e insinceramente, que se trata de un juego aceptado por todos los estudiantes. Aceptado por los dominantes y sufrido -que remedio les queda- por los dominados. Es claro que el privilegio de la veteranía, aliado al natural despiste y desasistimiento del atemorizado nova- to, son los que consuman la obra «cultural» .
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Se favorece así a la cobardía y el entreguismo, ante el temor a la desconocida represalia en caso de resistencia; y se adormece, por este pavor ambiental con inhibición colectiva, la sana rebeldía y lucha juvenil contra la opresión y la injusticia. l-A ACOGIDA
No tendría sentido esta dura crítica nuestra, si no lo hiciéramos con miras constructivas, aportando propuestas y medidas positivas. En esta tónica, mantenemos que es normal y aún de desear, que los neófitos experimenten una fase de adaptación e integración con los veteranos y con el estamento y vida universitaria, de manera singular y palpable. Pero precisamente ello es una opor- tunidad de oro que se les brinda a las autoridades académicas y al alumno veterano para promocionar y elevar los signos y notas de cultura y solidaridad que debe exhalar la Universidad. Deberían prepararse pues al inicio del curso, para el nuevo alumnado Actos de Acogida e integración: Organización de fiestas culturales: participación colectiva en obras de teatro o representación de sketch improvisados, que desarrollan la creatividad y el ingenio; música y coros inscripción y participación en competiciones y juegos deportivos de mínima duración, con movilización de todo el alumnado para su presencia y animación; exposiciones, concursos artísticos de dibujo, poesía, etc. etc ..
Aquí es donde deben poner imaginación los responsables académicos y el alumnado veterano integrado en Comisión, a fin de cubrir dignamente este tránsito del novel, bajo auspicios nobles e ilusionados, con el marchamo auténticamente universitario. Máxime para los que piensan que la labor del profesorado, aún en la Universidad, no es meramente transitoria de conocimientos técnicos, sino a la vez, misión educativa y formativa, y, por ello, de solidaridad.
Estas medidas y similares creadas, por si solas, -y sin necesidad de sanciones de ningún género- desplazarían radicalmente a la novatada, impropia a los umbrales del año 2000.
Eso es cultura, solidaridad y progreso, y lo demanda una sociedad, en gran parte corrupta e injusta, para su propia purificación, a las nuevas generaciones, y, en especial, a los universitarios. Emilio ESTEBAN HANZA
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Cómo citar
«La Universidad: La novatada y la acogida.», Sala de Togas, n.º 9, diciembre 1990, pp. 18-19.
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