Las otras dos Españas, versión marihuana
Sala de Togas n.º 85, , página 10–11
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LAS OTRAS DOS ESPAÑAS. VERSIÓN MARIHUANA perversidad inmoral, más allá de tratar de mitigar el padecimiento de enfermos con dolencias graves. Hasta aquí no parece que haya demasiada discusión, salvo posturas obcecadas y cerriles, otro posible gen hispánico nunca descartable.
Los manuales explican que la literatura picaresca fue un género narrativo acuñado en España, con tanta repercusión que lo llevó incluso hasta Asia Central. El personaje del pícaro, desde luego, tenía algo de universal, como exponente de un perentorio afán de supervivencia, capaz de imponerse a cualquier otra consideración, más allá de la moralidad, del decoro o de los principios. Siempre embozado en procedimientos oscuros y truculentos, el pícaro es experto consumado en aprovecharse de la coyuntura, de esos momentos casi inapreciables en los que la vida deja un resquicio de desatención. Por ahí entra y sobrevive, por lo general, a costa de los demás. Ha de reconocerse, no obstante, que sería grosero comparar al aventurero Simplicisumus alemán con sus correspondientes españoles, Lázaro de Tormes, Rinconete y Cortadillo, el don Pablos quevediano, entre muchos otros.
El quid de la cuestión radica en la superposición de la correspondiente cuota de picaresca (política en este caso) que se ha adherido a la propuesta del partido vasco. Podemos, Más País y Esquerra Republicano, como quien no quiere la cosa, presentaron las correspondientes proposiciones de ley para su regulación integral, lo que significa incluir también los llamados usos recreativos. El PNV abrió un resquicio y del resto se encargó el viejo y conocido procedimiento picaresco.
Más que hacer dejación de funciones, una parte sustancial de la izquierda española ha suplantado sus ideales históricos por unos cuantos retales de rebajas ideológicas. Supongo que los políticos de la derecha preferían a los viejos luchadores curtidos previamente en la vida sindical, negociadores duros y exigentes, convencidos de enarbolar sueños nobles para amplias capas de la humanidad, con independencia de que fueran, o no, realizables, más allá de que su puesta en práctica tropezase con la crueldad de la prosaica realidad. Esos eran rivales de enjundia, pertrechados de ideas con mayúsculas. Vencerlos no era tarea fácil, lo que engrandecía esos triunfos. Sus rivales actuales se dedican al funambulismo intelectual, obligados a realizar espectaculares equilibrios para mantenerse en la línea de lo políticamente correcto y lo rentable electoralmente. Proponer la legalización de la marihuana tiene, entre otras cosas, una inmediata contrapartida en forma de votantes que abrazan esta nueva causa.
En todo caso, un género tan propio como la picaresca no siempre ha movido a fervor patrio. Para los ilustrados, tan deseosos de construir una España racional, ordenada y moderna, los picaros estaban en las antípodas de sus deseos e intenciones. Es más, percibían en ellos una suerte de gen reincidente y pertinaz que, para sus racionalistas desgracias, encarnaba un tipo genuino, y demasiado frecuente, secularmente incrustado en la sociedad patria. No voy a negar que, excepción hecha de Quevedo, prefiero a Feijóo, a El Censor o a Cadalso antes que a la pléyade de golfantes que protagonizan la novela picaresca. Gustos literarios al margen, creo que los ilustrados detectaron con acierto una pauta social muy hispana, si no por completo generalizada, sí bastante extendida a través del espacio y del tiempo. Hay un poso picaresco en el quehacer de esta tierra, a veces casi inevitable, por momentos hasta inconsciente, en todo caso, siempre sonrojante y abrumador.
Bien es verdad que esa postura desde la bancada supuestamente progresista no es nueva. Incluso en España ha tenido su formulación pseudofilosófica con la Historia general de las drogas de Antonio Escohotado que, aparecida en 1983, conoció unas cuantas reediciones. Sin duda, se trata de una obra absolutamente encomiable, toda vez que el autor
Estos días está volviendo el debate sobre la legalización de la marihuana, en principio de la mano del PNV y, en su propósito formal, restringido a usos terapéuticos, como de hecho ya sucede en otros países occidentales. Me extrañaría que un partido tan circunspecto alimentase alguna 10 nal (OECM) reconocía no hace mucho que se avenían a seguir las recomendaciones de “los legisladores, investigadores, sanitarios y juristas”; lo que viene a ser un reconocimiento tácito de que todo anda algo más que revuelto y confuso. emplea 1542 sesudas páginas para auto-justificarse públicamente como un yonqui. Por descontado, no lo argumentaba en tales términos. Pretendía convertir las drogas en un camino interior, mediante el que conocerse a sí mismo y proceder a la maduración personal. Reconocía, asimismo, otros usos lúdicos, tan lícitos como cualquier otro, en su opinión. Gracias a esos planteamientos, Escohotado llegó a convertirse en un profeta mediático de las drogas, con sus penosas alocuciones televisivas en las que recomendaba probar distintos tipos de sustancias y compartirlas con los hijos como procedimiento educativo.
OPINIÓN
En todo caso, esta no es una cuestión que debiera quedarse en manos de los políticos. En relación con la legalización de la marihuana, o con la marihuana en general, hay dos España claramente contrapuestas: una, la de quienes se abandonan a vistosas discusiones palaciegas y, dos, la de quienes tienen vivencia directa con la marihuana. La cotidianidad de estos últimos dista ostensiblemente del paraíso idílico producido por la mente de Escohotado. Lo que ellos y ellas pueden atestiguar son vivencias, no ideas, experimentadas junto a sus seres más cercanos, a los que han visto secuestrados por una sustancia para la que viven en exclusividad, sin horas ni espacios. Pueden hablar también de cuerpos dormitando eternamente, de manías persecutorias, de violencia física y psíquica en casa, de jóvenes que terminan con un trastorno obsesivo, del goteo infinito de dinero para consumir, de estudios que se truncan, de profesiones con las que no se cumple; en fin, de una vida miserable, de un infierno infinito que les roba la vida a miles de jóvenes y, con ellos, a sus familias. El uso festivo de Escohotado, en puridad, hay que traducirlo (para no yonquis) como adicción y dependencia destructivas.
No todo el pensamiento en teoría progresista ha transitado en la misma dirección. La legalización de la marihuana se interpreta, sobre todo entre la vieja guardia, como un movimiento victorioso del narcocapitalismo que asegura un nuevo mercado, dentro del que ya está en posición hegemónica. Por supuesto, desde el otro lado del debate se barajan argumentos abiertamente en contra, no estrictamente ceñidos a cuestiones éticas o ideológicas. Al margen de su adscripción política, los especialistas sanitarios transitan mayoritariamente por esa dirección. Destacan, fundamentalmente, las consecuencias negativas de la marihuana sobre el desarrollo cognitivo y la estabilidad psicológica. Desde la Escuela Andaluza de Salud Pública, por ejemplo, Carles March advierte de que la aspiración de humo puede causar bronquitis o enfisema y, sobre todo, que el cannabis tiene consecuencias graves para la salud mental: pérdida de memoria, problemas en el aprendizaje, propensión a la depresión, incluso cambios estructurales en el cerebro. Súmese a ello que la marihuana puede ser, o habitualmente es, el primer peldaño de una oscura escalera que conduce a sustancias todavía más lesivas.
Quizá no haya que perder la última esperanza. No todo son pícaros en España. Otro gen de este país consiste en ser capaz de generar personas tenaces y enteras, con una fuerza de voluntad indómita, ejemplar. Hace 35 años Carmen Avendaño coordinó y capitaneo a un grupo de madres gallegas. El enemigo al que se encararon no era cualquier cosa; ni más ni menos que la red de narcotraficantes más poderosa de la península. Les hicieron frente con la entereza que solo cabe en una madre protegiendo a sus hijos. Hoy la Asociación Érguete sigue funcionando, y siendo un ejemplo vivo para esa otra España, la maltratada por cualquier forma de narcotráfico, marihuana incluida.
Como en tantas ocasiones, una cuestión que puede tener enorme trascendencia social queda al albur de la regla y el cartabón de los partidos. Tanto que incluso los directamente implicados en el asunto parecen hacer acopio de senequismo. El Observatorio Español de Cannabis Medici-
Antonio Hermosa Periodista
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«Las otras dos Españas, versión marihuana», Sala de Togas, n.º 85, julio 2022, pp. 10-11.
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