Días sin pájaros
Salvador García Ramírez · Cuadernos Literarios n.º 24, , página 29
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HERRERA RAMOS, PERFECTO (2025) DÍAS SIN PÁJAROS
Salvador García Ramírez Olé Libros, Sol. Imaginal
Con este sugerente título, Días sin pájaros, Perfecto Herrera nos presenta una colección de poemas que intentan describir el dolor, el dolor que escapa a la palabra, a la poesía misma, el dolor que se sufre en carne propia, el dolor de la pérdida y la fatiga, el de la afrenta, el dolor de la muerte. Están escritos con la única intención de mitigar lo que no puede olvidarse y, al mismo tiempo, dejando constancia de lo que no debiera desconocerse, porque después de todo, como secreto propósito de las enfurecidas palabras, se persigue la luz, la “Inverosímil luz en la tinta sombría”. Como el propio autor escribe: “Mientras dure la luz no habrá descanso, / no habrá descanso mientras haya vida”. Sin estructurarlos en partes, en una sucesión de cuarenta y cinco poemas, con una descarnada desnudez que los identifica por números romanos, Perfecto Herrera se enfrenta a la niebla de los “días sin hojas y sin pájaros” a los que se resigna “en esta sed amarga de vivir a la espera” y a los que malherido les pide que: “Permanezcan ahí como piedras oscuras, / como silencios negros al lado de mis alas”. Sin embargo, después de una atenta lectura, yo me atrevería a diferenciar tres partes: una primera en la que se grita y se sufre por un dolor inconsolable, una segunda de transición en la que la tragedia se aplaca buscando consuelo muchas veces en la naturaleza que nos rodea y una última en la que de manera real o inconsciente la luz termina por convertirse en la protagonista. Con una métrica que combina principalmente endecasílabos con alejandrinos, a veces divididos en dos heptasílabos, el dolor va dando lugar a un léxico cargado de expresividad, potente e intenso en las imágenes con que busca el desgarro. A veces el devenir del poema frecuenta territorios donde abunda el coqueteo con lo irracional (“aquellos ángeles de escarpias”, “como una epístola de avispas”, “la camelia de algún escalofrío”) haciendo saltar por los aires (“Es- puma. Niebla. Luz”) un discurso que se combina con referencias mucho más cercanas y apacibles
(“En un candil de humilde llama”,
“hasta el mar de los cuentos”, ), como si se pretendiese ofrecer refrendo de realidad a los elementos que producen esa hiriente conmoción en la memoria. A medida que avanzamos en la lectura, vemos cómo se ahonda en una descripción y un desahogo que no siguen los cánones narrativos ni se apela a una lírica que pudiera distraernos del expresionismo con que el autor sustituye la visión objetiva de la realidad por un universo expuesto a “la hostilidad de la intemperie”, aun cuando describe, como sucede en el poema IX. “Frente a la longitud del abandono”, se reincide en la reflexión sobre lo incomprensible como tabla salvadora (poema V). El miedo aparece “entre sueño y vigilia”, “en aquel mundo roto de cristales” en el que las fronteras de la oscuridad y la noche son frecuentemente transitadas como en este magnífico verso a modo de compendio: “La noche gira y canta un son de soledades”. Sin llegar al hermetismo, el autor no descarta echar mano de imágenes oníricas en las que se enfatiza con palabras oscuras. Tan sólo en el poema XIII nos podemos encontrar con: sombras, negra, tizne, ciegas, tinieblas, noche, ceniza, espectros, espesura, penas, niebla, etc. Los poemas abordan las huellas de la ausencia tuteando a la muerte -un osario, el sepulcro de un sueño, el drama que prosigue-; así como evidenciando a menudo algunos rastros emocionales -al borde del desprecio, el desconcierto en las manos-. Reaparecen una y otra vez, como un pulso en la sien, los signos de la pérdida: el “abandono en el mantillo”, “la sangre hirviendo amarga”, o como ese clarificador resumen con el que acaba el poema XXI: “La vida -así lo siento- / ha sido y es un largo elenco / de renuncias y tristes despedidas”. No quisiera dejar de incidir en cómo en esta perspec-
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Cómo citar
Salvador García Ramírez, «Días sin pájaros», Cuadernos Literarios, n.º 24, julio 2026, p. 29.
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