Abogados de la generación Celia Viñas
José Ramón Cantalejo Testa · Cuadernos Literarios n.º 23, , página 3–9
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CUADERNOS BIBLIOFÍLICOS
“USTED TIENE LA INTELIGENCIA MADRE” (Confesiones de un alumno a su maestra) MARIÁNGELES MARTÍN GALLEGOS Vicepresidenta de la Universidad Popular Celia Viñas
Sandalias blancas embuten sus pies. Blanco su vestido. Una breve correa alrededor de la cintura acompaña, con aire gracioso y gesto desafiante, el martillo que alza con la mano derecha mientras apoya la izquierda en la cadera. La muchacha posa ante la cámara subida a un escalón, en calidad de pedestal, algo así como transmutada en estatua griega. Tiene dieciocho años. La foto lleva por título Celia vestida de República. La modelo se llama Celia Viñas Olivella. En 1933, Celia Viñas aún estaba lejos de saber que Almería iba a ser su destino, la ciudad que la acogería con la admiración propia de un ídolo, en la que un montón de niños comenzarían a desbastarse con el sonido de su acento catalano-mallorquí; la ciudad que la enamoraría y donde vivía el hombre que la iba a enamorar. La misma ciudad también que acompañaría su féretro camino del cementerio once años después de que pisara su suelo por vez primera. Cuando Celia Viñas Olivella llegó a Almería el 8 de marzo de 1943, no solo llegó una catedrática de Lengua y Literatura, una maestra y una escritora. Un mundo nuevo se abrió paso a un lugar donde, como ella misma decía, “estaba todo por hacer”. Por no tener, Almería ni siquiera tenía conciencia de sí misma. Pepita Carretero, una de sus alumnas más queridas, nos lo confesó hace unos años en su casa de Aguadulce: Nosotros creíamos que Almería era muy pobre, que no tenía valor, que no tenía belleza. Ella nos llevaba de excursión, nos abrió lo ojos: “mirad qué cielo, qué cerros y qué mar, qué colores del agua...”1
Para que una mujer en aquellos años franquistas de los cuarenta y cincuenta montara en bicicleta y se bañara en bañador en la playa de Las Olas, para que viajara con los niños y niñas a Antas, a Berja …, para que subiera con ellos por la torrentera el cerro de La Garrofa y les mostrara el paisaje, esa maravilla del mar allá a nuestros pies, un mar brillante de trópico, un mar antillano, desnudo y bello como en una acuare-
Celia vestida de República (1933) la infantil o en un cromo italiano2, para que todo eso —y todo lo demás — sucediera, decimos, muchas otras cosas habían ocurrido en la vida de esta mujer antes de su llegada a Almería.
Y lo que ocurrió con Celia estaba contenido en su ADN. Pertenecía a una familia y a un círculo que sufrieron las consecuencias de la guerra. Gabriel Viñas, su padre. Su mentora, Rosa Roig. Ambos eran profesores, intelectuales, ambos republicanos, los dos depurados en la Escuela Normal de Palma de Mallorca. Si a ellos añadimos la relación que unió a la familia Viñas con su profesor de griego de la Universidad de Barcelona, el gran poeta catalán Carles Riba3, el mismo que salió con Antonio Machado camino del exilio, no es de extrañar la pose con que
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Celia en Almería, entre un grupo de alumnas de 5º curso (1947) luce vestida de República en la fotografía del año 1933. Contrajo la pasión por la literatura a los doce años de la mano del catedrático Gabriel Alomar y la consolidaron grandes profesores como Díaz-Plaja y Ángel Valbuena, entre otros. Pero quienes más se beneficiaron de la excelencia y entrega de esta mujer maravillosa fueron los chicos y chicas que ocuparon su aula en el Instituto de Enseñanza Media de Almería.
Sin Celia y sin su bagaje catalono-mallorquí no habría sido posible este “todo eso y todo lo demás” que sucedió en Almería entre los años 1943 y 1954. Felip Munar da buena cuenta del bagaje al que nos referimos en El record y l'esperança, editado por Documenta Balear en 2006. Un trabajo imprescindible para quienes deseen adentrarse y entender la figura de la hija más ilustre que Almería tuvo la suerte de adoptar. Sin embargo, el alumno más distinguido, quien recibió su cariño, su compañía y sus enseñanzas, aún es desconocido para una gran parte de la población almeriense. Obviamente nos referimos al escritor Agustín Gómez Arcos. Porque él es también el autor más censurado y silenciado en España, a pesar de los premios y condecoraciones que recibió en Francia. Porque si hay alguien que se manifiesta sobre la grandeza de esta mujer excepcional, quien conocía sus métodos, sus poemas, su prosa y su voz, ese era él. Ahora lo sabemos. Y lo sabemos por la aparición de las cartas que él mismo escribió, primero a Celia entre los años 1952 y 1954 y después a su marido entre 1953 y 1957.
En “Querida Clueca”. Dos corazones y un latido -libro pendiente de publicación-, esta humilde autora que suscribe, con la colaboración de dos grandes investi- gadores (Miguel Moya Guirado y y Juan José Ceba Pleguezuelos) reúne la correspondencia del escritor de Enix después de un arduo trabajo dentro y fuera de nuestra provincia. Las palabras de Agustín dirigidas a su maestra ilustran y emocionan. Son confesiones bastante auténticas y elaboradas que retratan a la maestra en esencia y en su quehacer pedagógico, al tiempo que presagian al gran escritor en que él mismo se iba a convertir. Estas cartas son un tesoro para los amantes de Celia, de Agustín y de la literatura en general.
“Querida Clueca”4, así se dirige a ella al comienzo de varias cartas. Y en esa fórmula revela Agustín el sentimiento protector con que ella misma se retrató en uno de sus poemas infantiles. Nos referimos a El gallinero, unos versos que sugieren más de lo que literalmente expresan. Les invito a que lo lean con atención y con mirada traviesa y en perspectiva, teniendo en cuenta que fue escrito en el año 1948. Lo encontrarán en la obra titulada Canción tonta en el sur, un precioso poemario para encender el corazón de chicos y grandes.
“Ademas de todas las cosas del corazón, usted tiene la inteligencia madre, la que ha formado a todas las nuestras, y, por lo tanto, todas nuestras inquietudes, nuestros temores, nuestras penas, han de ir a sacrificarse y sentirse consoladas y glorificadas hasta esa magnifica inteligencia que las ha creado, o, por lo menos, que ha creado sus posibilidades”. Esta es una de las muchas revelaciones, casi en clave de declaración, que el alumno dirige a la maestra en una carta escrita desde Barcelona, el día 13 de octubre de 1953. Agustín iniciaba unos estudios universitarios que iba a interrumpir meses después para dedicarse al teatro. Por entonces ya sabía que su corazón compartía el mismo latido que impulsaba el de su maestra Celia Viñas. Lo hemos podido comprobar yendo y viniendo por las páginas de ambos. Porque leer a Celia en Trigo del corazón o Palabras sin voz es escuchar el pálpito que movió asimismo la poesía de su alumno; y adentrarse en las Cartas de Celia Viñas a su familia, preparadas por Francisco Galera, es visualizar la misma Almería que condicionó ambos corazones. Es sorprendente cómo la voz de Celia incide en las obras de Gómez Arcos, desde las primeras obras teatrales hasta las últimas de sus novelas. De ahí que las cartas a su “querida Clueca” iluminen muchas de las sombras que aún permanecen. Sobrecogen las palabras que Agustín dirige a Arturo
Medina Padilla después de la muerte de Celia en una carta fechada en el mes de septiembre de 1954. Cuando ella muere, él se halla en Barcelona. Su amiga Pepita Carretero lo recrimina por no asistir al entierro. Acaba de publicar el poema Elegía a la muerte de Celia Viñas5 y ella piensa que no es sincero. A Agustín le duelen tanto esas palabras que no puede evitar su desolación: envía a su viudo amigo. Confiemos en que esa muerte prematura pueda redimirse algún día con el reconocimiento que ella se merece. En principio, proponemos la edición de su obra completa. Sería un magnífico regalo para los sentidos ver los pétalos de esa flor desplegando su color y su aroma durante todas las estaciones del año.
Que Dios me perdone si he hecho literatura. Y si la he hecho ha sido pensando en ella, en cómo le gustaba el juego, la embriaguez de la palabra. Digame, don Arturo, ¿acaso porque he estado lejos, porque no he escrito, porque no ha estado allí mi presencia oficial en una carta o un telegrama, acaso por eso la he sentido menos? Yo he estado aquí solo... y todos saben lo que ella significaba para mí.
Es verdad. Celia Viñas Olivella ha significado y sigue significando mucho, no solo para Agustín Gómez Arcos, sino también para Almería. Y para reconocer su importancia en nuestra ciudad, la Fundación Mallorca Literaria nos ha obsequiado con una colección de fotografías que la Universidad Popular Celia Viñas ha reunido en una exposición biográfica titulada 39 años de Celia Viñas Olivella. Una altra Cèlia. La muestra comenzó en la Alcazaba en los meses de junio y julio y continuará durante el presente curso por los institutos y centros que la han solicitado (CEPER de La Chanca -octubre-, IES Maestro Padilla -noviembre-, IES Los Ángeles -febrero-, IES Bahía -marzo-, IES Alborán Manuel Cáliz, -abril-). Nadie mejor que los jóvenes para hacerse eco de la mujer más carismática y tenaz que vivió Almería dentro y fuera de las aulas. Su multitudinario entierro es buena prueba de ello. Celia murió cuando aún era demasiado joven para morir “como una flor de estío”, escribe Agustín en un poema inédito que
Celia con Arturo Medina en la Plaza de España, Madrid (1953)
Notas
1 MARTÍN GALLEGOS, Mariángeles (2025): “Querida Clueca”. Dos corazones y un latido. (Cartas de Agustín Gómez Arcos a Celia Viñas y a Arturo Medina . Incluye obra inédita de juventud) (Inédito). Todas las citas que aparecen en este artículo están recogidas en este libro. 2 VIÑAS OLIVELLA, Celia (2019): Cartas a su familia. Autobiografía de una profesora y retrato de aquella Almería (1943-1949). Ed. Francisco Galera Noguera, IEA, Diputación Provincial, Almería, pág. 143-144
3 Gabriela Viñas Olivella, la hermana menor de Celia, se casó con Oriol Riba Arderiu, hijo de Carles Riba y Clementina Arderiu (grandes poetas catalanes). Celia Riba Viñas, nieta de Carles y Clementina e hija de Oriol y Gabriela, profesora y escritora también, ha visitado varias veces Almería para presentar diversos actos en homenaje a su tía Celia Viñas Olivella.
4 Agustín tenía fama de bromista y esta fórmula de tratamiento era muy del gusto de Celia Viñas, quien lo comentaba muy divertida con el resto de su alumnado. Es por ello por lo que constituye el título principal de nuestro ensayo aún inédito. 5 Elegía a la muerte de Celia Viñas de Agustín Gómez Arcos se publicó en el verano de 1954 en la revista POESÍA ESPAÑOLA. 6 “Querida Clueca”. Dos corazones y un latido incluye el poema inédito de Agustín Gómez Arcos “Por todo”, escrito en 1956.
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JOSÉ CANTALEJO TESTA Miembro del IEA
ABOGADOS ALMERIENSES DE LA GENERACIÓN DE CELIA VIÑAS
Portada de “Lecciones Cervantinas”, primer libro publicado por Celia Viñas en Almería en 1949.
Desde la fundación del Colegio de Abogados siempre hemos disfrutado con destacados compañeros en el parnaso literario almeriense, tanto en su fa- ceta poética como en la prosa o el ensayo, tema que hemos tratado extensamente en el artículo “Abogados Almerienses: 180 años de literatura (1841-2012)”,
Cuadernos Bibliofílicos publicado en el número1de la Revista REAL, editada por el Instituto de Estudios Almerienses, del que me honro en ser miembro. mano Pedro Antonio, en la extensa monografía que sobre Celia Viñas publicó Francisco Galera Noguera, fruto de su tesis doctoral sobre la profesora, en el que se nos informa de la publicación de tres artículos firmados por José Manuel junto a su hermano Pedro Antonio en “Yugo” (23 de junio de 1954); “La Voz de Almería” (8 de octubre de 1974) y en “La Crónica” (24 de marzo de 1984), titulados respectivamente: “Ha muerto Celia Viñas”, “Almería: Un descubrimiento de Celia Viñas” y “Mi recuerdo de Celia Viñas”.
Tras el desierto cultural de la Guerra Civil en Almería, una generación de Abogados viene a destacar sin solución de continuidad en la literatura almeriense, aunque hubo de esperar los aires de libertad dentro del orden, que llegaron a Almería con la profesora mallorquina, Celia Viñas que enseñó literatura a todos los colegiados que tuvieron el privilegio de asistir a sus clases en el Instituto de Almería en la década de los cuarenta y primeros cincuenta del siglo XX, coincidentes con la eclosión y clímax del Movimiento Indaliano surgido en Almería entre los años 1943 y 1963, que buscaba potenciar lo local desde un enfoque completamente innovador.
José Fernández Revuelta (Colegiado nº 526) es uno de los alumnos por los que Celia muestra una especial predilección como alumno, siendo citado por la propia escritora en un artículo publicado en Yugo, el 24 de febrero de 1952, en el que Celia comenta refiriéndose en general a la vida poética en la
Almería de entonces: “En la ciudad quedan finos y discretos poetas íntimos, jóvenes como Manuel del Águila, José Aguilera, Pepe Fernández Revuelta, Mari Luz López Fenoy, Luis Campillo….”.
Los Abogados son hijos de la época en que se desenvuelven, por lo que su formación influye de una u otra forma en su personalidad y la de su grupo de coetáneos en especial la influencia un ser extraordinario, como el que se reconoce en Celia Viñas en un numeroso grupo de jóvenes, a los que llega a conferir un cierto carácter de grupo, tal y como podemos deducir del colectivo que, relacionados de una forma más o menos intensa con la catedrática y posteriormente con la literatura, coincidieron en las aulas del instituto en aquellos años, como: (por orden de colegiación) José Manuel de Torres Rollón (Colegiado nº 486), notable publicista que colaboró en muchas ocasiones con “Sala de Togas”, aparece reseñado, junto a su her-
Ilustración publicada en la obra “Cartas de Celia Viñas a su familia” recopiladas y anotadas por Francisco Galera Noguera.
Pese a su intensa vida en el ejercicio de la Abogacía y la Política, Fernández Revuelta ha ejercido siempre la literatura, apareciendo como colaborador en diversas publicaciones de homenaje sobre la profesora, como el editado por Cajal en 1974 con motivo del XX aniversario de su muerte y en los encartes especiales “Homenaje a Celia Viñas” aparecidos en 1978 y 1979 en la revista Andarax. La obra literaria de Pepe Fernández Revuelta se centra actualmente en artículos para la prensa habiendo colaborado en la realización del último título aparecido sobre la obra de Celia Viñas:
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“Oleaje (Antología poética)”, editado por La Voz de Almería en junio de 2004. Obras de la pluma de Fernández Revuelta: “Umbral ardiente” (Almería, 1973) y “Poemas del hombre nuevo” (Almería, 1976), “Presencia y Latido” (Almería 2003).
Pedro Antonio de Torres Rollón (Colegiado nº 541), que tal y como nos ilustra Antonio Fernández Gil en su antología de narradores almerienses, nació el mismo año que Juan Goytisolo (1931) y trató el tema de La Chanca bajo la losa de la censura de Carrero Blanco antes que el catalán, pese a que Pedro Antonio no publicó en París, en su trilogía: “Obsceno Réquiem” (Almería, 1983), “La Mugre” (Almería 1988) y “El clamor de las harpías” (inédito).
Fausto Romero-Miura (Colegiado nº 685), titular de una extensísima producción bibliográfica, es reiteradamente citado por Adela Naranjo Díaz en su obra “Celia Viñas: Personalidad y actividad pedagógica en Almería (1943-1954)” como divulgador de la figura de Celia Viñas por un trabajo publicado en el número 2 de la revista Andarax en 1978 titulado “La Señorita Celia”, ampliamente utilizado para profundizar en la personalidad de la profesora de literatura.
Antonio López Cuadra (Colegiado nº 595) Fundador, Ex director de ‘Sala de Togas’, también aparece reseñado como discípulo de Celia en el ámbito de su quehacer literario, entre otros lo mencionan Teresa Vázquez y José Luis Muñío en la Enciclopedia ANEL de Andalucía junto a Pepe Fernández Revuelta. López Cuadra ha publicado innumerables artículos,... otros los que disfrutamos número tras número en ‘Sala de Togas’, además de ofrecernos obras como “Brisas de siempre” (1971) o “Del alba a tu sombra” (1973), “Celia Viñas y Almería”, “Un mal viento”, “Navegando por el Andarax” (Almería 2012) y “El Cortijo del Fraile”.
No podemos dejar de mencionar a los Abogados
Portada del trabajo “Los años de la señorita Celia”, original de Pedro Asensio Romero. coetáneos que, pese a no haber pasado por el magisterio de la profesora mallorquina, deben ser considerados de una misma generación literaria como, entre otros, podemos citar:
Antonio Cano Gea (Colegiado Nº457). nació en Serón, el 22 de octubre de 1.917 relacionándose intensamente con el Movimiento Indaliano, publicando algún artículo sobre su estética en el diario “Yugo” participando durante un tiempo en la “Tertulia” donde trabó amistad con Perceval, Celia Viñas y otros escritores y pintores afines al movimiento. Publicó la obra "Cosas del Sur".
Retrato con una cariñosa dedicatoria al Abogado almeriense Antonio López Cuadra en 1951.
Emilio Esteban Hanza (Colegiado nº 548), fundador y Alma mater durante muchos años de “Sala de Togas”, también presenta una extensísima biografía como publicista, escritor y articulista, con obras como: “Crónicas Almerienses” (Almería 1989), “Versos al aire” (Almería 1997), “Canjáyar. Pueblo Alpujarreño” (Almería 2000), “Canjáyar. Relaciones de moros y cristianos” (Almería, 2013) y “San Antonio Abad, Patrón de Canjáyar y de Padules”, escrito en colaboración con su esposa y también colegiada Gracia Navarro Oña. Jesús Ruiz Esteban (Cdo,nº. 602) Fundador y primer Director de ‘Sala de Togas’, fue un asiduo con- ferenciante y publicista. Fue galardonado con diferentes premios, entre los que destacan; “Luis de Góngora” (Córdoba 1960), “San Álvaro de Narraciones” (1961), el nacional “San Raimundo de Peñafort” (Sevilla 1962) y los de “Cuento y Poesía de la Universidad María Cristina de El Escorial”, los años 1959 y 60. Entre sus obras destacan; “Vísperas de mañana” (Sevilla 1962) “Estos Almerienses” (Almería 1974), con fotografías de Carlos Pérez Siquier, “Conversaciones en Almería” (Cajal 1988). “De Huelgo a Palomares”, y múltiples de artículos de todo tipo en Sala de Togas cuya dirección ejerció desde su fundación en 1988 durante más de diez y nueve años.
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José Ramón Cantalejo Testa, «Abogados de la generación Celia Viñas», Cuadernos Literarios, n.º 23, diciembre 2025, pp. 3-9.
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